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jueves, 17 de junio de 2021

Así se vive y así se muere

Así se vive y así se muere

La señora María Marcela (así la llamaban, con sus dos nombres) era una viejita muy viejita y físicamente muy pequeña, producto también del paso de los años.

Uno podía observarla y temer que un ventarrón la levantara por los aires, sin piedad.

Ella vivía, solita, en un semipiso del Barrio de Recoleta, y manejaba todas sus cuestiones personales con total solvencia:

Pagaba sus impuestos con puntillosidad espartana, organizaba el aseo de su departamento, iba en persona a realizar las compras.

Los viernes iba a la peluquería y charlaba con todas las clientas, que la adoraban.

Para Miguel, su peluquero, era como su abuela. Solo la peinaba, nunca le cortaba. María Marcela adoraba que Miguel  la peinara.

Todos los días, en la carnicería de Augusto, compraba un bife de lomo, que siempre debería pesar 200 gramos y no poseer una gota de grasa.

Todos los días, compraba una baguette en la antigua pero legendaria boulangerie del Alvear, cuando el Alvear no era tan francés. Erik, el maestro panadero, la cocinaba exclusivamente para ella, con el tostado perfecto.

Amaba las medialunas de manteca de La Jirafa Roja, un bolichito sobre Callao y Libertador, ahí en diagonal al Italpark. No resultaba extraño verla varias mañanas muuuuuyyy temprano, desayunando allí. Alfonso era su mozo de siempre y la atendía primorosamente

En todo el detalle de esta rutina diaria que les acabo de relatar, no es necesario decirles también entonces que si bien sus gastos eran exiguos, y sus gustos eran más bien humildes, nunca pero nunca la viejita tuvo que pagar nada: ni peluquero, ni bife de lomo, ni baguette, ni café con leche y medialunas.

Todos le regalaban sus servicios y sus productos, solo por el hecho de que les fuera a comprar a ellos. A lo mejor de tan viejita, a lo mejor de tan simpática.

No es que ella no quisiera pagarles, de hecho tenía siempre un monederito lleno de billetes. Lo sabían bien los pobres diablos que la esperaban siempre a la misa de las 7 de la tarde, en la puerta de la Iglesia del Pilar.

Sin embargo, María Marcela les regalaba algo, con cariño. Todos los días iba a comprar un cuarto de masas finas a la Confitería San Agustín, sobre Las Heras esquina Tagle. Un día ese cuarto se lo regalaba a su peluquero, otro día a su carnicero, y así. Rotaba dulzura, podríamos decir.

Pequeñita, coqueta, impecable, delicada, "charleta", curiosa, extrovertida, siempre informada, era como la abuela mimada de todos....

Para mediados de 1978, los lugares que solía frecuentar, comenzaron a llenarse de personajes que al poco tiempo recibirían el apodo de "nuevos ricos".

Ya un poco la trataban de "la viejita loca", con tonos más despectivos que amorosos.

Cuando contaba de sus viejas historias familiares, ya aparecían algunas que con su vozarrón cortaban su relato y empezaban a contar miserias propias, tales como sus últimos affaires con sus personal trainers, casi divertidas con los cuernos que les colocaban a sus poderosos esposos a veces banqueros, a veces dueños de cuevas financieras, o casi siempre jóvenes directivos de poderosas compañías que habían hecho sus fortunas al amparo de negocios no tan claros.

Erik ya no pudo amasarle más su amada baguette: el Alvear cerró su boulangerie, aquella de cuando el Alvear todavía no se había afrancesado del todo. La panadería de Quintana y Callao (que todavía existe!) solo vendía pan francés  que (claro) en nada se parecía....

Cuando iba a la carnicería, ya las "nuevas clientas" no le respetaban ni su turno, y mucho menos sus canas: "Abuela estoy muy apurada, compro rapidito y que luego la atiendan a Ud., sabe?". Augusto hacia lo que podía ante ese aluvión zoológico, pero munido con plata fresca.

En La Jirafa Roja, Alfonso hacia lo que podía para que los trasnochados jóvenes no le ocuparan a María Marcela, su mesa. No siempre lo lograba.

El 28 de Diciembre de 1980, tal vez cansada de los nuevos tiempos, avisó que iba a pasar solita su alma el fin de año, y que había elegido 1981 para juntarse al fin con su esposo e hijos en los siempre verdes campos del más allá.

Solo atendió los llamados telefónicos de Augusto, Erik, Miguel y Alfonso, sus queridos (a esta altura) amigos. Que estaban sorprendidos por la noticia que había llegado a sus respectivos oídos. 

Ella los tranquilizó.

No muchos más la llamaron.

A principio de Marzo de 1981, decidió rememorar viejos tiempos e ir a tomar (muy consciente ella de sus tiempos) su último té con masas en La Biela, histórica esquina a la que hacía quince años ya no concurría, desde el mismo día que le dijeron que su mozo preferido, el de los últimos 30 años, había fallecido.

Aquella a la que las nuevas cholulas y pseudo señoras "bián" habían despechado (ninguneado, bah) se hubieran quedado con sus labios botoxeados, colgando, de haber presenciado la siguiente escena:

La señora María Marcela se sentó a su mesa, pidió a un mozo (que no conocía) su five o'clock tea con masas finas y, mientras esperaba su tal vez última merienda, casi todos los habitués de La Biela se pusieron de pie (unas 70, a lo mejor 80 personas) y se dirigieron a su mesa a saludarla, a brindarle sus respetos. A despedirse.

Todos ellos, enormes, conocidos, prestigiosos y legendarios personajes del Tout Buenos Aires, hombres y mujeres de poder y antología, se colocaron en fila y pugnaron por recibir un beso cortés o aunque fuera un pequeño abrazo apasionado de aquella mujer, pero eso sí: todos (pero todos todos) moqueando  y con sinceras lágrimas en sus ojos....

Tal vez porque las mujeres y los hombres de bien no llegan nunca tarde a sus citas, el 29 de Julio de 1981 la Señora María Marcela, mientras tomaba una plácida siesta en su mecedora, partió a caminar dulces praderas, a encontrarse y disfrutar el resto de su siguiente vida junto a su esposo y a sus amados hijos, a quienes había sobrevivido por muchos años. A lo mejor, demasiados.

La Baronesa María Marcela Roca Funes, viuda del Barón Antonio Oscar De Marchi Crohare, hija de Clara Dolores Funes e hija predilecta del Presidente Julio Argentino Roca, nos abandonó con toda sencillez, bajo perfil y enorme dignidad, a sus 104 espléndidos años.

Nadie la recuerda, creo que solo yo. Supongo que la seguiré cuidando en Recoleta. Para siempre. Si me da la salud, claro, uno también se pone grande.

PD: Luego de recibir grandes honores y póstumos homenajes en las páginas de Clarín y La Nación, al mes de fallecer la hija de Roca, tanto Augusto como Miguel como Erik y como Alfonso recibieron (el mismo día) un regalo póstumo de "la viejita":

Una camioneta F-100 cero kilómetro roja  para el bueno de Augusto, un coqueto local en el barrio de Belgrano ya montado con máquinas de panadería (sobre Av Cabildo) para el sensible Erik, una suma equis de dinero para agrandar su local de la calle Anasagasti para el amoroso de Miguel  y un pequeño chalecito en Necochea  para el muy atento Alfonso.

Es que a todos ellos, la SEÑORA María Marcela les conocía sus sueños. (Gracias por prestarme el relato Marta Helena Pardal) Me encantó! Revela la humildad de los grandes. Que linda sensación ver cuando una persona no ostenta para SER ALGUIEN 

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lunes, 11 de enero de 2021

¿Cuál es el origen de la expresión "Agarrate Catalina"?

Cuántas veces habrás escuchado esta expresión en Argentina y Uruguay y no sabías qué significaba... O tal vez sí conocías su significado, pero no la historia trágica que hay detrás de esta frase...

Curiosamente, la encontré en Facebook y me pareció realmente muy interesante, así que la comparto con mis lectores, porque un poco de cultura popular nunca viene mal, y más aún en un blog de literatura, o que pretende serlo.

Antes de contarles el origen de "Agarrate Catalina" quiero agradecer una vez más a todos por la cantidad de visitas al blog, da gusto compartir historias, poemas, cuentos, poemas, poesías y biografías de escritores, ya que el feedback es muy positivo.

Cuando vean algo que les interese, no olviden compartir y comentar, así puedo seguir viendo qué es lo preferido por mis lectores y qué cosas tengo que subir más seguido en este nuevo año 2021.

Ahora sí, los dejo con la verdadera historia de la expresión rioplatense "Agarrate Catalina". 

¿Cuál es el origen de la expresión "Agarrate Catalina"?

GINA LOLLOBRÍGIDA en el film “Trapecio” - Año 1956

“AGARRATE, CATALINA!”

Catalina era una trapecista argentina que trabajaba en los circos porteños, en la década de 1940.

Venía de una familia de trapecistas. Su madre, su abuela y su bisabuela habían practicado la misma disciplina. El destino de las tres también fue el mismo, y trágico: todas murieron por accidentes en el trapecio.

Los espectadores que se prestaban a ver a Catalina, por su parte, conocían muy bien esta historia. Y antes de cada presentación, gritaban una advertencia que se iba a convertir en un dicho popular.

Antes de que comenzara sus acrobacias, le decían a la joven trapecista: "¡Agarráte, Catalina!".

Después, la frase se generalizó y hoy se sigue usando para prevenir a quien está a punto de enfrentar una situación extrema.

Fuente de la infromación: Facebook

Foto: GINA LOLLOBRÍGIDA en el film “Trapecio” - Año 1956

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La leyenda del Calafate

La leyenda del Calafate

El Calafate es un fruto pequeño y morado, que nace de un arbusto espinoso que lleva el mismo nombre. Es nativo del sur de Argentina y Chile y se lo considera el emblema de la Patagonia.

En el folclore argentino encontramos varias historias, mitos y leyendas nacidas del seno mismo de los pueblos originarios que habitaban el territorio. Historias donde se mezclan seres mitológicos, chamanes, amor, guerras y fantasía.

La Patagonia, antes de ser el increíble atractivo turístico y natural que es hoy en día, fue el hogar de muchas comunidades, entre ellas los tehuelches y los selknam (onas). Estos son los protagonistas de la leyenda que se esconde detrás del conocido refrán que cita: “Si pruebas el Calafate, siempre vuelves a la Patagonia“.

La leyenda cuenta que Calafate era el nombre de la hija preciada del Jefe de un tribu tehuelche. La joven tehuelche era una mujer preciosa, de llamativos ojos color miel y era querida y respetada por los integrantes de la comunidad.

Cierto día arribó al clan un joven selknam. Los tehuelches solían despreciar a los selknam, pero este muchacho de 18 años cumplía con el ritual de iniciación impuesto por su tribu y debía permanecer entre los tehuelches para superar las pruebas.

En el instante que la joven Calafate y el joven selknam se vieron, nació entre ellos el más puro y sincero amor. Mientras el joven realizaba sus pruebas, aislado en la choza ceremonial, Calafate se escapaba de la mirada protectora de su padre para ir a su encuentro.

Sin embargo, no pasó mucho tiempo hasta el Jefe de los tehuelches descubriera este inocente amor entre los jóvenes. Las costumbres y los códigos entre ambas comunidades impedían al Jefe tehuelche hacerle daño al joven selknam o echarlo, pero de ninguna manera aceptaría la relación entre ellos.

El jefe prohibió a Calafate seguir viendo al joven selknam y, aunque siempre había sido obediente ante las ordenes de su padre, el amor de estos jóvenes los llevó a planear escaparse juntos de la comunidad. Y así una noche, ambos dejaron juntos el asentamiento y huyeron a través de la estepa patagónica hacia Onaisin, donde podrían vivir juntos.

Cuando el Jefe tehuelche descubrió que su hija se había fugado, entró en cólera y enfurecido recurrió a la chaman de la tribu. La sabia anciana le advirtió al jefe que no podría hacer nada para destruir el amor entre su hija y el ona, pero que podría separarlos para siempre.

Es así como la chaman transformó a la joven Calafate, mediante su magia, en un arbusto bajo de filosas espinas. La chaman permitió que cada primavera, el Calafate pudiera florecer, abriendo sus pequeñas flores doradas como los ojos de la joven tehuelche, para que pudiera contemplar las tierras donde vivió.

La leyenda cuenta que cuando el joven selknam notó la ausencia de su amada, recorrió incansablemente durante meses la estepa patagónica buscándola. Finalmente, exhausto y sumido en pena, pidió ayuda a los espíritus que conmovidos por la fuerza del joven, lo transformaron en una pequeña ave para que pudiera continuar con su búsqueda.

El joven selknam convertido en pájaro recorrió las extensas llanuras hasta que finalmente un día se posó en un arbusto con hermosas flores amarillas y al probar de sus frutos morados descubrió en ellos la misma dulzura con la que lo trataba Calafate y reconoció inmediatamente a su amor.

Los jóvenes enamorados lograron reencontrarse y de esta leyenda nace el mito de que si pruebas el Calafate volverás a él.

Fuente: Facebook
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Qué significa La Concha de la Lora?

La expresión "La concha de la lora" surgió a principios del siglo XX, siendo el nombre de un tango de Manuel O. Campoamor, sin letra.

Fue compuesto en 1901, cuando el tango era bailado en prostíbulos y locales nocturnos ; su título original era justamente: “La concha de la lora”.

Concha es un término del Río de la Plata que define o está asociado a la vulva. 

Se le decía “lora” a las prostitutas de una manera despectiva , en especial a las judías polacas que ejercieron la prostitución a principios del siglo XX tanto en Montevideo como en Buenos Aires. 

Aparentemente “lora” viene del francés, pues las “lorettes” eran las prostitutas que se encontraban en el camino a la Virgen de Loreto. De allí pasó al castellano llamando “loretas” a las prostitutas, y de allí, por cruce, “loras”.

El tango no superó la censura de la época, y para publicarse fue rebautizado como “La cara de la luna”. Cabe destacar que en esos años el tango no se cantaba, no tenía letra, y era una música que solamente se bailaba .

Campoamor fue un excelente ejecutante de piano, un hombre autoditacta en materia musical. 

Héctor Bates y Luis Bates —autores de la obra titulada La historia del tango (Buenos Aires, 1936)— recogen los recuerdos y aún los rezongos de Campoamor, en un reportaje que se realizó por Radio Stentor, el 18 de julio de 1934.

Campoamor era por entonces un señor de más bien baja estatura, de anteojos, con aire de serio oficinista.

Había aprendido telegrafía. Luego ingresó a la tienda Gath & Chaves a la sección contaduría, después de sucesivos ascensos llegó a ser secretario del directorio. Lo despidieron después de casi veinticinco años de servicio.

De su música dijo: «Mi primer tango “Sargento Cabral” lo escribí en 1899. Mejor dicho me lo escribieron, puesto que yo nunca supe música. Aprendí el piano de oído, primero con un dedo, luego con dos y poco tiempo después, sacaba algunas piezas con las dos manos... Dos amigos se encargaron de llevar al papel lo que yo tocaba en el piano».

«A los 19 años toqué en público en unos bailes de Carnaval. Me hice conocer, adquirí fama y entré a ser una persona muy solicitada y popular. Fue entonces que quise iniciar la grabación de discos criollos en la Argentina. Me llamaron y grabé “Sargento Cabral” a piano solo. Luego grabé acompañando a Gabino Ezeiza, a Higinio Cazón, a Linda Thelma y a otros que eran astros y estrellas de entonces».

“La concha de la lora” retrata la realidad social de la que la música y el baile del tango formaban parte y por la cual también se lo consideraba algo prohibido. 

Abrazados, el matón y la prostituta eran artistas, poetas del cuerpo y de la noche. 

El primer intento por hacer pasar el contundente título original por otra cosa en 1901 se llamó "La c...ara de la l...una " , con puntos suspensivos que el lector llenaría a su gusto, al que se le asoció una imagen de  luna quizás como alusión y testimonio

la concha de la lora
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jueves, 26 de noviembre de 2020

Que En Paz Descanses Diego Armando Maradona

Que En Paz Descanses Diego Armando Maradona

No lo critiques. Dejalo descansar en paz! 

Este nene al que criticas por drogon o muchas cosas mas, puede ser tu nene o tu sobrino el día de mañana! No los critiques! Ayudalos!!  

El además de salir de la pobreza logro cumplir sus sueños (sabiendo lo difícil que es eso)

Ayudo y motivo a millones de personas para que no bajen la cabeza y continúen persiguiendo sus sueños. También lleno de alegría en incontables situaciones a millones de familias de muchos hogares argentinos y del mundo!

Este pibe paso por una tras otra y vos no lo sabes, pero aun asi lo criticas.

Este pibe es humano como todos, se pudo haber equivocado.

Porque es humano aunque no lo parezca. 

Para muchos este pibe siempre fue una maquina para hacer billetes de todos los paises y de todas las monedas. 

Le falto amor y le falto apoyo de sus cercanos.

En los momentos donde lo tendrían que haber guiado se falló.

Muy pocos podrían haber superado esa situación, como pretendés juzgarla si no la viviste?

Antes de criticarlo, ayuda al Diego que todos los dias y cada vez son más, los que cruzas por la calle, ayuda a los niñas/os que lo necesitan para que puedan perseguir sus sueños y no cometan errores similares.

 Esos niñas/os TODAS/OS también tiene muchos sueños y merecen ser ayudados!

Por eso antes de hablar o ensuciar su nombre, pensá si vos estas haciendo algo para ayudar o motivar a alguien. El lo hizo con millones de personas de toda edad.

 Por eso AHORA déjalo estar en paz. Respeta a sus hijas/os y Familia que el MEJOR 10 Y DEL MUNDO SE LO GANÓ CON CRECE!!!

Que En Paz Descanses Diego Armando Maradona, AD10S : MUCHAS GRACIAS POR TODO  GENIO DEL FUTBOL MUNDIAL ETERNO NÚMERO 1.

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domingo, 1 de marzo de 2020

La leyenda de Salta

Cuentan aquellos que conservan antiguas memorias, que tiempo atrás existía una bellísima ciudad llamada Nuestra Señora de Talavera de Esteco, que es ahora desaparecida, y maldita la zona en que se ocultan sus restos.

Antes de narrar lo mucho que se dice de su desaparición, sepamos cómo era esa curiosa ciudad.

La ciudad fue fundada, según algunos, por Alonso de Rivera en 1609. Cuentan que por ser paso obligado en la ruta que llevaba el tráfico de metales preciosos, alimentos, ganado y esclavos entre el Alto Perú y el Río de la Plata, la ciudad se enriqueció rápidamente, al punto que sus pobladores cayeron en la soberbia, la codicia y la ostentación. (Hay quienes aseguran que parte de tanta riqueza provenía de yacimientos secretos que hasta hoy permanecen ocultos).

Todo brillaba con el fulgor del oro y la plata, incluso las herraduras, monturas y estribos de los caballos. Sus habitantes, embelesados con sus magníficas riquezas poco valor le daban a todo lo que no fuese satisfacción del lujo, ignorando a los pobres que habitaban en las cercanías y abusando cruelmente de los indios esclavizados.

A causa de tanta abundancia la ciudad cobró importancia política, religiosa y comercial lo que, como suele suceder, despertó mezquinos intereses y luchas de poder, que más allá de las muchas leyendas y mitos sobre la catástrofe que sobre ella acaeció, posiblemente tuviesen mucho que ver en su repentina destrucción.

Como bien se sabe la abundancia lleva a la vanidad, la vanidad a la lujuria y el desenfreno, así al parecer sucedió con la ciudad alarmando a curas y obispos, al punto que el obispo fray Melchor Maldonado de Saavedra presentó una querella ante la Audiencia de Charcas denunciando la depravación y acusando al pueblo de pactos con el maligno y hechicerías varias.

Sucedió entonces, según consta en algunos anales, que el 13 de septiembre de 1692 la ciudad entera desapareció. Según unos a causa de un terremoto, según otros por el fuego, o el ataque de un malón, aunque son muchas las voces que cuentan que un día apareció por la ciudad un humilde anciano predicador advirtiendo que de no modificar la conducta todos perecerían. Nadie le dio alimento ni socorro, salvo una mujer muy pobre que tenía un niño recién nacido. Al ver tanta altanería y ser objeto de burla sus palabras, el anciano advirtió a la buena mujer que al día siguiente la ciudad sería destruida por un violento estallido de fuego seguido de un terremoto, y para ella salvarse debía alejarse con su hijo sin mirar atrás escuchase lo que escuchase.

La mujer al amanecer tomó al niño en brazos y emprendió el camino, pero ¡ay!, al oír el estruendo y los gritos aterrados no pudo evitar voltearse a mirar, y en el mismo instante quedaron ella y el niño convertidos en piedra.

Dicen que de la ciudad no quedó nada, salvo almas en pena que acechan en la zona a quien se atreva a acercarse, y la mujer con su niño ahora convertidos en piedra. Afirman muchos que la mujer cada año da un paso hacia salta, sitio al que ha de llegar un día. Y será ese mismo día que el mundo llegará a su fin.

La Ciudad Desaparecida de Esteco leyenda de salta

Fuente : Anónimo
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La Leyenda de Pismanta

La Leyenda de Pismanta

A los pies de la Cordillera de Los Andes, en la provincia de San Juan se localiza la pequeña localidad de Pismanta. Esta población rural de menos de 200 habitantes se encuentra inmersa en la incomparable belleza paisajística de la provincia, donde se mezclan la aridez del desierto, enormes espejos de agua y un cielo celeste y limpio todo el año.

El Municipio de Iglesia se encontraba habitado por el pueblo originario Huarpe, en la época de la llegada de los españoles a América del Sur.

Por aquel entonces, el Cacique Pismanta era el gobernador del norte del territorio y era un líder respetado y querido por su gente por su personalidad amable y pacifista.

Sin embargo, cuando los Dioses le anticiparon la caída de su pueblo en manos de los españoles, el Cacique Pismanta reunió a sus mejores guerreros y dio una dura batalla contra los conquistadores. Su tropa fue abatida y la invasión a su pueblo era inminente, sobre todo con la traición del cacique del Sur, quién se unió a los españoles.

Pismanta se negaba a dejarse doblegar y humillar por los conquistadores y mucho menos a ser obligado a entregar su gobierno, por lo que se retiro junto a su familia a un sitio llamado Angualasto donde se ocultó en una cueva, a esperar la muerte.

Esa noche se pudo escuchar un gran estruendo y la tierra tembló. Una grieta se abrió en la roca que cerraba la cueva y de ella comenzó a fluir un hilo de agua caliente. La leyenda cuenta que esa vertiente no es más que las lágrimas del Cacique Pismanta que brotan cálidas desde el corazón de la Pachamama, como recordatorio constante del Cacique que dio su vida antes de traicionar sus ideales.
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La leyenda de Gualjaina

La leyenda de Gualjaina

La leyenda de Gualjaina

Gualjaina es una localidad argentina ubicada en el departamento Cushamen, al noroeste de la provincia del Chubut, en la Patagonia andina.Localidad fundada el 5 de enero de 1928, ubicada en la región Noroeste de la provincia, en el Departamento Cushamen.

Hay una leyenda que cuenta que el nombre se relaciona con la desaparición en el río de una pequeña niña de origen mapuche que se llamaba Guajira. Su madre al no encontrarla comenzó a buscarla con desesperación y recorrió el cauce del río voceando su nombre, en el paso del tiempo quedó un eco de voz, similar al de...Gualjaina. Aunque la etimología de su nombre correspondería a la lengua tehuelche “encuentro de aguas”, en referencia a los tres ríos que surcan la localidad “Lepá”, “Gualjaina” y Chubut”.

Gualjaina. Piedra Parada
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La leyenda de La Telesita

Teresita del Barco o Telésfora Santillán vivió en la segunda mitad del siglo XIX en la provincia de Santiago del Estero. Una de las versiones acerca de quién era y que hizo esta mujer sostiene que era hija de Don Pedro del Barco y María Rosa Gómez, tenía el cabello negro y los ojos azules y que pasó su infancia en la estancia "La Aurora", al pie de las sierras de Guasayán, criándose rodeada de belleza, sensibilidad y música.

La familia se traslada a una casona que tenía en la ciudad de Santiago del Estero para que Teresita recibiera la educación correspondiente. A medida que pasaba el tiempo se convertía en una hermosa mujer. Su padre, acosado por sus adversarios políticos, decide abandonar la ciudad y volver a la estancia.

En su pago natal, aprendió todo lo que se refiere a la vida de campo: los arrieros le enseñaron acerca de la fauna y la flora de la región y las virtudes de las plantas medicinales. Al llegar la edad de casarse sus padres deciden volver a Santiago a relacionarse con la sociedad. Viajan ellos primero y, al llegar encuentran que el cólera estaba asolando la ciudad, deben cumplir con la cuarentena obligatoria antes de salir de ella pero son víctimas de la peste.

El dolor y la tristeza hacen que Teresita no pueda vivir más en la estancia y se muda a un vallecito cercano a Santiago. Allí aparece el amor en su vida, un estanciero llamado Eumelio Ahumada. Pero llegan los carnavales y en un baile otro joven saca a bailar a Teresita. Después del baile circularon los comentarios, y el otro joven hostigaba constantemente a Eumelio, quien para defender su amor plantea un duelo en tres instancias: duelo de payadas, duelo de malambo y duelo criollo, a cuchillo. Pasadas las dos primeras instancias sin decidirse hacia uno u otro, en el enfrentamiento a cuchillo mueren los dos.

Al enterarse Teresita huyó, hasta que se instala en una choza cerca de La Banda, y comienza a ayudar a los necesitados. Preparaba tisanas y pociones curativas para los enfermos. Su fama de Santa y curandera se fue extendiendo. Un día desapareció. La leyenda dice que murió quemada.

Otra versión de la historia cuenta que era una joven inocente que erraba por los montes. Oraba a Dios, asistía a fiestas, velorios y bailes apareciendo y desapareciendo de improviso. Coincide en que murió carbonizada.

La leyenda de La Telesita

El culto a la Telesita

No hay un lugar fijo para los peregrinajes ya que, como murió quemada, no hay tumba que conserve sus restos. El ritual que debe cumplir un promesante es el siguiente:

* se envía una invitación especial a la mayor cantidad de personas conocidas del promesante, con un ruego de asistencia para el destinatario del favor de la Santa.
* debe preparar con anticipación una masa de harina de trigo con la que debe modelar un angelote y cocinarlo en el horno de su casa hasta que se dore.
* debe colocar una mesa en el centro del patio de su casa, cubrirla con manteles blancos y depositar el muñeco que representa el espíritu de la Telesita.
* este altar debe rodearse de velas y flores.
* se invita a músicos para que toquen con los instrumentos típicos de la región, especialmente chacareras.
* debe contarse con abundante bebida: tradicionalmente la aloja, y últimamente caña y aguardiente hervida con poleo.
* tener una auténtica devoción y honesta intención de cumplir la promesa que se concretará con música, baile y bebidas.

Estas reuniones se llaman Telesiadas y se inician bailando una chacarera. A cada vuelta el bailarín debe beber una copa. Cuando el promesante cae rendido de baile y alcohol, se considera que el ritual está cumplido. Se apagan las velas y una joven, elegida de antemano por el promesante, toma el angelote y lo desmigaja repartiéndolo entre los concurrentes junto con un trago de alcohol. En otras Telesiadas, el muñeco se hace de papel o trapo y se quema al final de la fiesta para rememorar el trágico destino de Telesita.
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Leyenda de Ansenuza

Leyenda de Ansenuza

Era hermosísima la diosa del agua, que habitaba en su palacio de cristal del Mar de Ansenuza (nombre indígena de la Mar Chiquita). Pero era una deidad cruel y egoísta, pues la única ofrenda que la volvía propicia era el primer amor de los mancebos.

Se cuenta que un día vio llegar a la costa del lago, que era entonces de aguas dulces, a un príncipe indio malherido en la guerra. Tristemente le sonrió a la diosa, lamentando no poder sobrevivir para admirarla.

Ella quedó suspensa como sacudida por los rayos cósmicos, por vez primera el embeleso del amor conmovió su alma. Pero pronto sucumbió a la desesperación al comprender el destino de su amado.

El cristalino espejo del agua se convulsionó. Un trueno como un largo lamento estremeció el cielo y las nubes lloraron con su diosa. El mar se convirtió en un furioso caos durante un día y una noche.

Al amanecer, el joven se encontró en la playa. Sus heridas habían sido cicatrizadas y al abrir sus ojos vio la increíble transformación que se había obrado en la naturaleza. La playa era blanca y las aguas se habían vuelto turbias y saladas.

Atónito el joven, como en niebla rasgada por un tenue rayo de sol recordó a la hermosa mujer que le acariciaba cuando se le iban cerrando los ojos.

Ahora se sentía sano y sus nervios tensos estaban sedientos de algo.

Comenzó a avanzar por el agua, alejándose cada vez más de la costa como si un imperativo lo impulsara. Cuando el agua llegó a su cintura comenzó a nadar. A nadar?... No, no nadaba, flotaba simplemente.

Era como si unos brazos femeninos, con dulzura, penetrándole por la piel bronceada le acariciara el alma. Y siguió nadando, hasta que un tenue rayo rosado del amanecer lo fue transformando en el frágil flamenco, guardián eterno del amor de la diosa del mar.

Desde entonces las aguas de Mar de Ansenuza son curativas.
Amorosamente curativas.

Autor: Marcelo Montes Pacheco
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Leyenda del Uritorco

Leyenda del Uritorco

Capilla del Monte es una ciudad y municipio argentino del departamento Punilla, Provincia de Córdoba, a 109 km de la ciudad de Córdoba, su principal atractivo es el enigmatico Cerro Uritorco, conocido por prácticas esotéricas frecuentes y, en décadas pasadas, por los avistajes de OVNIs referidos por locales y turistas. Pero para los antiguos pueblos fue una montaña sagrada (por ejemplo los comechingones), también la zona que habitaban los nativos el Cerro Minas, Los Terrones, Cerro Colchiquin, Ongamira; cultura nativa y parte de los pobladores llamada comunidad Ongamira”, y en torno a estos bellos paisajes existe una leyenda, que atrapa por su historia de amor.

En otros tiempos, vivía en estas tierras un nativo joven y fuerte, víctima del enamoramiento hacia la hermosa hija de un hechicero. La muchacha correspondía este sentimiento, pero el viejo chamán guardaba a su descendiente como la más preciosa posesión, por lo que jamás aprobó dicha relación. Los jóvenes, sin embargo, se dieron a la fuga, huyendo del padre transformado por sus poderes en una presencia demoníaca lanzada en persecución de los enamorados.

Tras un largo escape, ambos fueron alcanzados y recibieron la impiadosa condena del hechicero. él debió tomar la forma de un cerro, mientras que ella fue transformada en un río cuya naciente tiene lugar en la mismísima montaña. Así, el otrora joven Uritorco se ve día tras día obligado a soportar sobre su cuerpo el llanto constante de su amada Calabalumba recordándole para toda la eternidad el precio de su amor prohibido.
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miércoles, 23 de octubre de 2019

Cuento de terror : Presencia sobrenatural

Un cuento de terror, basado en hechos reales, esta historia de terror pasó en Mar del Plata, es una de esas historias de terror argentinas clásicas.

Cuento de terror : Presencia sobrenatural

Cuento de terror : Presencia sobrenatural

Era una noche lluviosa en Mar del Plata. Iba a ir a una fiesta en una casita en el campo. Cuando llegue no había nadie en la casa. Al principio me puse nervioso, pero después me di cuenta que faltaba que llegaran los demás invitados y me fui a dormir un rato. Cuando de repente me di cuenta de que era muy tarde y entonces decidí volver a mi casa, fui a la puerta para salir, pero no abría, mire hacia abajo y vi que la cerradura se había roto. Intente salir por la ventana, pero había algo que impedía que yo saliera. Intente relajarme y descansar un poco más. Mientras dormía me interrumpieron unos ruidos extraños y pensé que era el viento y volví a dormir. Luego de unos minutos se escucharon los mismos ruidos que antes y decidí ir a ver que era el causante de ese extraño ruido. Cuando miraba por la ventana escuche pasos detrás mió y comencé a investigar. Mire bajo la mesa, no había nada, pero cuando mire detrás del sofá vi una compuerta. Entre ahí, vi una mesa con dos cajones. Sobre la mesa había un periódico del año 1826 que decía en el titulo "Muere niña en la casa del campo" y también había un cuchillo ensangrentado, quede sorprendido. Escuche otra ves el mismo ruido pero como si viniera de mi derecha junto al segundo cajón. Corrí la mesa y vi un cadáver apuñalado. Me asuste mucho y cuando me di vuelta él apareció; era horrible igual que el cadáver, agarre el cuchillo sobre la mesa y le di 3 cuchillazos y quedo tirado. Logre escapar de la casa por la chimenea. No apareció nunca más. Pero quede con la pesadilla de haber estado allí.

Fuente : Anónimo
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martes, 9 de abril de 2019

La leyenda del Coquena

Coquena, dueño de toda la puna…Coquena es el dios bueno que protege a las vicuñas, a los guanacos y a todos los animalitos de la montaña. Le queda grande el sombrero y como es tan pequeñito la camiseta de lana le arrastra.
Por las noches arrea su rebaño de llamas cargadas de oro y de plata y se roba los guanacos cuando sus dueños los cargan demasiado. Tiene una mano de lana, liviana y suave para acariciar, y otra mano de plomo, dura, muy dura, para castigar. Por eso Coquena puede ser muy generoso o terrible. Por eso todos temen y respetan a Coquena. ¿Será cierto que anda por los cerros, silbando, apoyado en un largo bastón? ¿Será cierto que guía a las cabras, a las llamas, a todos los animales que pierden el rumbo?

La leyenda del Coquena

Cuentan que el Chango, un pastorcito indio, muy joven, que vivió en los valles de la hoy provincia de Salta, hace muchos, muchísimos años, vio una vez a Coquena. El Chango era pastor de cabras; como eran tan pocas, ¡apenas cinco! él le llamaba “mi majadita”. Pero las cuidaba como si fueran muchísimas y siempre andaba buscándoles los mejores pastos y los arroyos de agua más clara.
Los otros pastores de la zona, viendo cuánto cuidado tenía por ellas, sabían burlarse de él, por gusto de divertirse nomás:
-¡Cuidado con la majada, Chango. -¡No vas a equivocarte al contarlas!
¿Estás seguro de que están todas, Chango?
Pero él siempre les contestaba riendo: -¡Cinco son más que una y una es más que ninguna!
Un día, los pastores que tenían majadas grandes le dijeron: -¿Por qué no vas del otro lado del Cerro Grande? Hay un río y pastos
tiernitos, tiernitos. ¡Y a montones! ¡Como para que coman “todas tus cabras”!
-Y ustedes… ¿Por qué no van? -preguntó el Chango.
Y… es que es muy lejos – dijo uno. -Y el camino muy trabajoso -dijo otro.
-¡Yo voy a ir! -dijo el Chango muy contento.
-¿Por cinco cabras? -¡Estás loco!
-¡Sí, sí, voy a ir! Aquí el pasto es muy duro y las pobres se están poniendo muy flacas.
Y se fue el Chango, cantando bajito, con sus cabras, en busca de pasto tierno. Las cuestas eran cada vez más empinadas, las rocas cada vez más duras. Y después de mucho andar por senderos desolados y peligrosos desfiladeros, llegó, al fin, al valle. El Chango se quedó maravillado. Aquello era más hermoso de lo que nunca pudo imaginar.
Pero ¿Cómo es que nadie lo había visto antes? -¡Vaya que había sido grande! exclamó ¡Y qué verde! Aquí pueden pastar muchísimas cabras. ¡Tengo que decirles a los otros que vengan!
Las cabras brincaban locas de contentas y comieron hasta hartarse. En tanto, el Chango, sentado en el suelo, las miraba y pensaba: -¡Qué lindas que son! Cuando la negrita tenga un cabrito van a ser seis, y seis cabras son más que cinco. Y después, a lo mejor la Manchada tiene también uno, y entonces van a ser siete, y siete cabras son más que seis. Y después…
Así pensaba cuando se dio cuenta de que ya estaba por anochecer.
-¡Bueno, golosas, ya es hora de volver a las casas! ¡Vamos! ¡Vamos!
Apenas habían empezado a andar cuando negros nubarrones cubrieron el cielo y todo se oscureció. Primero fueron unas gotas y después se desató una terrible tormenta. El viento era tan fuerte que tenía que aferrarse a las rocas para no caer. La lluvia caía a torrentes y, para colmo, un trueno espantó a las cabras que echaron a correr por todos lados. El Chango empezó a llamarlas a gritos pero estaban muy asustadas y cada vez se alejaban más. Trabajosamente, una a una, las fue reuniendo y las llevó a un refugio entre las rocas, para esperar que pasara la tormenta.
Cuando las contó se dio cuenta que faltaba una: -¡La negrita!-gritó.
Y salió a buscarla, desesperado, pensando que acaso se había caído por la pendiente. Tal vez se habría lastimado. -¡Negrita! ¡Negrita!
Desde lo alto del desfiladero, vio allá en el valle verde, un gran rebaño de llamas. ¡Nunca había visto tantas juntas!
Las llamas seguían su camino, y subían, subían, ordenaditas y seguras, como si alguien las guiara.
Pero ¡no vio ningún pastor con ellas!
-¡Es Coquena- pensó -es el dios enanito que las lleva. Sólo él puede hacerse invisible.
-¡Coquena! ¡Coquena! ¡Ayúdame por favor! Y empezó a correr y gritar tras el rebaño. -¡Coquena! ¡Coquena!
Pero las llamas habían desaparecido tras el desfiladero y sólo se veía el valle, ya casi oscurecido, iluminándose de tanto en tanto a la luz de los relámpagos. De pronto vio un pequeño bulto, tirado sobre las piedras.
-¡Mi Negrita! -dijo con alegría- Pero cuando se agachó vio que no era su cabra sino una llama pequeña, y al parecer, herida.
-Debe ser del rebaño-pensó, y dijo mientras la acariciaba: -¡Pobrecita! No tengas miedo, yo voy a curarte. Pero si estás temblando… ¡y mi poncho tan mojado! Voy a llevarte con mis cabras, para que te abriguen. Y cuando estés bien volverás con tu rebaño.
Le hablaba con la misma ternura que a su Majadita, pero cuando fue a alzarla, en vez de la llamita se apareció el mismísimo Coquena. El Chango se quedó mudo de la emoción y asombro. Tieso…con los brazos extendidos.
Entonces habló Coquena: -Eres bueno, Changuito, muy bueno. Pide lo que deseas. ¿Quieres oro? ¿Quieres plata? ¿Quieres una majada grande, que cubra todo el valle?
-Gracias, Coquena. No quiero nada de eso…¡Por favor! Ayúdame a encontrar a mi cabrita perdida.
Al dios enanito le brillaron los ojos de contento y, señalando con su mano liviana hacia el norte, dijo: -Sigue hasta donde el desfiladero termina, dobla a la izquierda y hallarás una cueva. Todo lo que esté junto a tu cabra, es tuyo. ¡Es la voluntad de Coquena! Y así desapareció.
En la cueva encontró el Chango a la Negrita y, junto a ella, una bolsa con monedas de oro y plata.
Ya casi amanecía cuando emprendió el regreso a las casas, con sus cinco cabras. La lluvia había cesado.
Cada tanto se daba vuelta, y allá a lo lejos, a la luz de los primeros rayos del sol, le parecía ver los lomos dorados de las llamas de Coquena.
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Leyenda del Palacio de los Bichos

El palacio de los bichos o El castillo de Villa del Parque es como se conoce popularmente a una mansión ubicada en la calle Campana 3220, barrio de Villa del Parque, en la ciudad de Buenos Aires.
Esta mansión de cinco pisos que terminan en un torreón y cúpula, llama la atención por las figuras de animales grotescos que decoran sus paredes, con algo de las gárgolas de catedral gótica.
Por eso la gente del barrio, en Villa del Parque, la bautizó El Palacio de los Bichos. Fue construido a comienzos del siglo XX por el ingeniero Muñoz González a pedido de un aristócrata italiano que le quiso regalar la casa a su hija y yerno como regalos de bodas.
El palacio fue terminado antes del casamiento, por eso hizo una gran fiesta para boda de su hija en el palacio con mucho baile y bambalinas de aquella época. Cuando los novios partían para su luna de miel, su padre y los invitados lo saludaban en los balcones de la casa, a escasos treinta metros se encuentran las vías del tren.
Los invitados horrorizados observaron como el tren chocaba con el carruaje que transportaba a los novios matándolos en el acto. El padre nunca pudo superar la pérdida y mandó a cerrar el palacio para siempre. Esta mansión dio nacimiento a la leyenda en la cual se dice que hay noches en que se escucha música y se ve gente bailando, se habla de los fantasmas de los novios.

Leyenda del Palacio de los Bichos

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La leyenda de la Umita

La Umita, es una historia que suele contarse en el noroeste argentino. La palabra Uma se utiliza en el quichua para referirse a la cabeza, quizás de ahí, que Umita no sea ni mas ni menos que el diminutivo, ya que, precisamente la leyenda se basa en una cabeza de hombre, que flota por los aires, dando sustos con su aspecto, una enorme cabellera, ojos saltones y una gran dentadura, llorando y gimiendo en las noches.

Cuenta la leyenda, que hace mucho tiempo, una de las tantas tribus que habitaban nuestras tierras, fueron atacadas por malones que degollaron a todos, sin discriminar hombres de niños. Fue así, que uno de los niños, elegido por la madre tierra, al rodar su cabeza por el suelo, esta hecho raíces para que pueda vengarse y perseguir a los protagonistas de dicha barbarie.

Anduvo por los caminos, quejandose llorosamente, hasta que los encontró y con su enorme cabellera los asfixió, a uno por uno.

Desde entonces se cuenta que la Umita suele aparecerse para guiar o proteger a las buenas personas del peligro que pueda acecharles.

Suele encontrarse en viejas taperas, ranchos abandonados, en lugares solitarias, por las noches, en busca de contar su queja, en especial a los viajeros, que lo único que hacen es espantarse, obviamente, ante dicho espectáculo.

Hay muchos casos de personas que la han escuchado, quejarse en pleno monte, o escucharla llorar, acompañada de un aire sigiloso y extraño, dando al cuerpo una enorme sensación de escalofríos que le recorre todo el cuerpo, pero por supuesto, no hay tiempo de análisis sino de correr.

Por otro lado, está el caso de quienes cuentan que se hacen acompañar por la Umita, en esas noches muy oscuras, para sentirse protegidas del peligro, pero es solo algo para valientes .

La leyenda de la Umita

Fuente: Internet
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La Leyenda de la Flor del Ceibo

Según cuenta la leyenda la flor del ceibo nació cuando Anahí fue condenada a morir en la hoguera, después de un cruento combate entre su tribu y los guaraníes.
Por entre los árboles de la selva nativa corría Anahí. Conocía todos los rincones de la espesura, todos los pájaros que la poblaban, todas las flores. Amaba con pasión aquel suelo silvestre que bañaba las aguas oscuras del río Barroso. Y Anahí cantaba feliz en sus bosques, con una voz dulcísima, en tanto callaban los pájaros para escucharla. Subía al cielo la voz de la indiecita, y el rumor del río que iba a perderse en las islas hasta desembocar en el ancho estuario, la acompañaba.
Nadie recordaba entonces que Anahí tenía un rostro poco agraciado, ¡tanta era la belleza de su canto!.
Pero un día resonó en la selva un rumor más violento que el del río, más poderoso que el de las cataratas que allá hacia el norte estremecían el aire. Retumbó en la espesura el ruido de las armas y hombres extraños de piel blanca remontaron las aguas y se internaron en la selva. La tribu de Anahí se defendió contra los invasores. Ella, junto a los suyos, luchó contra el más bravo.
Nadie hubiera sospechado tanta fiereza en su cuerpecito moreno, tan pequeño. Vio caer a sus seres queridos y esto le dio fuerzas para seguir luchando, para tratar de impedir que aquellos extranjeros se adueñaran de su selva, de sus pájaros, de su río.
Un día, en el momento en que Anahí se disponía a volver a su refugio, fue apresada por dos soldados enemigos. Inútiles fueron sus esfuerzos por librarse aunque era ágil.
La llevaron al campamento y la ataron a un poste, para impedir que huyera. Pero Anahí, con maña natural, rompió sus ligaduras, y valiéndose de la oscuridad de la noche, logró dar muerte al centinela. Después intentó buscar un escondite entre sus árboles amados, pero no pudo llegar muy lejos. Sus enemigos la persiguieron y la pequeña Anahí volvió a caer en sus manos.
La juzgaron con severidad: Anahí, culpable de haber matado a un soldado, debía morir en la hoguera. Y la sentencia se cumplió. La indiecita fue atada a un árbol de anchas hojas y a sus pies apilaron leña, a la que dieron fuego. las llamas subieron rápidamente envolviendo el tronco del árbol y el frágil cuerpo de Anahí, que pareció también una roja llamarada.
Ante el asombro de los que contemplaban la escena, Anahí comenzó de pronto a cantar. Era como una invocación a su selva, a su tierra, a la que entregaba su corazón antes de morir. Su voz dulcísima estremeció a la noche, y la luz del nuevo día pareció responder a su llamada.
Con los primeros rayos del sol, se apagaron las llamas que envolvían Anahí. Entonces, los rudos soldados que la habían sentenciado quedaron mudos y paralizados. El cuerpo moreno de la indiecita se había transformado en un manojo de flores rojas como las llamas que la envolvieron, hermosas como no había sido nunca la pequeña, maravillosas como su corazón apasionadamente enamorado de su tierra, adornando el árbol que la había sostenido.
Así nació el ceibo, la rara flor encarnada que ilumina los bosques de la mesopotamia argentina. La flor del ceibo que encarna el alma pura y altiva de una raza que ya no existe.
Fue declarada Flor Nacional Argentina, por el 23 de diciembre de 1942. Su color rojo escarlata es el símbolo de la fecundidad en este país.

La Leyenda de la Flor del Ceibo
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Pozo de las ánimas, Mendoza

El nombre deriva de una antigua leyenda aborigen que relata que un grupo de indígenas que era perseguido por otro grupo rival se percató de que sus perseguidores habían desaparecido durante la noche, y alertados sobre ciertos quejidos y lamentos cautelosamente volvieron sobre sus pasos. Allí encontraron al grupo perseguidor atrapado en dos pozos que se hundieron bajo sus pies, y sus cuerpos ahogados. Veneraron el sitio que les salvó de sus enemigos como el "lugar en donde lloran las ánimas".

Es una formación geológica del Departamento Malargüe, en la Provincia de Mendoza, ubicado junto a la Ruta Provincial Nº 222, cerca del arroyo Las Amarillas. Este fenómeno natural ha sido catalogado como un ojo de mar originada por la transformación de los depósitos subterráneos de terrenos blandos tales como el yeso que, por efecto de las filtraciones de las napas freáticas subterráneas, producen una disolución del suelo, formando derrumbes y depresiones del terreno, conformando grandes pozos de forma cónica y circular debajo de la superficie.

El Pozo de las ánimas está conformado por dos depresiones, divididas entre sí por una estrecha separación, que se supone que con el paso de los años terminarán por unir los dos pozos en uno solo, debido al proceso de erosión. Se estima que el tamaño de los pozos se aproxima a los 200 metros de diámetro, los 80 metros de profundidad hasta el lago y unos 20 metros de profundidad bajo el agua. Las mediciones fueron realizadas en 1981 por un equipo de científicos dirigido por Rodolfo Rogelio Rocha.

Pozo de las ánimas, Mendoza

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La luz mala

La leyenda de La Luz Mala es uno de los mitos más famosos de los folclores de Argentina. Algunos le decían la leyenda de la luz buena, también conocida como el fantasma dentro del farol. Consiste en la aparición nocturna de una luz brillante que flota a poca altura del suelo. Esta puede permanecer inmóvil, desplazarse, o en algunos relatos, perseguir a gran velocidad al aterrorizado observador. Muchas veces aparece a una distancia cercana al horizonte.

Estas manifestaciones son muy temidas, "la leyenda de la luz mala" o también llamada "la leyenda de la luz buena (preferible)" ya que se identifica comúnmente a la luz mala como un «alma en pena», el espíritu de un difunto que no recibió sepultura cristiana. Ante un encuentro, se recomendaba popularmente decir una oración y luego morder la vaina del cuchillo; como último recurso, se las debía enfrentar con un arma blanca, ya que las armas de fuego resultaban inefectivas.

En el noroeste argentino también se le da el nombre de luz mala al «farol de mandinga», fosforescencia que suele verse en cerros y quebradas durante los meses más secos, después de ponerse el Sol. Se asegura que el farol de Mandinga aparece en lugares en los que hay enterrados tesoros de oro y plata, y que la luz es el espíritu del antiguo dueño tratando de alejar del lugar a los extraños. La tradición dice que el 24 de agosto (día de San Bartolomé) estas luces son más brillantes por influencia del Satanás, ya que es el único día del año en que este se libra de la vigilancia de los ángeles, y aprovecha para atraer las almas.

Generalmente nadie cava donde sale la luz por el miedo que la superstición les ha producido. Los pocos que observan bajo la luz siempre han encontrado objetos metálicos o alfarería indígena. Ésta al ser destapada se dice que despide un gas a veces mortal para el hombre, por lo que los lugareños aconsejan tomar mucho aire antes de abrir el objeto encontrado, o hacerlo cubriendo nariz y boca con un pullo (manta gruesa de lana) o con un poncho.

Cuenta Hipólito Marcial Rojas que: «La luz blanca que aparece en la falda del cerro es buena, donde entra hay que clavar un puñal y al otro día ir a cavar(...) va a encontrar oro y plata. De la luz roja huyan o recen el Rosario, se dice que es luz mala, tentación del diablo».

La luz mala
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La leyenda del Palo Borracho

La leyenda del Palo Borracho al contrario de lo que se puede suponer por la forma del árbol, el hombre criado en la selva cree que éste representa el cuerpo de una mujer cuyo cuerpo se fue formando en tres períodos de vida: la juventud, en la que el árbol muestra su tronco con la esbeltez; el de la plenitud, en el que el mismo muestra las formas de la mujer en su vigor espiritual y físico, y la vejez, en la que el árbol muestra las formas maduras de la matrona, reposada. Por esto a este extraño árbol, con forma de botella, ciertas tribus de la zona del río Pilcomayo, lo llaman “Mujer” o “Madre pegada a la tierra” .

La leyenda cuenta que en una antigua tribu de la selva, vivía una jovencita muy bonita, a la cual codiciaban todos los hombres. Pero ella sólo amaba a un gran guerrero. Y se enamoraron profundamente. Hasta que cierto día la tribu entró en guerra. Él partió a la contienda y ella quedó sola prometiéndole amor eterno. Pasó mucho tiempo y los guerreros no volvían. Sólo mucho tiempo después, se supo que ya no lo harían.

Perdido su amor, la joven cerró todo sentimiento pues la herida abierta en su corazón ya no podría sanar. Se negó a todo pretendiente. Una tarde se internó en la selva, entristecida, para dejarse morir, y así la encontraron unos cazadores que andaban por allí, muerta en medio de unos yuyales. Al querer alzarla para llevar el cuerpo al pueblo, notaron, asombrados que de sus brazos comenzaron a crecer ramas y que su cabeza se doblaba hacia el tronco. De sus dedos florecieron flores blancas. Los indios salieron aterrados hacia la aldea.

Unos días después, se internaron los cazadores y un grupo más al interior de la selva y encontraron a la joven, que nada tenía de muchacha, sino que era un robusto árbol cuyas flores blancas se habían tornado rosas. Comentan que esas flores blancas lo eran por las lágrimas de la india derramadas por la partida de su amado y que se tornaban rosas por la sangre derramada por el valiente guerrero.

La leyenda del Palo Borracho

Fuente: “El mito, la leyenda y el hombre – Usos y costumbres del folklore”, Félix Molina-Tellez. Editorial Claridad, Primera edición, Buenos Aires 1947.
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La leyenda del Pombero

El Pombero o Pomberito es un duende de la mitología guaraní, que habita en los bosques del noreste de nuestro país (Misiones, Corrientes, Entre Ríos), y se ha ganado el respeto de los habitantes de la región. Su nombre en guaraní es “Cuarahú-Yara”, que significa “Dueño del Sol”, y es el duende protector de la naturaleza, encargado de castigar a aquellos que dañan los árboles o los animales. Tiene el aspecto de un viejo feo, alto, flaco y muy peludo, aunque algunos aseguran que es petiso y gordo.

El Pombero puede ser travieso, malvado y hasta amigo del hombre, según cómo se lo trate. Se dice que para ganarse su amistad, hay que dejarle ofrendas por la noche como tabaco, miel o caña. Entonces, se le puede pedir que cuide los cultivos y los animales y que traiga abundancia, y el Pombero será su amigo, los protegerá y acompañará en sus dificultades. Pero si olvidan la ofrenda que deben mantener por 30 noches seguidas, el Pombero enojado realiza maldades en el hogar y será su enemigo. Estará siempre vigilando y si un cazador o pescador mata más animales de los que consumirá o un leñador corta más madera de la que va a utilizar, se desata la furia del duende y su castigo puede ser muy cruel.

También protege a las aves, puede transformarse en árbol para tenerlas entre sus ramas y se comunica con ellas silbando.
A este duende le gusta cazar niños y se dice que suele raptarlos y chuparles la sangre si los encuentra haciendo travesuras, sobre todo si le están haciendo daño a algún animalito. Por eso, durante la hora de la siesta, los niños que no quieren dormir son advertidos por sus madres de que tienen que quedarse cerca de la casa, porque el Pombero suele rondar a estas horas buscando niños. También le gustan las mujeres y se dice que ha llegado a raptarlas, violarlas y hasta dejarlas embarazadas. Castiga de esta manera a las esposas infieles y a las jóvenes que han crecido sin ser bautizadas. Sin embargo, puede ser un duende sensible y enamorarse de una mujer embarazada de una niña, acompañarla y protegerla.

Es además muy travieso, gusta de abrir puertas y ventanas con violencia, tirar piedras o mover cosas, hacerse invisible sólo para molestar a las personas. Se dice que nunca debe pronunciarse su nombre en voz alta, burlarse de él o silbar durante la noche, porque ésto también lo enfurece y con un solo roce de sus manos peludas puede producir mudez, temblores o confusión.

El primer día de octubre, suele bajar al pueblo con su sombrero de paja y un rebenque para azotar a quiénes no coman en su honor.

La leyenda del Pombero

Fuente : Internet
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