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sábado, 22 de febrero de 2020

Cuento de terror : La manda

Cuento de terror : La manda

Pillé a mi mujer con otro cuando volví del trabajo, en mi departamento. No me vieron. No hice nada, me di la vuelta y me fui a mi auto, como un zombie. Comencé a correr a 110 km/hr, y aumentaba. Una nebulosa en mi cerebro, adelanté dos autos, un bus, un camión, y la moto encima, me concentré en aquel tipo, no vi la curva, choqué y di varias vueltas en el aire. Familia, llanto, pacos, ambulancia, taco… y acá empieza todo.
Al tiempo, en casa de mi mamá, en estado vegetal, encerrado en mi propio cuerpo, no podía salir de allí. Me alimentaban, me cagaba, me mudaban, y me hablaban. Días, semanas, meses. Escuchaba todo pero no podía responder.
Al principio me visitaban constantemente, pero con el tiempo cada vez mas solo. Como siempre mi madre, mi fiel acompañante, mi esposa se fue con aquel.
Hasta que un día, me visitó una amiga de mi tía, que llegó con rosas, y comenzó a hablarme:

- Mi niño, tengo unos problemas económicos gigantescos, no sabe cómo me encantaría sacarme la lotería. Su madre me dijo que usted era muy buena persona cuando estaba sano… en una de esas me echa una manito.

Claro… ahora se trataba de que yo le hacía mandas a la gente. Pero increíblemente, después de unas semanas mi mamá encendió el televisor en mi habitación, y se escuchaba la misma voz de aquella señora en una entrevista.

- Quiero dar agradecimiento a Sebastián, más conocido como Chalito, él fue quien hizo el milagro, ahora soy rica gracias a él.

Yo no tenía nada que ver, pero mi madre estaba contenta, porque aquella señora le regaló mucho dinero con el que arreglaron la casa, cambiaron mi cama, e incluso contrataron a una enfermera. El asunto, es que esto no terminó allí, siempre llegaba alguien nuevo para pedirme favores.

- Chalito, a mi hija la van a operar, que salga todo bien.
- Chalito, se perdió mi perro, ayúdame a encontrarlo.
- Chalito, la siembra anda mala ¿Por qué no haces que llueva un poquito?

No sé si todas las peticiones se habrán cumplido, pero tengo la sensación de que la mayoría sí, porque la gente volvía para pedir penitencia, incluso aquel hombre que me pidió que lloviera llegó con las rodillas ensangrentadas de tanto arrastrase.
Mi nombre se hizo popular, y yo estaba cada vez mas lleno de rosas, peluches, dinero y tantas cosas más sin hacer nada.
Pero un día, alguien apareció con voz quebrada, como si el mundo se fuese a acabar.

- Hola Chalito, vine como todo el mundo a pedirte un favor. No vengo por dinero, ni por salud… en realidad no sé que es.

Aquella mujer me tomó de la mano y sentía sus lágrimas caer en mis dedos.

- Mi hija tiene doce años. Se llama Estefanía, muy linda ella, lo más hermoso que me ha tocado en la vida. Su padre nos abandonó hace muchos años, así que solo somos nosotras dos, y tengo miedo de perderla.

Pensé que se trataba de un cáncer, o de otra enfermedad terminal.

- Hace unos meses ella comenzó con molestias en su espalda, bien fuertes, pensé que se trataba de una tortícolis o algo por el estilo. Pero en las noches ella comenzó a gritar porque los dolores eran insostenibles. La llevé al médico y no le encontraron nada, pero bañándola, comencé a ver que tenía cicatrices, rasguñones y moretones, como si alguien abusara de ella. Pensé que en el colegio alguien la maltrataba, hablé en dirección, con profesores y mi hija siempre me dijo que allá nadie le hacía nada… y así era, yo mismo lo comprobé, todas sus compañeras la quieren mucho. Hasta que hace unos días el asunto complicó… no sé como contar esto, pese a que tu no me puedas responder, y ni siquiera sé si me estás escuchando.

Casi siempre solía hacer oídos sordos a todo el mundo, porque me aburrían con sus historias… pero ella me tenía bastante expectante.

- Dice que el diablo está con ella. Que él la golpea, y que no la deja en paz. Llamé a sacerdotes, pastores, lo que te puedas imaginar… pero todos han terminando huyendo de ahí porque algo los empuja. Yo misma lo he visto, en un principio tuve miedo de él… pero ya no, soy capaz de hacer cualquier cosa para enfrentarlo. ¿Sientes mi brazo? Esos son rasguños que he recibido cuando he estado con mi hija. No quiero llevarla al doctor, porque la llevarán a un psiquiátrico y terminará… bueno… muerta… y no quiero. Ayúdame. Sé que haces milagros, ya no sé qué más puedo hacer, he intentado de todo… te lo suplico. Te prometo que si la salvas te doy mi vida, esa será mi penitencia… pero ayúdala, por favor.

Se marchó, y mi mente en silencio. Pasaban todos a pedirme favores… pero estaba solo yo y mi oscuridad, pensante por aquel asunto. No podía hacer nada… o eso creí.

Dormí, de pronto me levanté y vi mi cuerpo en la cama. Salí de la habitación y me encontré a mi madre durmiendo en el sillón mientras la luz del televisor le alumbraba la cara. Caminé, y boté sin querer un vaso que se encontraba en la mesa. Mi vieja despertó asustada, luego se levantó y se fue a acostar. Cerré los ojos, y esta vez me encontraba en la calle, me di cuenta que podía teletransportarme solo pensando en el lugar donde quería estar. Vi a otros caminar como yo, pero todos nos ignorábamos, como si también tuviesen que cumplir una petición en corto plazo. Cerré los ojos, y me concentré en la energía, y escuchaba las voces… hasta que sentí el grito horrible, abrí los ojos y estaba dentro de una casa. Un fuerte olor a azufre, a desagüe y un llanto que no se detenía

- ¡Deja a mi hija!
- ¡Mamá! ¡Ayúdame! ¡Me quiere llevar!

Entré a la habitación de Estefanía, y observé a aquella cosa tirándole el pelo, levantándola de la cama. La mujer intentó acercarse a lo que sus ojos era invisible, pero la lanzó bastante lejos. Luego, aquel demonio soltó a la niña, y me miró a la cara. Comenzó a mostrarme sus dientes de perro, y yo, en silencio comencé a acercarme.

- Im 'vestri mom reginam vult opprimere,
- Déjala, no te tengo miedo
- Et posuit in ano est ipsum colem fluit et cruentatur

Por alguna razón entendía el latín, me amenazaba con vejámenes que le haría a mi madre. Sus ojos brillaron y la habitación cambió por completa, vi a mi ex mujer acostada con aquel tipo. Ella en cuatro, gimiendo por la excitación mientras este le golpeaba las nalgas. Me daba vuelta para no ver más, pero seguían allí, podía verlos siempre, no importaba donde lanzara mi mirada, cerrar los ojos también daba igual.

- ¡No… eso ya pasó… sé que eres tú!

Hasta que al fin se dignó a enfrentarme.

- ¡¿Qué quieres?! ¡Ella es mía! ¡Vete de aquí, vuelve a tu cama!
- ¡No me voy a ir, déjala!

Mostró nuevamente sus dientes, como si la fuese a morder.

- Tú no eres el diablo.
- ¡Si, lo soy!
- Si lo fueses no tendrías miedo de mi. Eres igual que yo.
- ¡Mentira!

Cerré los ojos, y lo encontré. Hospital… un tipo vegetal, abandonado entre varios más, como él. Se veía arrugado, como si le quedara poco tiempo de vida.

- Aquí estás. Tú debes ser el padre de Estefanía.

Miré hacia atrás, y su alma venía corriendo, enfadado a atacarme. Lo desconecté. Su alma me empujó y caí. En el techo del hospital se abrió una luz roja parecida al de una nube, lo consumió.
Volví a la habitación de Estefanía, su madre llorando, despidiéndose de ella, diciéndole que ahora cumpliría la manda.

De pronto comencé a verme en el día del accidente. Familia, llanto, pacos, ambulancia, taco… Mi corrida a 110 km/hr, pero esta vez la velocidad disminuía. Ya no veía aquella nebulosa en mi cerebro. Los buses, camiones, y aquel motociclista los veía pasar en cámara lenta. Di un respiro agitado, y sentí mis piernas. Abrí los ojos, miré el techo de mi habitación, conectado a un aparato, lleno de jeringas en todo mi cuerpo.

- ¿Hijo? ¡Cresta! ¡Hijo! ¡Dios mío santo… no puedo creerlo! ¡Enfermera! ¡Enfermera! ¡¡MI HIJO… MI HIJO DESPERTÓ!!

Autor: Sergio Cortes.
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jueves, 11 de abril de 2019

Relatos de terror : La inexpresiva

Una historia o leyenda urbana que aparenta ser verdad. El relato de terror se llama La inexpresiva. Lo conocen?

Relatos de terror : La inexpresiva

Relatos de terror : La inexpresiva

En julio de 1972, una mujer apareció en el hospital Cedar Sinai, usando nada más que un vestido blanco manchado de sangre. Ahora, esto podría no ser tan sorprendente si tomamos en cuenta que a veces las personas sufren accidentes y viajan al hospital más próximo en busca de atención médica; pero hubo en particular dos cosas que causaron que la gente que la viera, vomitara y escapara aterrorizada.

Lo primero, fue que ella no era exactamente humana. Asemejaba algo similar a un maniquí, pero tenía la destreza y fluidez del movimiento de un humano normal. Su rostro perfecto como el de un maniquí, inexpresivo y manchado de maquillaje.

Tenía un gatito en la boca, con la quijada apretada tan fuerte que no se podía ver ninguno de sus dientes; y la sangre del animal manchaba su vestido y el piso por donde caminaba. Entonces, sacó los restos del animal de su boca, los arrojó y colapsó.
Desde del momento en que entró por la puerta hasta cuando fue llevada a una habitación y limpiada para poder ser sedada, permaneció calmada, sin expresión e inmóvil.

Los doctores pensaron que lo mejor era mantenerla amarrada hasta que las autoridades llegaran, cosa que no la hizo protestar.

El personal fue incapaz de obtener respuesta alguna de ella, y la mayoría de los miembros que la atendieron se sentían incómodos con solo verla por unos cuantos segundos.
Pero en el momento en que intentaron sedarla, la mujer reaccionó con fuerza extrema. Al ser sujetada por dos miembros del personal, la mujer miró a un doctor e hizo algo inusual: sonrió.

Mientras lo hizo, una doctora que la sujetaba gritó y la soltó; pues en la boca de la mujer no había dientes humanos, si no púas afiladas y alargadas. Demasiado largas para que su boca pudiese cerrarse sin causarse daño...
El doctor la miró por un momento antes de preguntarle "¿Qué demonios eres?"
La mujer movió su cuello de forma antinatural y lo observó, todavía sonriendo. Hubo una pausa en la cual pudo escucharse a los elementos de seguridad viniendo por el pasillo; y mientras la mujer los oyó, inclinó la cabeza hacia delante, hundiendo sus 'dientes' en la garganta del doctor; arrancándole la yugular.

Luego se incorporó y se inclinó sobre él hasta quedar cara a cara, luego se arrodilló y le susurró: "Yo... soy... Dios."

Los ojos del doctor se llenaron de terror mientras la vio caminar hacia el personal de seguridad. Quizás lo último que el doctor vio, fue como los devoraba uno a uno.
La doctora que sobrevivió el incidente la llamó "La Inexpresiva."
Y jamás se le volvió a ver.

Fuente: Internet
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miércoles, 10 de abril de 2019

Cuento de terror : La enfermera

Un cuento de terror ideal para quienes trabajan en un hospital o estudian medicina y quieren asustar a sus compañeros de trabajo o de estudio. El cuento se llama "La enfermera".

Cuento de terror : La enfermera

Cuento de terror : La enfermera

Siempre fui delgada; pero con la llegada de mi bebé adelgacé aún más. No comía bien y evitaba comer muchas cosas, lo que me llevo a presentar un cuadro anémico que deterioro mi salud y puso en riesgo la vida de mi bebé. Me enfermaba seguido y me subía mucho la presión que me condujo a tener un embarazo de alto riesgo. Aunado a eso no dejaba de trabajar y era común que me incapacitara por estar internada atendiendo mi presión y mi anemia la cual no mejoraba a pesar de los medicamentos.

El punto crítico llegó cuando apenas tenía 4 meses de embarazo, pesaba 48 kilos y mi salud estaba por los suelos, tenía el riesgo de perder al bebé y fui internada de emergencia en una clínica del IMSS en Tlalnepantla. Me hicieron muchos estudios para determinar las causas de mis males; pero más aún ver como estaba la criatura. Necesitaba transfusiones y muchos cuidados. Los doctores no me dieron muchas esperanzas y me dijeron que por mi mala alimentación mi anemia estaba muy avanzada y era muy probable que el feto no se hubiera desarrollado bien y que quizá se perdería el producto. Eso me enojó; me entristeció de sobremanera la idea de pensar que por mi culpa el niño no se lograría. Odiaba la idea de que los doctores se refirieran a mi bebé como un producto y para coronar su falta de humanidad me dijeron que era joven y que a pesar de todo podría tener otro bebé si me cuidaba.

Eso me derrumbó y lloré desconsoladamente por no sé cuánto tiempo. Como nadie se quedaba conmigo a cuidarme durante ese penoso periodo, me sentía infelizmente sola, mi habitación era un pequeño cuarto donde había un par de camas casi en hacinamiento, estaba yo sola ahí, no había más pacientes y parecía que a nadie le importaba mi pesar. Supongo que así era la vida del hospital. El ambiente claustrofóbico y la abrumadora soledad en la que estaba me hizo tirarme en la cama a llorar y frotar mi vientre como deseando que el bebé no muriera.

Así pasó la tarde y al caer la noche las luces de las habitaciones comenzaron a apagarse, quedándome casi a obscuras y con mucho frío ya que la manta dura que tenía para taparme no calentaba nada. Solo iluminaba tenuemente la luz del pasillo que provenía de la estación de enfermeras y que se reflejaba en el ventanal translucido de la habitación. Estaba rodeada por la obscuridad, con frío y con algo de sed. Me senté en la cama con la intención de buscar algo de agua; pero no tenía zapatos o algo a mí alrededor para bajar de la cama alta donde estaba, mis pies colgaban. Cerré mis ojos para no pensar y no sentir esa amargura y me froté de nuevo el vientre.

En eso note que la luz proveniente del pasillo se interrumpió y al abrir los ojos mire que en la entrada de la habitación estaba una sombra, era una enfermera, llevaba una tabla de anotaciones en el bazo y apenas le iba a pedir agua cuando me preguntó mi nombre y cuando había ingresado a la clínica, con una voz muy dulce y amable, algo inusual casi todas las enfermeras eran duras y déspotas al hablar.


Con una voz entrecortada y aun con la tristeza le respondí muy apenas en tanto derramaba unas lágrimas y le iba a suplicar que me diera un poco de agua. Mientras anotaba me preguntó:
–¿Qué tiene madre? ¿Se siente mal? ¿Por qué llora?

Al decir esto, me solté a llorar aún más y le conté todo lo que los doctores me habían pronosticado y que deseaba con el alma que el bebé naciera a pesar de mi propia vida. Luego de decir esto último, escuche que la enfermera se reía por lo bajo y decía que eso siempre hacían los doctores, meter miedo. Me dijo que al término de un año estaría riéndome de esta experiencia y que tendría a mi bebé en mis brazos, que no me preocupara.

Por alguna extraña razón sus palabras me reconfortaron y la tristeza que sentía se me fue apagando con la visión de tener a mi niño conmigo. Me sentí mejor y le di las gracias por sus palabras, apenas le iba a pedir agua cuando se despidió de mí y me dijo:
–Bueno madre, voy a terminar mi recorrido.

Enseguida desapareció de mi vista, fue muy extraño porque pensé que no le vi la cara, solo penumbras, además nunca entro en la habitación se quedó parada en el pasillo, lo que si recuerdo era su blanco y almidonado uniforme y una cofia blanquísima que parecía brillar en la obscuridad, fuera de eso todo fue un misterio. Me quedé en silencio y reconfortada, me sentía un poco más optimista. Pasaron alrededor de 2 minutos y apenas iba a bajarme de la cama por agua cuando sonó una especie de alarma que provenía del pasillo, enseguida de esto, se encendió la luz de la habitación y era una enfermera que tomó la tabla que colgaba de la cama y me dijo que me tocaba mi medicamento. Luego de tomarlo y darle un trago a la tan ansiada agua, mi mente se despejó.

Mientras me revisaba el catéter, le pregunté:
–Cuál es el nombre de esa enfermera que vino antes, se portó muy amable conmigo.
–¿Cuál enfermera? Solo está la de guardia; pero ella está en su lugar no se ha movido de ahí. La guardia y yo acabamos de llegar. –Me dijo con rostro extrañado
–No puede ser se acaba de retirar, dijo que iría a revisar a los demás pacientes. Se la tuvo que encontrar, no tiene nada que se fue.
–No puede ser, acabamos de llegar y solo hay un elevador a esta área, debimos verla. –Repuso asombrada.

La enfermera dejó su carrito de medicamentos y salió por el pasillo a revisar las habitaciones, regresó y me dijo que era imposible que viera a alguna enfermera. Nos quedamos con esa duda y no pasó nada más. Ahora lo recuerdo por qué ha pasado un año desde esa experiencia y ahora que tengo a mi niña en mis brazos, la recuerdo como si hubiera sido ayer, le agradezco siempre a esa misteriosa enfermera y sus reconfortantes palabras.

Fuente : Internet


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