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lunes, 27 de abril de 2020

Relato Erótico : Cumple la fantasía de follar con su padre

Ella es Silvia, la misma del relato erótico del trío con doble penetración y esta vez quiso cumplir su fantasía de acostarme con su padre.

Relato Erótico : Cumple la fantasía de follar con su padre

Relato Erótico : Cumple la fantasía de follar con su padre

Para los que no me conozcan, diré que me llamó Silvia, tengo 25 años, soy pelirroja, peso 56 kg, mido 1,70 y mis medidas son 93-60-90; además trabajo de monitora de aerobic y fitness.

Después de esta descripción, os diré que siempre he deseado acostarme con mi padre; mi padre quedó viudo siendo yo muy joven, no le he conocido relación ninguna, es más solía decirme que era clavada a mi madre, y yo no sé si por pena o porque motivó, a mi me parecía un hombre muy atractivo. Cuándo empecé a salir con Marcos me fijé que mi padre comenzó a mirarme de otra manera, más como mujer que como hija y no perdía ocasión en piropearme cada vez que me veía. Así que en mi cabeza también comencé a verle más como un hombre maduro, que se conservaba muy bien, que como padre.

Marcos después de una de nuestras sesiones de sexo intenso, comenzamos hablar de mi padre.

Marcos: Nena sigues poniéndote cachonda con tu padre ¿Eh?

Silvia: Sinceramente……si, me encantaría que me follara, pero no me veo capaz.

Marcos: Nena tú puedes conseguir lo que quieras, seguro que el lo está deseando, no te has fijado como te mira últimamente.

Silvia: Ahora que lo dices si, parece que ha cambiado su forma de verme.

Marcos: He pensando cómo podrías conseguirlo.

Me contó cómo pensaba conseguir que mi padre tuviese sexo conmigo, y la semana antes de semana santa, pusimos en marcha el plan. Lo llamé por teléfono:

Silvia: Hola papá

Papá: Hola cariño, ¿que te cuentas?

Silvia: ¿Papá, te importa que pasemos una semana ahí? es que vamos hacer reforma del baño. ¿Claro sino te importa?

Papá: Cariño, por supuesto que podéis, además me tienes abandonado, hace tiempo que no veo a mi niña.

Así que Marcos y yo fuimos a pasar la semana en casa de mi padre, y decidimos darle un espectáculo, para que definitivamente me viera como una mujer y no como su hija.

El lunes, mientras Marcos aún dormía, me levanté de la cama para hacer el desayuno con camisón corto de encaje, y un tanga blanco.

Mientras hacia el desayuno apareció mi padre, se quedó cortado.

Papá: ¡Hija! ¿no vas un poco ligera de ropa?

Silvia: Perdona papá, ¿Te molesta?

Papá: Bueno…..no, pero ya no eres una niña.

Silvia: Jajajaja, ya papá, pero entiende que a Marcos si le gusta

Papá: Bueno y a quien no le gustaría una mujer como tú.

Dicho esto mi padre se marchó al salón, y yo continúe haciendo el desayuno, pero era evidente que mi padre ya no me veía como su niña sino como una mujer.

Después del desayuno, Marcos se marchó al baño y yo fui detrás de él, cosa que chocó a mi padre.

Papá: ¿A donde vas?

Silvia: Al baño

Papá: ¿Pero Marcos no está en el?

Silvia: Si, por eso voy.

Papá: ¿Cómo?

Silvia: Papi, entiendes que él tiene necesidades y aunque estemos en tu casa yo tengo que cumplir con sus necesidades ¿No?

Mi padre se quedó mudo y yo fui al baño, a cumplir con mi chico.

Marcos estaba esperándome con la polla fuera y dura, y yo como siempre hacia, me arrodillé delante de su polla; antes intenté cerrar la puerta del baño, pero Marcos no quiso.

Marcos: No la cierres, enséñale a tu padre lo zorra que eres.

Silvia: Pero….( No terminé de hablar, cuando Marcos ya me había metido su polla en mi boca)

El morbo de que mi padre pasará y nos viera, era demasiado, le comí la polla como nunca y el se dio cuenta.

Marcos: Dios nena, me la vas arrancar…. Aaaaah sigue así puta.

Me estaba poniendo muy cachonda, mi padre apenas a unos metros mientras se la comía a mi novio, era demasiado.

Marcos: Te encantaría que fuese la polla de tu padre ¿Eh zorrita?

Silvia: nnnngh si me encantaría aghh.

Marcos no pudo aguantar más y acabo corriéndose en mi boca, me lo tragué todo golosa, me encantaba su semen por la mañana.

Cuando salimos del baño, mi padre estaba todo cortado en el salón, y yo también, pero pude observar un bulto enorme en su pantalón que deseaba salir. Marcos todavía tensó más el ambiente al comentar.

Marcos: Ufffff vaya hija que tiene suegro.

Mi padre lo miró, pero no dijo nada, se quedó callado.

Nos fuimos todos a trabajar, pero yo no pude parar de pensar en mi padre y en lo que había visto en su pantalón, realmente se había puesto al saber lo que le hice a Marcos en el baño.

Esa noche cuando llegue, me encontré a mi padre en el salón ya que Marcos no había llegado todavía.

Silvia: Hola papá ¿me puedo duchar?.

Papá: Hola cariño, claro está también es tu casa.

Así que cogí y me metí en la ducha, por supuesto con la puerta abierta, y en un momento dado escuché que alguien estaba en el baño, me asomé pensando que era Marcos, pero era mi padre orinando, me quedé sin habla ¡vaya con papá! menuda polla gastaba. Mi padre me vio que lo estaba mirando.

Papá: Perdona hija no aguantaba más.

Silvia: Es tu casa papá.

Aproveché que estaba ahí, para salir de la ducha, quería ver cómo reaccionaba.

Papá: ¡qué haces!

Silvia: Pues salir de la ducha ¿me pasas la toalla?

Papá: Si, si tápate

Silvia: ¿Papá ocurre algo? ¿Tan fea soy que estás deseando que me tapé?

Papá: No no, claro que no, eres preciosa, pero tú ya eres toda una mujer y yo no soy de piedra.

Me pasó la toalla y salió del baño bastante alterado, pero no pensaba cejar en mi empeño, así que cogí una camiseta ancha de un equipo de baloncesto de mi chico, con unas bragas brasileñas de encaje de color amarillo y sin sujetador.

Mi padre estaba viendo una película en la TV, todavía podía observar que se encontraba incómodo ¡pero estaba tan cerca! que intenté forzar un poco más.

Silvia: ¿Papá me puedo sentar contigo o prefieres que no?

Papá: No cariño como quieras, si te quieres sentar conmigo, por mi no hay problema.

Así que me senté junto a él en el sillón, todavía era evidente la erección que tenía.

Silvia: ¿Papá te ocurre algo? Te noto alterado, déjame que te ayude.

Así que cogí y me pegue a el, poniendo mis manos sobre su pecho ¡su corazón iba a mil!

Silvia: Papá tu corazón va a mil, ponte de espaldas, que te voy a dar un masaje.

Mi padre se puso de espaldas, y yo pegué mis pechos a su espalda; esto hizo que todavía se le pusiera el corazón más revolucionado, y que ese bulto sospechoso se hiciera más evidente en la entrepierna. Puse mis manos en sus hombros, y empecé a masajear lo.

Silvia: Papá relájate y cierra los ojos (le susurré al oído).

Esta era mi oportunidad; mi padre me hizo caso y cerró los ojos. Yo le fui masajeando el pecho (es un hombre fornido para su edad), el se fue dejando hacer; hasta que bajé mi mano a su bulto, entonces pegó un respigo.

Papá: ¿Qué haces por dios?

Silvia: Papá relájate, déjame hacer, no me veas como tu hija, sino como una mujer que te quiere ayudar a soltar esa tensión (le volví a susurrar al oído)

Eso hizo que no saliera corriendo de allí.

Así que por fin tenía aquel paquete entre mis manos, el empezó a respirar cada vez más fuerte, mientras yo le acariciaba la polla por encima del pijama. Viendo que todo iba bien, me atreví a sacarse la (dios se me hizo la boca agua) que pedazo de polla dura como el mármol; estaba brillante debido a los fluidos pre seminales; comencé a pajearlo primero suavemente, (quería disfrutar de ese momento), debía llevar tiempo sin descargar porque me puso la mano chorreando de pre semen.

Silvia: Papá túmbate y relájate.

Papá: ¿Qué vas hacer?

Silvia: Shhhh relájate, hazme caso, porfa.

Así conseguí que se tumbase, me puse a sus pies y acerque mi boca aquella polla que palpitaba, abrí mi boca y dejé caer saliva sobre su capullo (por dios que sensación y que olor tan intenso), empecé a recoger con mi lengua mi saliva por el tronco.

Papá: ¡Joder me vas a matar hija!

Silvia: Shhhh, solo acabó de empezar, slurp slurp (Comencé a lamer desde sus huevos hasta la punta)

Yo estaba empapada, no podía aguantar más para tenerla en mi garganta, así que con mi mano izquierda empecé a masajear le los huevos, y con mi mano derecha le agarre fuerte el culo, para acto seguido tragarme la hasta la base.

Papá: aaaahh dios ¡siiiiii!

Mi padre ya no aguanto más, abrió los ojos; pero ya no me veía igual, porque me cogió de la cabeza con sus manos grandes y fuertes, y comenzó a follarme la garganta.

Papá: ¡Toma zorra! ¿No querías la polla de tu padre? ¡Pues toma! (Empujó hasta lo más profundo de mi garganta)

Silvia: ahgggg, sii (apenas pude articular, la tenía en mi laringe)

Estaba fuera de sí, me cogía con ambas manos mi cabeza, y el era el que llevaba el control de la mamada, cada vez más profunda e intensa, hasta que ya no aguanto más.

Papá: aaaaah siiii me corrooo, trágate la leche de tu padre pequeña zorra.

Silvia: aaahhgg

La leche de mi padre se me escapaba por las comisuras de mis labios (dios que caudal de leche) ,era muy amarga, espesa y se me pegaba a la garganta. Tuve que quitarle las manos de encima porque me asfixiaba.

Silvia: ufff casi me ahogas, papá.

Papá: Perdona, la falta de costumbre…… ¿Pero que hemos hecho? ( Reflexionó)

Silvia: Papá no te preocupes, está todo bien, no me veas como tu hija sino como vuestra mujer. No quiero que te arrepientas, lo he disfrutado mucho, lo deseaba hace mucho tiempo papá.

Y le di un beso; pero deseaba más….necesitaba más y quería conseguirlo.

Mi padre se fue a dormir (con cara de arrepentimiento), y yo esperé en el salón a Marcos. Llegó un rato después.

Marcos: Hola guapa, ¿Qué tal?

Silvia: Lo he conseguido. (Le dije sonriendo)

Acto seguido me abalancé sobre el y nos besamos, enrollando nuestras lenguas con desesperación (aún tenía el sabor del semen de mi padre en mi boca y mi garganta), pero yo necesitaba más y pensaba conseguirlo.

Cogí a Marcos y lo lleve a mi cuarto que está justo enfrente del de mi padre (necesitaba ser follada, estaba muy cachonda), prácticamente le arranque el uniforme, y lo tumbé en la cama con desesperación (Marcos estaba boquiabierto); comencé a comerme su polla para ponerla apuntó, pero no hizo falta mucho; rápido Marcos tomó el mando.

Marcos: ¿Quieres que te folle?

Silvia: Siiiiii claro follarme, follame. (Dije desesperada)

Me quitó las bragas, me puso de espaldas contra la pared y me cogió en brazos. Metiendo su polla en mi coño empapado, mientras nos comíamos la boca (todo esto con la puerta abierta y mi padre en el cuarto de enfrente, cosa que me ponía mucho más).

Mientras, Marcos me hacia saltar en sus brazos, y me golpeaba las paredes de mi útero.

Marcos: Joder como me pones, coño. ¡Toma polla! (Cada vez más profundo)

Silvia: Siiiiii dame más, destrozame…aaah aaahh

De repente mi padre apareció en la puerta.

Papá: Menudo escándalo estáis montando.

Nos quedamos parados, pero yo no pensaba desperdiciar la situación, ni Marcos tampoco.

Marcos: ¿Suegro le gusta el culo de su hija?

Dijo Marcos, mientras me abría el culo con las manos.

Marcos: Está deseando que se lo folle.

Mi padre dudo un poco, pero no lo dejé escapar, así que cogí y lo besé como si fuera mi novio. Acto seguido le bajé los pantalones y le cogí la polla para que me ensartada por mi culo.

Silvia: Papá porfa, follarme bien los dos, es lo que quiero.

Papá: Que zorra eres hija, pero soy un hombre y ese culo es irresistible.

Así que me puso contra la pared y se agachó para comerme mi culo, cuando ya lo tuve bien lubricado, me ensartó.

Papá: Dios como le entra, joder.

Silvia: Siiii papá, siii. ( Marcos mientras alentaba a mi padre)

Marcos: Dele fuerte suegro, que no se rompe, es una buena zorra.

Mi padre animado por mi novio, me cogió fuerte de la cintura con ambas manos, y aumentaba cada vez más la intensidad y la profundidad; hasta que note como sus huevos golpeaban mi coño.

Papá: Toma, toma, zorra.

Silvia: Siii seré vuestra zorrita particular, aaahh.

Cuando mi padre vio que Marcos se pajeaba viéndonos, me retiro de la pared y me agachó para que se la chupara a Marcos.

Papá: Vamos zorra, cómesela a tu novio. (Y con su mano me empujó la cabeza hacia su polla)

Silvia: uhhhg

Marcos me cogió del pelo y mi padre de las manos, tirando de mis muñecas hacia atrás, mientras me penetraba fuertemente por mi culo.

Yo estaba en la gloria, tenía a los dos hombres que más quiero follandome.

Marcos: Vamos nena traga. (Me decía, mientras tiraba de mi pelo)

Papá: Dios que puta eres, que ganas te tenía zorra. (Mi padre estaba fuera de sí, me estaba follando sin piedad)

Marcos no aguanto más y se corrió en mi boca, llegando hasta mi estómago.

Marcos: aaaaah siiii aaahh, que boca tienes puta.

Cuando termino de correrse, me cogió la cara y me obligó a abrir la boca.

Marcos: Abre la boca zorrita. (Y me escupió en mi boca)

Papá: Me corro, aaahh joder. (Tiró de mi con fuerza, hacia atrás y note como su leche caliente inundaba mis entrañas)

Silvia: aaaaah me corrooo siiiiii ahhh ahhh.

Caí destrozada al suelo, pero muy satisfecha.

Marcos: Nena recomponte, porque creo que tu padre no ha tenido suficiente.

Miré a mi padre y todavía estaba duro.

Papá: Cariño has despertado en mi algo que estaba muerto, así que no me puedes dejar así.

Marcos: Nena la noche va a ser larga..(se sonrieron)

Me convierto en adicta a la polla de mi padre.

Justo después de que mi padre me hubiese follado mi culo y mi chico mi garganta. Yo estaba destrozada en el suelo de mi cuarto. Aunque la noche parecía que solo hubiese comenzado.

Marcos: Nena recupérate, porque me parece que tu padre sigue con ganas de fiesta.

Miré a mi padre y todavía estaba duro.

Papá: Hija perdona, pero llevaba mucho tiempo sin estar con una mujer y creo que me has dejado con ganas de más.

Silvia: Está bien, ya que he empezado provocando te yo, lo justo es que termine lo que hemos empezado.

Me incorpore, me quité la camiseta y quedé completamente desnuda delante de mi padre y mi chico; mientras el semen de mi padre chorreaba desde mi culo, por mis muslos y todavía tenía el sabor amargo del semen de Marcos en mi boca.

Me acerqué a mi padre y lo besé, mientras con la mano le agarré la polla que aún estaba dura y comencé a pajearlo; mi padre empezó a suspirar mientras me besaba cada vez con más ganas. Con sus manos comenzó a cogerme un pecho y con la otra fuertemente el culo, mi chico se sentó en la cama y nos observaba.

Papá: ¡Hija mía cómo estás!

Silvia: A partir de ahora no me veas como tu hija quiero ser también tu mujer, y como tal podrás hacerme lo que quieras cuando quieras.

Cogí y lo llevé a la cama, quería tenerlo de nuevo dentro de mí; pero esta vez manejaría yo la situación. Lo empujé a la cama para que se tumbase boca arriba, me puse con mis pechos a la altura de su polla, y comencé a pasarme su polla por mis pezones (dios era demasiado, mi padre excitado por tenerme y yo feliz de tenerle), su polla empezó a reaccionar, poniéndose más dura sentía sus venas palpitar en mis manos y comenzó a rezumar su líquido pre seminal, llenando mis pechos.

Marcos mientras nos observaba, comenzó a pajearse y mirar con detenimiento.

Tras un buen rato pajeando a mi padre con mis pechos, pase a cosas más serías; cogí su polla y comencé a encararla hacía la entrada de mi coño, ( yo a esas alturas, ya estaba empapada y deseosa de tenerle dentro). Por fin conseguí meterla en mi húmedo coño (dios que maravillosa sensación, tener a mi padre dentro de mí y mirarle a la cara).

Papá: aahhh joder Silvia…. que coño tienes hija, uufff.

Silvia : Si papá, ¡fóllame! Seré tuya.

Estaba a horcajadas sobre el, notando su polla entera dentro de mi; mi padre cerraba los ojos y no paraba de jugar con mis pechos, y yo comencé a gemir.

Marcos que por entonces, había estado apartado, no pudo aguantar más y se unió; poniéndose de pie en la cama y cogiéndome del pelo, para que se la chupará en la cara de mi padre, cosa que hice.

Marcos: Suegro abra los ojos y miré a su niña lo zorra que es.

Mi padre en ese momento abrió los ojos mientras me estaba follando, y se la estaba chupando a Marcos; en ese momento mi padre me agarró con fuerza del culo y como si fuese el dr jekill y mr hide cambio totalmente; comenzó a tirarme de los pechos y los pezones, mientras hacía comentarios que jamás me pude imaginar escuchar de mi padre.

Papá: ¿Para esto te he educado yo? Para que seas una zorra come pollas, a partir de ahora ya no eres mi hija, serás mi puta y como tal harás lo que te digamos.

Marcos: ¿Oyes a tu papi, zorrita?

Silvia: ahhh, sii aggh seré vuestra aaggh.

Mi padre me penetraba cada vez más profundo y más fuerte,(notaba su polla golpear mi útero); mientras Marcos apenas me dejaba respirar con su polla golpeando mi garganta ( mi coño a esas alturas eres una cascada)

Papá: Joder estás chorreando ¿Te gusta la polla de tu viejo, eh?

Silvia: si ahhh siiii aggh( Marcos no me dejaba hablar)

Marcos: Calla y traga puta!

Marcos: Suegro agarré la por el cuello, que le encanta.

Papá: Joder noto tu polla en su garganta, joder que guarra eres hija.

Aún no sé porque, pero me sentía orgullosa de los comentarios de mi padre, eso hacia que mis caderas se movieran mas y mas rápido, cuando estábamos a punto de corrernos Marcos paró en seco.

Marcos: Shhhh no no, ahora probemos algo nuevo, algo que nunca has hecho….te vamos a follar los dos por el coño.

Silvia: ¡No! me va a doler.

Papá: Eso se puede hacer, no le haremos daño.

Marcos: Tu cállate (me dijo cogiéndome de la cara) y no se preocupe que no se rompe (le dijo a mi padre)

Marcos: Así que más vale que nos lubriques bien con la lengua, si no quieres que te duela.

Se pusieron al borde de la cama y yo de rodillas en el suelo y comencé a comerles las pollas. Primero les escupía en el capullo, y luego con mi lengua recogía mi propia saliva desde sus huevos hasta su capullo, así varias veces hasta tenerlas bien lubricadas. Mi padre entonces hizo algo inesperado, me cogió en volandas, me tumbo en la cama y puso su cara entre mis muslos, comenzó a besarme los muslos por dentro y fue subiendo lentamente hasta llegar a mi coño, donde me lo empezó a comer con ansía, mientras no parábamos de mirarnos a los ojos ( el morbo era indescriptible ) le cogí la cabeza y le acariciaba el pelo mientras me hacía una de las mejores comidas de coño de mi vida, estaba extasiada casi a punto de correrme, cuando Marcos nos paró de nuevo.

Marcos: Ahora ya estás lista, vamos zorrita, demuestra de lo que eres capaz.

Mi padre se tumbó en la cama, yo me tumbé sobre el y le cogí la polla metiéndome la de nuevo, Marcos se situó justo detrás de mí y comenzó a empujar su polla contra mi coño, hasta que logró meterme la punta de su polla, momento en el que grité de dolor parecía que me iban a partir, pero él no se detuvo y continuó empujando su polla hasta tenerla prácticamente entera metida dentro de mí, sentía las dos pollas luchar por hacerse hueco dentro de mí, yo no paraba de morderme el labio para aguantar el dolor.

Cuando por fin consiguió meterla entera, aguanto un minuto sin moverse para que mi interior se acostumbrará, poco a poco comenzaron a moverse resoplando los dos como si fuesen animales, mientras yo seguía mordiendo me el labio, para poder aguantar, hasta que al poco comencé a notar que el dolor daba paso a el placer, notaba aquella lucha de sus pollas por mi interior y era increíble, en cuanto comencé a gemir, fue como el pistoletazo de salida. Ya no tuvieron miramientos, comenzaron a penetrarme sin piedad, sentía calambres desde mi útero hasta mi estómago; Marcos me cogió del pelo y comenzó a tirar fuerte de el mientras bufaba, mi padre estaba fuera de sí, me cogió fuerte de mis pechos.

Papá: toma puta, tenía que haberte follado hace mucho ¡guarra!

Marcos: Toma, te vamos a reventar. (Mientras tiraba de mi pelo)

Silvia: aaaaaahhh, me vais a partir ahh

Mi coño comenzó a hacer sonidos de chapoteo, mientras aquellas dos pollas no paraban de follarme. Mi padre ya no pudo aguantar más y se corrió dentro de mí, notaba su semen caliente dentro de mí, mientras Marcos al notar el semen de mi padre dentro de mí, tampoco pudo aguantar y nos corrimos los dos a la vez.

Marcos: aaggh siiii ahh Siii tomaaaa

Silvia: aaaaah me corrooo ahhh.

Cuando me sacaron sus pollas, note como de mí salía una cascada de semen y mi coño super abierto. Nos quedamos los tres tumbados en la cama, mientras el semen de mi padre y Marcos me chorreaba por mis muslos hasta la cama.

Marcos: Cariño te has portado, pero ahora límpianos las pollas.

Papá: joder hija, esto engancha, ahora voy a necesitar de tí más a menudo. (Me dijo sonriendo)

Silvia: Claro papá y yo. (Le contesté mientras les limpiaba las pollas de semen y de mis fluidos).

Después de limpiarselas, nos acostamos los tres desnudos en la cama de mi padre y aunque hasta la mañana siguiente no hicimos nada más, durante la noche si estuvieron sobándome, de vez en cuando al menos que yo notará.( Yo me dormí pronto, porque estaba reventada).

Después de dormir junto a los dos hombres de mi vida, y de haber pasado una fantástica noche de sexo y morbo juntos, llegó la mañana.

Me desperté la primera, quizá por lo dolorida y mojada que me encontraba de la noche anterior.

Aún sentía rezumar el semen en mis orificios. Tanta fue la cantidad que me echaron en ellos que no se habían terminado de vaciar.

Me levanté como pude y con cuidado, para no despertarles.

Me metí en la ducha. Estaba toda pegajosa y sentía todavía arder mi coñito.

La doble penetración vaginal que mis dos hombres me habían regalado esa noche lo había dejado muy irritado, debido al grosor de sus pollas. Especialmente la de mi padre: ¡Joder, qué gran pollón!

Así, con ese sentimiento, comencé a lavarme.

Primero, los pechos, en los que encontré marcas de dedos, que no recordaba; mis pezones estaban colorados e hinchados de la atención que les habían dado, especialmente mordiscos y pellizcos.

Seguí por mi cintura, mis caderas y bajé hasta mi coño y mi culo.

La vagina y el culo merecen una atención especial.

Mi vagina estaba dolorida, además de irritada. Mi culo, puesta en pie, dejaba escapar una apreciable cantidad de semen, y es que las corridas que se vertieron en él fueron muy abundantes.

Comencé a lavarme la vagina con mucho cuidado, y sentí que aún tenía semen dentro de mí.

Puse la alcachofa de la ducha en chorro fino y lo dirigí al interior del coño, que mantenía abierto con los dedos de la otra mano. Pretendía limpiarme de semen por dentro, pero el impacto del chorro en el interior de mi coño produjo en mí un efecto inesperado: me estaba poniendo cachonda.

Orienté el chorro y apunté a mi clítoris, mientras con la otra mano, comencé a meterme dedos en el culo; primero fue uno, y luego fueron dos.

Los metía, y al sacarlos me los pasaba por la lengua. Aún podía saborear el semen que quedaba en él: me supo a gloria.

Mis dedos entraban y salían cada vez de manera más frenética, pero no era suficiente. ¡Necesitaba algo más que mis dedos! Lo ideal sería una buena polla. Pero ellos dormían aún.

Miré fuera de la ducha y ahí estaba lo que necesitaba: encontré un roll-on y una escobilla de baño.

Los cogí sin pensar, me tumbé en el plato de ducha y metí todo el mango de la escobilla, hasta el final, en el interior de mi culo. Acto seguido enterré el roll-on en mi coño y comencé a frotarme el clítoris con los dedos, a una velocidad frenética.

Estaba cachonda pérdida. Añoraba una buena polla en mi boca. La necesitaba. Era mi agujero libre.

Pero no podía parar de frotar mi clítoris, e introducir cada vez más rápido el roll-on en mi coño.

Hasta que no pude más y me corrí como una cerda salida, en un maravilloso orgasmo.

Terminé de ducharme, me sequé y me arreglé el pelo, recogiéndolo en una coleta. Me puse un tanga blanco y una bata corta de raso, sin nada más y me fui a hacer el desayuno.

Estaba preparando todo en la cocina, cuando vi aparecer a mi padre. Venía completamente desnudo.

-Buenos días, hija.

-Hola papá, ¿Has dormido?

-Como nunca, respondió, con una sonrisa de oreja a oreja.

Yo seguí haciendo el café y las tostadas, cuando sentí que mi padre se situó justo detrás de mí.

-¿Qué haces, papá? –yo notaba su polla, tiesa y dura, pegada a mi culo-.

-¿No lo notas, hija?

-Sí que la noto, como para no hacerlo, contesté con una sonrisa cómplice, no menor que la suya.

Aún me duraba la calentura de la ducha, así que comencé a mover mi culo para restregárselo por su polla.

-¡Joder que culo más cojonudo! Exclamó mi padre.

Intentó quitarme el tanga para metérmela, pero lo paré.

-shhhhh, tranquilo papá. Pero a cambio comencé a comerle la boca, a lo que respondió de inmediato.

Nuestras lenguas se enrollaban y nos besamos con desesperación.

Mi padre parecía un pulpo; no paraba de tocarme por todo el cuerpo, mientras yo le cogía de su pelo y no dejaba de besarle.

Me separé un poco y abrí mi bata para que cayera hasta la cadera, mientras mi padre estaba tratando de contenerse para no abalanzarse sobre mí.

Como recompensa por ser tan paciente, me puse de rodillas, coloqué su polla chorreante entre mis tetas, y comencé a hacerle con ellas una buena paja.

Mi padre estaba con los ojos cerrados. Resoplaba como si fuese a darle un infarto y me estaba poniendo las tetas chorreando, de la cantidad de pre semen que salía por su glande.

De repente mi padre cambio totalmente de actitud. Abrió los ojos, me miro y me dijo insolentemente.

-Ahora trágatela hasta el fondo. ¡Puta!, ¡más que puta!, gritando, fuera de sí.

Pillándome por sorpresa, tiró de mi pelo y me metió la polla hasta mi laringe. Me hizo muchísimo daño.

Una vez me la hube tragado hasta los huevos, mi padre comenzó a moverse de manera brusca y salvaje, sin importarle nada lo que me estaba haciendo sufrir.

Mis ojos empezaron a llenarse de lágrimas, que me escurrían por las mejillas y caían sobre mis tetas, a la vez que mi rostro debía mostrar todo el terror que tenía. Creía que mi padre acabaría reventándome la boca, que empezaba a notar desencajada.

Mis mandíbulas se me empezaban a agarrotar y sentía que me faltaba el aire para respirar. En esos momentos fui consciente de que yo no le preocupaba a mi padre en absoluto.

Mi padre estaba desencajado, congestionado, completamente fuera de sí, y verle de esa forma me estaba dando mucho miedo. Llegué a temer por mi integridad.

Los permanentes movimientos dentro/fuera de la polla de mi padre en mi boca, generaron que mi producción de saliva se multiplicase. No era capaz de controlarla y mi saliva, salía a raudales de mi boca junto con su pre semen, chorreaba por mi barbilla y caía sobre mis tetas, empapándolas.

Con cada embestida brutal de su polla, los testículos de mi padre golpeaban mi barbilla, a la vez que su polla seguía creciendo, pareciendo que quería llegar con ella hasta alcanzar mi estómago.

-¡Toma! ¡Toma! Y ¡Toma!, seguía gritando. Trágate la polla de tu padre, pequeña zorra. ¡Grandísima puta!

-Saca tu sucia lengua, cerda asquerosa, y lame con ella mis cojones mientras te follo.

Obedecí sin rechistar, no solo por la forma en que me lo ordenó, totalmente enfurecido, sino porque yo me había puesto tan cachonda que solo deseaba que aquello no terminase nunca.

Estaba completamente ida.

Que mi padre me tratase de esa forma tan grosera, llamándome puta, me excitaba de tal manera que solo deseaba que me follase la garganta hasta que me tragase también los huevos.

Cuando estuvo a punto de correrse, me sacó la polla de la garganta y me levantó del suelo, tirando bruscamente de mi pelo.

Dios; ¡que dolor! Por un momento pensé que me arrancaría la cabellera.

Yo estaba mareada; el poco oxígeno que había podido tragar con su polla dentro de mi garganta me pasaba factura.

Abría la boca, desesperada, buscando aire con ansia.

Al abrirla un torrente de babas apenas contenidas en la boca cayó sobre mis tetas, se deslizó por mi vientre y fue a parar al puto suelo.

Estás más colorada que un tomate, puta, más que puta. Bramó mi padre.

¡Prepárate, puta zorra! Aún no he terminado contigo.

Sin soltarme el pelo, me obligó a poner las manos sobre la encimera, mientras con la otra mano me bajó me el tanga hasta los muslos.

-¡Perra! Estás salida. Mira esto; tienes el tanga chorreando. ¿Te pone cachonda, que tu padre te trate así? ¿Eh? Dilo, golfa, dilo. Quiero oír como me lo dices.

-Si papá; me pone muy cachonda que me trates como a una puta, dije sin vacilar.

-No te he oído, cerda. Vamos, pedazo de puta. Dilo bien alto. ¡Que lo oigan también los vecinos! ¡Que se enteren que mi hija es la más puta de todas las zorras!

¡¡¡Sííí, papa; me pone cachondísima que me trates como lo que soy!!! ¡¡Soy una puta zorra, cerda y guarra!! ¡¡¡Y me gusta serlo!!!

Me escupió entonces en el ano, y comenzó a meter primero un dedo, luego dos, tres, hasta cuatro dedos llegó a meter en mi culo, dilatado por el mango del cepillo con el que me acababa de correr en el baño.

Sentir sus dedos dentro me transportó otra vez al mundo del goce sexual más intenso.

Restregó su polla por mi culo, primero lentamente, como saboreando el momento. Yo estaba deseosa de que me destrozara, mi ano palpitaba y mi coño ardía de deseo.

Cogió su polla y empujó… metiendo primero el capullo, y luego centímetro a centímetro, hasta que sus huevos toparon con mi coño.

Volvió a sacarla, para meterla, esta vez sí, tal como yo la deseaba: de golpe hasta los huevos.

-Aaaaaaah. Exclamé de dolor.

-¡¡Otra vez!! ¡¡¡Métemela así otra vez!!! ¡¡¡Cabrón; quiero que me destroces el culo!!! ¡¡¡Así!!! ¡¡¡Así!!! ¡¡¡Asííííí!!! Grité una y otra vez, hasta casi enronquecer, con cada una de sus salvajes embestidas.

-Toma la polla de tu padre ¡Zorra! ¡¡Tómala!!

Continuó con un frenético ritmo, cogiéndome fuerte de mi cintura, de la forma más brutal que nunca nadie hasta entonces me la había metido por el culo. Y mira que mi culo conocía ya unas cuantas pollas.

Sentía cada embestida, cada centímetro dentro de mí, como si una barra al rojo me estuviera taladrando.

Mi culo debía estar ya irritadísimo y cada desplazamiento de su enorme polla en mi interior me hacía ver las estrellas.

Pero yo estaba poseída por un frenesí tal, que no cesaba de pedirle que siguiera con esa tortura.

-¡¡Me estás destrozando, papá!! ¡¡Pero no pares!! ¡¡¡Esto es la gloria!!! ¡¡¡¡Que placer!!! ¡¡¡Esto es la hostiiiiiiaaaaa!!!

Por parte de mi padre no había ya nada de cariño. Era puro sexo en su forma más salvaje. Hacía un buen rato que yo ya no era su hijita: era su jodida puta… y sentirme así, a mí me gustaba.

En un momento dado miré hacia la puerta, y vi a Marcos haciéndose una paja, mientras mi padre me follaba por el culo sin piedad.

Mi padre también lo vio, cosa que hizo que aumentara aún más el ritmo.

Yo estaba muy mojada. Tanto, que los flujos de mi coño me chorreaban a lo largo de las piernas de lo cachonda que estaba, llegando al suelo. Mi coño era una fuente que no cesaba de lanzar chorros y chorros de fluidos.

Porque no es que yo tuviera un orgasmo. Lo que tenía era una sucesión de ellos que se encadenaban unos a otros. Hacía un ratito que yo vivía en un orgasmo permanente.

-Me corro, aaaaah me corro. Dijo mi padre mientras lanzaba disparos de semen en lo más profundo de mis intestinos.

- ¡¡¡Ahhhh síííííííí!!! Me corrí yo también, en otro orgasmo que fue la culminación de todos los que había tenido antes.

Mi padre sacó su polla de mi culo, cayendo al suelo una gran cantidad de semen.

Yo caí de rodillas con mi tanga a media pierna y la bata enrollada en mis caderas, completamente desmadejada y convulsa.

Ahora, el Marcos más guarro que yo recordaba, me obligó a limpiar el suelo de la cocina del semen de mi padre.

-¡Puta! No te quedes así. Enséñale a tu padre lo buena sumisa que eres. Limpia el suelo y recoge con la lengua todo el semen de tu padre. Y sin que quede una sola gota. ¿Lo has oído bien, puta cerda?

-Sí, mi Amo. No quedará ni una sola gota. Su semen es un néctar para mí.

Acto seguido comencé a lamer el semen de mi padre, que había formado un pequeño charquito en el suelo.

-¡¡Cerda!! Rugió Marcos. También tus putos flujos. ¡Quiero el suelo de la cocina reluciente!

Arrodillada, a cuatro patas, seguí lamiendo el suelo hasta que no quedo sobre él una sola gota que procediera de nuestros órganos sexuales.

Entonces me di cuenta de que mi verdadera vocación eran dos:

Ser una completa y total sumisa a todo lo que mi Amo, Marcos, me quisiera ordenar;

Y una guarra y asquerosa puta que disfrutaba metiéndose las pollas en cualquiera de mis agujeros. Y cuantas más y más gordas, mejor.

Ser tratada así es lo que me pone tan cachonda, que cada vez quisiera que fueran más hombres y más pollas las que me regalaran su semen.

Marcos cogió una taza llena de café y me la dio, para que la sujetará enfrente de mi boca, mientras el terminaba de pajearse frente a mi cara.

-Abre bien la boca, jodida puta sumisa, que me voy a correr, exclamó.

Apenas unos segundos después se corrió sobre mí.

Me lleno la cara, la boca y el pelo de semen, y, por supuesto, la taza de café.

Después de esto, Marcos me obligó a tomarme ese mismo café, con su corrida.

Mi padre estaba extasiado, contemplando la degradación a que yo había llegado. Sonreía satisfecho.

-Vamos putita, tomate el café con leche, ordenó Marcos.

-Sí, mi Amo.

Así lo hice, de un solo trago y sin respirar.

En mi vida había probado un café tan amargo.

Me sentí humillada y eso, no sé porque, me gustó y me llenó de alegría.


Deseé que, a partir de entonces, tanto Marcos cómo mi padre, me trataran siempre así.

Sentirme mancillada, vejada, humillada, degradada por ellos me satisfacía. Yo era muy feliz.

PD: Espero continuar así mucho tiempo. No sé qué sorpresas me tienen preparadas, pero con la mente tan perversa que tienen, seguro que me gustarán.

Pero yo también diría que soy tan perversa como ellos. O quizá mucho más. Veremos.
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Relato Erótico : Incesto entre madre e hijo

Yocasta en una turbia noche acaba haciéndole una mamada a su hijo y una cosa lleva a la otra. Un relato erótico de Incesto entre madre e hijo.

Relato Erótico : Incesto entre madre e hijo

Relato Erótico : Incesto entre madre e hijo

Quizás no debía haberlo hecho. A lo mejor fueron las noches de soledad masturbándome sola, delante de la tele, o puede que no haber tenido un buen hombre —o sea, polla— e incluso mujer, que a estas alturas de mi vida yo ya voy a lo que me apetece y más placer me da, ignorando las etiquetas y otras soplapolleces. Noches de soledad, o s decía, ginebra con lima y lecturas diversas hasta altas horas, encerrada en mi casa (trabajo en casa, sí. Debería buscarme un coworking o algo así pero para una escritora… ufff… qué pereza).

Vivo con mi hijo, Víctor, 23 lozanos años y acabando la universidad. Juega al baloncesto y es listo, muy listo. Está en programas de alto rendimiento. Es mi orgullo. Y… bueno, a él me refería con lo de “no debía”. No le conozco pareja, pero sé que tiene vida sexual, eso lo tengo más que claro. Alguna vez le he comprado condones.

Yo por mi parte tengo 46 muy bien puestos, lo tuve al final de mi carrera de Historia del Arte y su padre se desentendió y luego se mató en un accidente de coche. En este orden. A mis años estoy bastante bien. Soy rubia –teñida de mi castaño claro, seamos honestos–, pero no lo podréis comprobar porque me lo depilo. Tengo una boca bonita, los ojos verdes y grandes, mis tetas son mis dos maravillas que, aunque el tiempo les ha quitado la arrogancia antigravitatoria que tuve hasta el embarazo, siguen siendo bonitas, pesadas, de buen tamaño (no me caben en las manos pero sin exagerar) y aunque algo más caídas –sniff– siguen siendo dos beldades de pezón granate y areola ancha. Me mantengo en forma y me cuido mi piel clarita, mucho ejercicio de piernas que las mantienen tonificadas y el trasero duro, caderas anchas y pies pequeños de tobillos finos.

Era de noche, un fin de septiembre en el que el aire de la tramontana ya te hace cerrar la hoja de la terraza porque a eso de las dos de la mañana te da repelús. Me había quedado dormida en el sofá, debajo de mi manta favorita y tenía en la mano mi consolador favorito. Así de triste. Me dormí después de masturbarme viendo una mierda de serie victoriana, cayendo presa de mis fantasías, despatarrada en el sofá y con el coño hinchado y palpitante. Madre mía qué necesidad. Y eso fue parte del motivo de que ocurriera lo que ocurrió…

Arrastrando la manta me levanto, el consolador y las bragas en la mano derecha y con solo la camiseta de “Dueña de Gatos”, cuya cinturilla no me tocaba el ombligo por la tensión con mis tetas. Todo en mi vida es tensión. Se me endurecen los pezones cuando siento el aire frío que entra por la ventana del baño al que voy, limpio el cacharro, orino y me lavo el parrús desmochado. Me pongo las bragas de nuevo — ¡eh, que estaban limpias!—, y voy al cuarto de mi hijo, por donde entra corriente, ese helado viento nocturno. Así que entro, cierro la ventana y lo miro. Está dormido como un lirón. Es de sueño profundo así que no temo despertarlo. Estaría bien que me viera ahora, en bragas y con un consolador en forma de oruga simpática y gorda en la mano… lo que hay que ver. Sonrío. Voy a taparlo un poco con la arrugada sábana y al hacerlo la veo. La tremenda, gruesa y dura polla de mi hijo. Joder. No lo puedo evitar y la boca se me hace agua, y el coño, también. Se me encharca. Una buena, bonita y palpitante polla. Fijo que está teniendo sueños eróticos, solo hay que ver cómo estira el cuello… Pero no, agito la cabeza, Yoca, déjate de leches, que es tu hijo. Pero ¿tú has visto ese rabo? Me relamo. Esa malvada voz que tengo en el fondo de mi cabeza y de las que ha partido muchas veces algunas de mis peores ideas, (y también de las más divertidas) está trasteando otra vez.

¿Qué es eso? Veo que Víctor tiene algo en una mano, algo que agarra justo delante de su cara. Es un trozo de tela. Despacito, tiro de él. Al extraerlo, lo veo: son unas bragas. ¡Ay, pillín…! Durmiendo con unas bragas de… ¡Joder! ¡Son mías! ¡Son mis bragas! Las debe de haber sacado del cesto de la ropa sucia y… Son mis bragas negras… y además esas están… ejem… Digamos que me masturbé con ellas puestas así que tienen que oler… ¿Se ha estado… masturbando con mis bragas usadas?

Se me cae la manta del brazo y de pronto una mano ya se me ha metido en las bragas. Tengo el coño empapadísimo.

Voy hasta los pies de la cama con las bragas en la mano, dejo mi conciencia en la puerta, mirando al pasillo y me pongo de rodillas en un lado. Su polla está delante de mí, de mi boca, con una perlita transparente… Ufff… no… no debo… En la “d” del “debo”, y a tengo la boca abierta y la polla de mi hijo prácticamente entre mis labios. Es la polla más bonita que he tenido entre mis manos en mucho tiempo. Y no puedo, no quiero evitarlo. El puto demonio, la puta debilidad que me empuja a ello se hace fuerte, y mi mano derecha pasa a la izquierda el vibrador y agarra el falo de mi vástago. Lo muevo despacio, con firmeza, una, dos veces y se acaba de descapullar. Es un bonito y duro rabo que seguro que ya ha perforado a alguna incauta. O incauto. Creo que a mi hijo le van los dos bandos. Bien por él.

Dejo de pensar en el mismo momento en que me la meto entera en la boca. Escucho a Víctor gemir suavemente y me aplico, me aplico como si me fuera la vida en ello, sintiendo que la necesidad que tengo de hombre, de sexo, me incendia. Mi coño arde en flujo goteante, mi mano izquierda clava profundamente el consolador en él y lo pone a plena potencia, encabritándolo y haciendo que la segunda oruga gordota se afane en mi clítoris como una cabra en un buffet de ensalada. Dentro y fuera. Consolador y polla. Dos agujeros. La hostia qué guarra soy y cómo lo necesitaba.

La polla de Víctor es deliciosa, sabe divinamente, me hace gemir conforme se la chupo. Él se agita, en sueños, lo sé. Y colabora. Una mano suya va hasta mi cabeza y me empuja para que se la chupe más profundamente, cosa que hago con deleite. La saco y le como los huevos sin poder evitarlo, golosa, necesitada. Uno, luego el otro, adentro, cúbrelos de saliva, y de nuevo la polla, tras masturbarla varias veces con fuerza, a la boca. La he recorrido con la lengua y me la clavo más profundamente.

Me corro, joder, me corro… aaaah… hostias con el vibrador… lo apago, pero lo dejo ahí dentro, en mi coño palpitante mientras de rodillas acabo la faena. Voy más y más profundo y con una mano me ayudo a que Víctor termine. Su mano me empuja más profundamente y siento que se corre, palpita una, dos, tres veces y de pronto, mi boca se llena de semen. Lanza chorros como si le fuera la vida en ello. El último espasmo mueve las caderas y me la mete hasta la garganta, haciéndome tragar todo lo que ha soltado de un tirón. Joder. Mi hijo se va a deshidratar…

La saco de entre mis labios despacio, muy despacio, para limpiarla bien, absorbiendo hasta la última perla de semen. Ufff… Qué ha gusto me he quedado…

Y esto es solo el principio putilla me dice la voz malvada de mi cabeza, mi yo más pervertido. Y tiene razón.

Antes de irme me meto los dedos, bien hondo en el coño, que está encharcado y salen empapados y con mucho flujo, se los acerco a la nariz, probando, tentando. Abre la boca, se los mete, los chupa y relame lentamente como si no quisiera arrancarles todo el sabor. Gime. Voy a tener que masturbarme otra vez como una condenada antes de dormir…

Creía que esa noche no dormiría. Aun me sabía la boca a semen, y me tuve que cambiar de bragas. El orgasmo habías sido de los intensos, y me palpitaba el coño solo de acordarme. Pero dormí profundamente. Cuando me desperté, Víctor ya se había ido, su habitación estaba recogida y sus sábanas cambiadas.

No os voy a mentir: no me concentré mucho ese día. Cada dos o tres horas no podía evitarlo y me masturbaba. No estaba así de loca con mi coño desde la adolescencia en la que me masturbaba con botes de desodorante roll-on (cerrados, claro).

Al final me forcé a concentrarme, tengo un deadline que cumplir y me tuve que empeñar a fondo, ponerme música tronante en los auriculares e ignorar el canto de sirena de mi ardiente coño para poder centrarme en lo mío. Claro que no ayudó mucho el hecho de que tuviera que escribir escenas eróticas… Pero sobreviví. Sin deshidratarme ni nada.

Víctor llegó tarde ese día. Yo estaba acabando de hacer la cena, había hecho pizza casera y le había preguntado si iba a retrasarse más para dejar la suya en el horno justo cuando entró por la puerta. Me dio un beso en la mejilla, diciéndome que sacara su pizza mientras se daba una ducha rápida que el entrenamiento lo había dejado reventado. Temblé al sentir sus labios, lo confieso. Yo temblé. Mi coño iba a su bola y se puso a babear.

Cenamos en el salón, viendo un programa de cocineros, que nos encanta, y diciendo cómo mejoraríamos la receta.

—Oh, vamos, el otro día en casa de Carlos comí una merluza mucho mejor preparada que esa cosa —dijo, gritándole a la tele.

Yo me reí.

—¿Cocina bien Carlos?

—Ufff… Está en una escuela de cocina y es un hacha. Fue el finde pasado que lo pasé en su piso y joder, qué bien cocina.

—Y, ¿te gusta? —le pregunté, guiñándole un ojo y bebiendo un sorbo de vino blanco.

Víctor casi echa la Coca-Cola por la nariz, pero fue por la sorpresa.

—Bueno… sí. Él me gusta. Y… la cuestión mamá es que… Tere, su novia, también me gusta y yo… o sea, nosotros… que…

Vale, no hablábamos mucho pero éramos sinceros siempre y yo ya le había contado que había probado con hombres y con mujeres, y que me gustaban ambas cosas. Mira tú por dónde el nene también había salido…

—Bisexual, ¿eh? —le dije.

No me miró, pero asintió.

Yo dejé la bandeja en la mesilla, le quité la suya, y lo abracé. Después me retiré un poco, lo miré, le despeiné el flequillo y le dije que todo estaba bien. Que era perfecto. Él sonrió y asintió, como si se hubiera quitado un peso de encima.

—Mira lo que está haciendo ese con las costillas —le dije, cogiéndole una mano, que él me agarró con fuerza—. Si le echa tanto curry la va a destrozar…

—Je, je…

De pronto me desperté. Nos habíamos quedado dormidos en el sofá, yo echada en él y Víctor en la parte de chaise longe. Respiraba con calma, acompasado, pero vi que una de sus manos estaba dentro de su pantalón corto y, sorpresa: volvía a tenerla dura. Y mi sonrisa se acrecentó, mi coño rugió y me volvió a dar hambre…

Esta vez, no me preguntéis por qué, fui mucho menos sutil. Me puse delante de él, le bajé los pantalones y liberé su polla de su mano, sentándome a horcajadas en sus piernas para ser yo quien se ocupara de esa joya de miembro. De nuevo me supo a gloria, su polla, sus huevos, joder, me gustaba todo. Mis manos recorrieron sus fuertes piernas y las entreabrió un poco. Lo escuché murmurar… «Ufff… Tere… Sigue… Y Carlos… también… ahhhh». Me puse cachondísima. Mi coño abierto rezumaba y una de mis manos tuvo que ocuparse de aquello para darle lo que necesitaba. Mis dedos se metieron en mi interior con práctica urgencia y me masturbé, empapada. Saqué la mano, la cambié y pasé a chuparle la polla a mi hijo con una mezcla de mi sabor y el suyo. Su polla palpitaba, se iba a correr. Dios, sí, vacíate otra vez en mi boca, cariño… y lo hizo. Mi boca había estado subiendo y bajando por todo su miembro, recorriendo cada vena hinchada, su glande esplendoroso y bonito, entre blando y terso. Pasaba mi lengua por su frenillo viendo cómo eso le hacía tensarse más, y por último me la metí hasta el fondo para que se vaciara en mi garganta como un campeón, mi niño, su polla, su semen… Cuando sentí sus palpitaciones y el primer chorro estrellarse en mi interior me corrí. Mi coño apretó salvajemente mis dedos en su interior en rápidas sucesiones que me estremecieron enteras.

—Aaaaah… —Víctor gemía, estremeciéndose, clavado en mi boca.

Palpitó varias veces más, soltó varios chorros de su leche, mi leche, joder. Me ahogaba en ella y quería más… Cuando acabó, de nuevo lo limpié con la boca, y como no podía moverlo (mide 1,89 y pesa un montón), me quedé con él. Al poco yo estaba sentada, dormida en el sofá y me desperté al sentir algo.

Me estaba excitando, mucho. Había algo que me estaba haciendo trasponer el velo del sueño trayéndome de nuevo a la realidad. El salón solo estaba iluminado por la pantalla de la tele en la que Netflix preguntaba si queríamos seguir viendo el programa. O sea que habían pasado casi dos horas o tres programas. Como poco. De nuevo la sensación recorriéndome. Ufff… ¿Qué era aquello?

Víctor. Estaba tumbado ligeramente en mi regazo, y una de mis tetas estaba a la vista. La otra estaba siendo succionada por él. No sé si estaba dormido o qué, pero sus labios me estaban chupando el pezón, me lo mordían, me provocaban. Ufff… joder… Qué distinto era esto… Mordía, chupaba y estiraba mi pesado pecho. Su mano se estaba masturbando y la otra empezaba a pellizcarme el pezón derecho, a amasar mi teta libre… y me estaba encendiendo como un incendio australiano. Mi mano viajó hacia su entrepierna. Le acaricié los testículos, que se arrugaron al momento. Gimió, nuestros ojos se encontraron. Mi mano libre, la izquierda, lo apretó más y él entendió. Chupó con fuerza, y se cambió de pecho. Yo seguía masturbándolo…

—Mamá, yo… —dijo un momento al separarse para viajar de un pezón a otro.

—Shhh… disfruta —le dije.

Y le apreté la polla con fuerza. Otra vez dura, hinchada. Lo masturbé mientras él me comía las tetas con placer, ronroneando mientras mi mano subía y bajaba, haciéndole sentir cada ascenso y descenso, bien apretada y jugando con sus testículos suavemente.

Se tensa, yo estoy que me lo voy a comer, no quiero más que correrme como una loca, sentarme en su cara y que lama todo lo que hay ahí en el agujero por el que salió y en el que ahora quiero que entre pero con otra cosa…

—Joder, Víctor… ponte aquí y cómemelo.

Todo o nada. O se levanta o se va. O se tira por una ventana o yo qué sé.

Víctor se levanta, se pone de rodillas delante de mí. Sus manos pasan delicadamente por mis muslos. Veo su emoción, no se plantea nada, solo quiere eso, la fuente del olor con el que vete tú a saber cuánto tiempo lleva masturbándose.

Siento sus besos, los besos de mi hijo, pero ya carentes de toda inocencia. Van hasta mi coño y se acaba estrellando contra él casi con hambre. Me abro bien de piernas y mi coño se abre solo como una flor húmeda, mis labios hinchados, los interiores también, el clítoris, algo grueso, palpitando. Siento su lengua pasar desde casi mi ano hasta el clítoris. Se detiene y lo chupa con ansia, con fuerza. Lo hace bien. Le han enseñado a complacer… Baja y su lengua entra en mi coño y casi me corro del gusto y del vicio. Dios, ensancha la lengua una vez dentro y la saca para que vea cómo la mete en su boca y saborea. Vuelve y empieza a comerme el clítoris con ocasionales chupadas a la vagina, esa por la que él salió un día, y a la que ahora da placer. Me voy a correr.

—Me corro —digo en un suspiro; él redobla la velocidad de esa ardiente y cálida lengua—. Joder, Víctor me co… rroooooooooo —y allá va mi orgasmo, que me recorre entera, me hace perder la razón.

Me cojo los pechos y los estrujo, los pezones, al retorcerlos, me duplican el orgasmo y hace que arquee la espalda. Lo veo retirarse despacio secándose la boca con el dorso de la mano. Está bueno, está muy bueno, es todo fibra. No se le marcan los abdominales a lo exagerado, solo cuando respira. Veo que enristra su polla y en su mirada hay una pregunta. Una pregunta a la que mi cabeza responde asintiendo.

Se acerca.

—Voy a follarte, mamá —dice suavemente, con una sonrisa maligna.

—Joder, sí, Víctor, fóllame, fóllate a tu madre, que lo necesita…

Y sin mucha ceremonia me mete su tremenda polla. Lo hace despacio, casi gentilmente, pero sin pararse, como si lo hubiera estado planificando durante mucho tiempo.

—Ufff… es… es muy distinto… aaah…

—¿Distinto a qué? —le pregunto en un atisbo de lucidez, sintiendo toda esa polla ya encajada dentro de mí.

—Al coño de Tere… o… ufff… —la saca despacio y se escucha un sonido de succión pues mi flujo es muy espeso— o a su culo. O el de Carlos…

—Ya habrá tiempo para los culos… Y el mío, este coño que te follas, es el doble de veterano que el de tu Tere… Así que aprovecha y dale fuerte, joder, Víctor… Tu madre necesita que le rompas el coño con esa polla que te he dado…

—Aaaah —siento cómo se le endurece un poco más y le palpita dentro de mi coño.

Víctor me coge de las caderas, se retira y me embiste. Ese es exactamente el término. Me embiste una y otra vez como un martillo neumático, como un pistón, sin piedad y con fuerza. El salón se llena con el sonido de nuestra carne al estrellarse la una con la otra, el sonido de succión de mi coño empapado y nuestros jadeos, nuestros gemidos.

Víctor me tiene quince gloriosos minutos a buena velocidad, siento que me voy a correr otra vez, sus manos se cogen ahora a mis tetas.

—Más… másss…. —le urjo.

—Toma, toma, mamá, joder, qué puta eres… jodeeeeerrrr… Te estoy follandoooo…

Y duplica la velocidad hasta que un orgasmo tan potente me recorre, me estremece, casi me parte el espinazo. Lo veo arquear la espalda, agarrarme de los muslos para no caerse y de pronto siento su semen en mi coño como lava recorriéndome. Su polla palpita y mi coño también lo hace, llamando el orgasmo del uno al del otro con una desesperación que ninguno sabía que era correspondida.

Cuando él se deja caer al suelo, sentándose, de mi coño aún palpitante gotea un poco de su densa y húmeda lefa.

Hemos follado. Mi hijo y yo. Y no puede haber sido más maravilloso.

Víctor se acerca, se apoya en el sofá y me coge una pierna.

—Llevo mucho queriendo…

—Ssshhh… Habrá más. Prometido. Ya no podemos devolver los gusanos a la lata. Ahora, simplemente, será natural.

*

Llevo todo el día dando vueltas. Papeleo, entregar una galerada con correcciones a mi editora, charlar y comer con ella programando el lanzamiento del libro… Todas esas cosas. A la tarde me paso por una librería y me llevo un surtido de libros con el pedazo de adelanto que me acaba de cascar mi editora. Vuelvo a casa contenta, con mis libros, un par de los que sé que Víctor quería y paso a hacer la compra para la cena.

Cuando subo hasta el ático, donde vivimos, advierto que está acompañado y trato de ser discreta. Escucho sonidos inconfundibles de dos personas follando tratando de ser silenciosas pero que no les acaba de salir. Sobre todo a ella, que se emociona y gime más que una actriz porno, pero muy creíble todo. Se corre, cuento, desde la cocina donde estoy preparando unas patatas para hacerlas al horno, no menos de dos veces. Oigo ruidos, como si se hubieran caído de la cama o algo así, y les escucho reír. Me río yo también mientras sigo a lo mío. Me sirvo un vino blanco, un poco de lomo de caña y pan para picotear en la barra de la cocina, leyendo algo de lo que he comprado. Comienzo una de las novelas de misterio de Michael Collins y al poco estoy absorta.

Veo cómo una chica sale del baño en toalla y se le escapa un «Ups» al verme y haber contacto visual.

—Hola —saludo.

Ya me ha visto. No puede menos que saludarme. Y lo hace. Es alta, de piel morena y con el pelo mojado sobre los hombros. Tiene una sonrisa ancha y unos dientes muy muy blancos, puedo apreciar. Sus piernas eran fuertes, torneadas e igual de morenas, con los dedos de los pies algo separados y las uñas pintadas de blanco, lo que destacaba mucho con el moreno de la piel. Los ojazos verdes mostraban una mezcla de miedo, vergüenza y ganas de desaparecer.

—Ho… hola… eh… Señora… Esto yo soy… ehm Amanda.

—Hola Amanda. Encantada. Yo soy Yocasta. La madre de Víctor. ¿Quieres una copa de vino? —le ofrezco, alargando un poco el momento.

—Ajá… —me responde.

Se afianza un poco más la toalla y se acerca, haciendo acopio de desparpajo. Se acoda en la barra y coge un trozo de lomo. Bebe un poco del vino que le sirvo.

—Mmm… ¡qué bueno! ¿Verdejo?

—Vaya —me sorprendo—, tienes ojo, o más bien paladar, para esto.

—Jejeje… mi padre es enólogo —me comenta—. Llevo pudiendo distinguir un chardonnay de un cabernet desde los doce años, aunque esté mal que yo lo diga.

—Caray. Qué alegría. ¿Trabajas con tu padre?

—Sí, en la bodega familiar.

—Oh, siempre he querido ir a una bodega, fíjate.

Ella sonríe.

—Puede venir a la nuestra cuando quiera, desde luego —me invita.

—Tal vez la invitación fuera más seria si lo dices vestida, ¿no?

Ambas nos giramos para ver a Víctor que viene hacia nosotras, matador, poniéndose una camiseta sobre su bello pecho y con unos vaqueros ciñéndole la estrecha cintura.

Nos reímos.

Amanda va a cambiarse y vuelve al rato en vaqueros y una camiseta. Veo que debajo no lleva sujetador y se le marcan los pezones, muy apuntados. Se me hace la boca agua. Víctor me mira y lo percibe, le sonrío, con una mirada de «tienes buen gusto…». Pero no puede quedarse a cenar: ha quedado con la familia y mañana madruga para trabajar en la bodega. Le hago la oferta de que venga alguna que otra vez, que no me importa si es novia o no de Víctor, que no soy de esas. Ella sonríe con un gesto que lo dice todo.

Vic y yo cenamos.

—Vaya paliza le has dado, nene —le digo.

Él se azora un poco.

—Más bien ella a mí. Pero bueno…

—Mientras me hayas guardado algo.

—Ufff… para ti siempre hay, mamá —me dice.

Los ojos se le enturbian con sexo y su voz se vuelve más ronca.

—Pues ven —le insto.

Él se levanta, se acerca a mí y me da un beso profundo, con una lengua exigente, masculina, deseosa. Me estremezco. Le respondo con vehemencia. Lleva una de sus manos a mis tetas por las que tiene verdadera pasión. Las tengo más grandes que su amiga, observa la mujer celosona y tontorrona que todas llevamos dentro.

Consigue sacarla de la camiseta, sortea el sujetador y la aferra con ganas sin dejar de morrearme. Su dedo pulgar le exige a mi pezón, rozándolo como si quisiera que encendiera un mechero. Me encanta, y lo sabe.

—Ve a tu cuarto. Desnúdate para mí —le pido.

—Mamá, te necesito, quiero volver… —le pongo los dedos en los labios.

—Ve, cachorrito. Ve. Habrá de todo para los dos.

Lo hace, se va a la habitación, mirándome, la polla tirando de sus pantalones cruelmente. Vaya pollón se gasta mi niño… y bien rica que está.

Apuro la copa y me desnudo. Voy hasta la habitación. Lo encuentro tumbado, desnudo, meneándosela. Me quedo un rato mirando cómo se masturba. Me pone a mil. Yo, apoyada en la pared hago lo mismo, empiezo a tocarme y gimo, me estrujo los dos pechos y mi mano derecha se ha afincado en la laguna que es mi coño.

—Date la vuelta —le pido— y apoya las rodillas.

—Con… con el culo… ¿en pompa? —me pregunta, algo confuso.

—Ajá. Voy a ordeñar a mi hijo y a su tremenda polla.

De nuevo, cumple mi petición y lo veo ahí clavado, con la polla durísima y los huevos contraídos y su ano rosado a la vista.

Me acerco, me pongo de rodillas a su lado, y no puedo evitarlo, me asomo a su culo para besar sus nalgas, recorrerlas con los dedos y empezar a jugar con su ano. Lo hago con la mano derecha: la izquierda, tras echarme un poco de lubricante, ha pasado por sus huevos, haciendo que se estremezca y ahora está empapando su nutrida, venosa y gruesa polla. La muevo de arriba abajo. Cuando dije que lo iba a ordeñar no era por decir.

Mi lengua se asoma y empiezo a lamerle el ano, empujando solo muy despacito, sin llegar a penetrarle, pero ensalivándole todo el perineo y el esfínter, que pulsa alegremente conforme lo masturbo, con la mano bien aferrada a la polla recorriendo cada vena y frotando su frenillo y el glande con movimientos curvos, como si entizara un taco. Se empieza a mover, a tener espasmos. Mis lamidas en su ano hacen que le den escalofríos y me encanta. Lo masturbo más fuerte.

—Dáselo a mamá, dame tu semen… vamos… te estoy ordeñando para mí, para que me lo des…

—Ooooh…. Oh, dios, sí… sigue, sigue, me voy a correeeer… Mamá… mamá… pero… así no… Pon la cara, quiero correrme en tu cara…

Me ha puesto burrísima que me diga eso, así que me agacho, me apoyo en la cama y echo atrás la cabeza, apoyándome en la cama, sin dejar de masturbarle. Veo su glande delante de mi cara y es glorioso. El preseminal le gotea y es dulce. Abro la boca y saco la lengua y Víctor gime mientras aprieto más su polla para exprimirlo.

—Dale a mami toda tu leche…

Es decir la frase, y veo la palpitación de su perineo, sus huevos al contraerse, y su polla palpitar una furiosa vez y derramarse en mi cara, en mis mejillas, mis labios y mi lengua. La siguiente la apunto directamente en mi boca y dejo que el grueso de la eyaculación vaya ahí, guardando las últimas para el resto de mi cara, que me la acaba de cubrir, caliente y deliciosa.

Se deja caer a un lado respirando agitadamente, sudando. Me mira y ve su obra y sin dejar de mirarlo, con mi cara llena de su lefa, trago ruidosamente. Aprieta el edredón en dos puños y otro chorro se estrella en mis tetas.

—No será la primera vez que te ordeñe —le informo.

Él se ríe.

—Y te contaré un secreto: quiero que nos follemos a tu amiga —le confieso untándome su semen en las tetas, para que vea hasta qué punto soy suya y él mío.

Madre e hijo. Analmente juntos
Esta vez es mi ano lo que reclama mi hijo, y claro, no puedo, ni quiero decirle que no... Contiene: sexo anal, amor filial (madre-hijo), fingering anal, masturbación, irrumación, male buttplug.
Madre e hijo 2.

Víctor crece, cada vez es más hombre, más duro, más adorablemente sexual. Me pone y me enciende, tanto que casi no siento que otros hombres me atraigan tanto. Les falta algo, una conexión, quizás, más profunda e intensa.

Esta mañana escucho al niño salir de la ducha y no puedo evitarlo voy hacia él, lo intercepto en mitad del pasillo, lo miro, desnudo como está, mientras mis manos vuelan hasta su polla y la agarro. Suavemente al principio, y él me mira, ya desde arriba, alto, espigado, fibroso. Su polla crece y una sonrisa malvada aparece en su rostro. Mi mano lo empieza a masturbar pero él me mira fijamente, haciendo que me pierda en sus ojos.

—Usa la boca, mamá…

Y dice ese “mamá” con un tono que no puedo negarle nada. Me arrodillo delante suya, sacándome las tetas porque sé que le gusta verlas, hinchadas, con los pezones duros y algunas venas azuleando hacia el pezón, incluso una, pequeña, marcada dentro de la areola que sé que le encanta recorrer con la lengua.

Empuño bien la polla dura de mi hijo y me la meto en la boca, fresca, con algunas gotas de agua todavía. Le recorro los huevos con los labios y tiro de ellos sacándomelos, golosa, de la boca por su propio peso. Y estiro su piel hasta que descapulla totalmente (tiene un poquito, muy poco, de fimosis, pero no le molesta para nada; sin embargo sé que le enloquece sentir este tramo más estrecho de piel deslizarse por el glande hasta descaupllarlo), y me la meto en la boca. Saboreo su glande y me calzo toda la polla hasta que me choco con su pubis. Él me pone las manos en la cabeza, enreda los dedos en mi pelo.

—Ufff… sí, mamá… joder… cómete la polla de tu hijo… eso… entera…

Empiezo a hacerle una mamada en profundidad, lo llevo hasta el borde del orgasmo, me aferro a sus caderas con las manos mientras mis labios aprietan su polla con fuerza. La polla no tarda en palpitarle y querer inundarme la garganta de semen, su joven semen… pero no. Me aparto despacio.

—Si quieres correrte tendrás que ganártelo…

Me mira con los ojos borrachos de deseo y sexo. Lo llevo hasta su habitación y busco algo en un cajón que había dejado allí. Un pequeño plug. Hago que se ponga de rodillas en la cama y una vez más, como algunas mañanas, lo ordeño. Mi mano experta recorre su polla empapada de mi saliva mientras mi lengua le acaricia el ano, empuja, lo provoca hasta que percibo que está en su punto. Entonces uso el plug, pequeño pero justo lo que necesita ese culo. Se lo meto dentro despacio pero sin pausa y él gime, combinado con mi mano masturbándolo, recorriéndole el frenillo y el glande con el pulgar, acariciándole los huevos, recorriendo su perineo con mi lengua, sus huevos y bajando, ya penetrado, hasta su polla para volver a chupársela. Él toma el control, y me irruma, es decir, se folla mi boca. Empuja, la usa, otro orificio más para su placer. Es entonces cuando uso lo otro que he cogido. Un pequeño círculo de acero que se cierra con un pequeño candado. Se lo coloco en la base de la polla y en los huevos, lo que hace que su erección se duplique en dureza, congestionada, con las venas marcadas exageradamente y haciendo que casi me corra solo de sentirla entre mis labios.

—Dios, cómo me la has puesto, mamá…

—Pues no la soltaré hasta que cumplas —le digo, mirándolo del revés, con su polla zumbando y palpitando ante mi cara.

—Pues ponte a cuatro patas, que cumplir, cumpliré, pero te voy a destrozar el culo.

Mi vientre arde, me estaba tocando, clavándome los dedos todo lo profundo que puedo y haciendo rápidos círculos sobre mi clítoris erecto, pero cuando menciona mi culo me congelo. No tengo mucha experiencia anal y al volver a mirar esa polla palpitante, me inunda una sombra de duda.

—Víctor, yo…

Él se mueve y me coge del pelo, me chupa los dedos llenos de mis flujos, con sabor a mi coño, y me mira, con los ojos ardiendo.

—Me has metido un plug por el culo, me has puesto triplemente cachondo, tengo la polla congestionada por tu culpa… exijo tu culo en pago —se acerca, se coloca a dos centímetros de mi cara, me da un beso breve—. Te lo voy a destrozar. Es mío.

Me coge del cuello y me siento desfallecer, sintiendo cómo ha tomado el mando. Me coloco como me pide, después de pellizcarme los pezones. Escucho el clac del bote de lubricante abrirse. De pronto, sin previo aviso, su polla entra entera en mi coño y por la pura excitación me sobreviene un orgasmo rápido, breve e intenso. Y mientras lo hace, mientras Víctor me folla despacio y alevosamente, mientras se está follando a su madre, noto las gotas frías del lubricante en mi ano. Caen grumosas, suaves. Su dedo, mientras su polla dura e hipervenosa me penetra hasta el fondo sin perder el ritmo, penetra en mi esfínter con decisión. Noto cómo se abre, la sensación de urgencia de mi culo pero de pronto, mientras mi coño es machacado por su polla inclemente, la polla de mi hijo (siempre me deleito en ese pensamiento), otro dedo más entra y noto cómo se me dilata el culo con facilidad.

Siento la excitación de Víctor. El plug de su culo es como ponerle el “turbo”, y su polla sale de mi coño empapada en flujos arrastrándome hacia oleadas de orgasmos y se apontoca en la entrada de mi dilatado ano. Se enristra el aparato hinchado y venoso y entra decididamente sin pedir permiso. Me tira, me escuece, pincha, pero en dos movimientos, después de dejar que mi esfínter tiemble a su alrededor y se adapte, me empieza a sodomizar. “Sodomizada por mi hijo” pienso y el sentimiento es tan potente que me hace un nudo en el vientre. Su mano derecha me tira del pelo, me hace elevar la cabeza mientras me destroza el culo a su ritmo, buscando su placer, usando a su madre como depósito de su semen y su deseo de sexo, carne de mujer y sus más oscuras fantasías… y me corro. Mi culo se corre, más bien y tiembla y tiene espasmos alrededor de su rabo. Mientras tanto, él no pierde el ritmo, aguanta mucho más con el aro de acero pero llega un punto en que me agarra del cuello, hace que me incorpore, su mano se aferra a mi teta como una garra y lo dice entre dientes.

—Toma… mamá… todo el semen… de tu hijo… por el culo… aaaagggh… todo…

Se corre en cada palabra, me llena, me salpica, empuja su semen ardiendo dentro de mis intestinos mientras su excitación estalla y se pega más a mi cuerpo, unidos, su polla clavada en lo más profundo de mi culo a rebosar de esperma filial, chorreando por mi ano y cayendo al suelo. Es el único hombre en mi vida que me ha hecho eso, que me ha sodomizado y no ha podido gustarme más.

Nos vamos a la ducha tras descansar un poco. No puedo evitar tocarle incluso después de haberse corrido. Le suelto la anilla de acero y él suspira. Nos besamos despacio, sin prisa, lujuria y deseo nos rodean… En la ducha lavo a mi hombre. Le paso el agua y lo enjabono. Saco el plug, el gime mientras yo lo acaricio. Un poco de aceite en el ano para que no acuse su uso y la dilatación. Aprovecho y le meto un dedo entero y su polla vuelve a endurecerse.

—Hay que ver lo que te gusta esto —le digo mientras le beso el cuello mojado.

Él se limita a gemir y mi otra mano viaja hasta su polla, acariciándola despacio, está muy sensible y le cuesta empalmarse, pero unas caricias en los pezones, un dedo hábil acariciándole la próstata, dos dedos ahora, bien metidos en su culo, y mi mano de madre, amorosa y lujuriosa acariciando toda esa polla, los huevos, masturbándolo despacio, la polla bien llena de aceite, resbaladiza pero caliente, venosa como a mí me gusta.

—¿Te gusta follarte a mamá?

—Me encanta follarte, mamá… —me dice entre suspiros.

—Quieres más de esto…

—Quiero más de mucho —me dice llevando la mano atrás para atraer mi cabeza y hundir su lengua en mi boca.

Lo sigo masturbando, le prometo que haremos todo lo que él quiera y él me dice lo mismo, que siempre follaremos, que siempre estaremos para gozar de nuestros cuerpos únicos porque somos la misma sangre. Lo masturbo con fuerza y le digo que me cuente cómo se folló a la chica del otro día. Me lo cuenta. Me dice que ella le chupó la polla, despacio al principio y luego entera. Que le comió los huevos y que él se lo devolvió. Me cuenta que hicieron un 69 y que ella se corrió en su cara, cómo él la puso a cuatro patas y se la folló, con condón, y cómo se acabó corriendo en su cara, que ella limpió con la lengua y las manos.

Mis dedos, profundamente anclados en su ano empiezan a reclamarle un orgasmo más y mi mano le trasladó la exigencia a su preciosa polla y pronto su orgasmo lo sacudió entero y puse mi mano en su punta para recoger todo ese semen. Sin dejar de abrazarlo, se lo enseñé, todo blanco, delicioso, caliente, en mi mano, y luego, dándole la vuelta, sin dejar de mirarle, me lo bebí, lamí mi mano, bajé a limpiarle el sensible glande. Acabó él primero la ducha, saliéndose y yendo hasta el sofá, desnudo. Yo seguía cachonda. No sé cuántos orgasmos había tenido, pero desenrosqué la ducha y con la manguera aplicada en mi clítoris volvía correrme un par de veces antes de salir, borracha de hormonas hasta el salón. Me quedé dormida, recuerdo, en su regazo.

—Vamos a hacer muchas cosas, mamá —recuerdo que dijo mientras yo me dormía, poniendo la calefacción y tapándome con una manta mientras la tele hablaba de sus tonterías.

—Lo que desees —susurré mientras me dormía, oliéndolo
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Relato Erótico : Mi papi me folló por el culito

Encontré este relato erótico dividido en 3 capítulos en Facebook y lo comparto en el blog. Se llama : Mi papi me folló por el culito y es un relato de incesto entre padre e hija.

Mi papi me folló por el culito

Relato Erótico : Mi papi me folló por el culito - Capítulo 1

Me llamo Sofia, tengo 19 años y desde que descubrí lo que era el sexo, soy una chica muy caliente.

Me masturbo muchas veces. En un día he podido hacerlo hasta cuatro veces. Lo malo es que aun soy virgen. Si, no me he acostado con ningún chico todavía, y eso que me gusta tanto el sexo.

Mi hermano tiene 23 años y tiene novia. El otro día cuando volví a casa, los pillé follando en su cuarto. No pensaban en que yo llegaría antes a casa y estaban haciéndolo.

Pude verles a través de la puerta entreabierta de su cuarto. Mi hermano estaba debajo, y su chica le estaba cabalgando. Yo me puse muy cachonda y acabé masturbándome en mi cuarto.

Pensaba cuando encontraría un hombre para mi y hacerlo con el.

Pasaron unos días y mi hermano se fue unos días con su chica. Esa noche mis padres se acostaron pronto. Me extrañó un poco, pero no le di importancia. Yo estaba en mi cuarto, leyendo, cuando empecé a oír que la cama se movía. El somier crujía y me di cuenta de que mis padres estaban haciéndolo.

Al oírlos follar, aunque gemían bajito, no podía evitarlo, me puse muy cachonda y mis bragas se humedecieron.

Comencé a masturbarme oyéndolos, y no se porqué, me vino a la cabeza, que era mi padre el que estaba encima mío, follándome a mi, en lugar de a mi madre.

Cuando mis padres se corrieron, esta vez si que gritaron, me imagino que pensaban que estaba dormida, yo seguía masturbándome, aun no me había corrido.

Vi que mi padre pasaba por delante de mi cuarto para ir al baño, tenia la puerta entreabierta, pero no se fijó en mi. Pude oír el sonido del látex al quitarse el condón y tirarlo a la papelera que teníamos en el baño. Esto me excitó mucho e hizo que acabara corriéndome.

Me limpié mis fluidos y acabé durmiéndome al poco rato.

Al día siguiente, mi madre tenia un viaje de trabajo y como mi hermano tampoco estaba, nos quedamos en casa mi padre y yo. Yo andaba por la casa con un camiseta ceñida y sin sujetador y con un pantalón corto.

Mi padre también iba en pantalón corto. A pesar de sus 53 años, tenia un buen cuerpo y unas buenas piernas, se cuidaba mucho.

Después de comer, nos pusimos a ver una película sentados en el sofá. El se sentó en un extremo y yo en el otro.

-Anda, acércate, me dijo al cabo de un rato, que no muerdo.

Yo me acerqué a el y crucé mis piernas.

Pude darme cuenta de que, de vez en cuando, mi padre me miraba de reojo. Yo cruzaba mis piernas con la derecha sobre la izquierda y luego las cambiaba y el seguía mirándome con el rabillo del ojo.

En eso que en la película, los protagonistas se pusieron a hacer el amor. Mi padre se pegó un poco mas a mi.

Notaba su roce y no se porqué, empecé a excitarme. Miré de reojo a su pantalón y vi que un bulto empezaba a crecer en el. No se si era por la película o por mi.

Los protagonistas de la película estaban tumbados abrazados, después de hacer el amor y en ese momento me levanté y me puse enfrente de mi padre.

-Papi, le dije. Tengo que confesarte una cosa. Pese a mis años, seguía llamándole papi.

-¿El que, hija?

-Anoche os oí a mama y a ti hacer el amor.

Se ruborizó un poco.

-No pude evitarlo y acabé...bueno masturbándome. Tengo 19 años y soy virgen todavía. Me excité al oíros y eso me llevó a tocarme.

-Yo también tengo que confesarte algo hija.

-¿Que papi?¿Que es?

-Al pasar frente a tu cuarto, vi la puerta entreabierta y miré al pasar. Te vi haciéndolo y yo también me excité, pese a que acababa de hacerlo con tu madre.

-Bien papi, quiero pedirte un favor. Su pene abultaba al máximo bajo el pantalón.

-¿El que? dijo con un hilo de voz.

-Quiero que me folles. Que me folles como se lo hiciste anoche a mamá. Quiero perder la virginidad de una vez y hacerlo contigo.

-¿Que dices? Eres mi hija. Hay cosas que no están permitidas. Un padre no puede....

-¿Y que me dices del bulto de tu pantalón? Tu pene dice otra cosa.

En ese momento se levantó y me besó en la boca. Me quité la camiseta dejándole ver mi tetas preciosas. El las acarició y luego chupó mis pezones.

Le bajé el pantalón y el calzoncillo. Estaba erecto al máximo.

-Espera un momento.

Volvió con un preservativo y una toalla. Se lo colocó y puso la toalla en el sofá. Se sentó y me hizo sentarme encima de el.

-Ahora vamos a hacerlo. Te dolerá un poco al principio, pero no te preocupes, lo haré despacio.

Me la metió muy despacio. Primero el glande y luego el tronco. En ese momento me rompió el himen. Me dolió un poco y me mordí el labio.

-Tranquila mi niña. Lo peor ya pasó. Ahora disfrutaras.

Limpió la sangre que caía por mis piernas y luego empezó a bombearme despacio.

Después de un rato, comencé a disfrutar.

-Papi, papi, papi, le decía.

-Mi niña, mi niña, decía el. Que gusto.

No podía parar de gemir, ahora estaba disfrutando de verdad. Era increíble.

-Papi, papi, papi, seguía.

-Aaaah, mi niña, que gusto me das. Ah, ah, ah.

-Papi, sigue así, así, asiiiiii.

Estuvimos un rato mas follando, hasta que vi que el no podía mas.

-Mi niña, mi niña, empezó a gritar. ¡Mi niñaaaa! ¡Me corrooooo!

-Papi, papi, aguanta, que aun no me he ido. Aguanta un poco mas, porfi.

El se corrió, pero como yo no me había corrido, siguió bombeándome bien fuerte y al final yo me corrí también.

-¡Aaaaaaaaahhhhh! ¡Papiiiiiiiiiii!

Se salió de mi y tras quitarse el preservativo, fue a tirarlo. No se si la sangre saldrá de la toalla, dijo, pero no me importa.

Me quedé sentada en el suelo, desnuda, mientras el volvía.

-¿Que tal papi? Le pregunté.

-Ha sido magnifico, mi niña.

-Ahora quiero pedirte otro favor.

-¿Cual?

-Quiero que me lo hagas por detrás. Por el culo.

-¿Por el culo? Eso te dolerá mas que al romperte el himen.

-No me importa. Quiero probarlo. ¿Mamá y tu lo habéis hecho así alguna vez?

-En todos nuestro años de casados, creo que solo dos veces. A tu madre no le va mucho hacerlo así. Sonrió.

-Pues ahora quítate las ganas conmigo.

Me subí al sofá y le puse mi culito en su cara.

-¿Estas segura?

-Si papi.

-Espera un momento. Para esto hacen falta condones extra gruesos y no tenemos en casa. Iré a comprar. Espérame ¿vale?

-Claro papi, no me moveré de aqui.

Se vistió y salió a la calle.

Mientras estuvo fuera, llamó mamá y me preguntó que tal. Le dije que bien, que habíamos visto una peli y luego nos pusimos a jugar al Trivial y que ahora papá había salido a comprar unas pizzas para la cena. Si tu supieras, pensé.

Antes de despedirnos, volvió papá y le pasé el teléfono. El me siguió el juego y dijo que venía de comprar unas pizzas.

Al poco rato se despidieron y luego papi me contó que mamá le dijo que volvería dos días mas tarde de lo previsto por el trabajo.

Ya por fin tranquilos, sacó la caja de preservativos y me los enseñó.

-Mira, estos son, me dijo. Condones extra gruesos.

-Ah, vale papi. Son mas gruesos.

-Si, y por lo tanto mas resistentes.

-Eso es. Diciendo esto, se volvió a desnudar.

Yo me agaché dispuesta a chuparsela.

La cogí y me la metí en la boca. Era dulce y jugosa. Luego me la saqué y le eché el prepucio hacia atrás, mi padre no estaba circuncidado, y le chupé el glande y acaricié su frenillo con mi lengua. El se derretía de gusto.

-Mi niña, decía. Como me gusta.

Seguí chupándosela y el no podía mas.

Después de un rato, estaba al borde del orgasmo.

-Córrete en mi boca, papi. Le dije, dejando un momento de chupársela.

-No, mi niña. Quiero reservarme para tu culito.

-Que bueno eres papi.

Paré de chuparla y entonces me puse a cuatro patas en el sofá.

Me dijo como lo haría. Se mojó un dedo con lubricante que trajo, y me lo metió despacio por el culito. Me estremecí. Luego, con la otra mano, comenzó a masturbarme el chochito.

-Así, mi niña, poco a poco.

Luego me dijo que me metería un segundo dedo, hasta que mi ano se dilatase. Así lo hizo y con cuidado, metió mi pene por mi culo.

La metió mucho mas despacio que por mi chochito, hasta que entró toda. Me dolió bastante, pero no me quejé. A fin de cuentas, era yo la que le había pedido hacerlo así.

El empezó a moverse muy despacio y después de un rato, su pene entraba y salía muy fácilmente. Mi ano estaba dilatado al máximo y ya podía follarme a gusto.

-Mi niña. Me decía. Me excitaba todavía mas que me dijera “mi niña”

-Papi, papi, papi, sigue así, me follas genial. Sigue, sigue. Me da mucho gusto. Mamá no sabe lo que se pierde.

Seguimos haciéndolo un buen rato mas. Como hacia poco que se había corrido, mi padre aguantaba un montón.

Mucho mas tarde, cuando oí que sus gemidos iban aumentando, le pedí que se quitara el preservativo y se corriera en mi culo.

-¿En serio?

-Si, papi. Correte sin goma.

El la sacó, para entonces mi culo estaba super dilatado, y se quitó el condón, lo tiró al suelo y volvió a metérmela.

Entró muy suavemente. Siguió follándome y al poco, empezó a correrse.

-¡Aaaaaah, mi niña! gimió. ¡Me corro......uugnnnnhhhh!!

Yo sentí toda su leche en mi culo. Fue tremendo. Tuve un orgasmo magnifico.

-Papiiiiii, ¡que gustoooooo! Ha sido increíble. Que bien me has follado.

Ya fuera de mi, nos tumbamos juntos en el sofá.

-Uf, estoy agotado. Me dijo.

-Yo también, papi. Mamá no sabe lo que se pierde al follar por el culo.

-Bueno, ella se lo pierde.

-Voy a comer algo, estoy agotada.

Después de comer algo los dos, me dijo:

-Oye, tu madre ha dicho que volverá dos días mas tarde. ¿Que te parece si nos lo volvemos a montar hasta que vuelva?

-¡Siiiii! Será increíble papi, ya lo verás.

Estaba tan contenta. Tendría a mi papi para mi sola dos días mas.

Relato Erótico : Mi papi me folló por el culito - Capítulo 2

Después de nuestros maravillosos 3 días juntos, mi madre se había vuelto a ir de viaje de trabajo y mi hermano estaba de vacaciones con su novia, así que mi papi y yo nos volvimos a quedar solos. Era Agosto y para no quedarnos aburridos en la ciudad, mi padre propuso irnos a la playa. Tenia un amigo que trabajaba en un hotel y enseguida nos consiguió una habitación en su hotel. (Con dos camas separadas, claro está)

Cogimos el tren y a las pocas horas, estábamos en la playa. Nos instalamos en la habitación y enseguida quise bajar a la piscina. Me puse un bikini azul clarito, con lazos y mi padre un short azul, como os dije, se cuidaba mucho y tenia cuerpo para ello.

Ya en la piscina (bajaríamos a la playa mas tarde) los chicos no me quitaban ojo de encima. Tengo que reconocer que las mujeres tampoco le quitaban ojo de encima a mi padre.

Me metí en el agua y no me di cuenta al principio, de que con mi bikini azul clarito, mis pezones se transparentaban. Así que mi coñito también, supuse.

Tenia a mi lado a unos chico de unos 20 años. Era mono, y yo también me fijé en el. Mi padre me hizo un gesto con la cabeza para que le diera conversación. Y así fue.

Estuvimos hablando un buen rato y el chico se fue luego al otro lado de la piscina. En esto se acercó mi padre y me dijo:

-¿Te gusta?

-Si, es mono.

-Pues anda, ve a buscarle y follatelo.

-¡Papi, que dices!

-Tendrás que hacerlo con chicos de tu edad ¿no?

-Si, pero, ahora solo quiero follar contigo, papi. No quiero compartirte con nadie mas. Estos días son solo para nosotros.

Me miró y me sonrió.

Después de un rato de nadar, empecé a aburrirme y ademas me dio una calentura, por lo que me salí del agua y me subí a la habitación, después de decirle a mi padre que me apetecía comer algo.

Me metí en la ducha y comencé a masturbarme con el chorro de agua. Recorría mi chochito de arriba a abajo con suavidad, y luego me daba en el clítoris. Era una sensación maravillosa. Con el ruido del agua, no oí que la puerta de la habitación se abría.

Estaba con los ojos cerrados, gimiendo como una loca de placer, cuando un ruido me hizo abrirlos. Era mi padre, que estaba en el umbral de la puerta del baño y me invitó a que terminara de masturbarme.

Eso me puso a cien y como ya estaba casi al borde del orgasmo, enseguida me corrí con un grito muy grande.

-¡Aaaaaaaaaaaaaah!

Caí de rodillas en la ducha, extasiada de placer, mientras el agua caía sobre mi cabeza. Mi padre me cogió en brazos y me llevó a la cama. Puso la toalla en ella y a mi encima. Estaba toda mojada.

El se agachó a mi boca y empezamos a besarnos apasionadamente. Me metía la lengua hasta la campanilla y yo a el.

Eramos como dos amantes enfervorizados. Estoy segura de que nunca experimentó tanta pasión con mi madre, como conmigo en este momento. Yo seguía mojada, así que nuestros cuerpos se escurrían y se frotaban mejor.

Al poco su pene estaba erecto al máximo. Mientras seguíamos tocándonos y besándonos, le dije al oído que podía follarme sin condón, que ahora mismo no podía quedarme embarazada.

El me sonrió como en la piscina y entonces hizo algo que me volvió a poner a cien. Se puso encima de mi y con el glande, fue acariciando mi tripa, bajando despacio hasta mi rajita.

Fue como si me follara, pero sin penetrarme. Se frotaba contra mi, muy rápido, sin metérmela y como estábamos mojados los dos, fue muy agradable.

Yo estaba a tope y notaba como de su pene salían unas gotitas de liquido preseminal y ahora si, me la metió toda.

Le dije que me follara fuerte, que estaba deseándolo. Comenzó a bombearme fuerte desde el principio, como le pedí.

Yo gemía como una loca, no me importaba que nos oyeran. Nadie sabia realmente, que quien estaba en esa habitación, eran un padre y una hija incestuosos, deseosos de sus cuerpos y entregados a la pasión del sexo.

-Ah, ah, ah, Papi, papi, papiiiiiii.

-Mi niña, gemía el, mi niña, mi niñaaaaa.

La cama botaba como si se fuera a romper. El cabecero golpeaba la pared rítmicamente. Nuestros cuerpos estaban fundidos en uno.

Mi padre seguía follándome con fuerza, tenia mucho aguante. Yo estaba agarrada a su espalda, aguantando sus embestidas.

Como diez minutos después, sentí llegar el orgasmo. Lo veía cercano, grande, mas grande aun que cuando me corrí en la ducha.

-Ugh, papi, gemí. No pude evitar clavarle las uñas en la espalda.

El dio unos empujones mas y me corrí, clavándole más las uñas en la espalda.

-¡Papiiiiiiiiiii!

-Si, mi niña, ¿te gusta?, decía.

-Si, papi, es maravilloso tenerte dentro. ¿Tu te corres ya?

-No mi niña, todavía aguanto un poco mas.

Entonces nos giramos y me puso de lado. Nos pusimos a follar haciendo la cucharita.

Notaba su polla dura como nunca, frotando todo mi chocho y la sensación era mejor todavía. Con su mano derecha empezó a masturbarme y eso me hizo volverme mas loca aun.

-¡Aaaaaaah! ¡Papiiiiiii! ¡Que gustoooooooo! ¡Sigueeeeeeee! ¡Maaaassss! ¡Maasss! ¡Me corroooooo!

¡Me voooooyyyyyy!

Estallé en un orgasmo tremendo por segunda vez. Fue mejor que los dos anteriores. El me giró y termino de follarme de cara.

-¡Aaaaah! ¡Me corro Sofia! Me dijo. ¡Me corroooooooooooooooooo!

Dio unos empujones mas y terminó de soltar toda su leche en mi.

Tras recuperarnos, me dijo: Estoy agotado. Mi niña, es increíble como has aprendido. Ya follas mejor que tu madre.

-¿Te ha gustado papi?

-Claro que si. En todos nuestros años de casados, tu madre nunca me ha follado así.

-Yo soy mas joven también.

-Si, pero cuando tu madre tenia un poco mas de tu edad, era muy ardiente, pero no lo hacía tan bien como tu, mi niña.

-Me alegro que te gustase, papi. Tu también follas de vicio.

Pasaron unos días y yo seguí viendo al chico de la piscina. Nos encontrábamos en la playa y nos poníamos a hablar o a jugar a las palas. La verdad es que el chico estaba muy bien. Pese a lo que le había dicho a mi padre, me apetecía follar con el.

No se porqué, le pedí permiso a mi padre. El me dijo que adelante, que ya me lo había propuesto en aquella ocasión. Me dijo que le llevara a nuestra habitación, y que el nos esperaría el tiempo que fuera necesario.

Pedí la llave de la habitación y llamé a Carlos para que me siguiera, así se llamaba el chico. Subimos a la habitación y puse el cartel de no molestar.

A el se le veía algo pardillo en eso del sexo. Bueno, hasta hace poco yo era igual, pensé.

Le ayudé a desnudarse, el pobre era un poco tímido también. Yo me desnudé también y le tumbé boca arriba en la cama.

-Bueno, ¿ahora sabes que hacer, no?

-Si, tengo que meter mi pene en tu....

-En mi chochito.

-Eso. En tu chochito.

Me abrí los labios, y el se quedo mirándolos con cara de tonto.

Si nunca había follado, menos me iba a comer el chocho. Así que tenía que ser yo la que tomara la iniciativa.

Nos besamos. Yo le metía la lengua. El estaba un poco perdido.

Luego, como yo no me excitaba, me mojé los dedos y comencé a masturbarme.

El se me quedó mirando como lelo. Su pene estaba un poco erecto, pero no del todo.

Cuando me noté húmeda, me puse a chupársela. A el le gustaba, porque empezó a gemir. Después de un momento, ya estaba a tope.

Fui a por un condón y se lo puse.

-Ahora déjame hacer a mi. Tu solo relájate y disfruta.

Me la metí despacio y comencé a follarmelo.

El empezó a gemir mas alto: Uf, uf, uf.

Después de un rato conmigo encima, Carlos quiso cambiar la postura y hacérmelo con el encima.

Empezó a empujar. No se le daba muy bien.

Como en un par de minutos o tres, se corrió.

-¡Aaaaaaaah! ¡Sofiaaaaaaa!

Se salió de mi y se tumbó boca arriba.

-¿Te ha gustado?

-Si, le mentí. Ni siquiera me había corrido.

La experiencia fue un poco desastrosa. Nos despedimos y el se fue tan contento.

Dos días después, volvimos a bajar a la piscina. Mi padre se puso a hablar con una mujer de mas o menos su misma edad. Llevaba un bañador azul oscuro, se había quitado el pareo y podía notar que tenia celulitis en los muslos y el culo.

Hablaban muy animadamente y a mi empezaron a entrarme celos. ¿De verdad prefería a esa mujer que a su niña? No podía competir conmigo, por supuesto. Con 19 años, yo era una muñeca y tenia un cuerpazo. Esa mujer tenia celulitis y eso.

Bueno, me estaba precipitando, no quería decir nada que estuvieran hablando.

Al cabo de una media hora, yo estaba leyendo un libro, tumbada en una hamaca, cuando vi por el rabillo del ojo, que los dos se levantaban y se marchaban de la piscina.

-¿Pero que? ¿Será capaz?

Me levanté como un resorte en cuanto desaparecieron y me fui detrás de ellos sin que me vieran.

Llegué a la puerta de nuestra habitación, donde evidentemente, habían colgado el cartel de no molestar, y pegué el oído a la puerta. Miré por el ojo de la cerradura, pero claro, no podía ver nada.

Al poco me cansé de intentar ver algo, y al darme la vuelta, empecé a oír unos gemidos que venían de dentro.

-Oooh, ohh, aaaah. Era gemidos femeninos. Mi padre se estaba follando a esa desconocida. En vez de pensar que le estaba poniendo los cuernos a mi madre, solo me entraron celos por mi.

-Aaaah, aaah, se oía. Ahora era el.

Se empezaron a oír crujir los muelles de la cama. Intenté taparme los oídos pero no pude. Los crujidos fueron incrementándose al máximo y oí a los dos gemir como locos. Al poco rato, se detuvieron y todo quedó en silencio.

Me senté en el suelo del pasillo, llorando como una tonta. Mi padre lo había hecho con otra mujer. No era mi madre, y tampoco era yo. Me molestaba mas que no lo hubiera hecho conmigo, que también le estuviera poniendo los cuernos a mi madre.

Al poco se abrió la puerta y salió la mujer del bañador azul oscuro, con el pareo puesto. Oí como se despedían.

Al bajar en el ascensor la mujer, llamé a la puerta y abrió el. Ya no se si era mi papi.

-Hola Sofia, me dijo el.

-¿Que has hecho? le dije llorando. Le golpeé en el pecho. ¡Te has follado a esa mujer! ¡La has preferido a ella antes que a mi!

-¿Que dices, mi niña?

Encima me llamaba mi niña. No podía parar de llorar.

-Te deje que te fueras con Carlos. Me dijo. Entonces no te importó follar con el. ¿no? Ahora, ¿porque te pones así?

Tenía razón. El me permitió follar con otros chicos. ¿Porque tenía celos? En el fondo, ¿estaba enamorada de mi padre?

-Necesitaba follar con una mujer parecida a tu madre. Pensaba que no te importaba. Tenía necesidad de sexo, Sofia, no te enfades.

-¿Y no te bastaba yo, papi?

-Pues, ¿sabes que? a veces un hombre de mi edad, necesita el contacto de una mujer madura. Una mujer con sus defectos, que también te hace sentir bien, pero que te devuelve a la realidad de que tu ya no eres ningún niño.

-Quizá tengas razón.

-Cuando tengas mi edad, lo entenderás. Pero tu siempre serás mi niña. Esta noche cenaremos, me dijo y luego tendrás una noche que no olvidarás. Te lo prometo.

Cenamos y después, subimos a la habitación. Se puso a espaldas de mi y me quitó el vestido que me había puesto para la cena. Me dejo en ropa interior. Me beso el cuello y detrás de las orejas. Sabía que los besos en esa zona me ponían a mil.

El se desnudó, quedándose en calzoncillos. Frotó su pene contra mis braguitas a través del calzoncillo. Dí un respingo.

Agarró mis pechos a través del sujetador. Me los apretó y acarició los pezones con él puesto. Me puse a mil.

Me giró y entonces hizo el movimiento de follarme, pero con la ropa interior puesta.

-Mi niña, ¿me sientes?

Su polla estaba al máximo de dureza.

-Si papi, te siento. Su glande frotaba mi clítoris.

Aceleró un poco mas. Mis bragas iban humedeciéndose progresivamente.

-¿Me perdonas?

-Si papi, te per..do...no. Casi no podía articular palabra. Echaba mi cabeza hacía atrás, por el placer que me estaba dando.

Después de llevarme al borde del orgasmo, me desnudó. Se fue al baño y volvió con aceite lubricante.

Me untó toda con el y luego se desnudó. Me pasó el frasco y me dijo que le echara por el pecho.

Yo obedecí encantada. Se había depilado el pecho para ir a la playa y dejé que escurriera por el hasta su pene.

Entonces me atrajo a el y nos frotamos así desnudos y aceitosos. Me abrió los muslos y sin mucha mas preparación, me la metió de un empujón.

-Ugh, gemí.

Ya follándome, me seguía preguntando: ¿Me perdonas, mi niña?

-Que si, papi, que si, te perdono.

Su pene entraba y salía deslizándose muy suavemente por el aceite.

-Tu eres mi niña, decía gimiendo. No tengo ojos para otra, tu eres la niña de mis ojos. Follar con esa mujer no fue nada para mi.

-No me importa papi, solo quiero tu ver...gaaa.... Te quiero dentro de mi.

El seguía empujando fuerte, follándome como un loco. Estábamos haciéndolo de pie. Unos minutos después, nos giramos y termino de hacérmelo apoyada contra la pared.

-¡Ah, ah, ah! Ya esta, ya viene.....me voy papi, me vo...yyyyy, me co....rrooooooooooo.

Mi padre aguantó un poco mas y terminó corriéndose también.

-Mi niña, mi ni....ñaa....ñaaaaaaaaa. ¡Aaaaaaaah!

Estalló su corrida en mi, llenándome toda con su leche.

Acabamos sentados en el suelo, extasiados y todo pringosos.

Luego me llevó a la ducha, y allí me volvió a follar.

Pedimos algo de comida, estábamos hambrientos y mas tarde me folló por el culo en la cama.

Fueron unos dias maravillosos.

Relato Erótico : Mi papi me folló por el culito - Capítulo 3

Ah, ah, ah. Gemía yo, mientras mi papá seguía follándome. Mi padre estaba encima mío y yo con mis piernas apretadas alrededor de el. Estaba a punto de correrme, y mi papi aceleró un poco mas, hasta que me corrí agarrándole fuerte. Le clavé las uñas.

Después de un rato, el se salió de mi y acabó masturbándose y corriéndose en mis tetas. Me soltó varios chorros de semen en ellas. Yo le sonreí.

Se tumbó junto a mi y tras recuperar la respiración, cogió un clínex y me limpió las tetas.

-Ahora tendré que compartirte con tu madre. Me dijo. Vuelve esta tarde.

-De acuerdo papi. Le sonreí.

Era mi madre, pero tampoco me apetecía mucho compartirle.

A las 5 sonó el timbre. Era mi madre que volvía de viaje. Mi hermano seguía fuera y así que estábamos los tres solos.

Le di dos besos a mi madre y un abrazo y le dejé a mi padre el turno de abrazarla y besarla.

El me hizo un gesto con la cabeza para que me fuera, sin que me viera mi madre, y yo lo entendí enseguida.

Me fui a mi habitación, cerré la puerta y me puse los cascos cerrados y la música bien alta.

Al poco me dio por levantar el auricular izquierdo y oí a mi madre gemir como una loca y la cama de mis padres temblar, como si hubiera un terremoto.

Volví a ponerme el auricular sobre la oreja y concentrarme en la música, para olvidarme de que mis padres estaban haciéndolo.

Mas tarde me dormí. Cuando abrí los ojos, vi que mi padre había entrado en mi habitación y apagó la música. Me quité los cascos.

-Tu madre está dormida. Venía a ver si estabas bien.

-Todo lo bien que se puede estar después de oír a tus padres hacerlo.

-Ya sabes que ahora tengo que compartiros a las dos.

-Ya lo se. Aún así siento algo de celos.

-Puedo arreglarlo.

Me bajó el pantalón del pijama y me quitó las braguitas.

Abrió mis piernas y me comió el chochito. Yo le agarraba la cabeza porque me estaba volviendo loca de placer. Al poco me corrí, aguantando mis gemidos.

Decidí devolverle el favor a mi padre y le chupé la polla. Su pene se enderezó, pero no mucho. Aun así, el decidió follarme.

Se puso un preservativo e insistió en metérmela sin estar empalmado del todo. Estuvo así un rato bombeándome, pero el pene no se le ponía tieso. Y encima con el condón sobrándole, se movía dentro de mi.

Terminó saliéndose y me pidió perdón.

-No pasa nada. Acabas de hacerlo con mi madre.

-Es verdad.

-La próxima vez.

Al día siguiente, estábamos desayunado en la cocina los tres juntos. Mi madre tenia un nuevo viaje de trabajo.

Después de desayunar, se arregló, cogió la maleta y nos despedimos.

Mi padre salió a mediodía y no volvió hasta eso de las 2. Me saludó al volver y guardó algo en un cajón de la cocina.

-¿Qué es eso papá?

-Nada. Algo azul, me dijo.

Abrí el cajón y vi que era una pastilla azul.

-Es para ayudarme...a...ya sabes.

Ponía Viagra en la parte de atrás.

La cogió de mi mano, la abrió y se la tragó.

A los dos minutos su pene estaba erecto. Me cogió y me dijo que me llevaba a su habitación. Quería follarme allí.

Nos besamos apasionadamente y el me sobaba el culo. Yo me estaba humedeciendo. Me metió un dedo en el chocho y me masturbó con fuerza.

Me tumbó en la cama y me puso a cuatro patas. Terminó de masturbarme y me corrí con un grito.

-¡Aaaaaah! ¡Papiiiiiiii!

Se roza su pene con mi culo y me la mete de un tirón. Le oigo gemir como un loco, esta muy cachondo.

Enseguida empieza con el mete y saca. Me bombea con fuerza. Se pone junto a mi oído y me dice:

-Mi niña, mi niña, mi niña.

Acelera mas y mas. Nunca le había visto así y al poco rato se corre dentro.

Siento su semen dentro de mi, cuando me doy cuenta de que no se ha puesto condón.

-Papi, le digo. No hemos tomado precauciones.

Me mira con cara de idiota. Todavía esta recuperando la respiración.

-Es verdad. No me puse un preservativo. Estaba tan excitado por la viagra, que no me di cuenta.

Le miro pero no le digo nada. Me doy cuenta de que puedo quedarme embarazada.

-Tendré que ir a por la píldora del día después. Ahí un centro de planificación familiar aquí cerca.

-Si mi niña, porque si te quedas embarazada tendrás un hijo que además será tu hermano y....

Mi padre no sabía como seguir.

-¿Te acompaño? dijo con un hilo de voz.

-No, no te preocupes.

Me duché y me vestí y me fui para el centro.

Llegué allí sobre las 4. Había mucha gente esperando.

Después de un rato, me tocó entrar.

-Hola. Buenas tardes. Venía para que me diera la píldora del día después.

Era un mujer de unos 50 años, parecía un poco borde.

-Bien, me dice. ¿Has tenido sexo sin protección?

-Si.

-¿Y ha habido eyaculación?

-Si, por eso le pido la píldora.

-¿Y cuando ha sido?

-Hará como dos horas.

-Es pronto aún.

-Si, pero mañana no estaré en la ciudad y la necesitaba ahora. Por favor.

-¿Y tu pareja donde está?¿Porqué vienes tu sola?

No sabía que excusa poner. No podía decirle que lo había hecho con mi padre, claro.

-Ha sido todo tan rápido, que no ha podido venir.

-¿De verdad ha sido tan rápido? Dijo con media sonrisa.

-No. Pero si. Bueno, no sabia que mas decirle.

-Me gustaría que viniera el también. Tiene que ser responsable de hacerlo con protección.

-Vale, esta bien.

Salí de la sala y llamé a mi amigo Javier. Tiene un año mas que yo y le contaría un cuento para que viniera.

-¿Puedes venir? Le dije. Anda, hazte pasar por mi novio y di que te has acostado conmigo y te daré 10€.

-Que sean 30€ mejor.

Chantajista, pensé. Pero tenía que salir del lío como fuera. Se me pasó por la cabeza haber llamado a mi padre, pero pensé que podría sospechar algo la tía esa.

Media hora después llegó Javier y entramos juntos.

-Así que tu eres su novio ¿no? le preguntó la estúpida de la mujer.

-Pues si.

-Debes ser responsable. Sois muy jóvenes y debéis tomar precauciones siempre. No puede tomar la píldora tan pronto.

Sacó algo de un cajón. Era un pene de plástico, como un consolador. Casi me río en su cara.

También sacó un preservativo.

Lo abrió y le indico como ponérselo.

-Coges el preservativo, lo sujetas por arriba para que no quede aire y cuando el pene esté erecto, te lo pones y lo desenrollas hasta la base.

Javier la miraba con cara de tonto.

-Recuerda ponértelo siempre antes de la penetración. Y cuando eyacules, sujétalo por la base y te sales.

Javier asintió.

-Así me gusta. Usalo a partir de ahora.

Y le regaló un par de ellos.

A mi me dio la píldora y por fin pudimos salir de allí.

Me la tomé con un café y por fin me quedé tranquila. Iba a darle el dinero a Javier, pero no lo aceptó. A cambio, me dio un beso en la boca. Yo no me opuse, a fin de cuentas, me había salvado.

Cuando llegué a casa, mi padre me preguntó que que tal. Yo le dije que bien. El me dijo que debía hacer ido conmigo al centro de planificación familiar. Le contesté que tal vez hubieran sospechado de nosotros y pensado que era incesto. Además que la mujer de allí era muy borde y que era mejor como lo habíamos hecho.

Luego merendamos y me dijo que mamá volvería dos días después.

A la hora de comer de ese día volvió mi madre. Después de los besos y abrazos, mi padre preparó la comida y nos sentamos juntos a la mesa.

Recogimos todo y nos fuimos cada uno a su habitación a echarnos la siesta.

Yo estaba tumbada, sin dormirme, cuando oí como la cama de mis padres empezaba a moverse.

Ñi,ñi,ñi.

Esta vez no me puse los cascos, ni la música a todo volumen y decidí escuchar como lo hacían.

El traqueteo de la cama fue en aumento y entonces me levanté y en silencio salí de mi cuarto.

Me puse en la puerta de la habitación de mis padres sin que me vieran.

Vi como mi padre estaba encima de mi madre y su culo subía y bajaba en cada embestida. Mi madre le rodeaba con sus piernas como había hecho yo con el. Los empujones de mi padre eran fuertes y constantes. Llevaban un ritmo fuerte los dos.

Mas tarde, mi madre se giró y fue ella la que se puso encima de el. Subía y bajaba sobre su polla mientras apoyaba las manos en el pecho de mi padre. Miré a mi padre y el me vio, justo cuando por su cara, vi que se estaba corriendo.

Me quede parada viendo como se iba.

Mi madre siguió botando sobre el, sabiendo que ya se había ido, pero ella aún no.

Yo seguía clavada en el umbral, viéndolos follar, hasta que mi madre por fin se corrió.

-¡Aaaaaah!¡Ugggggggh!

Siguió botando un poco mas hasta que su ritmo se aflojó y se paró. Se levantó y se salió de mi padre. Justo en ese momento yo me fui a mi habitación.

Un rato después, yo estaba medio dormida, mi padre fue a verme. Abrí un ojo somnoliento y le miré.

-Hola mi niña. Me dijo.

Estaba desnudo frente a mi y empalmado. Debía haberse tomado otra viagra.

Yo me levanté y nos besamos en la boca con lengua.

-Tu madre está dormida y he venido a verte, para darte el amor que me sobra.

Esas palabras me pusieron muy cachonda.

Después de masturbarme estaba a punto. Le ayude a ponerle un preservativo, y entonces recordé las palabras que nos dijo la mujer del centro de planificación familiar y sonreí.

Lo desenrollé hasta la base de su pene y me tumbé boca arriba para que me penetrara una vez mas.

Cogió el pene con su mano y me penetró con suavidad. Enseguida nos acoplamos y empezamos a follar.

Seguíamos un ritmo lento, pausado. Pese a que le notaba muy excitado por su respiración, me lo hizo suavemente.

Mas tarde, seguíamos haciéndolo, cuando vi que la puerta se había un poco. Era mi madre que nos miraba en silencio, desnuda frente a nosotros.

Parece que había asumido que mi padre me follara a mi también y nos compartiera a las dos...
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