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lunes, 27 de abril de 2020

Relatos Eróticos de mujer infiel

Relatos Eróticos de mujer infiel

Infiel a mi marido y lo gocé 

Soy una mujer casada, que al presentarse problemas económicos caigo en la propuesta sucia de un hombre que supuestamente era amigo de mi marido, las cosas se ponen fuera de control cuando desea que sea su esclava sexual y cada vez pide más y más, lo peor es que sus deseos me están gustando.
Me llamo Sofía, tengo 35 años, me casé con Jorge a los 21, el me lleva diez años más de edad, lastimosamente no hemos podido tener hijos, desconociendo si es por causa de él o mía, igual éramos felices viviendo al máximo cada día y más porque mi marido tenía un buen trabajo que nos daba oportunidad de gozar de ciertas comodidades.

Con el pasar del tiempo mi marido se ha vuelto muy adicto a la bebida y se ha engordado mucho, motivos por los cuales las noches de sexo ya no eran como antes y dejé de sentir el rico placer de tener un orgamo, aunque ya no soy una joven la edad me ha vuelto una mujer muy deseable para los hombres, mis senos son grandes y firmes, con cintura delgada y un trasero grande y bien levantado, además de tener un rostro hermoso con una cabellera negra y rizada que al pasar por la calle los hombres me decian los piropos más sucios, cosa que me causaba era risa.

José tiene un amigo soltero que es prestamista y que traía mucho a casa, llamado Jhon, es de ascendencia estadounidense, de la edad de mi marido pero muy atractivo, rubio, alto, de cuerpo maciso y pectorales duros y anchos, le gusta ir al gimnasio para mantenerse en forma, al momento de llegar a casa siempre me mira con ojos de deseo, y más que en casa me pongo más ligera de ropa y uso atuendos que resaltan mis pechos y mis nalgas.

Mi marido con su amigo pasaban tardes viendo partidos de futbol y yo hacía funciones de sirvienta, aunque igual bebía un poco con ellos para no ser descortes, el detalle es que Jhon me miraba mucho con ojos de lujuria, no paraba de espiar mis senos y ver mis nalgas cuando me agachaba a recoger algo, yo me di cuenta pero no le tomaba mucha aención. Pasó el tiempo y la situación en la empresa donde labora mi marido se puso difícil e hicieron recorte de personal, mi marido iba a ser despedido pero su jefe le dio oportunidad de mantenerse en la empresa pero ejerciendo otro trabajo en el cual ganaba menos dinero, razón por la cual nuestra economía en la casa cambió.

Mi marido deprimido empezó a beber más y más, triste por su situación y por más que lo aconsejaba no quería oírme, le dije que las cosas mejorarían pero me decía que estaba difícil y más por su edad en la cual escalar de nuevo le sería imposible frente a jóvenes mejores preparados que él,

Llegó un día en que trajo de nuevo a Jhon y bebieron bastante, Jhon se ofreció a ayudarme a limpiar los platos después de comer, estaba borracho pero peor estaba mi marido que yacía dormido ebrio frente al televisor. Limpiando los platos se mojó la camisa y se la quitó mostrandome su cuerpo musculoso y deseable, yo me sentía extraña, sentía como si una atracción animal me pidiera devorar a ese hombre, pero aguantaba los deseos ya que mis principios de mujer casada me impedían serle infiel a mi marido, traté de no mirarlo mucho y miré hacia su cintura notando que tenía una erección, a simple vista se veía que estaba bien dotado, empezamos a platicar:

Jhon: (con su acento gringo) Sofía me disculpa pero usted es una mujer muy atractiva y bella.

yo: Oh gracias Jhon, por allí encontrará una mujer como yo que lo ame.

Jhon: No lo creo, como usted difícilmente encontraré una, José debe pasar noches muy ardientes con usted.

yo: (ese comentario me resultó muy provocador) Hay no diga eso, en su pais hay muchas mujeres bellas, rubias de ojos verdes o azules.

Jhon: Si las hay pero a los gringos nos gustan las latinas, nalgonas y tetonas como usted, pues son muy calientes en la cama.

yo: ja ja no digas esas locuras, ya estás ebrio, se te nota...

Jhon: bueno si, pero dicen que los borrachos siempre dicen la verdad.

yo: ha sí? entonces dígame sus intenciones pues lo noto muy calentón conmigo, recuerde que soy la mujer de su amigo, soy ajena.

Jhon: Mira yo sé que José la está pasando mal económicamente, él me cuenta todo, hasta me ha dicho que en el sexo están mal...

yo: Cómo?, José le contó nuestras intimidades?, cuando se levante le reclamaré (estaba molesta).

Jhon: Cálmese que él me lo contó ebrio, así que no se moleste, además yo soy discreto y no hablo nada de lo que me digan ni cuento lo que yo haga con otras personas, me gustaría ayudarle un poco, yo sé que usted es una dama que le gusta la ropa cara y la joyería, puedo darle dinero para que se compre lo que desee, no soy millonario pero si tengo mucho dinero ya que trabajé muchos años en mi país donde se gana muy bien.

yo: oiga no sea atrevido, no soy puta para venderme por dinero, respéteme...

Jhon: no se moleste hermosa dama, mire que su marido me pidió una buena suma para comprarle el auto que usted tanto quería para su cumpleaños, a él le hace falta ese dinero para completar la suma, yo con gusto se los daré si usted colabora también,

yo: de qué tipo de colaboración habla?

Jhon: Quiero que seas mi amante, sabes que deseo tu cuerpo desde hace tiempo (en ese momento saca de su bolsillo dinero y me lo muestra), esto y mucho más tengo para ofrecerle, piense en su esposo que desea darle ese obsequio en su cumpleaños...

yo: (el gringo tenía razón, deseaba mucho tener mi auto propio y no podía tenerlo por la situación económica que nos aflijía) Mire, no soy un objeto que se compra, si es cierto que me encantaría ese auto no voy a entregarme a alguien solo por eso, jamás he sido infiel ni pienso hacerlo.

Jhon: Bueno además de dinero le puedo dar algo que necesita más (se bajó el pantalón y me mostró su pene, lo tenía grueso, venoso, grande y cabezón), oye atrevido, mi marido está cerca, no sea pervertido (le di la espalda, un fuego pasaba desde mi ombligo hasta mis piernas, me sentía húmeda).

John: Tranquila, yo sé que le hace falta tanto el dinero como lo que me cuelga entre mis piernas, José está dormido, no se enterará.

Él se acercó a mi y me empezo a acariciar mis nalgas, no sé porqué me dejaba tocar de él, me sentía como congelada sin saber qué hacer, con una mano me tocaba las nalgas y con la otra me empezó a tocar los pechos, era muy hábil con las manos,

John: Yo sé que tienes ganas de que un hombre te de bien duro, siento tu humedad, no te resistas, prueba lo que te hace falta...

Yo no dije nada, me agaché y me metí su enorme miembro en mi boca lo más que pude, solo me cabía la mitad, olvidé en esos momentos que era casada y me dejé llevar por el deseo que tenía mi cuerpo de placer, me decía: "vamos perra chúpala más duro, escúpelo y pásale la lengua, gánate bien el dinero". Me hizo sentir tan sucia, como una puta barata, me dejé llevar por sus palabras y le di la mejor mamada de pene que le habían dado, lamía sus bolas, y él me halaba por el cabello hacia él, estaba sumisa, presa a sus deseos, me decía: "te gusta chuparla?" y yo le decia: "si, está más rica que la de mi marido", la tenía bien dura y no aguanté las ganas de levantarme y ponerme en 4, sabía que él deseaba metermela en esa posición, "métemela papi, quiero comerme un gringo" (no sé por qué dije esas locuras pero lo hacía).

De un solo envión me la enterró toda completa en mi vagina, pegué un suspiro y empezó a meterla y sacarla con fuerza: "papi qué rica la tienes, eres blanco pero la tienes como de negro", él me decía: "si perra, yo sabía que con esas nalgas grandes no te me ivas a negar, estás echa para follar", yo empecé a gemir, no me importaba si mi marido me oyera, estaba muy caliente, mi vagina estaba muy húmeda y su pene entraba fácilmente, no aguanté mucho y tuve mi primer orgasmo, admiré que no se venía aún, asi que me lo lleve para la cama donde duermo con mi marido y él se me tiró de frente, me besaba con lengua mientras me cogía brutalmente, mordía mis grandes tetas con salvajidad, tenía tiempo que no sentía tanto placer, sólo cuando estuve en mi noche de bodas, pero no llegó a este extremo de placer.

Jhon: Oh you are a hot bitch, yeahhhh!

yo: (no le entendí nada pero también le hablé) Si animal sucio húndemela duro, culéame con todas tus ganas, querías cogerme? aquí me tienes...

Me sentía la más puta y perra de las mujeres pero lo gozaba, ya no me importaba el dinero, solo pensaba en gozar ese taladro bombeándome sin parar en mi agujero húmedo, quería su leche en mi cueva y se lo pedí pero él quería que me la tragara así que empecé a mamársela duro en un 69 mientras él me provocaba otro orgasmo fuerte, me pegaba en las nalgas y él ya no aguantó más y derramó su leche en mi boca, la cual me tomé toda, con mucho placer, me echó tanta que cayó en mis tetas y me las lamía con gusto, quedamos agotados en la cama, él estaba feliz de haberse comido mis nalgas, mis tetas y mi boca, yo feliz de haber culeado con un macho de verdad.

La lujuria se había apoderado de mi, quería sentir todo el placer así que le dije: "papi aún no te has comido lo mejor", asi que me senté de nalgas en su cara y me lamió el culo, sentía su lengua tan deliciosa que le pedí que me escupiera el ano, así lo hizo y me hundió dos dedos en él, me dilató rico y me senté de culo sobre su pene que se volvió a poner duro como un sable y empecé a cabalgarlo, su pene cabezón se metió hasta la mitad de mi ano, yo lo gozaba, sacaba la lengua saboreando el momento, empecé a brincar, ya no me dolía, sentía placer al máximo, la cama se mecía salvajemente, él me agarró cargada y me cogía con fuerza, cada vez que brincaba su pene entraba en mi culo al bajar, me tiró boca abajo a la cama y se recostó sobre mi y siguió bombeándome analmente, me sentía violada pero no paraba de gozar hasta que me la enterró toda por detrás, me decía: "perra que culona eres, te lo tragaste entero", sentía sus bolas chocando brutalmente contra mis nalgas y gemía: "Ahhh si papi, culéameee, dame duro, no la saques, reviéntame el culo", era un animal saciando su sed de carne, yo le meneaba el culo y con ese meneo nos vinimos ambos al mismo tiempo, derramando lo que le quedaba de leche dentro de mi culo hasta mojarme las nalgas, me dijo: "desde ahora serás mi puta" y le dje: " si papi, solo tú y mi marido probarán mi cosita pero mi culo es solo tuyo" y lo besé con lengua, nos vestimos y mi marido aún yacía ebrio en su sillón, Jhon me dejó dinero y me dijo que le iba a prestar la plata a José para mi auto y que ese auto yo lo tenía que estrenar con él, además me dijo que iba a darme un buen regalo de cumpleaños.

Así que me tocó esperar con ansias ese auto, perdí la moral, la fidelidad y me entregué a todos los placeres que mi amante me prometió, siendo infiel a mi marido.

Infiel a mi marido y lo gocé 2

Siguen mis infidelidades después de caer con el amigo prestamista de mi marido, un amigo llamado Jhon, experimenté los placeres de lo prohibido, ahora él me desea pervertir más con la visita de un amigo negro de su país...
Hola amigos y amigas, no les había escrito debido a que lo hago cuando me suceden echos que no se los puedo contar a amistades cercanas ni familiares, prefiero desahogarme contándoselos a sabiendas de ser juzgada como una mujer puta o una mujer necesitada, eso lo dejo a su criterio, solo para los que me insultan y ofenden les digo algo: "el que nunca ha pecado en su vida que me tire la primera piedra".

Después de haber estrenado mi auto nuevo con Jhon, dejé de verlo debido a que sentía que estaba cayendo en un mundo inmoral al cual tenía que evitar caer cueste lo que cueste para no tener problemas familiares, y más sabiendo lo mucho que me quiere Jorge, mi marido, al cual debía de apoyar más, dado a su nuevo trabajo en el que ganaba menos que antes.

Pasaron semanas, Jhon venía de vez en cuando a la casa, disimuladamente me manoseaba sin que mi marido se diera cuenta y aproveché un momento a solas con el para decirle que ya no más, que me tratara como la esposa de su amigo, que por el hecho de que le prestó dinero a el, no quería decir que sería su amante cuando el quisiera, el solo se reía y con su acento gringo me decia: "tu no ser de el, eres del que quieres que te abra las piernas", ese hombre me hablaba tan sucio, pero esa suciedad me calentaba, me hacia sentir deseada y más sabiendo que yo era dueña de un culo grande y unas tetas firmes y voluminosas, si bien ya estoy treintera, tenía mucha madurez, lo que decian por alli: "la edad en que la mujer está más deliciosa".

Le dije al gringo: "ya no más, mi cuerpo no será tuyo otra vez por mucho que me quieras ofrecer", el me dijo: "eres una perra que adoras chupar penes grandes como el mio, que no se te olvide, eso te encanta", en eso regresó mi marido del baño y empezó a ver televisión junto a Jhon, como siempre, emborrachándose a más no poder, ese vicio a mi marido cada vez le gustaba más al igual que a mi el deseo de sentirme bien cogida, cosa que ya mi marido no me brindaba.

Nuevamente al pasar las horas mi marido quedó dormido y Jhon aprovechó para ir a la cocina y entró desnudo con su pene enorme parado frente a mi, yo sorprendida le dije: "qué haces?, vístete", él no me hizo caso y me dijo: "zorra, cállate que tu marido duerme y es momento de que pruebes lo que tanto te gusta", se me acercó y me sometió con sus brazos, yo de espalda a el, sentía su pene frotando mis nalgas y eso me calentó, me puso bien arrecha, al oido me decia cosas sucias: "te gusta como te rozo con mi verga, eres zorra, no lo olvides", algo pasó en mi que jamás pensé que sucedería: yo misma me bajé la falda con mi ropa interior y me puse en cuatro, el no dudó y de una vez me penetró fuerte, empezó a cogerme como el solo lo sabe hacer, sentía tanto placer que deseaba que mi marido me viera culear con Jhon, no imaginé que fuera tan morbosa, olvidé todo lo moral que tenía y saqué lo puta que había en mi interior.

Verme follar a mi con ese hombre era digno de ser filmado para una película xxx, su enorme verga entraba y salía de mi vagina húmeda, sentía el chocar de sus huevos contra mis nalgas grandes, generando un sonido cachondo y exitante, me decía: "quieres que la saque?" y yo le drespondía: "no por favor, no la dejes de meter", decidí jugar a su estilo y le dije: "quiero sentir tu leche, dámela", el me respondió que aún no, que venía lo más sabroso, me la sacó de mi vagina y empezó a lamerme el ano, me lo escupía, metió primero un dedo y luego dos, yo no me arevía a decirle que no, estaba como drogada, en un trance sexual y me dejé llevar por sus bajos deseos, poco a poco me metió la cabeza del pene por el culo, me dolía pero no quería parar, fue metiéndola hasta quedar la mitad dentro de mi gran trasero.

Empezó a embestirme, suave, luego aumentó la velocidad, confieso que no era mi primer anal porque a mi marido lo complací varias veces con eso cuando él estaba más joven. Jhon no paraba de meterla, me asombraba su aguante y más con el meneo que yo le daba, digna de la mejor perra de prostículo, empecé a sonreir, lamía el dedo que me metía a la boca, me sentía muy cachonda, una reina sexual que complacía los placeres de cualquiera.

Me la sacó del culo y me hizo que me agachara, abri mi boca sabiendo lo que el quería y derramó su venida dentro de mi boquita, no me importó que supiera a mi culo recién cogido, me la tragué toda y le limpié la cabeza con la lengua, símbolo que ya era adicta a su semen. Se sonrió y me dijo: " te encanta tragártela, te presentaré un amigo de mi país que le encantan mujeres tan putas como tu". Se marchó y me dejó con la inquietud de conocer a ese amigo de él, nuevamente me entró la rabia de no poder contenerme, de evitar ese encuentro sexual, ¿será que de verdad soy puta?, me dije en mi mente,

A los dos días me llama diciéndome que viniera a su casa, le dije que no pero él insistió amenazándome con contarle todo a mi marido, me dijo que fuera con minifalda bien ajustada y una blusa escotada, sin ropa interior, yo presa del temor accedí, me vestí como él me dijo (parecía una golfa buscando un cliente) y manejé hasta su casa, allí entre y me sorprendí de ver a un negro alto, con cuerpo atlético, como de unos 25 a 30 años sentado en el sillón con su pene en erección, la tenía unas pulgadas más grande que la de Jhon, el me saludo con un seco "Hello", Jhon se acercó y me dijo: "el se llama Latrell, pero puedes decirle Mandingo" y se echó a reir, yo le dije que por qué me hizo venir, que no pensaba entregarme a ese tipo, el me contesto: "callate, viniste porque quisiste, porque te gusta coger, acércate a mi amigo que necesita tus servicios", yo molesta no sabía que hacer, si me iba era capaz de contarle todo a mi marido y adiós matrimonio, no tuve más remedio que aceptar entregarme a ese tipo.

Jamás había estado con un negro, no es que sea racista, ya que soy latina de piel morena, me le acerqué y decidí hacer que terminara rápido, le bailé sensual frente a la mirada de Jhon que se quedó para ver todo, puso una canción de Rihanna llamada Pour it up, el sabía que era mi artista favorita, ese tema es muy erótico, ya que trata del mundo stripper, empecé a moverme como la vi en el video musical y el negro se excitó mucho más, sobre todo cuando le tenía mis nalgas puestas en su cara, me metía la lengua con maestría y yo le meneaba el culo, disfrutando esa lengua que se metía también en mi cueva húmeda, me arrodillé y empecé a chuparle su enorme verga, la lamía, succionaba, escupía, me era imposible metermela toda en la boca, la cabeza del pene era más grande, hasta me asusté pensando si quería metermela por detrás.

Quedé totalmente desnuda y el se puso el preservativo y me le senté y empecé a cabalgarlo, mientras, Jhon se masturbaba frente a nosotros, se dio gusto viendo mi culo mecerse, el infeliz me decia: " ¿viste que estás echa para coger?, te encanta tenerla metida", "eres bien puta, que no se te olvide, aunque tengas marido le darás tu cosita rica a otros hombres", yo le decía que se callara pero cada vez que me gritaba cosas me ponía más arrecha y montaba más duro al negro, ni cuenta me di cuando ya tenía su polla completamente hundida en mi agujero vaginal, fue en ese momento que Jhon se acercó y me la hundió por el culo, sin protección, yo quedé viendo estrellas y gritando, pero de placer, me sentía totalmente puta, bien ensartada en dos buenas vergas que entraban y salían de mi sin yo poderme escapar.

Se cambiaron de puesto pero el negro solo me la metió hasta la mitad, no podía aguantársela, yo no paraba de venirme, igual mi cuerpo voluptuoso aguantaba los enviones de esos dos sementales, creo que si fuera una mujer delgada no podría con esos dos, o quien sabe, la cosa es que no paraban de cogerme, el tiempo pasaba, no logré que el Mandingo se viniera pues tenía aguante, nuestros cuerpos estaban sudados, eramos como tres máquinas trabajando juntas, empecé a decir vulgaridades "cojanme duro, más duro, más", ambos ya estaban a punto de venirse e hicieron algo que me encantó: los dos se vinieron simultpaneamente. bañandome la cara de semen, me exitó tanto que me vine también con mis dedos metidos en mi cueva, la leche cubría todo mi rostro, era espesa y blanca, en vez de tirarla al suelo agarré mis dedos y me la quitaba de la cara pero directo a mi boca, ellos me decian "very good", "yeahhh bitch", contentos de lo sucia que me veía lamiendo su semen de mi cara, me sonreí al hacerlo, no sé por qué, quizás fue el placer de haber sometido a dos hombres.

El negro se vistió rápidamente y sacó un dinero de su cartera y se lo dio a Jhon, yo quedé muda pensando que era para mi, me dijo: "bye" y se fue, yo molesta le dije a Jhon: "¿me estás ofreciendo como prostituta?" y el cabrón me dijo que si, pero que igual el tenia esa fantasía de un trió y entonces me dio la mitad del dinero, fue una buena suma que yo tomé encantada, me decía a mi misma: "¿Sofia que estás haciendo?, acabas de prostituirte", pero por otro lado pensé que la fantasía del trió también la tenía en mi cabeza, me vestí y le pedí que no me hiciera esto más, el muerto de la risa me dijo que lo iba a pensar y me dio una nalgada, al llegar a casa no estaba todavía mi esposo y me fui a bañar, la sensación de tener mi culo ardiendo y mi vagina apaleada me encantó y me masturbé con un cepillo mientras me duchaba, recordando el polvazo que recién tuve. Espero no volver a caer así, ya me doy miedo y temo que mi marido se de cuenta de todo.

Infiel a mi marido y lo gocé: Esposos Bermudez

Ahora si, esto me pasó hace una semana, mi marido tiene un amigo y compañero de trabajo de apellido Bermudez, un hombre simpático que vi en la oficina al lado de la de mi esposo, cuarentón,´robusto, alto y de hermosos ojos verdes, mi marido se llevaba tan bien con él que lo invitó a cenar a nuestra casa, por demás decirlo que también le dijo que podía ir acompañado por su esposa, la cual ninguno de los dos conocía, él aceptó encantado.

Mi marido me avisó y preparé un jamón que me queda espectacular, me fijé qué me podía poner de vestido, ya que aunque era en la casa quería dar una buena impresión, así que elegí un traje blanco perlado, con escote en V y abierto al lado derecho de mi pierna, con unos tacones semi altos del mismo color, mi marido fue más sencillo, usando un pantalón de tela y camisa a cuadros, él no se caracteriza por estar al tanto de las modas, mi traje me lucía estupendo, obviamente bien ceñido a mi voluptuoso cuerpo.

Al tocar la puerta mi marido fue a recibirlos, su amigo vino elegante con un saco, pero la que relució fue su mujer, una rubia despampanante que hasta a mi me dio envidia ya que sus pechos eran más grandes y firmes que los mios sumado a un trasero descomunal firmemente levantado, se notaba que le metía al gimnasio, su rostro era de mujer de cuarenta años, con una mirada sexy, labios gruesos y ojos verdes como los del marido.

Nos sentamos y saludamos y me extrañó que ella me besó muy cerca a mis labios, lo cual me puso incómoda, su marido fue más respetuoso y me besó en la mejilla. Conversamos de muchas cosas, ella se dedicaba al entrenamiento personal, me hablaba de ejercicios específicos para ciertas zonas del cuerpo, sobre todo pechos y nalgas, hablaba muy libremente, sin pelos en la lengua, con lo cual, la imagen de mujer recatada se me quitó de mi mente, nos excedimos en el vino y como siempre, mi marido ya estaba durmiéndose, el pobre no es de aguantar nada de alcohol, lo cual me molesta porque me pone en situaciones de debilidad.

Esa pareja empezó a hablar de sexo, cosa que a mi marido no le molestó, sino le causaba risa, nos contaron que ellos eran muy abiertos sexualmente, que les gustaban explorar fantasías y cosas así, expresé un comentario sobre uno de esos temas y la mujer que estaba a mi derecha me dijo "así es" tocándome mis muslo desnudo con su mano izquierda, me lo apretó y sentí una excitación grande al sentir su mano, ella lo notó y sonrió, mi marido ni cuenta se dio.

Me dijo que si quera podría entrenarme para fortalecer mis músculos, ya que me sentía un poco aguada la piel, eso no me molestó y le dije que así mi marido me quería y mi esposo asintió con la cabeza, no dejamos de beber vino y cuando se acababa la botella mi marido iba por otramientras eso pasaba, la mujer no paraba de mirarme el escote, lo cual me empezó a gustar y le dije: "¿qué miras tanto en mi?", ella me dice: "lo bien que te ves, tienes un cuerpo de actriz porno", to reí con ese comentario y le dije: "¿en serio?" y ella me dijo que si, que podría fácil hacer mucho dinero con mi cuerpo pues todo lo tenía grande, le respondí que también ella tenía grandes atributos y ella me miró con deseo y me dijo: "cuando quieras puedes tocar para sentirlo".

Eso me puso cachonda, jamás una mujer se me había insinuado, solo hombres, y esa sensación me hacía sentir rara y cachonda. le dije que si el marido no se molestaba, ella me dijo que no, qe ella es bisexual y que ellos hacían trios mhm o simplemente el quedaba como observador mientras estaba con otra. Yo le explique que nunca he estado con mujeres, y ella me respondió que quizás no con mujeres pero que sospechaba que yo me revolcaba con varios hombres, pues tenía mirada de mujer caliente.

Esa mujer me decía barbaridades cada vez que mi marido y el suyo se levantaban de la mesa para la cocina, me tocó el turno de llevar los platos a la cocina y ella me acompañó, mi marido se fue a la sala con su amigo y mientras lavaba trastos ella me empezó a acariciar el culo, yo me quedé inmovil sintiendo sus manos por mis nalgas, me subió el traje y me nalgueó, eso me puso arrecha de una vez, dejé que hiciera lo que sus deseos depravados quisieran, me empezó a lamer las nalgas y me puso en cuatro, así empezó a lamerme el culo bien rico, su lengua era larga y sabía cómo usarla, me volteó y me abrió las piernas quitándome el hilo que tenía puesto, empezó a lamerme mi concha muy hábilmente, me chupaba el clitoriz, succionaba mis labios vaginales, al punto en que no pude evitar gemir suavemente y venirme en su boca.

Ella se subió el vestido, mostrándome que no llevaba puesto nada, sus nalgas eran redondas y carnosas, algo en mi me decía que las tocara y así hice, se las acaricié y la giré, tenia su concha depilada como la mía y húmeda, ella me hizo agacharme bien y me pegó su concha a mi boca, decidí experimentar y le devolví el favor que me dio, ella decia en tono bajo: "asi zorra sigue, sabia q eras bien caliente desde que te vi", eso me ponía exitada y se la lamía con más ganas.

De repente siento unas manos que me agarran y levantan mis nalgas y me asusté imaginando que era mi marido, pero era el esposo de ella, el cual me dijo que estuviera tranquila que mi marido se durmió, me mostró su enorme miembro venoso y cabezón, su mujer se acercó y empezó a mamársela con fuerza, ella me dijo que la ayudara y no aguanté la escena y también se la chupé, juntas le estabamos haciendo un delicioso sexo oral, le echábamos saliva, lamíamos sus pelotas, hasta que se puso dura, ella me pidió que la siguiera lamiendo y me puse a comerme su soncha. mientras que el marido sin dudarlo me la enterró en mi vagina, me follaba con rudeza, su mujer sonreía, me halaba por el cabello y me preguntaba si me gustaba, yo le respondí que si.

Ella le dijo al marido: "ella es de las que son bien calientes, métesela x el culo" y el cabrón me la hundió por allí, no opuse resistencia, gozaba su verga enterrada en mi culo, hacipendome venir una y otra vez, mientras probaba el sabor de la vagina de su mujer, nos quitamos totalmente la ropa, estábamos presos en el deseo de nuestros cuerpos, el marido dejó de metérmela y le dijo a la esposa que era momento de una tijera, así que ella pegó su concha a la mia y empezamos a frotarnos, tanto las conchas como las tetas, su marido no paraba de halársela, esa sensación húmeda me hizo venirme igual que a ella,

El marido nos dijo que viniéramos a probar su leche así que nos acercamos y se vino en nuestras bocas que teníamos con la lengua afuera, ella me daba semen del marido desde su boca y le devolví el favor, nos lo tragamos, estaba delicioso y le limpamos la cabeza del pene juntas dándonos besos, el marido nos dijo que a su mujer todavía no se la había metido, asi que decidimos tocarnos juntas frente a él y le dimos la espalda, en cuatro decidimos menearle nuestras grandes nalgas hasta que se empalmara nuevamente y allí fue como animal a métérsela x el culo a la mujer que disfrutaba esas metidas y sacadas de verga, me dediqué a chuparle sus tetas grandes y a frotarle su vagina, "ahhh papi asiii dame duro por este agujero que es solo tuyo", "asi, asi, no pares, culéame ricoooo", son cosas que decía la rubia putona y empecé a besarla con lengua hasta que se volvió a venir ella, su marido no aguantó más y volvió a venirse en el culo de ella, la mujer me dijo: "¿qué esperas?, límpiame el culo", así que decidí lamerle el culo lleno de leche, fue muy rico meter mi lengua por ese culote tan grande y lamerle toda la leche que escurria de su ano.

El marido nos nalgueó y nos besó a las dos, las cuales junto con él probamos nuestras lenguas juntas, nos vestimos y se retiraron, dejándome sus teléfonos, mi concha mamada de ella y mi culo ardiendo por tanto mete y saca que me dio él. Y mi marido, dormido, creo que con unos cuernos más crecidos, senti lástima por él pero recapacité y vi que la culpa la tiene él por traerme la tentación a la casa, ja ja.

Infiel a mi marido y lo gocé: El jefe de mi marido

Una visita a mi marido a su trabajo desató nuevamente mi fuego uterino que no se pudo controlar tras el intento de mejorar la situación de mi marido.
Hola a todos, como recordarán en mi primer relato, mi marido estaba pasando una situación dificil ya que tuvo que descender de puesto y obviamente, su salario se redujo, lo cual nos generó un cambio en nuestras vidas, ya que a pesar de que no tenemos hijos, nos gustaba vivir cómodamente, sobre todo yo. Mi marido se endeudó para comprarme un auto y me avergonzaba verlo lleno de deudas por mi culpa, asi que decidí ir a su empresa para hablar con el jefe y tratar de convencerlo de que recuperara su puesto, ya que mi marido me contó que las cosas en la empresa ya estaban normalizándose.

Aproveché para ir un dia en el que a mi marido se le quedaron unos documentos, los cuales fui a dejárselos, me traté de vestirme recatada, más sin embargo mi cuerpo voluptuoso se apreciaba tras mi traje ajustado, sobre todo mi trasero grande y firme y mis pechos que querían reventar el traje, al llegar fui el centro de aténción de todos los hombres que trabajaban allí, me sentía un tanto incómoda pero a la vez contenta de que apreciaran mi belleza.

Llegué a la oficina de mi marido y le dejé los papeles, aproveché para preguntarle cómo le iva y me dijo que bien, que el jefe lo tenía lleno de trabajo y que por eso no podía demorar mucho hablando conmigo porque después lo despedían, le dije que me mostrara brevemente las oficinas que lo rodeaban y él me mostró algunas de ellas incluyendo la de su jefe, me despedí y esperé a que él entrara y disimuladamente me fui hacia la oficina del jefe, alli me atendió una secretaria muy parecida a mi en lo que a cuerpo se refiere y ella le comunicó a su jefe que yo deseaba hablar con el.

Las oficinas tenían cámaras a las cuales el accedía e inmediatamente le dijo a su secretaria que me dejara pasar, yo iva pensando qué cosas decirle para que le mejorara la condición laboral a mi marido pero no se me ocuría mucho ya que no teníamos hijos, ni vivíamos tampoco en la miseria, ni mi marido había sufrido de problemas de salud que ameritaran una razón válida para mejorar su salario.

Al entrar me imaginaba al típico anciano, gordo y grocero pero me sorprendí al ver a un joven de entre 25 a 30 años, muy guapo, de tez blanca y atlético, tenía unos ojos verdes hermosos, él me saludó dándome un beso en la mano muy cortesmente y me preguntó las razones de mi vista. Yo estaba embelezada por su juventud, antes de responderle le dije que no me imaginaba que el jefe de mi marido fuera tan joven y él me respondió que era el hijo del dueño de la compañía y le tocaba administrar ese departamento y que muchas gracias por decirle joven (se rió muy sexy).

Le conté que ya que la empresa había normalizado su situación y esperaba que mi marido tuviera su puesto que tenía antes de regreso, ya que a mi me constaba lo trabajador que era el y que incluso en la casa se desvelaba y ni me atendía como debía por llenarse de trabajo, a eso el me respondió: "¿no la atiende como debe ser?, eso es malo, una mujer con sus tributos no debe sentirse descuidada", inmediatamente noté que no paraba de ver mi escote, el cual le regalaba un vistazo de mis senos grandes y firmes, de repente un fuego cruzó por mi cuerpo y noté que si podía lograr ayudar a mi marido sería coqueteándole a su jefe.

Esta idea la sentía peligrosa ya que corría el riesgo de que él se lo contara a mi marido o a algún otro empleado que luego se lo contaría a mi marido, pero me arriesgué a buscar una situación que permitiera ayudar a mi esposo.

Le dije: "si mi marido ya ni me atiende mucho por tanto trabajo que hace ahora y lo peor es que el salario no es justo con lo mucho que trabaja", mientras decía eso puse mi rostro dulce y crucé las piernas lo cual él astutamente oservó y se deleitó viendo mis muslos gruesos. Me dijo que ese tema debíamos tratarlo más profundamante, era descarado, pues no paraba de comerme con los ojos y yo también lo mire con ojos pícaros, como para que viera que había entendido la señal que él me enviaba, inmediatamente me dio su tarjeta y me pidió mi numero de teléfono, el cual se lo di, lo llamó de nuevo la secretaria porque tenía una reunión con otra persona y ´nos despedimos con un beso ya no en la mano sino en la mejilla, dejé caer la tarjeta que me dio y me agaché para recogerla mostrándole mi trasero asomarse por mi traje ajustado, él quedó sin palabras. Salí sin que mi marido lo notase.

Luego de 4 horas me llamó saludándome y diciéndome que no había podido dejar de pensar en mi visita, que era muy guapa, que mi marido era muy afortunado de tener un mujerón como yo, decidí seguirle el juego y le dije que lo que me decía me causaba halagos y un poco de gracia, me dijo que estaba pensando seriamente en mi solicitud pero que yo debía entender que para volver a poner a mi marido en su trabajo anterior debía remover y reubicar al empleado que ocupaba su puesto, lo cual generaba un gasto extra a la empresa, yo le dije que comprendía todo y que si estaba de mi parte haría lo que sea para que todo saliera bien.

Él me dijo: "bueno Sofia, en vista de eso, tendrías que tratar ese tema personalmente conmigo, si deseas llevo el nuevo contrato de tu marido pero eso te costará mucho", yo le dije: "bueno papi (me atreví a llamarlo así), yo estoy dispuesta a todo", me dijo que pasaba por mi casa en una hora asi que me preparé poniéndome una falda muy corta y una blusa escotada, sabiendo a lo que iva a enfrentarme, además de que deseaba devorar ese joven tan guapo y varonil, saldría beneficiada doblemente, pues con el nuevo salario de mi marido ya le podía pedir lo que quieria y además tendría el gusto de probar un nuevo macho entre mis piernas.

Llegó puntual con la dirección que le di y me subi al auto muy suavemente, notando mis muslos que se veían casi completamente, él se me acercó y me quizo besar la boca pero le quité los labios diciéndole que fuera con calma, que no pensara que era una puta, sino que lo que podría pasar era sólo por ayudar a mi marido y que debía ser discreto, me dijo que si y fuimos a un hotel muy lujoso, con jacuzzi incluido, al entrar me masajeó mis nalgas descaradamente y no hice nada por evitarlo, le pregunté por el contrato de mi marido y él me lo mostró, observé bien los datos personales de mi marido, el cargo, su salario, el cual hasta vi que era un poco más alto del que antes tenía y la estabilidad laboral que tanto deseaba ver, me puse contenta mientras lo leía el empezó a manosearme y besarme por todos lados, me bajó mi hilo y lamía mi culo grande, lo tiré a la cama y empecé a chuparle su pene grandiosamente bello; grueso, cabezón, sin bello púbico, venoso, como a mi me encantan. Se la mamé como ninguna otra mujer se lo había echo, el gozaba cada lengüetazo, cada succión, cada lamida de bolas al máximo.

Me decía: eres grandiosa Sofia toda una puta mamadora, yo me rei y le dije: "si papi, me encanta tu verga" y se la seguí mamando hasta que estuviera dura como un sable, el quería que lo montara pero le dije que aun faltaba que firmara el contrato de mi marido, de una vez lo firmó sin pestañear, pero no fui tonta ya que el podía romperlo asi que pedí su teléfono y marqué a la empresa, de allí pedi línea a la oficina de mi nuevo amante y respondió la secretaria, Nicolás como se llama el, supo qué hacer y le pidió que llamara a mi marido para atender la llamada, mientras él hacía eso me dediqué a desnudarme, mostrándole mis tetas grandes y firmes, le bailé sexy para que viera lo que le esperaba.

Nicolas: "Aló José, te comunico que gracias a tu buen rendimiento laboral y por comprender la situación que tuvimos que enfrentar en la empresa, valorando ese sacrificio que tuviste, te comunico que mañana ocuparás nuevamente tu puesto, ya que el Licenciado Ortiz pasará al departamento de Mercadotecnia, mañana al llegar ve a mi oficina a firmar el contrato, felicidades", mi marido le dio las gracias muy contento, sin saber que en realidad había logrado recuperar su antigüo trabajo gracias a mi.

Nicolás cerró la llamada y me dijo: "soy de palabra, espero cumplas", a lo que yo le dije: " no te preocupes amor que lo que deseas de mi lo probarás ya mismo", me acerqué a la cama y me senté sobre su pene, solo rocé la cabeza contra mi entrada varias veces hasta hundírmela toda, gemi de gusto: "ahhh papi que cosa más rica me estoy metiendo", empecé a cabalgarlo como yo sé hacerlo, el me nalgueaba y chupaba mis pezones, le decía: "muérdemelos papi" y él loco de deseo lo hizo, lo cual provocó venirme delicioso, su pene grueso estaba rozándome bien rico mi cuevita, le metí mi lengua en su boca y nos besábamos con lujuria.

Nicolas: "que mujer tan caliente tiene jose en su casa, eres toda una perra en la cama".

yo: "gracias amor, la verdad no lo hice tanto por mi marido, sino por que estabas bien lindo y quería tenerte entre mis piernas", eso a él le gustó pues sonrió.

Nicolas: " si nena me tienes bien caliente desde que entraste a mi oficina, sabía que eras una hembra deseosa de placer".

yo: "si papi cógeme duro, muéstrame tu juventud, quiero sentir un macho culeándome rico", me puso en 4 y me la hundió, sus huevos chocaban fuerte contra mis nalgas, me haló por el cabello tratándome como la zorra que soy, no paré de gemir con cada estocada que me daba: "asi papi ahhh siii no la saques, métemela duroooooo, aayyy ayyyy la siento bien ricooo papiiii", "¿quieres mi culo papi?.

Nicolas: "claro que si, lo deseo desde que te vi", me lamió el culo buen rato, me echó saliva y hundió dos dedos dentro de mi, de una vez fue metiendo su miembro duro y caliente por mi culo abierto y eempezó a bombearme, ese mete y saca estaba rico.

yo: "asi papi culeame duro, asiii ajhh sométeme",

nicolás: "eres toda una sucia perra, hace tiempo no me culeaba a una nalgona tan puta como tu", no paró de sacarla hasta que decidí yo misma echarme hacia atrás y menear en círculo mi culo para sacarle la leche. "me vengo zorra, me vengo en tu culo", "si papi dame esa leche rica, lléname el culo de leche ahhh ayyy siii ahhh ", enseguida senti un chorro fuerte de semen inunando mi culo, el quedó acostado sobre mi espalda, estabamos sudados, olorosos a sexo, me gustó tanto que me le senté en su cara para que me lamiera mi concha húmeda y él no me defraudó, se notaba que era un mujeriego experto en coger, me hizo venirme en su cara delicioso: "ayy papi desléchame asiii ufff siii mete esa lengua en mi coño, chupame el pirigallo asii asiii ufff, me vengo mmmmm ricooooo".

Nuevamente se la chupé para ponérsela dura y me puso en 4 a borde de cama, me empezó a coger duro por mi concha, yo sacaba mi lengua saboreando de gusto, estaba totalmente adicto a mis nalgas, "ohh papi si que aguantas, dame duro por mis nalgas ahhh ayyy coges mejor que mi marido mmm ricooo", nuevamente me dijo que se iva a venir y la sacó de mi concha y me la metió a la boca: "mama perra, traga tu leche", "si papi damela toda, quier tu lecheee ahhhh" y nuevamente otro chorro espezo de semen me inundó la boca, la cual me trgué completa, le di una buena lamida a su cabeza para dejarsela limpia.

Empezamos a vestirnos ya que faltaba una hora para que se acabara la jornada laboral en la empresa y él debía regresar, no usamos el jacuzzi, así que me dijo que lo usaríamos en alguna otra ocasión, yo le dije que eso dependerá de cómo le vaya a mi marido, así que supe que de ahora en adelante mi marido ganaría buen dinero y no tendría mucho trabajo, que quizás la que ahora sudaría sería yo.

Me dejó en mi casa, no sin antes deslecharme metiéndome sus dedos en mi concha provocándome otro rico orgasmo y me despedí de él dándole otra mamada en su auto esta vez, quedé impresionada del aguante de ese hombre, quizás será por su juventud, volví a tragarme ese rico semen dulce y me fui caminando a la casa, una hora después llegó mi marido muy contento por lo de su trabajo y yo fingí sorpresa y estar contenta, las cosas definitivamente mejorarían, volví a ser infiel pero esta vez por una buena causa.
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Relato Erótico : La primera vez que le es infiel a su esposo

Relato Erótico : La primera vez que le es infiel a su esposo

Soy Erika, una mujer divorciada que actualmente tiene 35 años, y cuando lo que te voy a contar sucedió, llevaba casada 6 años con Daniel, mi novio de la facultad. Solamente teníamos un niño de casi un año. Cuando nos casamos compramos un departamento en una zona cercana a la universidad donde él y yo habíamos estudiado, era una zona muy tranquila y con muchas zonas verdes, la verdad es que el sitio nos encantó desde la primera vez que lo vimos, y no lo pensamos, nos lo quedamos.
Estábamos rodeados de buenos vecinos, y la convivencia hasta hacia poco, había sido fenomenal, la mayoría teníamos hijos pequeños, y habíamos hecho amistad con varios de ellos. Cuando decía “hasta hacia poco”, estamos hablando del mes de Julio, en esa fecha empezaron nuestros problemas, el vecino que vivía justo arriba de nosotros, fue trasladado por su empresa a otra ciudad y puso el departamento a la venta, con eso de la crisis inmobiliaria no pudo venderlo y optó por dejar que una agencia lo alquilara.
Esa agencia se lo alquiló a tres estudiantes de derecho que empezaban la universidad en agosto, y ahí fue cuando empezaron nuestros problemas, todos los jueves hacían grandes fiestas en casa, vivían justo arriba, y la música se escuchaba como si estuvieran en nuestra habitación. Normalmente solían ser reuniones de amigos con la música y hablando en voz alta, pero esa noche era casi imposible pegar ojo así que tras mucho tiempo intentando dormir, opté por llamar a la policía.
Después de llamar tres veces, apareció una patrulla de la policía municipal, eran casi la una de la madrugada y en el departamento de arriba no había parado la fiesta, mi hijo pequeño, de casi un año, no había dejado de llorar desde que esa cuadrilla de impresentables lo habían despertado, y mi marido seguía roncando como si nada.
Tras varias llamadas se presentaron, los escuché llamar al timbre y hablar con los chicos, parecía ser que reconocían que habían hablado un pelín fuerte y prometían a los oficiales que no iba a volver a suceder, tras diez minutos de charla, la pareja de uniformados abandonaron el portal y la cosa quedó en calma.
Después de un rato intentando dormir a Danny, lo conseguí y la tranquilidad volvió a reinar, mientras mi marido Daniel continuaba roncando como si nada, ajeno al ruido de discoteca que habíamos tenido encima.
No había pasado ni media hora cuando los llantos de Danny me volvieron a despertar, por lo visto, la fiesta de arriba se había reanudado y el ruido volvía a ser atronador. En esta ocasión hice que Daniel se despertara.
-Esos chicos de arriba han vuelto a despertar a Danny, ¡ya estoy harta!, intenta tu dormirlo, que yo voy a subir, son más de las 2 de la madrugada y estos cabrones se van a enterar-
Mi pijama era solo un pantalón corto con un top de raso, así que me puse una bata y subí como alma que lleva el diablo, ya frente a la puerta se podía escuchar el jaleo ensordecedor del interior, la verdad es que me extrañaba que el resto de vecinos no estuvieran llamando también. Tras tocar varias veces el timbre, alguien abrió y desapareció, el departamento era exactamente igual al nuestro así que me decidí a entrar.
Había un pequeño recibidor, y a mano izquierda estaba la cocina y dentro había una pareja hablando el uno frente al otro, parecían enfadados e imaginé que era la típica pelea de adolescentes agravada por las copas de más, seguidamente miré a mi izquierda y allí había un salón igual al mío pero sin apenas muebles. Allí tenían montada la discoteca ya que había unos 15 o 20 chicos y chicas bailando y charlando, habían puesto una cadena musical vieja y las luces las habían tapado con telas de colores, por lo que se me hacía difícil ver algo en un principio.
Tras unos segundos en el recibidor, fijé la vista en uno de los chicos que parecían de los menos ebrios, y le pregunté.
-¿Quién es el que tiene alquilado el departamento?-
El chico se me quedó mirando con cara de incredulidad, me miró de arriba abajo intentando adivinar que hacia una mujer con bata en mitad de una fiesta adolescente y tras unos segundos de lapsus, pareció que se le iluminó la mente.
-Ah Ángel!-
Tras despertar de su letargo hizo el típico gesto de “no tengo ni puta idea” y continuó a lo suyo dándose media vuelta. Yo no estaba dispuesta a que me tiraran de a loca, y volví al ataque.
-¿Dónde está Ángel?-
-¡No tengo ni idea!, ¡me imagino que andará por ahí dentro!-
Señaló hacia la zona donde se encuentran las habitaciones. Nada más terminar de escuchar sus palabras salí del salón y me dirigí hacia las habitaciones, de camino por el pasillo, estaba la puerta del baño abierta y me acerqué a preguntar, dentro había tres chicos, dos chicos y una chica que estaban preparando sendas rayas de lo que fuera encima de la taza del WC.
-¿Alguno de ustedes es Ángel?-
Los chicos se dieron la vuelta y me miraron mitad con sorpresa y mitad con miedo, una desconocida con bata y pantuflas estaba ante ellos viendo cómo se preparaban una raya, me sentí un poco mayor al sentirme escandalizada al ver a la chica que apenas llegaría a la mayoría de edad, era una situación un tanto incomoda y enseguida uno de ellos contestó.
-Anda por una de las habitaciones, no me digas cual, porque no la se
Habían convertido el piso en una discoteca y lo malo era que debajo vivía mi familia, conforme pasaban los segundos y no encontraba al responsable se me iba hinchando más y más la vena por el coraje que tenía.
Abrí dos de las habitaciones pero solo encontré cuartos revueltos con ropa y libros esparcidos por la cama, se notaba que aquellos chicos eran de todo menos ordenados. Al llegar a la tercera habitación fue cuando lo encontré.
Aquel chico estaba teniendo sexo con su novia o lo que fuera, al entrar los sorprendí, y en un primer momento sentí el impulso de volver a cerrar la puerta y desaparecer, pero ya estaba cansada, necesitaba hablar con él y no estaba dispuesta a esperar ni un segundo más, necesitaba que de una vez por todas terminara con la fiestecita y comprendieran que el respeto es algo básico para poder convivir.
Lo primero que vi cuando entre en aquella habitación fue aquel chico de espaldas cogiéndose a una chica jovencita, ella estaba a cuatro patas encima de la cama, y él la embestía desde atrás como un auténtico toro bravo. Ellos también se sorprendieron al ver que alguien abría la puerta, fue verme y ella se separó, e intentó cubrirse con las sábanas, era una chica muy bonita que andaría rondando los 18. Por lo poco que había vislumbrado, tenía un cuerpo delgado y bien definido, con unas tetas firmes, y pezones pequeños, pero completamente enhiestos. Me miraba con cara de terror, como si yo fuera un fantasma que fuera a llevarse su alma pecadora.
Sin embargo, el que yo imaginaba que sería Ángel, se levantó de la cama tal y como estaba, caminó hacia mí, mientras lo hacía no pude evitar fijarme en su “miembro”, estaba completamente erecto, era una verga gruesa y larga, completamente depilada, que se movía a derecha e izquierda a la vez que daba una zancada.
-¿Qué diablos pasa?-, preguntó él cuando estuvo a mi altura.
Mientras se acercaba, no pude evitar que mis ojos se fijaran en ese cuerpo joven, fibroso, y sin un gramo de grasa, tenía dos tatuajes, uno en el pecho, a la altura del corazón, y el otro justo en el lugar donde debería de estar la mata de vello que rodea el pene, pero al estar completamente depilado, se distinguía completamente, tendría que ser todo un espectáculo al hacerle un oral. Pero rápidamente salí de los dos segundos de ensimismamiento al contemplarlo, y recordé el motivo por el que había entrado ahí desde un principio.
-Eso mismo pregunto yo, son las 2:00 am, y no puedes/pueden estar haciendo ruido-, le dije intentando poner mi mejor cara de enfado e indignación de la que fui capaz.
-¿Y tú quién eres?-, me dijo con el ceño fruncido.
-¡Soy la vecina del departamento de abajo, y tengo un bebé que no puede dormir porque esto parece un puticlub!-, le dije intentando moderar la voz para no empezar a gritar.
-Y dime, ¿a ti te gustaría que me metiera en tu habitación en mitad de la noche?-, me replicó visiblemente enfadado.
Sabía en el fondo que tenía razón, no había excusa posible a lo que había hecho, pero las circunstancias del momento me habían hecho actuar de esa forma tan impulsiva. Aun así, intenté tranquilizarme y excusarme.
-Yo nunca haría una fiesta a las 2:00 am, cuando todo el mundo duerme porque a otro día tiene que ir a trabajar-, le dije un poco más serena, intentando no ver su desnudez.
-Está bien-, dijo serenándose también un poco, -ahora bajamos la música, pero solo si me lo pides amablemente-
Aquel chico con un cuerpo perfecto permanecía frente a mí a menos de un metro, y con su pene completamente erecto, me costaba no verlo, me costaba respirar y mis piernas comenzaron a temblarme ante lo embarazoso de la situación, y pensándolo bien, él tenía un punto a su favor, no me haría daño pedir las cosas “por favor”.
-Te lo pido por favor-, dije después de respirar hondo tres veces, y luego de otras dos respiraciones, agregué, -¿puedes bajar el volumen de la música para que mi bebé pueda dormir?-
-Bueno si me lo pides así, la bajaremos.
Me di la media vuelta, y me encaminé a la puerta de salida, las piernas me temblaban y el corazón golpeaba contra el pecho, latía con tanta fuerza que pensaba que en cualquier momento lo podría escuchar aquel chico, ¿por qué los nervios?, no sé, tal vez por la desnudez de Ángel, o tal vez por su poderosa erección, o tal vez porque la adrenalina del enfado ya había disminuido, no lo sé, pero si no salía de ahí, no sé qué terminaría haciendo.
-Por cierto, ¿cómo te llamas?-, escuché que dijo antes de que llegara a la puerta de su habitación.
-Soy Erika, tu vecina de abajo-, le dije sin voltear a verlo.
-Pues bueno Erika, la próxima vez que entres en mi habitación, que sea por un buen motivo, ya me entiendes, jajaja-, escuché que gritó cuando salí de su habitación, ni siquiera contesté a su bravuconería, seguí mi camino, y me fui de aquel departamento.
No tardaron ni un minuto en bajar el volumen de la música, es más, todavía ni siquiera llegaba al ascensor cuando sucedió, al llegar a casa, mi hijo y mi esposo ya dormían otra vez, Daniel como siempre roncando y mi peque soñando con los angelitos. Entré en el baño, y me lavé la cara con un poco de agua fría, todavía me temblaban las piernas al recordar mi viaje a aquel departamento, el cuerpo y la desnudez de Ángel, pero sobre todo, aquella erección que no se le bajo mientras tuvimos nuestro diálogo.
Me quité la bata, y seguidamente el pijama, quedando desnuda frente al espejo, mi cuerpo no era como el de la jovencita que había visto hacía un rato, sin embargo, a mis 29 años, aún me sentía deseable, mis tetas eran grandes, redondas, y a pesar de mi pequeño Dany, aun turgentes, los pezones no eran muy grandes, pero en extremo sensibles, y tienden a endurecerse con facilidad, y la verdad fuera dicha, en esos instantes estaban completamente enhiestos, y aún ahora que ya tengo 36, me sigo conservando casi igual, ligeramente con más cadera, pero sigo siendo la misma.
Siempre he sido y soy delgada, pero mis caderas son un poco más pronunciadas que las de la mayoría de las mujeres, en especial, que las caderas de aquella chica, se podía decir que mi cuerpo era el de una mujer y el de ella era el de una adolescente a punto de serlo. Había una cosa que me llamó la atención durante el escaso segundo que la observé desnuda, su rajita estaba completamente rasurada, tan solo dejaba un fino hilo de pelitos. Yo me solía depilar, pero mi rajita mantenía gran parte de la mata de vello todavía, sin tan siquiera saber el motivo, agarré una cuchilla de las que mi esposo usaba, y comencé a rasurarme.
Lo dejé exactamente como el de aquella chica, me miré en el espejo y sonreí, la verdad, que así quedaba mucho más apetecible he higiénico, en ese momento tomé la decisión, desde entonces lo llevaría así. Continuaba en el baño con la puerta cerrada, en mi mente seguía viéndolos en aquella habitación, recordaba el cuerpo desnudo de Ángel embistiendo a aquella chica, recordaba su musculatura tensándose con cada sacudida y como se había acercado a mí con la verga erecta y se había colocado a menos de un metro de mí.
De pronto, mi temperatura corporal aumentó de golpe, se me secó la garganta, mis pezones se habían endurecido, y sentí como mi rajita se humedecía, solo recordando aquella experiencia, estaba excitada, más que eso, estaba caliente como hacía mucho no estaba, y comencé a acariciarme delante del espejo. Una de mis manos recorría mis tetas y las presionaba, mis dedos pellizcaban mis enhiestos pezones, a la vez que gemía suavemente, mi otra mano no dejaba de jugar con mi hinchada y encharcada rajita, mis dedos en pocos segundos quedaron impregnados de mis juguitos, y comencé a gemir al ritmo de mis caricias.
El placer que empecé a experimentar era tan intenso, que tuve que retroceder y sentarme sobre la tapa del WC, Lo recordaba a él una y otra vez, fantaseaba en que era yo la chica que se encontraba allí a cuatro patas siendo embestida por aquel chico, en apenas unos minutos, se había convertido en mi deseo más oculto, no tardé mucho en sentir las maravillosas oleadas de placer del orgasmo, mi cuerpo se tensó y varios espasmos recorrieron mis entrañas, tuve que morder una toalla que tenía cerca para ahogar el grito que el orgasmo me hizo tener, dejándome jadeando.
Ahí estaba yo, una mujer de 29 años, sentada sobre la tapa de la tasa del baño, con la respiración acelerada, las piernas abiertas, tres de mis dedos aún metidos en mi vagina, laxa, con los ojos cerrados, y mis pezones aún en punta, acababa de tener uno de los mejores orgasmos auto provocados de mi vida, poco a poco mi respiración se fue acompasando, y cuando por fin respiraba con normalidad, extraje mis dedos, me levanté, y mojando un poco la toalla que me había servido de mordedor, me limpie perfectamente mi rajita, me vestí y volví a la cama, intenté conciliar el sueño de nuevo pero todavía estaba agitada y me costó trabajo volver a dormir.
Mi vida no era muy diferente a la de la mayoría de la gente; los años de matrimonio habían hecho que la monotonía se posara en la pareja, y aunque nunca en la vida me había planteado una infidelidad, si era cierto que últimamente solía masturbarme con más asiduidad, pensando en algún amigo común, en relaciones anteriores, y porque no, en una que otra mujer del medio artístico. Nuestras relaciones sexuales eran más de lo mismo, y cada vez con más frecuencia tenía que fingir mis orgasmos, y después masturbarme con un juguetito que me había comprado a escondidas de mi esposo.
Esa noche, mientras intentaba conciliar el sueño, me venía una y otra vez la imagen de aquel chico haciendo el amor, ¿no que!, más bien, cogiendo como un semental, no podía apartar de mi mente aquel cuerpo fibroso y sudoroso, embistiendo una y otra vez a aquella chica, que nuevamente volvía a ser yo en mis fantasías. Terminé durmiendo con mis pezones enhiestos, rozando la tela de mi pijama, y con mi rajita otra vez empapada de mis jugos.
Los días pasaron y durante una temporada no volví a ver a aquel chico, dicho sea de paso, tampoco los meses anteriores a mi visita los había visto, por lo que me imaginé que tendríamos diferentes horarios. Un día volvió a aparecer, o mejor dicho, volvieron a aparecer, eran las 7 de la tarde y coincidimos en la puerta del ascensor para subir, eran tres chicos que rondaban los 20 años entre los que se encontraba Ángel. Uno de los chicos era algo gordo, pero sin ser obeso, y el otro era delgado.
Yo venía de recoger a una de mis sobrinas de sus clases vespertinas, pues ese día se quedaría en mi departamento, y los cinco entramos en el ascensor, ellos se miraban y cuchicheaban cosas al oído para luego soltar una sonrisa cómplice, me miraban de arriba abajo a la vez que me desnudaban con los ojos. Cuando paré en mi piso y tuvimos que bajar, ellos no parecían tener la más mínima intención de apartarse de la salida por lo que sin ser capaz de decir una palabra tuve que pasar por el estrecho hueco que había entre un chico y la salida, por lo que mis pechos tuvieron que frotarse contra él mientras intentaba pasar.
En cualquier otro momento, le hubiera dicho algo, lo hubiera empujado, o simplemente lo hubiera abofeteado, pero lo único que me pasaba por la cabeza en ese momento, era poder salir de ahí, lo único que quería era que terminara aquella situación tan embarazosa delante de mi sobrina. Conseguí salir después de tener que apretar todo mi cuerpo contra él y cuando ya estaba fuera, escuché unas palabras que me helaron la sangre.
-Bueno vecina, mañana tenemos fiestecilla, ¿te vas a apuntar?-, puse la mayor cara de asco de la que fui capaz, y no contesté, mucho menos me di la vuelta para verlos, los tres chicos reían en el interior del ascensor mientras se cerraban las puertas.
-Tía, ¿por qué te ha dicho eso ese chico?, ¿lo conoces?-, me preguntó mi sobrina cuando llegábamos a la puerta de mi departamento.
-Nada hija, son unos vecinos de arriba, y están todos tontos-, le contesté con apenas un hilo de voz, esas palabras me habían puesto tan nerviosa que me temblaban las manos al intentar introducir la llave en la cerradura para abrir.
Durante todos aquellos días, casi dos semanas, me habían acompañado en las noches, las imágenes de aquella pequeña aventura, no entendía como había pasado, pero en mi interior algo se estaba despertando, ¿miedo?, no, ¿excitación?, tal vez, no lo sabía, lo único que tenía claro, era que desde entonces, cada vez que me masturbaba, esa imagen era lo único que circulaba mi mente, aquella fantasía donde yo ocupaba el lugar de la chica a cuatro patas, se repetía constantemente, como en un bucle infinito.
Era la primera vez que veía a los otros dos chicos, la verdad es que no recordaba haberlos visto la noche pasada en la fiesta, no se parecían en nada a Ángel; uno, como ya dije, era algo entrado en carnes, pero sin ser obeso, y con cara de degenerado, fue el que todo el rato me estuvo desnudando con la mirada; el otro igual de alto que Ángel, pero más delgado, con cabello y barba desaliñado, tenía el típico aspecto de chico vago. La verdad, es que viendo el estado en el que se encontraba su departamento, no me extrañaba en lo más mínimo su aspecto.
Por lo visto al día siguiente tenían pensado realizar una fiesta de las suyas, no sabía realmente si sentirme indignada por la desfachatez y falta de educación de aquellos chicos, o por el contrario, sentir un cierto hormigueo en mi estómago al fantasear con sueños inconfesables. Esa noche, a mi marido le dio por estar juguetón, hacía mucho tiempo que nuestras relaciones eran de todo, menos satisfactorias, por lo que, sin remordimientos, cerré los ojos, e imaginé que era mi vecinito el que me poseía en ese momento, y la verdad, por una vez, y sin que sirviera de precedente, volví a sentir.
Todo el día siguiente por algún motivo que no entendía, estuve nerviosa desde que me había despertado, llevé a mi sobrina de regreso a casa de mi hermano, y cuando volvía, al entrar en el edificio, las piernas empezaron a temblarme con solo pensar que me los pudiese encontrar, afortunadamente, no fue así, pero los nervios, y la excitación, no se iban de mi cuerpo. En la noche, a eso de las 9:30 pm, ya había acostado a mi peque, y mientras mi esposo y yo veíamos la TV, comenzó a escucharse música arriba, no era ni mucho menos el escándalo de la semana anterior pero yo me hice la indignada ante mi marido.
-¡Ya han empezado su desmadre los impresentables esos de arriba otra vez!-, le dije pegándole en un brazo, y alzando la voz.
-No inventes mujer, ahora no es para tanto, solo se escucha si apagas la TV-, me dijo mientras se sobaba el brazo.
Daniel tenía razón, simplemente era la música un poco alta que solo molestaría a aquellos que fueran un poco raros, pero yo como buena mujer, tenía que protestar y sentirme indignada.
-A ti no te molesta porque duermes como un tronco, pero no se puede poner la música tan alta a estas horas-, le dije cambiándome de sofá para no estar cerca de mi marido.
-Por dios Erika, no seas dramática, parece mentira que tengas 29 años, hace cuatro días tú también hubieras estado ahí, es más, tu habrías sido la organizadora-, me dijo poniendo su atención de nuevo en la película que veíamos.
No dije nada, sabía de sobra que Daniel tenía toda la razón del mundo, pero tenía que encontrar un motivo para protestar, un motivo para justificar todo lo que pasaba en mi cuerpo, mente, y alma; seguimos viendo la película, pero yo ya no le ponía atención, toda mi concentración estaba puesta en escuchar si la música aumentaba de volumen aunque fuera un poco, solo un poco, cuando terminó, a eso de las 11:00 pm, nos fuimos a nuestra habitación, me cambié, me puse la pijama, y me metí a la cama, a lado de mi esposo.
Como siempre, Daniel no tardó ni dos minutos en dormir, cuando todo quedó en calma, se pudo escuchar con más claridad la música en el departamento de arriba, para nada era lo que se había hecho la semana anterior, se escuchaba música, pero no era el desmadre y las risas de decenas de chicos de fiesta como el otro día. No podía dormir, el motivo no era para nada la música, sino la amalgama de imágenes que se habían amontonado en mi cabeza la semana anterior en la habitación de aquel chico, los tres chicos mirándome y cuchicheando en el ascensor.
A eso de las doce no pude más, me levanté sin hacer ruido, salí del cuarto, comprobé que mi pequeño durmiera, conscientemente, esa noche cambié mi pijama, y me puse un fino picardías blanco de seda, sin nada debajo, y salí del departamento, antes de irme, me puse un batín de terciopelo beige, y para no ir descalza, unos zapatos de poco tacón, pero que me estilizaban las piernas al caminar. No tuve la paciencia para esperar el ascensor, así que subí las escaleras con el corazón en un puño, y latiendo con tanta fuerza, que pensé que de un momento a otro, se me saldría del pecho.
Al llegar al final de la escalera, las piernas me temblaban de los nervios, caminé como pude, y Me planté delante de la puerta sin atreverme a tocar, estuve durante un par de minutos ahí de pie, debatiéndome en mi fuero interno, si tocar y armarles pleito, o dejarlo así, darme la vuelta, y regresar a dormir a lado de mi esposo, en el interior volví a escuchar música y eso me dio fuerzas para tocar el timbre. Al abrirse la puerta, del otro lado estaba el chico gordito mirándome con sorpresa.
-¡Ya está bien!-, le dije alzando un poco la voz, -hay vecinos que tenemos que levantarnos temprano, si no apagan la música, llamaré a la policía-, dije señalándolo con un dedo.
-Eh eh, no te alteres ni me reclames a mí, yo no soy el de la música-, me dijo sonriendo, y haciendo un gesto con el dedo gordo, señaló al final del pasillo, y sin apenas prestarme atención, se volvió hacia el salón donde tenían la televisión.
Ingresé decidida en el departamento, y caminé con el corazón en un puño los 10 o 12 metros que separaban la habitación de Ángel de la entrada principal, quedé petrificada frente a la puerta que se encontraba entreabierta y a través de la cual, ahora si se podía escuchar la música con mayor claridad. Durante unos segundos dudé, pero ya había hecho lo más difícil, y sabía que lo de la música era una buena excusa, y entonces, abrí la puerta de golpe, y entré.
-Mi hijo se ha vuelto a despertar por culpa de la música, ¿podrías hacer el favor de bajar ese escándalo?-, dije al aire.
Ángel no esperaba que alguien entrara en la habitación, así que se levantó de la cama sobresaltado, incorporándose con unas hojas de apuntes en la mano. Estaba semidesnudo, tan solo llevaba puestos unos calzoncillos estilo bóxer de color blanco, que dejaban apreciar el abultamiento de su paquete, durante un par de segundos pareció desconcertado, su mirada era de incredulidad, hasta que pareció comprender la situación.
-¡Carajo vecina, que susto me has dado!-, me dijo botando los papeles que traía en la mano a cualquier parte del dormitorio, -¿Tienes por costumbre entrar en todos los sitios así?-, dijo ya claramente indignado.
-Déjate de estupideces, y baja la música, intenta respetar a los demás-, dije intentando mantener la mirada indignada lo más posible.
-Si cada vez que tengo la música alta voy a verte aparecer por aquí, me parece que voy a estar con música todos los días vecina jajajaja-, dijo mientras avanzaba hacia mí.
Aquel chico había cruzado la distancia de seguridad, y se encontraba frente a mí, cara a cara, a menos de 30 centímetros, su mirada se había cargado de lujuria y yo sentía que me estaban empezando a temblar las piernas, podía sentir el calor que manaba de su cuerpo, igual que su respiración, sin darme cuenta cambié el tono de mi voz pasando a ser una súplica que salió de entre mis labios como un susurro.
-Por favor baja la música. ¿Cómo quieres que te lo pida?-, dije sin dejar de temblar ante su proximidad.
-Ummm… pues no sé, dentro de mi cama no estaría mal-, justo en ese momento, alargó su mano y con toda la desvergüenza del mundo la posó sobre una de mis tetas, sentí una ligera presión, y por instinto di un paso atrás.
-¡Cómo te atreves mocoso imbécil!-, le grité en plena cara por su desfachatez, -¡no vuelvas a hacerlo o llamaré a mi marido!-
-Está bien, llámalo, aunque estoy seguro que vas a tener muy difícil explicarle que haces aquí, en mi habitación a estas horas, y vestida así -, sus palabras me golpearon como bofetadas, y entonces las dudas se apoderaron de mí, él también se percató y desde ese mismo instante, supe que estaba perdida.
Intenté apartarme de su alcance, todavía me quedaba intacto el decoro de una mujer casada, que hasta ahora había sido siempre fiel, intentaba disimular las ganas que tenía de aquel chico, mi rajita se humedeció solo con imaginarme con él, me moría de ganas por sentir a aquel chico poseyéndome como si fuera alguna de las jovencitas que frecuentaba, como si fuera una vulgar putita, quería saborear, tocar y lamer cada centímetro de su piel, pero a pesar de mis ganas tenía que disimular, estaba casada, y al menos a mi marido, nunca le había sido infiel.
Paso a paso me echaba hacia atrás intentando alejarme de mi propia perdición, intentaba dejarlo tras de mí, pero sabía que no tenía salida, el me miraba y se acercaba sonriendo con la seguridad de saberse vencedor de la batalla. Estaba tan concentrada en Ángel y en su proximidad, y en alejarme de él lo más posible, que no me fijaba en mi espalda, hasta que choqué con algo, y sentí como unos brazos me rodeaban por detrás, abrazándome, y pegándome a un cuerpo.
-Ya sabíamos que ibas a volver vecinita, si en el fondo lo estás deseando-, me susurró al oído el que me abrazaba desde atrás, Mi corazón dio un golpe con fuerza contra mi pecho al sentirme atrapada por alguien que no era quien yo esperaba.
Esta vez sí intenté zafarme con fuerza, no sabía bien quien era, pero me imaginaba que sería el gordo compañero de Ángel que me había abierto la puerta. Me movía a derecha e izquierda intentando soltarme pero aquel muchacho me tenía bien sujeta y todos mis esfuerzos fueron en vano, intenté relajarme, relajar mi cuerpo para ver si así el tipo soltaba un poco su abrazo y poder zafarme.
-No te hagas Erika, los dos sabemos que estas deseando que alguien te haga ver las estrellas-, las palabras de Ángel consiguieron hacer que volviera a resistirme, intentando escapar del abrazo que me aprisionaba.
-¡Suéltame cabrón!-, le grité al tipo que me aprisionaba, mientras me debatía para soltarme.
-Vamos a ver cómo está la vecinita-, dijo Ángel acortando la distancia entre nosotros, y colocándose a solo centímetros de mí.
En ese momento me di cuenta de que la bata que me había puesto antes de salir del departamento apenas cumplía el cometido de ocultar mi cuerpo a su mirada, Ángel sonrió maliciosamente, y su mirada era más de lujuria que de otra cosa, temblé al ver sus ojos, entonces, su mano se coló fácilmente por debajo de mi picardías y mi bata, y noté como se dirigía a mi rajita, y tras retirar la tela de mi tanguita, sentí un escalofrío que recorrió mi cuerpo entero al acariciar él con sus dedos, mi caliente y húmeda vagina, no podía ocultarlo más, y Ángel se dio cuenta.
-¡Su madre!, como estás vecinita

Tenía el pulso acelerado y la boca seca, mi respiración continuaba agitada, todavía sentía clavada su verga en mí, sus manos seguían aprisionando mis nalgas, y antes de darme cuenta, Ángel me plantó un beso en la boca que no pude, ni quise evitar, el beso fue apasionado, lleno de lujuria, con nuestras lenguas enredándose como queriéndose arrancar una a la otra, entonces con sus manos levantó mi cuerpo, y me dejó caer en su miembro, gemí de sorpresa y excitación, pero mi gemido quedó ahogado en la boca de él, el calor, la lujuria, y las ansias de sentir otro orgasmo provocado por Ángel regresaron.
No necesité más incentivo, mis caderas volvieron a subir y a bajar, pero está vez un poco más lento, dejó de besarme, y me echó hacia atrás, lo suficiente para volver a apoderarse de mis enhiestos pezones, su lengua los recorría, y con labios y dientes los mordisqueaba, yo me mordía mis propios labios para no ponerme a gritar como loca, tal y como lo estaba deseando, esta vez, Ángel no permaneció inactivo, él también movía sus caderas, y cuando yo me alzaba, el retrocedía todo lo que podía, para que cuando yo bajaba, él se adelantaba a mi encuentro, provocando que el placer explotara y recorriera mi cuerpo con cada embestida.
-Te quiero en cuatro Erika-, me dijo al oído, dejando mis pezones llenos de su saliva.
Detuve mis movimientos, sintiendo aquella joven verga hasta el fondo de mí, lo miré a los ojos, y él me sonrió pícaramente, le devolví la sonrisa, y me levanté, notando como centímetro a centímetro él se iba saliendo de mí, en ese momento me di cuenta de que el sofá en el que me había estado cogiendo, era el más grande, así que rápidamente me puse como Ángel quería a un lado de él, con mi trasero apuntándole, no me hizo esperar demasiado, con sus manos en mis caderas, arrimó su verga a mi rajita, que chorreaba mis líquidos, mezclados con su semen.
Utilizaba la cabeza de su verga a modo de cuchara sobre mis labios vaginales, subía y bajaba por toda la longitud de mi rajita mojada, deteniéndose especialmente sobre mi clítoris, con cada pasada todo mi cuerpo vibraba de placer, pero, por algún motivo, Ángel retardaba la penetración, en aquel instante, mi vagina comenzó a dejar caer algunas gotitas de mis líquidos al tapiz del sofá. Me estaba volviendo loca sintiendo como jugaba la punta de la verga de Ángel en mi rajita sin cogerme, porque a esas alturas, que ese chico me cogiera era lo único que quería.
No aguantaba más tal agonía, volteé atrás, vi a Ángel a los ojos, y con un movimiento de cabeza, le indiqué que ya me la metiera, apoyó con más firmeza la verga en entrada vaginal, y de una sola envestida me penetró, tuve que morder el brazo del sofá para ahogar el grito que salió de mi garganta, él se detuvo cuando su pubis chocó con mis nalgas, en ese momento me di cuenta de una cosa, aquello con lo que había fantaseado el día que vi a Ángel cogerse a esa chica se estaba haciendo realidad, estaba a cuatro patas, y él me estaba cogiendo, ya no era más un sueño, era la realidad, y pensaba gozarlo.
Sin dejar de morder el brazo del sofá, moví mis caderas de un lado al otro, y de atrás hacia delante, indicándole a Ángel que siguiera, me entendió, y la fue sacando lentamente, con lo que cerré mis ojos, y volvió a meterla de una sola estocada, mi grito salió ahogado, pero entonces él no se detuvo, entraba y salía con una velocidad pasmosa, yo también me movía con sus embestidas, poco a poco fue aumentando sus penetraciones, con lo que mis tetas se movían como locas de un lado al otro, Ángel se dio cuenta, y se echó sobre mí, pasando sus manos por mis costados, hasta agarrar con cada mano una de mis tetas, pellizcando los pezones.
Así continuamos por un par de minutos, entonces empecé a sentir los espasmos que anunciaban otro orgasmo, al mismo tiempo que Ángel aumentaba la velocidad, y notaba como su verga se hinchaba más dentro de mí, hasta que él estalló en lo más profundo de mi vagina, podía sentir cada chorro de semen golpear mis paredes vaginales, lo que provocó que yo también tuviera mi orgasmo, grité, grité con todas mis fuerzas, pero el grito quedó ahogado por el brazo del sofá, que también mordí con saña, ya que mi amante no dejó de moverse , hasta que dejó de soltar su leche caliente.
Se quedó quieto sin sacar su verga, y con sus manos aun agarrando mis tetas, apretándolas un poco, teniendo mis pezones entre sus dedos, nuestras respiraciones poco a poco se fueron acompasando, el miembro de Ángel se fue encogiendo hasta salir de mi vagina, de repente volví a darme cuenta de la situación, me revolví contra él, y salí de debajo del cuerpo de Ángel, rápidamente me incorporé y comencé a buscar mi camisón, recordando donde lo había dejado, pero a unos pasos estaba mi bata, fui por ella y me la puse, él también se vistió con su bóxer, mientras me miraba con una sonrisa, se despidió, y desapareció tal y como había llegado.
Cuando Ángel se fue, por fin cerré con seguro la puerta, apagué la luz de la lamparilla, regresé a la cocina por mi camisón y mi tanga, esta última no tenía salvación, estaba completamente rota, pero aun así la conservé, la metí en uno de los bolsillos de la bata, Fui al baño, mi cuerpo estaba completamente sudoroso, pegajoso, y lleno de mis fluidos y los de Ángel, a cada paso que daba, sentía como el semen bajaba por el interior de mis muslos, mi piel sabía a pecado y mi cuerpo estaba impregnado de deseo, me di una ducha, intentando limpiar también el remordimiento.
Me volví a poner el picardías, y encima la bata nuevamente, no podía regresar a la cama con el cabello mojado, así que regresé a la sala, a limpiar el poco estropicio que mi pequeña aventura infiel había dejado en el sofá, al verlo, todo aquello regresó a mi mente, no pude evitar sonreír ante eso, mis pezones se volvieron a poner duros, y mi vagina palpitó recordando el grosor, y la longitud de la verga de Ángel. Media hora después, decidí volver a la habitación, para no despertar a Daniel, no prendí la luz, pero al entrar en la cama, mi corazón dio un salto.
-¿No podías dormir?-, me dijo Daniel adormilado.
-No, así que he salido a tomarme un poco de leche tibia-, le dije cubriéndome con las cobijas, y cerrando los ojos con una sonrisa en mis labios.
-Dulces sueños amor-, me dijo, y se dio la vuelta, empezando a roncar inmediatamente.
“Ya lo creo”, pensé, “claro que serán dulces, pero sobre todo, satisfactorios sueños”
Viví en ese edificio por 2 años más después de esta experiencia, Ángel y sus amigos siguieron haciendo fiestas cada fin de semana, pero ya no invitaban a sus amigos, las fiestas se hacían entre ellos tres, y su vecina favorita del departamento de abajo, o sea yo, Erika.
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Relato Erótico : Un hombre maduro pervirtió a mi esposa

Un hombre maduro pervirtió a mi esposa

Hacía varias semanas que Silvia estaba inquieta, más bien me parecía muy nerviosa, sobre todo cuando escuchaba que mi teléfono timbraba, por un momento pensé que era por el cambio de casa, apenas teníamos poco más de un mes viviendo en la ciudad, pero una tarde la cuestione sobre su comportamiento, al ver que sus manos estaban temblorosas.
-¿Te sucede algo Silvia? Hace varias semanas te noto nerviosa, ¿quieres hablar conmigo?
--No, no pasa nada, ¡de verdad!
-Pues me parece todo lo contrario, mira como estas temblando ahora, ¡vamos ven siéntate y charlemos! Silvia se sentó a mi lado en el sofá y rompió en llanto, me sentí conmovido por su reacción, la abrace y trate de hacerle sentirse protegida, tardo varios minutos antes de poder hablar.
--¡Tengo miedo de decírtelo, no sé cómo vayas a reaccionar! ¡No quisiera perderte!
-Vamos Silvia, ahora el nervioso soy yo, anda dime que sucede de una buena vez. Lo que Silvia me dijo, fue algo que jamás imagine que podría suceder, por lo menos no a mí, yo creía tener todo el control sobre ella, quien siempre se había portado muy ingenua, inocente y creo que hasta un poco sumisa.
--Sucedió la ocasión que fui a esa fiesta, ¿recuerdas? Yo no quería ir, pero tu insististe tanto que termine por aceptar ir sola, yo me sentía una extraña en medio de tanta gente, y ahí conocí a un hombre que después me entere es el papá de la novia, tu sabes que jamás había bebido alcohol, y esa tarde rompí las reglas y acepte beber un par de copas, suficientes para hacerme perder la cordura.
--Serian como las 6 de la tarde cuando él me invito a salir a caminar por el pueblo, yo acepte, sin embargo al salir a la calle, me sentí muy mareada, por lo que él fue por su auto y me ayudo a subir, mire como se alejaba por las calles del pueblo y se dirigía a la carretera, yo escuchaba su voz muy lejana, y le respondí pero no recuerdo con claridad que me preguntaba.
--A partir de ese momento ya no puedo recordar nada de lo que haya sucedido, solo recuerdo que por la mañana desperté en una cama, totalmente desnuda y con signos de haber sido cogida, su semen estaba en mi vientre y en mis vellos púbicos.
--Trate de levantarme, la cabeza me dolía y aun me sentía mareada, fue cuando el salió del baño, se había bañado y me dijo que lo hiciera yo pues era hora de seguir nuestro camino, yo preferí no hacerlo, lo único que deseaba era alejarme de ese lugar y llegar cuanto antes a casa.
--El trayecto fue en completo silencio cada quien sumidos en nuestros propios pensamientos, al llegar a Puebla me dejo en la central de autobuses, yo aborde un transporte y llegue a casa, me bañe y llore por lo que había sucedido, me sentía sucia y quería decírtelo, pero el miedo me hacía callar mi pecado.
Después de escuchar su historia, me quede pasmado sin saber que decir, yo que siempre he presumido de tener un carácter fuerte y dominante, no sabía cómo reaccionar, al verme molesto, Silvia continuo con su historia.
--¡Pero eso no es todo! Mis nervios son, porque no sé cómo consiguió mi número telefónico, él me ha estado llamando y por más que le he suplicado que deje de molestarme, se niega a hacerlo, me exige verme una vez más, prometiéndome que dejara de molestarme si acepto.
-Y ¿que le has respondido?
--Nada, ¡he ignorado sus llamadas! Por las tardes cuando estas por regresar del trabajo lo apago, pues él me llama a cada momento esperando una respuesta.
-¡Dame tu teléfono! Al escuchar mis palabras Silvia fue a la recamara y trajo el teléfono, me lo entrego y me dijo lo siguiente.
--Aquí tienes… ¡puedes perdonar mi falta! Te juro que no fue mi intención hacerlo.
-¡No te preocupes, te comprendo y estoy dispuesto a olvidar! Solo promete que jamás volverás a verlo ni a llamarle.
--¡Te lo juro, jamás volverá a suceder nada que me avergüence!
Las siguientes semanas me sentí molesto, pese a mi promesa a Silvia, yo la miraba con coraje y decidí no tocarle un solo centímetro, por las noches ella buscaba mi calor y yo la eludía, me sentía herido en mi orgullo, después de un mes tome una decisión que termino por dar un cambio a nuestras vidas, aun no sé si decir que fue para bien o para mal.
Esa tarde al regresar del trabajo cambie mi actitud, me comporte como antes amoroso y protector, como a ella le gusta ser tratada, por la noche entre a bañarme, y después lo hizo ella, esa era la forma de saber que ambos deseábamos tener sexo, ya en la cama la abrace y le hice el amor como estaba acostumbrado, al terminar ella se acurruco en mi pecho y estaba quedándose dormida mientras yo terminaba por decidir lo que tenía que hacer, la mire a los ojos y le dije sin vacilar lo que había pensado.
-¡Silvia, quiero decirte algo con respecto a lo que te sucedió! ¿Puedes escucharme?
--Sí.
-Pues resulta que es verdad, él ha seguido llamando a tu teléfono, así que tome la decisión de que tienes que responderle y así sabremos qué es lo que verdaderamente desea de ti. ¿Estás de acuerdo? Silvia enrojeció del rostro, agacho la mirada y con timidez me respondió lo siguiente.
--Yo, preferiría olvidar el asunto por completo, quizá cambiar mi número de teléfono, pero después de todo fui yo quien cometió la falta y por lo tanto, haré lo que tú me pidas hacer.
-Así está mejor, mañana mismo te daré el teléfono y esperaremos a que llame. Silvia se volvió a acomodar en mi pecho y se quedó profundamente dormida, yo la miraba y no me explicaba como esa mujercita, tan frágil y tan ingenua había caído en la tentación con ese hombre maduro, sin embargo las semanas pasada yo no podía hacer de lado el asunto, a cada momento la imaginaba cogiendo con él, aun dudaba que fuera verdad lo de no recordar nada de lo sucedido.
Por la mañana me levante un poco tarde, lo que sucede cada fin de semana, Silvia ya estaba preparando el desayuno, yo me fui a bañar y después fui al comedor, al terminar llame a Silvia a la sala y encendí su teléfono poniéndole la alta voz, se lo entregue al tiempo que le decía lo siguiente.
-Cuando llame, respóndele. Yo estaré aquí a tu lado y te diré lo que tienes que responder… ¿de acuerdo? Silvia tomo el teléfono y en ese momento sus pequeñas manos estaban temblorosas, me respondió con la voz entrecortada.
--¡Está bien, hare lo que me pides!
No fue necesario esperar mucho tiempo, el aparato timbro y Silvia se puso de pie como impulsada por un resorte, me miro y yo la apresure a responder.
--¡Hola!
---¡Hola Silvia! ¿Cómo estás? ¡Por fin aceptaste responderme! ¿Estás sola en casa, podemos charlar?
-Yo la mire fijamente a los ojos y moví mi cabeza afirmándole que dijera que si estaba sola.
--Sí, mi esposo está en el trabajo, ¡te pedí que ya no me llamaras! ¡Por favor!
---Y yo te pedí verte una sola vez y dejare de molestarte, te prometo que respetare mi palabra. ¿Podemos vernos Silvia?
-Rápidamente le indique que aceptara hacerlo y ella le respondió tímidamente.
--Está bien, dime cuando y en qué lugar.
---¿Puedes mañana a las dos de la tarde?
--Sí.
---Entonces nos vemos a esa hora en la entrada de la casa de cultura ¿de acuerdo?
--Está bien ahí estaré.
-Al terminar la llamada Silvia me entrego el teléfono y dijo lo siguiente.
--¡Tengo miedo, no sé qué pueda suceder mañana!
-Tranquila, no pasara nada malo, mañana iré contigo, quiero conocerlo, tu iras con él a charlar y cuando regreses me dirás lo que desea… ¿estás de acuerdo?
--Sí.
Esa noche yo no podía dormir, pensaba en lo que sucedería al día siguiente, desde luego que yo estaba consciente que nuevamente Silvia podía ser cogida por ese hombre, al amanecer tomamos el desayuno y después la apresure a arreglarse.
-Saldremos al medio día, antes de ir a donde te estará esperando, quiero ver algunas cosas. Las horas pasaron rápidamente, después de caminar por las calles del centro llegamos al lugar de la cita, la casa de cultura en Puebla está en pleno centro de la ciudad, justo frente a catedral, por lo que yo pude ocultarme en el atrio para que él no se diera cuenta de mi presencia y yo si podría ver lo que sucedía con Silvia.
-Ya es hora Silvia, ve y espéralo, cuando llegue dile de inmediato que solo dispones de un par de horas, tienes que regresar justo a las 4 de la tarde, ¿comprendes lo que digo?
--Sí.
Silvia camino hacia la entrada de casa de cultura, yo miraba en todas direcciones, por fin minutos después llego un auto rojo, me di cuenta que era un hombre viejo, con el cabello encanecido, le abrió la puerta del auto y Silvia subió, de inmediato él puso en marcha el auto y se perdió en la distancia.
Esa tarde pase las horas más angustiosas de mi vida, imaginando que estarían haciendo y si Silvia sería capaz de convencerle que dejara de llamarla, decidí caminar un poco por las calles para calmar mis nervios, extrañamente me di cuenta que tenía una gran erección, la verga me dolía y yo no sabía que pensar del asunto, faltaban 15 minutos para las cuatro de la tarde, la hora pactada con Silvia, me apresure a ir a catedral y llegue justo al tiempo que ellos llegaban.
Me di cuenta como le entregaba un papel a Silvia y después ella bajaba del auto, mientras él se alejaba, ella fue a mi encuentro, al estar frente de mi me apresure a cuestionarla.
-¿Todo bien, que sucedió, a donde te llevo? Quiero todos los detalles, sin omitir nada. ¡Te escucho!
--Me llevo a un motel, al llegar yo trate de despojarme de mi ropa, pero él me lo impidió, después fue el mismo quien me despojo de cada una de mis prendas, inicio soltando los botones de la blusa y después el broche del sostén, arrojo mis ropas sobre una silla y continuo con la falda y con las pantaletas, acaricio mi cuerpo y después… ¡no sé cómo decírtelo me da pena!
-Así, tal y como sucedió. Silvia estaba verdaderamente sonrojada por la pena, pero termino por decirme todo, mientras seguía dándome los detalles mi verga se ponía dura y sentía dolor por la erección.
--Puso unas almohadas en la esquina de la cama y me recostó, abrió mis piernas y chupo mi chochito, yo le suplique que no lo hiciera, pero él no me hizo caso y siguió haciéndolo por un buen rato, después chupo mis tetas y me beso en la boca, por ultimo me penetro, a principio sentí dolor, su verga es muy grande y gorda. Cuando estaba por eyacular, se apresuró a sacar su verga y se derramo en mi estómago, después se bañó y abandonamos el motel.
-¿Acepto que cumplirá su palabra de no molestarte más?
--No… el me dio su tarjeta y me dijo que espera que yo le llame algún día, y me dio este cheque, yo no quería aceptarlo, pero él me insistió que de algo podría ayudarme.
Después de escuchar a Silvia regresamos a casa, yo seguía con la verga adolorida, al llegar le pedí me dejara ver su chochito y se desnudó, era verdad él le había echado su leche en el estómago y en sus vellos púbicos, sin darle tiempo de reaccionar le abrí las piernas y la penetre, minutos después mi leche inundo su chocho, ya estando tranquilos le pedí se vistiera y fuimos a la sala, el momento de poner las cosas en claro había llegado.
P.D. en la segunda parte que ahora mismo estoy escribiendo, iniciara una secuencia de hechos por demás morboso, sé que es mi primer relato y que quizá sea un poco aburrido, pero creo importante narrar los hechos tal y como se han dado.

Me acomode en la sala y espere que Silvia entrara, se acomodó en el sillón a mi lado y bajo la mirada, sentí que era el momento ideal de decirle lo que ya había decidido en cuanto a seguir con su aventura sexual con aquel hombre que conoció en la boda.
-He decidido que le llames mañana a ese hombre y le digas que si lo seguirás viendo, ¿estás de acuerdo en mi decisión?
--Sí, pero tienes que jurarme que no me lo reprocharas más adelante. ¡Tengo miedo de perder tu amor!
-Eso no sucederá Silvia, siempre y cuando cumplas con todo cuanto te diga de ahora en adelante, de inicio sabes que mañana inician mis vacaciones de semana santa, así que aprovecharemos estos días para ver si el desea ser tu amante de planta o solo quiere darte unas cogidas mas, ¿por cierto como se llama?
--Andrés, así me dijo que se llama.
-Pues lo dicho, por la mañana llámale y que te diga cuando quiere verte, no le des tantas vueltas al asunto solo acepta y me lo haces saber ¿de acuerdo?
--Si… ¡como tú quieras!
Por la mañana desperté pasado el mediodía, era mi primer día de vacaciones de la semana santa, fui a bañarme y después a tomar el desayuno, Silvia estaba esperándome, apenas me senté se apresuró a darme la buena noticia. ésta vez su semblante lo decía todo, ella estaba contenta de volver a verle, en ese momento sentí celos y estuve por olvidar el asunto, pero el morbo al recordar lo acontecido la noche anterior me hizo seguir adelante.
--Hable con Andrés, ¡quiere verme mañana a la misma hora! Solo que ha puesto una condición.
-¿Qué condición?
-Él me dijo que no le gusta hacer las cosas con prisas, y me dijo que solo me vera si encuentro la forma de pasar más tiempo con él, por lo menos hasta las 9 de la noche y otra cosa…¡quiere que lo acompañe a beber un par de copas!
Guarde silencio por unos minutos, sentí coraje por las condiciones que Andrés ponía… ¿Cómo se atrevía a hacerlo? Se supone que yo era quien tenía que poner las condiciones, yo soy el esposo, él solo estaba tomando el lugar de un amante, ¿entonces, porque sus condiciones? Mire a Silvia y le respondí tratando de averiguar si me decía la verdad.
-¿Y qué le respondiste cuando te dijo lo de las condiciones?
--Le dije que no podía hacerlo y que mejor lo olvidáramos, el solo colgó la llamada y no me dijo nada más.
-Bien hecho Silvia, no podemos darle tantas libertades, no puedo creer que un hombre de su edad necesite tanto tiempo para coger, ¿no crees?
--Sí. Yo solo hice lo que tú me pediste, ¡no te molestes conmigo!
-¡No; no estoy molesto contigo amor, disculpa mi forma de hablar! Déjame pensar un poco, después seguimos la charla.
-Silvia se fue a la recamara dejándome solo en la sala, en ese momento podía haber terminado esa locura, pero había algo dentro de mí que insistía en que la dejara ir, solo de pensar que ahora pasaría más tiempo con Andrés mi verga se puso dura y fue el momento que decidí seguir con el juego, me apresure a llamar a Silvia quien regreso a la sala inmediatamente.
--¿Sí?
-Ya lo decidí, llámale y dile que podrás estar con él hasta las 9.
--Silvia tomo el teléfono con sus manitas temblorosas, marco el número y de inmediato escuchamos la voz de Andrés.
--- ¡Hola!
--¡Hola Andrés, si podre estar contigo hasta las 9!
--- ¿Estás segura, y de lo otro? ¿Lo has pensado a mi favor?
Silvia me observo al tiempo que le respondió a Andrés, de inmediato comprendí que ella deseaba saber si yo estaba de acuerdo.
--¿Te refieres a beber contigo un par de copas?
---Así es Silvia, quiero que bebas conmigo, ¿lo harás?
Rápidamente moví mi cabeza confirmándole que si estaba de acuerdo.
--Si, ¡podre beber un par de copas!
---Excelente, entonces no se hable más del asunto, mañana a las 2 de la tarde en el mismo lugar chao.
Silvia termino la llamada y se sentó en el sillón, sus palabras salieron con voz temblorosa.
--¿Estás seguro de lo que estamos haciendo?
-Sí, desde luego que lo estoy, ¡es justo que me complazcas después de haber caído en el error de dejarte coger por Andrés!
El día miércoles por la mañana me apresure a ayudar a Silvia con las labores, así tendría tiempo suficiente de arreglarse para la cita, salimos de casa a la una de la tarde, Silvia se había bañado y puesto un vestido negro, ligeramente largo, como la mayoría de sus vestidos, un poco por debajo de las rodillas, zapatillas negras con un tacón cortito, nada que llamara la atención así se lo había pedido siempre.
Llegamos antes al lugar de la cita, fuimos al atrio de catedral y ahí en ese momento le dije algo a Silvia… algo que en casa por algún extraño motivo no me atreví a hacer.
-¡Quiero que hagas algo esta tarde Silvia! Si Andrés te pide que le mames la verga, hazlo, ¿de acuerdo?
--Sí.
-Es importante que aceptes hacerlo, porque quiero que me lo hagas a mí. Y otra cosa aún más importante, quiero que le pidas que termine dentro de tu chocho, no afuera, quiero verte el chocho con su leche.
--¡Está bien, así lo hare! ¿Dónde nos veremos cuando regrese?
-¡Qué bueno que lo preguntas Silvia! A esa hora no puedo estar aquí, así que creo que será mejor que te deje en el paseo bravo, ahí hay mucha gente a esa hora, justo frente a la farmacia grande de la esquina.
--Está bien ahí estaré a las 9, me voy Andrés no debe tardar en llegar.
Mire a Silvia ir al encuentro de Andrés, quien llego cuando ella salió del atrio de catedral, pude darme cuenta de la sonrisa dibujada en su rostro y sentí celos, pero ya no había forma de dar vuelta atrás, cuando subió al auto, Andrés le dio un beso en la boca y después puso en marcha el auto y se alejaron dejándome sumido en miles de pensamientos.
Abandone el atrio y camine por las calles del centro de la ciudad, me sentía muy confundido, sin saber a dónde ir seguí caminando, no podía encontrar distracción alguna, pensaba que estarían haciendo en ese momento, me preguntaba si Silvia sería capaz de enamorarse de andes y abandonarme, era un infierno no podía estar tranquilo, las horas pasaban lentamente, parecía que el tiempo se había detenido, eran las cuatro dela tarde cuando decidí entrar al cine, por lo menos seria menos aburrida la espera.
Es importante mencionar, que aun estando en el cine, me resulto imposible concentrarme, no pude disfrutar de la película, había poca gente y estuve tentado a masturbarme, mas no me atreví, por fin la hora se aproximó, abandone el cine y fui a donde Silvia llegaría, pero la hora acordada llego y no aparecía, moría de nervios y sin perder el tiempo, empecé a llamar a su celular, pero no estaba encendido, sin duda lo había apagado, el coraje me invadió y decidí que no la dejaría ir otra vez.
Por fin los vi llegar, estuve a punto de ir y reclamar a Andrés su actitud, pero me contuve y espere a que Silvia me diera una explicación, aun tardo varios minutos antes bajar del auto, cuando lo hizo, me di cuenta que caminaba con pasos torpes, al ver alejarse a Andrés me apresure a ir a su encuentro para ayudarla a caminar.
-¡Bebiste demasiado Silvia, no puedes ni caminar!
--¡Lo siento mucho, yo no quería hacerlo tú lo sabes!
-Tranquila, vamos ya pasa de la media noche, tendremos que quedarnos en algún hotel, por la mañana regresaremos a casa, no puedo llevarte en ese estado.
Tome a Silvia del brazo y la ayude a caminar, entramos a un hotel familiar, afortunadamente no había nadie más que el administrador, nos dio la llave de la habitación y fuimos sin demora, al entrar Silvia se acomodó en un sillón a un lado de la cama.
-¿Y bien, que sucedió? ¿Hiciste lo que te pedí?
--Si… Andrés me hecho su leche en mi chocho, ¿quieres verlo?
Silvia se levantó y se despojó de sus ropas, arrojo una por una sus prendas a mi lado, cuando sus pantaletas quedaron a mi alcance las tome y comprobé que estaban mojadas, sin duda la leche de Andrés seguía fluyendo, sin perder el tiempo le ordene lo siguiente mientras yo me desnudaba.
-Separa las piernas, quiero tocar tu chocho mientras me cuentas todos los detalles de lo sucedido, y recuerda, no omitas nada. Quiero saber cada cosa que hayas hecho con Andrés.
Silvia cerro sus ojos e inicio a darme cada detalle de lo acontecido, yo la escuche sin interrumpirla, mientras avanzaba en los detalles mi verga se ponía rígida, alcanzando una tremenda erección.
--Cuando subí al auto, el me dio un beso en la boca, después nos alejamos nos dirigimos al paseo bravo, del lado opuesto a donde me esperabas, ahí Andrés bajo y abrió la cajuela del auto, traía una caja de cartón la llevo adelante y saco una botella de licor, sirvió un par de vasos y me dio uno.
--Bebimos un par de copas mientras charlábamos de cosas suyas, de su trabajo, yo no entendía del todo, pero a él le gusto que yo lo escuchara, eran las 4 de la tarde cuando nos fuimos al motel, al llegar yo estaba por desnudarme, pero no me dejo hacerlo. Diciéndome lo siguiente.
--- ¡No lo hagas Silvia, aún es muy temprano, bebamos un par de copas más!
--Andrés, yo no estoy acostumbrada a beber mucho, no quiero hacer algo indebido.
---Anda Silvia solo un par y no te insistiré más. ¡Por favor!
--¡Está bien solo dos más!
Bebimos las copas y yo me sentí desinhibida, ya no tenía pena de nada, Andrés puso música y bailamos en el centro de la habitación, el me rodeo por la cintura mientras yo apoye mis manos en su pecho, busco mi boca e inicio a besarme, lo hacía con tanta pasión, que no pude resistirme a corresponderle de la misma forma.
No recuerdo cuanto tiempo estuvimos bailando, pero ya obscurecía cuando Andrés empezó a bajar el cierre de mi vestido. Yo estaba temblando, no sabía cómo reaccionar, solo cerré los ojos y deje que el hiciera todo.
En segundos mi vestido cayó al piso y le siguió mi sostén, por último tomo los costados de mis pantaletas y las fue bajando lentamente hasta que termino por quitármelas y les arrojo sobre del vestido.
Ahora estaba desnuda y seguía bailando, el aún estaba vestido, sus manos acariciaron mi espalda desnuda y bajaba por mis nalgas, me atraía a su pecho mientras no dejaba de besarme, tardamos mucho tiempo bailando, hasta que por fin él se apartó de mi lado y fue a la cama a poner las almohadas en una esquina, comprendí que había llegado el momento del placer, aunque tengo que confesarte que para esa hora tenía el chocho empapado por mi leche que fluía lentamente.
Me ayudo a subir a la cama y me recostó dejando mis nalgas sobre las almohadas, abrió mis piernas y se arrodillo, en ese momento inicio a chupar mi chocho haciéndome gemir, yo trate de evitar hacerlo, pero Andrés me dijo que lo hiciera, que a él le gusta escuchar los gemidos de una mujer.
Entonces lo hice sin más, deje salir mis gemidos, de verdad no podía evitar hacerlo, chupo por mucho tiempo mi chocho, hasta que el quiso hacerlo, después se apartó y se desnudó, se acomodó frente de mi chocho y me penetro, fue algo delicioso, su verga estaba dura, hinchada, me bombeaba con suavidad, igual tardo mucho tiempo metiendo y sacando, hasta que sentí que estaba por sacar su verga, fue cuando recordé tus palabras y le pedí que terminara dentro de mi chocho.
--¡Por favor Andrés, no la saques, dame tu leche, quiero sentirla dentro!
Al escuchar sus palabras volvió a meterla y aumento sus movimientos, en minutos lo sentí inundarme con un torrente de leche, parecía que hervía, fue algo único, poco a poco regreso la calma y ya su leche estaba dentro de mí, caímos rendidos, me abrazo e irresponsablemente me quede dormida, cuando desperté ya era demasiado tarde, sin embargo aún volvió a meter su verga en mi chocho y nuevamente me dejo su leche dentro, por eso estoy mojada.
Cuando llegamos al paseo bravo, me dio el cheque esta en mi bolso.
Silvia termino por contarme cada detalle, mi verga estaba hinchada y quería metérsela, sin embargo aún faltaba algo que le había pedido hacer, la cuestione y respondió lo siguiente.
-¿Y lo de chupar su verga?
--No me pidió hacerlo. De verdad.
-¡Está bien Silvia te creo! ¿Quiere verte nuevamente?
--Si… pasado mañana.
-¿Cómo es posible eso? Te acaba de coger y ¿quiere más?
Bueno ya veremos, ahora quiero meterte mi verga, estoy muy caliente.
--¿Quieres que me bañe?
-No, así está bien, quiero sentir su leche… ¿te molesta que lo haga?
--No. ¡Tú puedes hacerme lo que desees! Soy tu mujer.
Las palabras de Silvia me dieron tranquilidad, me acomode y la penetre sintiendo lo lubricada que estaba por la leche de Andrés, no tarde mucho en eyacular dentro de su chocho, al terminar la deje descansar mientras yo, hacia planes para el día sábado.

Después de aquella noche que pasó Silvia con Andrés, tome la firme decisión de dar un cambio completo a nuestras vidas, deje de lado los estúpidos celos y decidí disfrutar de aquella extraña aventura sexual, la cual a decir verdad empezaba a gustarme, sobre todo por las tremendas erecciones que estaba teniendo después de ver el chocho de Silvia escurriendo semen de Andrés.
Al día siguiente le di la autorización a Silvia de llamar a Andrés y decirle que si podría verlo el próximo sábado, después de que me comunicara si habían quedado en algo, le daría la sorpresa que ya le tenía preparada.
Pasaba del medio día cuando yo estaba mirando el televisor en la recamara, Silvia entro por algún motivo que no recuerdo, fue cuando aproveche a darle la noticia.
-¿Estás muy ocupada Silvia? ¡Quiero que hagas algo!
--No, ¡sabes que siempre estoy a tu disposición!
Al escuchar las palabras de Silvia, recordé cuando tiempo atrás me molestaba mucho esa actitud sumisa y de total disposición, pero ahora todo era lo contrario, me satisfacía mucho saber que ella siempre está dispuesta a complacerme en todo y tenía que aprovechar el asunto para mis planes de emputecerla.
-¡Llámale a Andrés y dile que si podrás verlo el sábado como te ha pedido! Pero antes dame tu teléfono, quiero ponerle la alta voz para poder escuchar lo que te diga.
Silvia fue a la sala por su teléfono, cuando regreso me lo entrego sus manitas estaban temblorosas, tome su estado de nerviosismo, como algo normal, sin duda hablar con Andrés le despertaba la excitación, solo que aún sigue siendo muy pudorosa y quizá sienta pena ser descubierta. Tome el teléfono y active la altavoz, le regrese el aparato y ella marco el numero estaba nerviosa, era muy evidente su actitud.
--¡Hola, Andrés, soy yo Silvia!
--- ¡Hola preciosa! ¿Cómo estás?
--Bien, solo te llamo para avisarte que si puedo verte el sábado.
--- ¿No has tenido problemas con tu esposo? ¿No se ha dado cuenta de nada?
--No.
---Bien amor, entonces nos vemos el sábado, ¿podrás estar el mismo tiempo de ayer?
Silvia volteo a mirarme y yo moví mi cabeza aprobando.
--Si… no hay problema.
--- ¿Puedo pedirte que hagas algo por mí?
--Sí.
--- ¿Puedes depilar tu chocho?
La pregunta de Andrés nos dejó sorprendidos a ambos, sin embargo reaccione rápido y moví la cabeza aprobándolo.
--Si… si puedo hacerlo.
--- ¡Gracias Silvia, entonces recuerda, sábado a las 2 de la tarde en el mismo lugar chao!
--¡Chao Andrés!
-Vaya con el tipo, quiere verte el chocho depilado, sí que tiene imaginación, yo no me había imaginado verte depilada, tiene imaginación el hombre, bueno pues el sábado volverás a verlo, solo recuerda una cosa, esta ocasión no quiero pretextos, tu misma tendrás que tomar la iniciativa y chuparle la verga. ¿Comprendes?
--Si, te prometo que lo haré.
-De acuerdo, ya puedes seguir con tus labores.
Cuando Silvia abandono la recamara, apreté con fuerza mi verga, se me había puesto dura al escuchar lo que Andrés quería, me refiero a lo de depilarse el chocho, batalle mucho para calmar mi calentura, dada la situación ese era el momento ideal de dar el siguiente paso que ya tenía en mente, apague el televisor y me despedí de Silvia.
-¡Voy a salir Silvia, regreso más tarde!
--Si, está bien.
Cuando llegue al centro de la ciudad fui directamente a un local que había visto varias ocasiones, en ese local venden lencería de mujer, demasiado sugestiva, muy sexy, espere a que saliera una mujer que estaba haciendo algunas compras, cuando solo estaba la señora tras del mostrador me apresure a entrar y le pedí me diera unas tangas que ya había seleccionado en días pasados.
-¡Buenas tardes! Quiero una tanga negra como la que está en aquel exhibidor.
¿Las que se atan a los costados verdad?
-Sí, esas mismas.
La mujer sabía su trabajo, extendió varias de esas tangas sobre del mostrador, todas me parecieron hermosas e imagine a Silvia llevando una de esa puesta, al final decidí comprar tres de ellas, una roja, una negra y una de color fiusha.
Después de pagar las prendas abandone el local, ahora solo faltaba algo más, un hermoso vestido que vi en días pasados, solo que no era un vestido común, se trataba de uno en color negro, con un amplio escote al frente y muy corto, pedí uno en talla chica, si no le quedaba, podría cambiarlo al siguiente día, según las propias palabras de la vendedora.
Ya tenía la ropa que llevaría Silvia a la siguiente cita con Andrés, ahora solo faltaba lo más importante y eso sería esa misma noche en casa y teniéndola desnuda. Al llegar me apresure a guardar la bolsa de ropa, ella no se dio cuenta pues estaba distraída mirando el televisor.
Cuando estaba por irse a dormir fue el momento que decidí actuar.
-Silvia, quiero que te bañes y después regrese aquí a la sala, quiero charlar un poco contigo.
Sin decir una sola palabra fue a la recamara, después salió con una toalla cubriendo su cuerpo desnudo, fue a bañarse, mientras lo hacía yo fui a la recamara y regrese a la sala con la bolsa de ropa, la puse a un lado del sofá y espere paciente a que regresara.
Cuando abandono el baño, nuevamente llevaba cubierto su cuerpo con la toalla, me apresure a decirle lo siguiente.
-Silvia, quiero que te pongas unas zapatillas.
Ella solo sonrió con timidez y minutos después la vi de regreso a la sala, se había puesto un vestido rojo, zapatillas negras y su cabello húmedo colgaba a su espalda, se aproximó y se sentó a mi lado en el sofá.
-¡Quiero que te desnudez!
--¿Ahora? ¿Aquí en la sala? ¿No quieres hacerlo en la recamara?
-Solo obedece y no me hagas preguntas.
Silvia bajo la mirada y se empezó a desnudar, dejo el vestido sobre del sofá y se quedó inmóvil.
-¡Las pantaletas y el sostén!
Silvia termino por despojarse de su ropa interior, ya teniéndola desnuda tome la bolsa y se la entregue.
Aquí en esta bolsa hay unas prendas, ¡póntelas! Quiero ver cómo te quedan.
Silvia tomo la bolsa y saco las tangas, las miro y su rostro enrojeció de vergüenza, pero no protesto, después tomo el vestido y estaba por ir a la recamara, pero yo se lo impedí.
-¡Aquí ponte las ropas!
--¡Por favor, deja que lo haga en la recamara, me muero de vergüenza, te lo suplico!
Sentí pena al verla avergonzada y decidí ser un poco flexible con ella.
-Está bien ve a la recamara pero no tardes.
Para ese momento yo tenía la verga adolorida, sólo de imaginar la reacción de Andrés cuando la viera vestida con esas prendas… cuando salió de la recamara, me quede mudo por la impresión, ella estaba hermosa, incluso se veía mucho más joven, camino hacia mí con la mirada abajo al sentarse me dijo con las palabras entrecortadas.
--¿Te gusta cómo me veo? ¿No te molesta verme así con este vestido tan pequeño?
-No… ¡por el contrario me fascina como te ves, ahora si siéntate voy a decirte algo!
Silvia luchaba por cubrir sus desnudas piernas, incluso pude ver la tanga negra que se había puesto, yo me apresure a decirle algo para calmar sus nervios y darle confianza.
-¡No tengas pena! Tus piernas son hermosas y no hay nada de malo que las exhibas.
Mis palabras tuvieron el resultado adecuado, Silvia dejo de batallar y se quedó quieta, esperando a que yo le dijera algo.
-¿Estas contenta con Andrés como amante?
--Sí.
-Bien, entonces quiero que el sábado lleves puesta esa ropa, es justo que Andrés te vea más apetecible, ¿estás de acuerdo conmigo?
--No sé qué decir, yo… no sé si este bien salir a la calle con este vestido, es muy corto y además se pega a mi cuerpo y no quiero que me falten al respeto en la calle.
-Pon atención Silvia, ahora no me digas si quieres salir o no con ese vestido puesto, piénsalo bien y el viernes por la noche quiero una respuesta, si no quieres hacerlo me lo dirás el viernes. Ahora puedes cambiarte ve a la recamara y hazlo, guarda las prendas y ya hablaremos el viernes.
Silvia se fue a la recamara, yo estaba muy caliente ya me dolía la verga de lo hinchada que la tenía, pero decidí esperar un poco más, el viernes daría el último paso.
El viernes por la tarde fui a caminar por las calles del centro, estaba nervioso, al día siguiente Silvia iría a otra cita con Andrés y yo, deseaba que lo hiciera, sé que puede tomarse como algo enfermizo, pero es verdad, no podía evitar excitarme solo de imaginar a Silvia cogiendo con Andrés, prolongue tanto como pude el regreso a casa, llegue después de las 10 de la noche y al llegar decidí dar el último paso.
Silvia se veía muy nerviosa, quizá más de lo que yo estaba, me observo y apenas me acomode en el sofá su vocecita se escuchó.
--¡Ya lo he pensado, si voy a hacerlo!
Antes que continuara, me apresure a interrumpirla, las cosas estaban a mi favor solo había que llevarla con mucho cuidado, evitando que ella se sintiera incomoda.
-¡Espera, pon atención por favor! Si estás de acuerdo en hacerlo, ve a la recamara y ponte la ropa, quiero volver a verte con ella mientras charlamos.
Silvia se levantó y camino en dirección de la recamara, minutos más tarde regreso, esta vez me pareció más hermosa, estaba sonriente, feliz, no había duda de alguna forma ella había tomado la decisión adecuada.
-Siéntate, ahora charlaremos, quiero hacerte unas preguntas, quiero respuestas claras, sin titubeos.
-Mañana cuando llegues con Andrés, observa su reacción, quiero todos los detalles cuando regreses, ahora dime… ¿Te gusta cómo te coge? ¿Lo disfrutas?
Trate de ver su reacción, ella apretó sus labios antes de responder, la mire apretar sus pequeñas manos, lo hizo con fuerza como si fuera difícil darme una respuesta, al final su voz se escuchó.
--Sí. Si me gusta.
-Entonces dime, ¿Cuál fue tu decisión y porque?
--Yo, quiero complacerte en todo, y también… quiero hacer que Andrés quede satisfecho, tal y como tú lo dijiste el otro día.
-Entonces, estas dispuesta a tomar la iniciativa en lo de mamar su verga ¿verdad?
--Si, lo hare, yo tomare la iniciativa y mamare su verga, para después hacerlo contigo.
-Muy bien, en ese caso, eso es todo, mañana me demostraras todo lo que dices. Ya puedes cambiarte, enseguida te alcanzo, voy a ver otro rato el televisor.
Cuando fui a la cama, ya dormía, por la mañana después de tomar el desayuno, le ayude con las labores, justo al medio día la apresure para irnos.
-¡Creo que lo mejor será que salgas con ropa común, iremos a un hotel y ahí te cambias! ¿Te parece?
--Sí, creo que esa es la mejor decisión.
Decidí quedarnos en un hotel muy cerca del paseo bravo, el lugar donde Andrés la deja al regresar, cuando estábamos en la habitación Silvia entro a bañarse, pero antes de hacerlo me pregunto lo siguiente con cierta timidez.
--¿Voy a depilar mi chocho?
-No… ¡creo que será mejor que lo haga Andrés! Solo báñate y ponte la ropa, después te diré como se lo dirás.
Cuando salió de la ducha estaba hermosa, se puso la tanga negra y el vestido, por ultimo sus zapatillas, la mire arreglarse el cabello y pintar sus uñas al igual que sus labios, aún faltaba más de una hora para la cita, el tiempo suficiente de hacerla entrar en calor.
--¿Me veo bien?
-Sí, estás muy hermosa, creo que Andrés se pondrá contento al verte, ahora quiero que te sientes aquí a mi lado y me digas ¿Qué te gusta de lo que Andrés te hace?
Silvia se sentó y empezó a hablar con la mirada agachada.
--Todo, el, me trata con mucha ternura, desde cómo me desnuda, hasta cuando me abraza mientras bailamos, sus besos, sus caricias, la forma de chupar mi chocho, todo eso… es algo que me hace enloquecer.
-Muy bien ahora pon atención, esta tarde cuando te pregunte si estas depilada, le dirás que aún no, que no pudiste hacerlo y que sería mejor que él lo haga, y cuando ya te vaya a coger, recuérdalo muy bien… tienes que tomar la iniciativa de mamar su verga. ¿Harás todo lo que te he dicho?
--Sí.
-Por último, saldremos del hotel y caminaremos juntos, pero al dar la vuelta, me alejare dejándote sola, te seguiré a prudente distancia, aquí estaré esperándote en la habitación… ¿de acuerdo?
--Sí.
La hora de abandonar el hotel llego, salimos en silencio, ambos estábamos muy nerviosos, al dar la vuelta en la esquina, me apresuré a pasarme del otro lado de la acera, Silvia caminaba lentamente, estaba muy hermosa, los hombres la miraban y algunos no perdían la oportunidad de lanzarle piropos subidos de tono, al llegar al lugar de la cita, me apresuré a entrar al atrio de la catedral, Andrés no tardó en aparecer, Silvia subió y me sentí muy nervioso al ver que tardaban en marcharse, por un momento pensé que no le había gustado su apariencia y que terminaría pidiéndole bajar del auto, pero no fue así, minutos más tarde puso en marcha el auto y se perdieron a la distancia.
Ahora, yo tenía que esperar su regreso para saber el resultado de mi plan de enviarla con esas ropas, fui de regreso al hotel, me acosté y tome en mis manos sus pantaletas, aspirando su olor de mujer, de hembra en celo, las horas se hicieron eternas, la noche cayo y lentamente se acercaba la hora de su regreso, miraba con impaciencia por la ventana, pero no la veía aparecer.
Esa tarde la excitación me tenía al borde de la locura, la verga me dolía de tanto imaginarla con el chocho depilado, ya pasaba de la media noche y Silvia no regresaba, estaba por llamar a su celular cuando escuche que el timbre de la entrada del hotel sonaba, me apresure a mirar y ahí estaba, mas inconveniente que la ves anterior, me apresure a bajar las escaleras y llegue a tiempo cuando el velador abría la puerta, la ayude tomándola del brazo y fuimos en silencio a la habitación.
Apenas la tome en mis brazos, pude aspirar el olor a sexo, a semen, olía a cigarro, a alcohol, jamás me imagine que un día Silvia llegaría así, oliendo a sexo, al estar ya dentro de la habitación la ayude a sentarse en el viejo sillón que había, mientras yo lo hacía a la orilla de la cama.
-¿Y bien, que sucedió? ¿Te depilo el chocho? ¿Mamaste su verga?
--Si… hice todo lo que me pediste, ¿quieres saber los detalles?
-Por supuesto Silvia ahora mismo y sin omitir absolutamente nada, pero antes quítate el vestido, quiero verte solo con la tanga mientras me das los detalles.
Silvia se levantó con mucho trabajo del sillón, se quitó el vestido y lo arrojo sobre la cama, su chocho se podía ver por lo transparente de la tanga, era verdad, se lo había depilado por completo, volvió a sentarse e inicio a darme todos los detalles de lo sucedido, como si se tratara de una película.
--Cuando llego, se quedó sorprendido al verme con este vestido, le dio mucho gusto y me pregunto a que se debía el cambio, yo le dije que quería que él me viera con más deseo, agradarle mucho y que disfrutara más al momento de desnudarme. Tardamos en marcharnos, porque él me pregunto si me había depilado.
--- ¿Depilaste tu chocho?
--No, no pude hacerlo, me dio miedo y quisiera si es posible lo depilaras tú mismo.
--- ¡Claro que si Silvia, con mucho gusto voy a hacerlo! ¿Vas a beber conmigo verdad?
--Sí, no hay problema mi esposo salió y regresa hasta mañana.
---Muy bien Silvia, antes de llegar al motel quiero que bajes a comprar la maquinita para afeitar y una crema.
--Sí. Como tú quieras.
Y en efecto, un par de calles antes de llegar al motel baje en una 6tienda de conveniencia y compre las cosas y también sus cigarros, después reanudamos el camino al motel y cuando llegamos, Andrés no espero mucho tiempo y me desnudo, contrario a las otras ocasiones, el motivo, quería depilar mi chocho cuanto antes.
--¡Su reacción al ver la tanga que llevaba puesta fue de mucho entusiasmo!
--- ¡Por dios Silvia, que hermosa te ves con esa tanga! Verdaderamente me tienes muy sorprendido, ¿alguna otra sorpresa?
--Si… ¡pero tendrás que esperar un poco para saber de qué se trata!
--Andrés se arrodillo y me desato la tanga, la aparto de mi cuerpo y me pidió sentarme en la orilla de la cama, me puso la crema y empezó a depilar mi chocho, fue algo muy delicioso, tardo unos minutos en hacerlo, después, bebimos un par de copas y charlamos de sus asuntos, como acostumbra hacerlo, esta ocasión no me negué cuando el servía las copas, ya estaba mareada cuando me tomo en sus brazos e iniciamos a bailar, él estaba muy feliz, lo sé, porque me dijo cosas que antes no me había dicho.
-¿Y qué cosas te dijo?
--Me dijo que le gustaría ponerme un departamento, donde podríamos vernos todo el tiempo. Pero yo le dije que te amo y que jamás te dejare, él lo comprendió y no lo dijo mas, no recuerdo cuanto tiempo estuvimos bailando, solo recuerdo el momento que me senté en el sillón mientras él se desnudaba, cuando quedo desnudo ante mí, le dije que esa era la otra sorpresa que le tenía.
--Me arrodille y tome con mis manos temblorosas su verga, yo sabía que tenía que cumplir lo que me pediste hacer, así que abrí mi boca y metí su verga, al principio sentí nauseas, pero después me empezó a gustar su sabor, y tarde mucho tiempo mamando, le tome el gusto y a él le pareció algo delicioso.
--Cuando quedo satisfecho, me aparto con suavidad y ahora me llevo a la cama, puso las almohadas como siempre y el me chupo el chocho, solo que esta vez fue más allá de lo acostumbrado, yo estaba muy caliente y no pude evitar disfrutar cuando su lengua trataba de entrar en mi ano, él se dio cuenta de mi reacción y chupo por un buen tiempo, jamás me había sentido igual.
--Mi chocho estaba muy mojado cuando el decidió meter su verga, empezó a bombearme con mucha suavidad, cambio a otra posición que no había hecho, me ayudo a ponerme de pie y me pidió apoyarme en la pared, me penetro por la espalda y cuando tenía su verga dentro, paso sus manos por mis piernas y me levanto con mucha facilidad, sentí enloquecer de placer, camino un poco hasta donde había un espejo grande, ahí se quedó de pie teniéndome ensartada, yo podía mirar su verga entrando y saliendo de mi chocho.
--Cuando se cansó se acostó en el piso sobre de la alfombra, ahora me enseño a sentarme sobre de el al tiempo que me penetre yo misma, me enseño a moverme, haciendo yo sola los movimientos que más me daban placer.
--Lo sentí ponerse duro, su cuerpo estaba sudoroso igual que el mío, sus manos apretaron con fuerza mis tetas, el momento llego, su semen corrió por mis entrañas, parecía un volcán en erupción, no parecía dejar de salir su semen, era muy caliente, fue delicioso, cuando termino de inundarme, caímos desfallecidos y nos quedamos dormidos ahí en la alfombra, cuando despertamos ya era muy tarde, me levante tratando de apresurarme, pero Andrés me lo impidió diciéndome que me daría más leche, y dijo algo que me dejo sorprendida.
-¿Qué fue lo que te dijo?
--Me dijo que si tú lo sabias y me habías mandado con esa ropa, era justo que me vieras el chocho escurriendo su leche, volvió a penetrarme y me inundo nuevamente con su semen, aún estoy mojada. ¿Quieres comprobarlo?
-Me quede en silencio, las palabras de Silvia me tenían muy excitado, me apresure a desnudarme y me recosté en la cama.
-Ahora demuéstrame que aprendiste a mamar verga.
Silvia se agacho estando de pie y mamo mi verga de una forma magistral, mientras yo acariciaba sus tetas y después fui directo a su chocho, solté las tiras de la tanga y cayó al piso, mis dedos buscaron con ansiedad su mojado chocho, entraban con mucha facilidad Silvia seguía caliente.
-Así que te ha gustado mucho como te coge tu amante ¿verdad? Pues la próxima vez que quieras verlo, tendrás que rogarme que te deje verlo, tendrás que suplicar y decirme lo que te gusta que te haga.
Era tanta la calentura que teníamos, que Silvia tuvo un orgasmo mientras escuchaba lo que yo le decía y no dejaba de mamar mi verga, ya no podía aguantar más, así que la aparte y me apresure a pedirle se acostara.
-Espera Silvia, no puedo más, recuéstate voy a cogerte.
Le metí mi verga y le pedí que en ese momento suplicara que la dejara seguir con Andrés, sus palabras eran sinceras, y mi excitación aumentaba paulatinamente.
-¡Ahora Silvia, suplícame que te deje ver a Andrés!
--¡Por favor, te lo suplico, déjame ir con Andrés una vez más, quiero que me coja bien rico, como solo él lo sabe hacer! Te lo ruego, le mamare su verga y aprenderé para después hacértelo a ti.
-¿Sabes que te estas comportando como una puta?
--Si… lo sé y quiero seguir haciéndolo. ¡Por favor no me dejes sin verlo!
Ya no pude soportar más, las palabras de Silvia me hicieron terminar dentro de su chocho, fue algo espectacular, jamás pensé que al escucharla decirme como se la habían cogido tuviera semejante efecto. Cuando terminamos, de coger, nos quedamos dormidos, por la mañana regresamos a casa en silencio, Silvia estaba nerviosa, parecía no recordar todo lo sucedido, con timidez y pena me pregunto.
--¿No hice nada malo verdad? ¿A qué hora llegue?
-¿No lo recuerdas?
--No… ¡perdóname, no volverá a suceder!
-Tranquila Silvia, no hiciste nada malo, por el contrario, pero lo platicaremos después, ahora vayamos a descansar a casa.

Deje pasar un par de semanas antes de permitir que Silvia volviera a los brazos de Andrés, solo deseaba que esa ocasión fuera algo muy deseado por Silvia, ella no me había dicho nada, sin embargo yo estaba seguro que de alguna forma tenia contacto con Andrés y que querían reunirse, pero no se atrevía a decírmelo.
Para forzarla a pedirme mi autorización, yo mismo la puse en completa abstinencia sexual, fue algo que se me ocurrió de momento, y el resultado fue justo lo que yo esperaba, era viernes por la tarde, yo regrese del trabajo y después de comer, fui a la sala y encendí el televisor, de reojo la mire y me di cuenta que algo sucedía.
Apretaba sus manitas, incluso pude percatarme que se hacía daño, pero seguía guardando silencio, ¿Cómo animarla a decir algo? Esa era mi pregunta, yo no quería ser quien sacara la charla, aunque es necesario confesar que yo estaba tan ansioso como ella de saber que Andrés volvería a cogerla, pero tenía que ser ella quien lo pidiera, eso me hacía sentir un malsano pero placentero morbo.
Empezaba a caer la noche y Silvia se fue a la recamara, mientras yo permanecí en la sala, pasado un rato la escuche abrir la puerta y fingí que yo me había quedado dormido, apenas entre abrí mis ojos para mirarla, Silvia asomo por la ventana y volteo a mirarme, se aproximó y se puso de rodillas frente de mí.
--¿Podemos charlar un poco? ¡Por favor, tengo algo importante que decirte!
Abrí los ojos y la mire directo a los ojos, fingiendo sorpresa la cuestioné.
-¿Qué haces ahí de rodillas Silvia? ¿Te sucede algo? ¿Estás enferma?
Ella agacho la mirada y las palabras empezaron a salir de su boquita, palabras entrecortadas y llenas de esa dulcera y mezcla de inocencia que tanto me agrada de ella.
--¡Andrés quiere verme, me llamo hoy por la mañana!
La mire fijamente, sin responder, ella temblaba, no sé si de miedo o de temor al escuchar una negativa de mi parte.
-¿Y tú… quieres verlo también?
--Si… ¡deseo verlo! ¿Me dejarías ir una vez más?
-¿Haz olvidado lo que tienes que hacer para tener mi autorización de verlo?
--¡No, no lo he olvidado, solo que me da mucha pena hacerlo!
-Escucha Silvia, voy a salir y regresaré como en un par de horas, si quieres verlo, tendrás que hacer lo que acordamos, solo que ahora también harás algo más.
--¿Algo más? No comprendo.
Silvia deseaba ver a Andrés, y yo también quería que lo viera, pero mi mente morbosa me decía que tenía que hacerla darme algo que yo quisiera y ese algo era pasar momentos morbosos conmigo, así que aproveche cada momento de su deseo sexual, para igual yo satisfacer mis deseos.
-Cuando regrese, quiero verte desnuda aquí en la sala, y tendrás que hacer lo que ya acordamos, si no lo haces… no pasa nada, solo no iras y todo seguirá igual.
Me apresuré a salir de casa, apenas tenía tiempo de llegar a comprar algo que tenía en mente para ese siguiente encuentro de Silvia con Andrés, llegue justo a tiempo al local comercial, donde compre una tanga de color neón, y un vestido, más bien lo que parecía un vestido, lo digo porque es de tela completamente transparente, pero ideal para una mujer que tendrá un encuentro sexual.
Ya pasaba de las 10 de la noche cuando regrese a casa, la sala estaba a obscuras, al cerrar la puerta, busque el interruptor y encendí las luces, ahí estaba, sentada en el sofá, desnuda como se lo había pedido, con la mirada abajo, se veía temblorosa, pero dispuesta a pagar el precio del placer.
Me senté a su lado y ella venciendo su pudor, empezó a pedir lo que deseaba, su vocecita me hacía sentir ternura por ella, pero a la vez me ponía muy caliente y más sabiendo lo que había planeado y que en minutos se lo haría saber a ella.
--¡Quiero pedirte algo! ¿Podrías dejarme ir con Andrés? ¿Sí? ¡Te lo suplico, deseo mucho estar con él, no puedo evitarlo!
-¿De verdad lo deseas tanto? ¿Sabes que tienes que hacer todo lo que yo te pida para lograrlo verdad?
--Si… ¡lo sé y voy a cumplir cualquier cosa que me pidas!
-Vamos a ver, antes de continuar, iré a bañarme, quiero que me mames mi verga, tal y como lo has hecho con él, pero antes toma esta bolsa, iras a la recamara, te pondrás la ropa que hay dentro, pues es lo que usaras si decido dejarte ir, te pones unas zapatillas y aquí te alcanzo en unos minutos.
Me dirigí al baño, me bañe con mucha calma, solo para darle tiempo a Silvia de ponerse las ropas y regresar a la sala, la escuche salir de la recamara, aun espere unos minutos, después fui de regreso a la sala donde ella estaba de pie, esperándome, la imagen de Silvia era espectacular.
La tanguita se veía claramente, el vestido era más transparente de lo que pensé, sus hermosos pezones color canela se traslucían, no podía haber mejor forma de vestirla, sin duda así despertaría el deseo sexual en cualquier hombre al verla, fui a sentarme al sofá y ella se arrodillo y abrió su boquita.
Lentamente fue introduciendo mi verga, sentir el calor de su boca es, extraordinario, fascinante, enloquecedor… no sé cuál sea el calificativo correcto, la verga me dolía por la hinchazón que había tomado, ella seguía chupando, lo hacía con una experiencia adquirida de forma natural, tuve que apartarla después de varios minutos antes de eyacular, yo deseaba prolongar más el placer de esa noche.
-¡Espera Silvia, déjame descansar un poco! Ven siéntate un momento y ahora si… ¡pídeme lo que tanto deseas! Pero ya sabes, tienes que decir porque quieres verlo, lo que te gusta sentir cuando estás con él.
--¿Podrías dejarme ver a Andrés una vez más? ¡Te lo suplico, no puedo dejar de pensar en él! En la forma de acariciar mi cuerpo, desde el mismo momento que me desnuda, la forma que chupa mi chocho, sentir el delicioso sabor de su verga, todo… todo lo que me hace me gusta.
--Si me dejas ir… ¡te prometo que traeré su leche en mi chochito! Tú podrás verlo escurrir, ¿si me dejas verlo?
Ya no podía más, las palabras de Silvia me hicieron acceder, la verga me dolía demasiado, trate de calmarme un poco mientras le daba las siguientes instrucciones.
-Si quieres verlo, tendrás que llevar esas ropas puestas, y cuando regreses quiero que me chupes la verga y tragues mi leche… ¿de acuerdo?
--Sí. Haré lo que me pidas.
-Muy bien Silvia, ¿Cuándo será esa cita?
--Mañana, quiere verme al medio día en el mismo lugar de siempre. Solo tengo que confirmarle si podré ir o no.
-Bien, temprano le llamarás y le dirás que si puedes ir.
--¡El… está esperando ahora que le confirme!
-¿Ahora? ¿No es muy noche?
--Si, lo es… pero el insistió en saberlo.
-Bien, llámale y acepta la cita.
Silvia se acomodó en el sillón frente a mí y tomo su celular, una sonrisa se dibujó en su hermoso rostro mientras esperaba que Andrés le respondiera, me resultaba difícil creer, esa transformación que un hombre había logrado en ella. Se veía más alegre, más joven y hasta puedo jurar que más femenina.
--¡Hola, Andrés… soy Silvia, si podré verte mañana! Si no hay problema ahí estaré, ¿Qué si podre beber contigo?
Rápidamente moví mi cabeza aprobándolo.
--Sí, no hay problema. De acuerdo, hasta mañana chao.
Silvia termino la llamada y yo la tome de la mano, fuimos a la recamara e hice algo que me nació de momento, tomé mi cámara y le tome varias fotos, ella solo hacia lo que yo le ordenaba, de verdad Silvia es esa clase de mujeres sumisas por naturaleza. Por la mañana me apresure a poner las ropas que había comprado en una bolsa, abandonamos la casa y fuimos al centro de la ciudad, alquile una habitación de hotel y ahí esperaría a Silvia por la noche.
-¡Anda, báñate y arréglate, ya sabes ahí está la ropa que usaras!
Silvia fue al baño y minutos después regreso, se puso la tanga y el vestido, por ultimo las zapatillas y se sentó frente al tocador y arreglo su cabello, el tiempo paso rápidamente, apenas nos dio tiempo de darnos u beso y ella se puso una gabardina que llevamos para que saliera del hotel.
-Recuerda Silvia, tienes que mamar su verga, y algo muy importante, si puedes hacerlo, traga su leche.
Abandonamos el hotel y en la siguiente calle, nos separamos, yo me rezagué un poco y la seguí a prudente distancia, llegamos cuando ya él la estaba esperando, apenas logre ver como la recibía dándole un beso en la boca, sentí celos, pero después me tranquilice.
Se alejaron inmediatamente, yo hice lo de siempre, camine por las calles del centro, lentamente pasaron las horas, yo imaginando como la tendría a cada momento.
Por la tarde fui a un cine, esta vez mi calentura era mucha, busque un lugar lo más alejado posible, donde sin pudor solté mi cinturón y baje el cierre de mi pantalón, deje mi verga de fuera y me acaricie mientras cerraba los ojos e imaginaba a Silvia mamando la verga de Andrés.
Ya eran las 11 de la noche cuando abandone el cine, según Silvia ella llegaría a la media noche al hotel, así que apresure el paso y regrese al hotel, sin embargo nuevamente sucedía lo de las otras ocasiones, ella no llegaba y así paso casi toda la noche.
Por fin escuche cuando alguien toco el timbre de la entrada, me apresure a ponerme de pie y mire por la ventana, era Silvia, caminaba con dificultad, había bebido mucho, esta vez no fui a ayudarle, decidí que ella llegara sola a la habitación.
Le abrí la puerta y cerré tras ella, su actitud era diferente a las otras ocasiones, con naturalidad se despojó de la gabardina y me quede sorprendido, estaba completamente desnuda, no traía puesta ni la tanga.
-¿Y tu ropa?
--¡Aquí está en la bolsa! No me dio tiempo de ponérmela. Siente mi chocho.
De una forma por demás morbosa, Silvia hizo algo ajeno a ella, tomo mi mano y la llevo a su chocho, el cual estaba escurriendo la leche de Andrés, parecía que apenas habían cogido.
--¿Te gusta? Hace unos minutos me cogió, en una calle solitaria.
-¡Ven Silvia; siéntate aquí, y cuéntame todo, ya sabes sin olvidar nada!
Rápidamente me desnude y me acomode a su lado, mi mano fue directa a su chocho mojado, y mientras ella me contaba todo lo sucedido… yo metí mis dedos disfrutando de lo mojada que estaba, esta ocasión no había duda, había sucedido algo diferente, Silvia olía a licor, a cigarro, a hombre, a sexo a todo lo prohibido.
--¡Fue algo hermoso! Andrés quedo muy satisfecho con la forma que fui vestida, cuando me quite la gabardina, no pudo esperar mucho tiempo y me beso de una forma como nunca, su lengua buscaba la mía y nos fundimos en un delicioso y apasionado beso.
--Después puso música y bailamos como lo hacemos siempre, esta ocasión no sirvió las copas, esta vez disfruto primero de mi cuerpo, me acaricio hasta saciar su deseo, mucho tiempo después fue al auto y regreso con una botella, empezamos a beber, seguimos bailando y bebiendo, hasta que llegó el momento.
--Por fin me despojo del vestido y de la tanga, los arrojo sobre la cama y bailamos un poco más, repentinamente se le ocurrió hacer algo y yo recordé tus palabras de hacer cualquier cosa que él me pidiera y acepte.
¡Silvia, quiero pedirte algo! ¿Te atreverías a caminar desnuda por un bosque? ¿Lo harías?
Solo tarde unos minutos en responder, y lo hice con la seguridad que tú lo aprobarías.
--Si… ¿tú quieres que lo haga? ¿Ahora?
Sí. ¿Te animas?
--Sí.
Ponte tu gabardina, y no olvides tu ropa, si quieres dámela y la pondré dentro de la cajuela.
Me puse la gabardina, mientras el llevaba mi ropa y la botella al auto, después regreso, me tomo de la mano y me llevo al auto, abandonamos el motel y nos dirigimos por la salida de la ciudad, ya era de noche.
Había pocos autos circulando por la carretera, en un determinado momento, Andrés me dijo algo que no me negué a obedecer.
Silvia, quítate la gabardina.
Sentí vergüenza, pero lo hice, me quite la gabardina y la arroje al asiento trasero. Así fui hasta el lugar que ya había planeado llevarme.
Abandonamos la carretera y entramos por un camino de terracería, solo se veía puro campo, ninguna casa, no sé cuánto avanzamos, pero cuando detuvo el auto, me pidió bajar.
El viento golpeo de lleno mi rostro y mi cuerpo desnudo, mire con preocupación en todas direcciones, tenía miedo de estar desnuda ahí, pese a estar acompañada de Andrés, él se apresuró a servir un par de copas, encendió un cigarro y me pidió que fumara, él me enseño como hacerlo y fume un cigarro completo.
El licor hizo efecto y pronto me sentí desinhibida, me tomo de la mano y fuimos a un lugar donde había un árbol, ahí me pidió apoyar las manos.
Separa las piernas y apoya las manos en el árbol. Voy a chupar tu chocho.
Lo sentí acomodarse abajo, entre mis piernas y chupo mi chocho, lo hizo con lujuria, mis piernas temblaban, y esta vez mis gemidos salieron de forma natural.
Cuando quedo satisfecho, cambiamos de lugar, ahora él se recargo en el árbol y yo me arrodille, abrí la boca y deje que su verga entrara, la chupe hasta que lo sentí ponerse rígido, pero no me dejo tragar su leche, se apresuró a sacar su verga y me puso en cuatro patas, ahí me dio la primera cogida, fue delicioso, sentirlo inundarme con su leche mientras el viento seguía acariciando mi cuerpo.
Sus manos apretaban mis tetas y estrujaban mis pezones, me dolían por la hinchazón, pero estaba fuera de mí, perdí todo el control, más cuando me dijo unas palabras que me hicieron ponerme más caliente de lo que ya me tenía.
Silvia, eres una linda puta, jamás imagine encontrar a una buena puta como tú a estas alturas de mi vida… ¡que rico coges putita! ¿Te molesta que te llame así?
--¡No… solo me da un poco de pena, pero no me molesta que o hagas!
Entonces seguirás siendo mi puta ¿verdad?
--Sí, quiero seguir siéndolo, lo hare siempre que podamos. Mientras mi esposo no se dé cuenta.
¡Vamos putita, no sigas mintiendo, no es necesario, estoy seguro que es tu esposo es quien disfruta siendo un cornudo! Y voy a darle satisfacción por mandarte vestida como una linda puta, esta vez llegaras escurriendo más leche, y dime algo… ¿te ha pedido hacer algo especial?
--No, solo que lleve tu leche escurriendo en mi chocho.
¿Y qué tal si te cojo por el culo? ¿Quieres?
--No… eso no por favor.
Pero mis suplicas no fueron escuchadas, Andrés había perdido toda caballerosidad y sin piedad me empino nuevamente, se arrodillo y chupo mi ano, a principio no quise dejarlo, pero él se encargó de hacer de lado toda resistencia mía, su lengua acariciaba mi ano y el placer se apodero de mi nuevamente.
--¡Por favor Andrés, no lo hagas! ¡Te lo suplico!
Pero tal parecía que mis suplicas lo animaban más a cogerme el ano, sentí cuando puso la punta en la entrada y empujo, grite de dolor y se retiró de inmediato. Por fin logre hacerle desistir, pero fue cuando se desahogó me cogió por el chocho y volvió a inundarme con su leche.
Regresamos al auto, lo note molesto, pero no quise dar mi autorización a que lo hiciera por mi ano, ya en el auto bebimos otras copas, yo solo me había puesto la tanga, la cual quedo impregnada con su leche, después fuimos de regreso a la ciudad y antes de llegar pasamos por una calle obscura, yo ya me sentía muy indispuesta por el licor, ahí volvió a cogerme y aquí estoy… escurriendo su leche tal y como a ti te gusta.
Silvia termino de contarme todo, yo estaba muy excitado, no pude esperar más y la acosté en la cama, le abrir las piernas y la penetre con fuerza, ella parecía haberse quedado dormida, no me importo y seguí penetrándola hasta que termine dentro de ella, la deje descansar mientras miraba su tanga dentro de su bolso de mano, la tome y comprobé que estaba mojada, por la leche de Andrés.
Por la mañana fuimos de regreso a la casa, en silencio, al llegar Silvia volvió a tomar su actitud sumisa de siempre, se veía feliz, aunque parecía no recordar todo lo sucedido la noche anterior.
--¡Quiero decirte algo!
Esta vez el sorprendido fui yo al escuchar sus palabras.
--¡Estoy embarazada! Hace un mes no me baja el periodo.
Me quede mudo por la sorpresa, pero estamos tratando de tomar la mejor decisión en cuanto a compartir la noticia o no con Andrés.
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