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miércoles, 16 de febrero de 2022

Julio Cortázar - La caricia más profunda

Julio Cortázar - La caricia más profunda

En su casa no le decían nada, pero cada vez le extrañaba más que no se hubiesen dado cuenta. Al principio podía pasar inadvertido y él mismo pensaba que la alucinación o lo que fuera no iba a durar mucho; pero ahora que ya caminaba metido en la tierra hasta los codos no podía ser que sus padres y sus hermanas no lo vieran y tomaran alguna decisión. Cierto que hasta entonces no había tenido la menor dificultad para moverse, y aunque eso parecía lo más extraño de todo, en el fondo lo que a él lo dejaba pensativo era que sus padres y sus hermanas no se dieran cuenta de que andaba por todos lados metido hasta los codos en la tierra.

Monótono que, como casi siempre, las cosas sucedieran progresivamente, de menos a más. Un día había tenido la impresión de que al cruzar el patio iba llevándose algo por delante, como quien empuja unos algodones. Al mirar con atención descubrió que los cordones de los zapatos sobresalían apenas del nivel de las baldosas. Se quedó tan asombrado que no pudo ni hablar ni decírselo a nadie, temeroso de hundirse bruscamente del todo, preguntándose si a lo mejor el patio se habría ablandado a fuerza de lavarlo, porque su madre lo lavaba todas las mañanas y a veces hasta por la tarde. Después se animó a sacar un pie y a dar cautelosamente un paso; todo anduvo bien, salvo que el zapato volvió a meterse en las baldosas hasta el moño de los cordones. Dio varios pasos más y al final se encogió de hombros y fue hasta la esquina a comprar La Razón porque quería leer la crónica de una película.

En general, evitaba la exageración, y quizás al final hubiera podido acostumbrarse a caminar así, pero unos días después dejó de ver los cordones de los zapatos, y un domingo ni siquiera descubrió la bocamanga de los pantalones. A partir de entonces, la única manera de cambiarse de zapatos y de medias consistió en sentarse en una silla y levantar la pierna hasta apoyar el pie en otra silla o en el borde de la cama. Así conseguía lavarse y cambiarse, pero apenas se ponía de pie volvía a enterrarse hasta los tobillos y de esa manera andaba por todas partes, incluso en las escaleras de la oficina y los andenes de la estación Retiro. Ya en esos primeros tiempos no se animaba a preguntarle a su familia, y ni siquiera a un desconocido de la calle, si le notaban alguna cosa rara; a nadie le gusta que lo miren furtivamente y después piensen que está loco. Parecía obvio que sólo él notaba cómo se iba hundiendo cada vez más, pero lo insoportable (y por eso mismo lo más difícil de decirle a otro) era admitir que hubiera más testigos de esa lenta sumersión. Las primeras horas en que había podido analizar despacio lo que le estaba sucediendo, a salvo en su cama, las dedicó a asombrarse de esa inconcebible alienación frente a su madre, su novia y sus hermanas. Su novia, por ejemplo, ¿cómo no se daba cuenta por la presión de su mano en el codo que él tenía varios centímetros menos de estatura? Ahora estaba obligado a empinarse para besarla cuando se despedían en una esquina, y en ese momento en que sus pies se enderezaban sentía palpablemente que se hundía un poco más, que resbalaba más fácilmente hacia lo hondo, y por eso la besaba lo menos posible y se despedía con una frase amable y liviana que la desconcertaba un poco; acabó por admitir que su novia debía ser muy tonta para no quedarse de una pieza y protestar por ese frívolo tratamiento. En cuanto a sus hermanas, que nunca lo habían querido, tenían una oportunidad única para humillarlo ahora que apenas les llegaba al hombro, y sin embargo seguían tratándolo con esa irónica amabilidad que siempre habían creído tan espiritual. Nunca pensó demasiado en la ceguera de sus padres porque de alguna manera siempre habían estado ciegos para con sus hijos, pero el resto de la familia, los colegas, Buenos Aires, seguían ahí y lo veían. Pensó lógicamente que todo era ilógico, y la consecuencia rigurosa fue una chapa de bronce en la calle Serrano y un médico que le examinó las piernas y la lengua, lo xilofonó con su martillito de goma y le hizo una broma sobre unos pelos que tenía en la espalda. En la camilla todo era normal, pero el problema recomenzaba al bajarse; se lo dijo, se lo repitió. Como si condescendiera, el médico se agachó para palparle los tobillos bajo tierra; el piso de parquet debía ser transparente e intangible para él porque no sólo le exploró los tendones y las articulaciones sino que hasta le hizo cosquillas en el empeine. Le pidió que se acostara otra vez en la camilla y le auscultó el corazón y los pulmones; era un médico caro y desde luego empleó concienzudamente una buena media hora antes de darle una receta con calmantes y el consabido consejo de cambiar de aire por un tiempo. También le cambió un billete de diez mil pesos por seis de mil.

Después de cosas así no le quedaba otro camino que seguir aguantándose, ir al trabajo todas las mañanas y empinarse desesperadamente para alcanzar los labios de su novia y el sombrero en la percha de la oficina. Dos semanas más tarde ya estaba metido en la tierra hasta las rodillas, y una mañana, al bajarse de la cama, sintió de nuevo como si estuviera empujando suavemente unos algodones, pero ahora los empujaba con las manos y se dio cuenta de que la tierra le llegaba hasta la mitad de los muslos. Ni siquiera entonces pudo notar nada raro en la cara de sus padres o de sus hermanas, aunque hacía tiempo que los observaba para sorprenderles en plena hipocresía. Una vez le había parecido que una de sus hermanas se agachaba un poco para devolverle el frío beso en la mejilla que cambiaban al levantarse, y sospechó que habían descubierto la verdad y que disimulaban. No era así; tuvo que seguir empinándose cada vez más hasta el día en que la tierra le llegó a las rodillas, y entonces dijo algo sobre la tontería de esos saludos bucales que no pasaban de reminiscencias de salvajes, y se limitó a los buenos días acompañados de una sonrisa. Con su novia hizo algo peor, consiguió arrastrarla a un hotel y allí, después de ganar en veinte minutos una batalla contra dos mil años de virtud, la besó interminablemente hasta el momento de volver a vestirse; la fórmula era perfecta y ella no pareció reparar en que él se mantenía distante en los intervalos. Renunció al sombrero para no tener que colgarlo en la percha de la oficina; fue hallando una solución para cada problema, modificándolas a medida que seguía hundiéndose en la tierra, pero cuando le llegó a los codos sintió que había agotado sus recursos y que de alguna manera sería necesario pedir auxilio a alguien.

Llevaba ya una semana en cama fingiendo una gripe; había conseguido que su madre se ocupara todo el tiempo de él y que sus hermanas le instalaran el televisor a los pies de la cama. El cuarto de baño estaba al lado, pero por las dudas sólo se levantaba cuando no había nadie cerca; después de esos días en que la cama, balsa de náufragos, lo mantenía enteramente a flote, le hubiera resultado más inconcebible que nunca ver entrar a su padre y que no se diera cuenta de que apenas le asomaba el tronco del piso y que para llegar al vaso donde se ponían los cepillos de los dientes tenía que encaramarse al bidé o al inodoro. Por eso se quedaba en cama cuando sabía que iba a entrar alguien, y desde ahí telefoneaba a su novia para tranquilizarla. Imaginaba de a ratos, como en una ilusión infantil, un sistema de camas comunicantes que le permitieran pasar de la suya a esa otra donde lo esperaría su novia y de ahí a una cama en la oficina y otra en el cine y en el café, un puente de camas por encima de la tierra de Buenos Aires. Nunca se hundiría del todo en esa tierra mientras con ayuda de las manos pudiera treparse a una cama y simular una bronquitis.

Esa noche tuvo una pesadilla y se despertó gritando con la boca llena de tierra; no era tierra, apenas saliva y mal gusto y espanto. En la oscuridad pensó que si se quedaba en la cama podría seguir creyendo que eso no había sido más que una pesadilla, pero que bastaría ceder por un solo segundo a la sospecha de que en plena noche se había levantado para ir al baño y se había hundido hasta el cuello en el piso, para que ni siquiera la cama pudiera protegerlo de lo que iba a venir. Se convenció poco a poco de que había soñado porque en realidad era así, había soñado que se levantaba en la oscuridad, y sin embargo cuando tuvo que ir al baño esperó a estar solo y se pasó a una silla, de la silla a un taburete, desde el taburete adelantó la silla, y así alternando llegó al baño y se volvió a la cama; daba por supuesto que cuando se olvidara de la pesadilla podría levantarse otra vez, y que hundirse tan sólo hasta la cintura sería casi agradable por comparación con lo que acababa de soñar.

Al día siguiente se vio obligado a hacer la prueba porque no podía seguir faltando a la oficina. Desde luego el sueño había sido una exageración puesto que en ningún momento le entró tierra en la boca, el contacto no pasaba de la misma sensación algodonosa del comienzo y el único cambio importante lo percibían sus ojos casi al nivel del piso: descubrió a muy corta distancia una escupidera, sus zapatillas rojas y una pequeña cucaracha que lo observaba con una atención que jamás le habían dedicado sus hermanas o su novia. Lavarse los dientes, afeitarse, fueron operaciones arduas porque el solo hecho de alcanzar el borde del bidé y trepar a fuerza de brazos lo dejó extenuado. En su casa el desayuno se tomaba colectivamente, pero por suerte su silla tenía dos barrotes que le sirvieron de apoyo para encaramarse lo más rápidamente posible. Sus hermanas leían Clarín con la atención propia de todo lector de tan patriótico matutino, pero su madre lo miró un momento y lo encontró un poco pálido por los días de cama y la falta de aire puro. Su padre le dijo que era la misma de siempre y que lo echaba a perder con sus mimos; todo el mundo estaba de buen humor porque el nuevo gobierno que tenían ese mes había anunciado aumentos de sueldos y reajustes de las jubilaciones. “Cómprate un traje nuevo —le aconsejó la madre—, total podés renovar el crédito ahora que van a aumentar los sueldos.” Sus hermanas ya habían decidido cambiar la heladera y el televisor; se fijó en que había dos mermeladas diferentes en la mesa. Se iba distrayendo con esas noticias y esas observaciones, y cuando todos se levantaron para ir a sus empleos él estaba todavía en la etapa anterior a la pesadilla, acostumbrado a hundirse solamente hasta la cintura; de golpe vio muy de cerca los zapatos de su padre que pasaban rozándole la cabeza y salían al patio. Se refugió debajo de la mesa para evitar las sandalias de una de sus hermanas que levantaba el mantel, y trató de serenarse. “¿Se te cayó algo?”, le preguntó su madre. “Los cigarrillos”, dijo él, alejándose lo más posible de las sandalias y las zapatillas que seguían dando vueltas alrededor de la mesa. En el patio había hormigas, hojas de malvón y un pedazo de vidrio que estuvo a punto de cortarle la mejilla; se volvió rápidamente a su cuarto y se trepó a la cama justo cuando sonaba el teléfono. Era su novia que preguntaba si seguía bien y si se encontrarían esa tarde. Estaba tan perturbado que no pudo ordenar sus ideas a tiempo y cuando acordó ya la había citado a las seis en la esquina de siempre, para ir al cine o al hotel según les pareciera en el momento. Se tapó la cabeza con la almohada y se durmió; ni siquiera él se escuchó llorar en sueños.

A las seis menos cuarto se vistió sentado al borde de la cama, y aprovechando que no había nadie a la vista cruzó el patio lo más lejos posible de donde dormía el gato. Cuando estuvo en la calle le costó hacerse a la idea de que los innumerables pares de zapatos que le pasaban a la altura de los ojos no iban a golpearlo y a pisotearlo, puesto que para los dueños de esos zapatos él no parecía estar allí donde estaba; por eso las primeras cuadras fueron un zigzag permanente, un esquive de zapatos de mujer, los más peligrosos por las puntas y los tacos; después se dio cuenta de que podía caminar sin preocuparse tanto, y llegó a la esquina antes que su novia. Le dolía el cuello de tanto alzar la cabeza para distinguir algo más que los zapatos de los transeúntes, y al final el dolor se convirtió en un calambre tan agudo que tuvo que renunciar. Por suerte conocía bien los diferentes zapatos y sandalias de su novia, porque entre otras cosas la había ayudado muchas veces a quitárselos, de modo que cuando vio venir los zapatos verdes no tuvo más que sonreír y escuchar atentamente lo que fuera ella a decirle para responder a su vez con la mayor naturalidad posible. Pero su novia no decía nada esa tarde, cosa bien extraña en ella; los zapatos verdes se habían inmovilizado a medio metro de sus ojos y aunque no sabía por qué tuvo la impresión de que su novia estaba como esperando; en todo caso el zapato derecho se había movido un poco hacia adentro mientras el otro sostenía el peso del cuerpo; después hubo un cambio, el zapato derecho se abrió hacia afuera mientras el izquierdo se afirmaba en el suelo. “Qué calor ha hecho todo el día”, dijo él para abrir la conversación. Su novia no le contestó, y quizá por eso sólo en ese momento, mientras esperaba una respuesta trivial como su frase, se dio cuenta del silencio. Todo el bullicio de la calle, de los tacos golpeando en las baldosas hasta un segundo antes: de golpe nada. Se quedó esperando un poco y los zapatos verdes avanzaron levemente y volvieron a inmovilizarse; las suelas estaban ligeramente gastadas, su pobre novia tenía un empleo mal remunerado. Enternecido, queriendo hacer algo que le probaba su cariño, rascó con dos dedos la suela más estropeada, la del zapato izquierdo; su novia no se movió, como si siguiera esperando absurdamente su llegada. Debía ser el silencio que le daba la impresión de estirar el tiempo, de volverlo interminable, y a la vez el cansancio de sus ojos tan pegados a las cosas iba como alejando las imágenes. Con un dolor insoportable pudo todavía alzar la cabeza para buscar el rostro de su novia, pero sólo vio las suelas de los zapatos a tal distancia que ya ni siquiera se notaban las imperfecciones. Estiró un brazo y luego el otro, tratando de acariciar esas suelas que tanto decían de la existencia de su pobre novia; con la mano izquierda alcanzó a rozarlas; pero ya la derecha no llegaba, y después ninguna de las dos. Y ella, por supuesto, seguía esperando.

Julio Cortázar - La caricia más profunda

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martes, 4 de enero de 2022

Los 10 orígenes más horripilantes de los cuentos de hadas

Los cuentos de hadas del pasado a menudo estaban llenos de giros y finales macabros y horripilantes. En estos días, compañías como Disney los han saneado para una audiencia moderna que claramente se considera incapaz de hacer frente, por lo que vemos finales felices en todas partes. Esta lista analiza algunos de los finales comunes con los que estamos familiarizados y explica los orígenes horripilantes originales, estos son los 10 orígenes más horripilantes de los cuentos de hadas.

Los 10 orígenes más horripilantes de los cuentos de hadas

El flautista de Hamelin

El flautista de Hamelin

En la historia del flautista, tenemos una aldea invadida por ratas. Llega un hombre vestido con ropas de  mosaico de colores y se ofrece a librar al pueblo de las alimañas. Los aldeanos acuerdan pagar una gran suma de dinero si el flautista puede hacerlo, y lo hace. Toca música en su flauta, lo que saca a todas las ratas de la ciudad. Cuando regresa por el pago, los aldeanos no le pagan, ¡así que el Flautista decide deshacerse de los niños del pueblo también! En la mayoría de las variantes modernas, el flautista lleva a los niños a una cueva fuera de la ciudad, y cuando la gente del pueblo finalmente acepta pagar, los envía de regreso. En el original más oscuro, el flautista lleva a los niños a un río donde todos se ahogan (excepto un niño cojo que no pudo seguir el ritmo). Algunos eruditos modernos dicen que hay connotaciones de pedofilia en este cuento de hadas.

Caperucita Roja

Caperucita Roja 

La versión de este cuento con la que la mayoría de nosotros estamos familiarizados termina con Caperucita Roja siendo salvada por el leñador que mata al lobo malvado. Pero, de hecho, la versión francesa original (de Charles Perrault) del cuento no era tan agradable. En esta versión, la niña es una señorita bien educada a la que el lobo le da instrucciones falsas cuando le pregunta el camino a la casa de su abuela. Tontamente, Caperucita Roja sigue el consejo del lobo y acaba siendo devorado. Y aquí acaba la historia. No hay leñador ni abuela, solo un lobo gordo y una Caperucita Roja muerta. La moraleja de esta historia es no seguir los consejos de extraños.

La Sirenita

La Sirenita 

En la versión de Disney, la película termina con Ariel, la sirena, transformada en humana para poder casarse con Eric. Se casan en una maravillosa boda a la que asisten humanos y gente del sirena. Pero, en la primera versión de Hans Christian Andersen, la sirena ve al príncipe casarse con una princesa y se desespera. Se le ofrece un cuchillo para matar al príncipe a puñaladas, pero en lugar de hacerlo, salta al mar y muere convirtiéndose en espuma. Hans Christian Andersen modificó ligeramente el final para hacerlo más agradable. En su nuevo final, en lugar de morir al convertirse en espuma, ella se convierte en una "hija del aire" que espera ir al cielo. Lo cierto es que está muerta a todos los efectos.

Blancanieves

Blancanieves 

En la historia de Blancanieves que todos conocemos, la Reina le pide a un cazador que la mate y le devuelva el corazón como prueba. En cambio, el cazador no se atreve a hacerlo y regresa con el corazón de un jabalí. Ahora, afortunadamente, Disney no ha hecho demasiado daño a esta historia. Aún así, dejaron de lado un elemento original importante: en el cuento original, la Reina realmente pide el hígado y los pulmones de Blancanieves, ¡que se servirán para la cena esa noche! Además, en el original, Blancanieves se despierta cuando el caballo del príncipe la empuja mientras la lleva de regreso a su castillo, no de un beso mágico. Lo que el príncipe quería hacer con el cuerpo de una niña muerta lo dejaré a tu imaginación. ¡Oh, en la versión de Grimm, la historia termina con la reina obligada a bailar hasta morir con zapatos de hierro al rojo vivo!

La Bella Durmiente

La Bella Durmiente 

En la Bella Durmiente original, la hermosa princesa se duerme cuando se pincha el dedo con un huso. Duerme cien años cuando finalmente llega un príncipe, la besa y la despierta. Se enamoran, se casan y (sorpresa sorpresa) viven felices para siempre. Pero, por desgracia, el cuento original no es tan dulce (de hecho, tienes que leer esto para creerlo). En el original, la joven se duerme debido a una profecía en lugar de una maldición. Y no es el beso de un príncipe lo que la despierta: el rey, viéndola dormida y más bien con ganas de tomar un bocado, la viola. Después de nueve meses, da a luz a dos hijos (mientras aún duerme). Uno de los niños le chupa el dedo, lo que le quita el trozo de lino que la mantenía dormida. Se despierta para encontrarse a sí misma violada y madre de dos hijos.

Rumpelstiltskin

Rumpelstiltskin

Este cuento de hadas es un poco diferente a los demás porque en lugar de desinfectar el origen, fue modificado por el autor original para hacerlo más espantoso. En el cuento original, Rumpelstiltskin convierte paja en oro para una joven que se enfrenta a la muerte a menos que pueda realizar la hazaña. A cambio, le pide su primogénito. Ella está de acuerdo, pero cuando llega el día de entregar al niño, no puede hacerlo. Rumpelstiltskin le dice que la dejará fuera del trato si puede adivinar su nombre. Ella lo oye cantar su nombre junto al fuego, así que lo adivina correctamente. Rumpelstiltskin, furioso, huye para no ser visto nunca más. Pero en la versión actualizada, las cosas son un poco más complicadas. Rumpelstiltskin está tan enojado que clava su pie derecho profundamente en el suelo. Luego se agarra la pierna izquierda y se rasga por la mitad. No hace falta decir que esto lo mata.

Ricitos de oro y los tres osos

Ricitos de oro y los tres osos 

En esta conmovedora historia, escuchamos hablar de la bonita Ricitos de oro que encuentra la casa de los tres osos. Se cuela dentro y come su comida, se sienta en sus sillas y finalmente se duerme en la cama del osito más pequeño. Cuando los osos regresan a casa, la encuentran dormida. Ella se despierta y escapa por la ventana aterrorizada. El cuento original (que en realidad solo data de 1837) tiene dos variaciones posibles. En el primero, los osos encuentran Ricitos de Oro, la destrozan y se la comen. En el segundo, Ricitos de Oro es en realidad una vieja bruja que (como la versión desinfectada) salta por una ventana cuando los osos la despiertan. La historia termina diciéndonos que o se rompió el cuello en el otoño o fue arrestada por vagancia y enviada a la "Casa de Corrección".

Hansel y Gretel

Hansel y Gretel 

En la versión ampliamente conocida de Hansel y Gretel, escuchamos sobre dos niños pequeños que se pierden en el bosque y finalmente encuentran el camino a una casa de jengibre que pertenece a una bruja malvada. Los niños terminan esclavizados por un tiempo mientras la bruja los prepara para comer. Encuentran la salida, arrojan a la bruja al fuego y escapan. En una versión francesa anterior de este cuento (llamado Los niños perdidos), en lugar de una bruja, tenemos un diablo. Ahora el malvado diablo es engañado por los niños (de la misma manera que Hansel y Gretel), pero él lo resuelve y arma un caballete para que uno de los niños se desangre. Los niños fingen no saber cómo subirse al caballete, así que se lo demuestra la esposa del diablo. Mientras está acostada, los niños le cortan la garganta y escapan.

Rapunzel

Rapunzel 

Este cuento alemán se ha convertido en el tema de mucha fascinación (y parodia) a lo largo de los años, y el modismo "Rapunzel, Rapunzel, suelta tu cabello" se ha vuelto demasiado memorable. En la versión de Grimm, la feliz pareja, sin embargo, tuvo que soportar muchas más pruebas y tribulaciones de las que parece inicialmente, ya que solo se reunieron después de que Rapunzel había sido arrojada, embarazada y sola, al desierto por la bruja airada, mientras que el El príncipe quedó cegado después de caer de la torre y caer en las zarzas espinosas de abajo. Una versión aún más antigua fue escrita en 1600 por un escritor italiano llamado Giambattista Basile. En esta versión, Rapunzel es vendida a un ogro cuando era una bebé, todo porque su madre robó un poco de perejil de un jardín. Se vio obligada a entregar a su primogénito y estuvo encerrada en una torre toda su vida. Esto puede sonar familiar para los fanáticos del musical de Broadway Into the Woods. Sin embargo, la historia real original que inspiró todas estas versiones del cuento de hadas es la más oscura de todas. En lugar de una bruja malvada encerrando a una hermosa niña en una torre, el captor era el propio padre de la niña, que controlaba tanto la vida de su hija que la llevó a la muerte.

Cenicienta

Cenicienta

En el cuento de hadas moderno de Cenicienta, tenemos a la hermosa Cenicienta arrebatada por el príncipe y sus malvadas hermanastras casándose con dos señores, con todos viviendo felices para siempre. El cuento de hadas tiene su origen en el siglo I a.C., donde la heroína de Estrabón en realidad se llamaba Rhodopis, no Cenicienta. La historia era muy similar a la moderna, excepto por las zapatillas de cristal y el carruaje de calabaza. Pero detrás de la bonita historia se esconde una variación más siniestra de los hermanos Grimm: en esta versión, las desagradables hermanastras se cortaron partes de sus propios pies para meterlos en la zapatilla de cristal, con la esperanza de engañar al príncipe. El príncipe es alertado del engaño por dos palomas que picotean los ojos de la hermanastra. Terminan pasando el resto de sus vidas como mendigos ciegos mientras Cenicienta se relaja en el lujo del castillo del príncipe.

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martes, 27 de julio de 2021

Leyendas Fantasmales de Morelia : A mí el diablo me pela los dientes

Pelar el diente: sonreír mucho y con coquetería.

Eso es lo que encontraremos si buscamos el significado de esta frase que se ha ido utilizando a lo largo del tiempo en la región de Latinoamérica y según su contexto puede interpretarse de varias formas, siendo la más popular una interpretación a manera de decir que alguna situación, objeto o persona no genera ningún peligro o dificultad o carece de importancia para quien lo dice.

Así pues surge una leyenda que tiene que ver con creencias, manifestaciones, espanto y mucho terror, por allá de principios del siglo pasado, en un remoto pueblo de Morelia corrían rumores que el diablo andaba suelto por las calles y que muchas personas ya lo habían visto pasearse por la oscuridad que le brindaba la noche, algunos lo veían en forma de toro, el cual según contaban los lugareños, era un enorme toro negro con ojos bien rojos al igual que sus pezuñas y que emitía un sonido sumamente espantoso al mugir, otros más comenta que habían visto al diablo en forma de un caballero sumamente refinado que ofrecía mucho dinero a cambio de que lo acompañaran, eso principalmente con mujeres, y las que lo acompañaban desaparecían sin dejar rastro alguno.

Otros más comentaban que habían visto a este personaje pero con la forma de una mujer, la cual pedía ayuda a los hombres que iban a caballo por las noches y los que aceptaban subirla a los pocos minutos de camino veían como se había transformado en un ser de aspecto horripilante, con cuernos, alas, pezuñas y cola puntiaguda, dejando a estos jinetes con graves secuelas mentales e incluso la muerte.

Don Genaro era el tipo de hombre ya con sus años encima que no creía nada de esas cosas, mal encarado, de pocos conocidos, hombre de pocas palabras y no muy sociable, pero sin embargo respetado por sus vecinos ya que el también brindaba ese respeto. 

Se dedicaba al campo, y vivía solo en una humilde casa a las afueras del pueblo, algunos días sus hijos lo iban a visitar, pero casi siempre la mayor parte del año Don Genaro la pasaba sólo en su casa con sus perros y gallinas.

Uno de esos días rutinarios de trabajo, Don Genaro recibió la fuerte noticia de que lo iban a despedir por motivos financieros, ya no alcanzaba el dinero para pagarle a él ni a mucha gente más, y tristemente esa tarde fue su último día de trabajo, por suerte su patrón le había pagado completo su tiempo e incluso una compensación extra por su extraordinaria labor que hizo durante todo ese tiempo.

Enojado, malhumorado y maldiciendo en todas direcciones, Don Genaro pensó que sería buena idea irse a tomar unos mezcales a la cantina del pueblo para pasarse ese trago amargo laboral. Llegando a la cantina, vio a dos de sus conocidos, Don Joaquín y Don José, tomo asiento junto ellos, pidió 2 vasos de mezcal y empezaron a platicar. Los mezcales corrían de un lado para otro, 2, 3, 4 y ya después les dejaron la botella, la plática fluía como cualquier otra platica de ebrios de cantina.

Varias horas y varios mezcales después, la plática empezó a molestar a Don Genaro, ya que sus compañeros de mesa empezaron a hablar del tema que sonaba más en ese momento en el pueblo, el diablo y sus fechorías que andaba haciendo por las calles de la localidad, sobre los varios testimonios que afirmaban ya lo habían visto y la posible explicación a esto, que si por castigo de Dios o porque el pueblo era muy pecador, cosas más, cosas menos.

Don Genaro se puso de pie, levanto su vaso y dijo: Yo no creo en nada de eso de dioses y diablos, han de ser puros cuentos de viejas chismosas nada más, ustedes ni deberían hablar de eso, no puedo creer que piensen que eso es real... 

Y finalizó: Y si existiera el diablo… A mí el diablo me pela los dientes.

En ese momento Don Genaro alzó tanto la voz a punto de gritar que toda la cantina enmudeció y lo voltearon a ver de todas las mesas, un poco apenado, bajó su copa, la bebió, tomo sus cosas, dejó el dinero en la barra y salió de la cantina. Sus ebrios compañeros se sorprendieron de su comportamiento inusual dado que a Don Genaro le importaba poco el qué dirán, sin embargó esa noche contrario a su actitud normal, demostró cierta pena de sus palabras.

Así pues, ebrio como una botella de mezcal, salió por la puerta plegadiza y tomó camino a su casa, el camino era corto ya de ahí, en unos 20 minutos y a su paso alcohólico iba a llegar sin ningún problema. A medio camino empezó a escuchar unos chillidos que asumió eran los gatos que estaban peleando, algo a lo que no le dio la mínima importancia y siguió caminando, pero a los pocos pasos después de esto escucho de nuevo ese chillido, ya se escuchaba algo diferente, ya no era de algún gato, si no era de un niño, posiblemente un bebé, Don Genaro muy extrañado por esto volteó a ver de dónde provenía aquel llanto, siguió el sonido y llegó hasta unos arbustos.

Efectivamente, se trataba de un bebé, un pequeño niño apenas de días de nacido, Don Genaro lo cargó en brazos, no sin antes maldecir y soltar todas las malas palabras que se le venían a la mente dirigidas hacia aquella mala madre que dejó a la criatura ahí a su suerte: “!Maldita vieja irresponsable cómo se le ocurre dejar a este niño aquí!” Era lo que se escuchaba decir mientras el viejo levantaba al bebé en sus brazos dentro del rebozo que le habían dejado.

Así pues Don Genaro lo llevaba cargando mientras pensaba que lo resguardaría para pasar la noche y al día siguiente lo llevaría a la parroquia con las monjas para que ellas se hicieran cargo, el bebé iba llorando en el camino y Don Genaro a pesar de su mal humor no perdía la paciencia, sólo se limitaba a decirle que se calmara y cantarle algunas canciones de cuna.

De esta forma siguieron su camino juntos, uno en brazos y el otro a pie, pero conforme avanzaban más y más en su trayecto, el bebé empezaba a pesar más y más, Don Genaro estaba haciendo un esfuerzo sobrehumano por no dejar caer al pesado bulto que representaba el bebé, hasta que llegó el momento en que no pudo más con el peso, y lo puso sobre el suelo.

Exhausto el pobre hombre se sentó junto al bebé que seguía envuelto en el rebozo pensado en cómo era posible que ahora pesara tanto y en un inicio lo levantó con gran facilidad. Una vez más el bebé empezó a llorar, y Don Genaro lo alzó una vez más, para su sorpresa el bulto ahora era liviano de nuevo, continuó su camino pero a los pocos pasos empezó a sentir que el bulto se transformaba en una carga insoportable para sus brazos, en ese momento el viejo hizo a un lado el rebozo para ver el rostro del infante.

Lo que vio era algo indescriptible, era un rostro cómo de cadáver, si bien un bebé de días de nacido, pero cadavérico, con unas oscuras cuencas vacías y negras en lugar de ojos, pequeños cuernos cómo de chivo, la piel grisácea, pálida, quebradiza, como cuando el muerto ya lleva días de su deceso y empezaba a emanar un olor a descomposición insoportable. El horror que sintió Don Genaro en ese momento era avasallador, el miedo mismo se había apoderado de él, lo único que pudo hacer por instinto era soltar ese horrible bulto y dejarlo caer, una vez en el piso este bulto había caído boca abajo y de nuevo el llanto del bebé se hizo escuchar.

El pobre de Don Genaro confundido y pensando si era producto de su borrachera lo que había visto y que dejo caer a un bebé al piso lo recogió en seguida y lo volteó, sólo que en esta ocasión aparte del macabro rostro que había visto, la creatura esbozó una pequeña sonrisa, dejando ver unos afilados y puntiagudos dientecillos y colmillos, y el terror incrementó cuando este ser dijo con una voz profunda, gruesa y por demás siniestra: “Hola papi, ¿porque no crees en mí?” 

Don Genaro se olvidó de todo en ese momento, dejo caer el bulto una vez más y cómo pudo corrió hasta su casa, dicen que los días siguientes al aterrador encuentro de ultratumba, el viejo se la pasó en cama con fiebre altísima y alucinando con demonios y diablos, pocos días después murió al igual que sus animales, no se sabe si a causa de la fiebre, por no comer nada en días, o si fue por causas sobrenaturales.

Lo único en lo que Don Genaro fue acertado aquella noche fue su última frase: “A mí el diablo me pela los dientes”. Ya que en efecto, el mismo diablo le había pelado los dientes.

Leyendas Fantasmales de Morelia : A mí el diablo me pela los dientes

¿Tú que hubieras hecho en lugar de Don Genaro? Déjanos saberlo en los comentarios.

Créditos a su autor

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Zokorra, la bruja de Agurain

El pueblo de Agurain cuenta con sus tradiciones y leyendas. En el antiguo barrio judío de “Poco tocino” (Urdai Gutxi) en el irónico lenguaje popular- ubicado al sur,  la iglesia de San Juan. En dicho templo encontraba protección, si su vida corría peligro, las brujas. El derecho de asilo les amparaba.

Años atrás, en este barrio habitaba una extraña mujer. Era temida por todos, niños y adultos, y su fama de bruja se extendía allende de las murallas.

Su mísera vida le hacía mendigar por la villa medieval y su entorno. Los vecinos no se atrevían a negarle una limosna para no ser víctima de su ira y sus maldiciones.

Aseguran que, cuando se acercaba hasta Eguileor o al caserío de Lezao, se abrían solas las puertas de las casas, saliendo el ganado estabulado a la finca de los alrededores. Si un vecino se encontraba próximo a su hogar veía que los ganado habían escapado de las cuadras, sabía que no tardaría en aparecer la bruja Zokorra por las inmediaciones.

En una ocasión, unos jóvenes de Agurain repararon en un gato negro. No era conocido por los vecinos así que se sintieron con la libertada de dar un escarmiento al animal, con el objeto de que regresase a su lugar de origen. Y como suele ocurrir entre los jóvenes, no tardaron en llevar a cabo su peregrina idea. Armados de palos y piedras persiguieron con saña al felino hasta que estuvieron seguros de que no volvería a pisar sus calles. Para su sorpresa, al día siguiente apareció la Zokorra totalmente maltrecha.

Ningún joven preguntó el motivo de las magulladuras; habían caído en la cuenta de que, el día anterior, habían estado persiguiendo y maltratando a la vieja bruja. Desde entonces, cuando veían un gato negro, un escalofrío recorría sus espaldas. Podría ser la vieja bruja adoptando la forma de felino.

Las sospechas de sus transformaciones en gato negro quedaron confirmadas en distintas circunstancias. A un vecino de Agurain le robaban la leche que dejaba refrescando en la ventana norteña. Como el suceso se repitió varias veces, los dueños decidieron aguardar al ladrón. Esa noche, al abrigo de la oscuridad, apareció un gato negro. Su paso firme indicaba que se dirigía al puchero de leche. Antes de que el animal percibiera la emboscada, ya había recibido un buen golpe en una de sus patas traseras. A la mañana siguiente, la bruja apareció cojeando, con una pierna vendada.

Sus convecinos miraban a la Zokorra con recelo pues, sobre ella, se susurraban todo tipo de relatos. Nadie sabía donde terminaba la realidad y empezaba la imaginación. Entre otros poderes extraños, decían que hacía bailar las cebollas de los desvanes. En algunos pueblos cercanos a Agurain, como Alaiza, etc.. contaban que, si al estar en la cocina veían bailar a las cebolla, era señal inequívoca de su presencia cercana. En efecto, la extraña mujer no tardaba en llamar a la puerta, solicitando una limosna.

Era tanto el miedo que causaba su figura, que algunos de los vecinos, decidieron denunciarla a la autoridad. En el proceso judicial aseguraron haberle visto realizar numerosos actos diabólicos. En aquel oscuro tiempo de procesos inquisitoriales, la bruja Zokorra no tardó en ser condenada a la hoguera. Cuentan que, cuando se encontraba entre las llamas, lanzó una maldición hacia el pueblo que le arrebataba la vida: “¡No habrá dos sin tres!”. Con ello hacía referencia a que en el pueblo morirían de tres en tres personas. También afirmó que cada cuatro grupos de personas muertas, habría además otro joven fallecido. Ambas predicciones se cumplen, si hemos de creer el asentimiento general. Y cuando muere alguien en la Villa ronda la duda sobre quienes serán los acompañantes de tan luctuoso viaje.

Zokorra, la bruja de Agurain
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lunes, 11 de enero de 2021

Cuento de charrúas

Sabes manejar el arco y la flecha, puedes cazar y defenderte de los peligros de la pradera y el monte. Tienes todas las virtudes para convertirte en un guerrero, mas, para llegar a ser un guerrero charrúa hay que cumplir una misión ancestral de nuestra gran familia. Es una tarea que requiere vuestra astucia, valentía, entusiasmo y sobretodo vuestra honestidad... hay que encontrar el ave que nuestros grandes caciques han encontrado; caciques que han dejado su vida defendiendo nuestra gran familia.

Es el ave que une nuestro espíritu, nos da la confianza necesaria para la vida en comunidad, es el ave de la verdad...tienes que encontrar al tero azul.

Así terminaban las palabras del viejo cacique de la tribu hacia un joven arquero charrúa.
El joven salió muy feliz en busca de su destino de honor como guerrero charrúa, en busca de la extraña ave que habitaba el campo, el monte o los bañados del territorio, había pues, que ser muy observador, cauteloso y tener mucha paciencia.

En el primer día de búsqueda recorrió mucho territorio por la pradera, bandeó ríos y arroyos, comió la poca comida que traía y bebió muy poco por el gran deseo que poseía de encontrar al tero azul.
Por la noche no descansó, pues el ave podía ser nocturna y había que encontrarla, sorteó peligros como el jaguareté y el puma. Con ayuda de sus espíritus buscó hasta la salida del sol, hasta caer rendido por el cansancio.

Cuando el fuerte sol lo despertó para continuar la búsqueda sintió que sus fuerzas no eran las mismas que al principio, recordó las palabras del cacique y salió nuevamente al encuentro del tero azul; durante ese día 28 buscó muy poco no encontrando nada sobre la pradera, solamente algo para alimentarse, un poco de agua fresca y un refugio para la noche.
–¿Estoy buscando correctamente? ¿Qué paisajes recorrerá esta extraña ave? –Se preguntó para sí una y otra vez. Así, al amanecer comenzó a recorrer todas las sierras de la zona y para su descontento no encontró nada.

Los días siguientes, siguió los cursos de los ríos hasta el Paraná Guazú, soportó la fuerte lluvia y el ardiente sol del mediodía y no pudo encontrar al tero azul.
Por último llegó a la zona de los grandes bañados donde tribus amigas lo ayudaron a buscar, pero todo ello aumentó su sentimiento de fracaso, pues el tero azul allí no estaba. Tras este inmenso dolor, el joven charrúa busco respuestas en los espíritus ancestrales y no las encontró. Pensó en la posibilidad de no regresar a su toldería porque su orgullo se había derrumbado. El regresar y no decir la verdad violaba el gran valor que la palabra tenía en su tribu y nunca pensó en hacerlo, así, movido por una fuerza interior comenzó su regreso, quizás en un futuro cercano, con un poco más de fortuna, el destino le permitiría observar al ave que puso en peligro su honor, e intentar nuevamente convertirse en un prestigioso guerrero charrúa.

Llegó a su hogar y allí estaban todos para recibirlo, un poco más adelantado: el cacique. Ambos se enfrentaron y se miraron a los ojos, el joven sólo dice:
–He fallado, no encontré al tero azul y no me convertiré en guerrero.
El cacique conmovido por su franqueza le entrega un arco especialmente preparado para él, le informa que nunca encontraría al tero azul, pero que aquellas causas que lo han llevado a la búsqueda del ave, más su honestidad, lo han convertido en guerrero charrúa.

Cuento de charrúas. Escritor : Gustavo Dotta - escritor y descendiente Charrúa

Cuento de charrúas


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viernes, 4 de septiembre de 2020

Cuento : La muñeca de papá

La muñeca de papá

Oscar salió para el pueblo, necesitaba bajar pronto a traer un médico para su hija de 3 años Mariana, tenía unas fiebres y dolores en todos los huesos, la niña le rogó que no se fuera que la llevara con el, pero el recorrido era bastante largo y peligroso y el no quería arriesgaría, la única manera de convencerla, fue prometiéndole que le traería una muñeca.

Salio presuroso como alma que lleva el diablo sabía que volvería en la noche pero poco le importaba, lo único que le preocupa era la salud de su hija y saber donde iba a comprar una muñeca tan tarde de la noche, en el pueblito a las 6 de la tarde ya todo estaba cerrado.

El medico llegó al alto, como llamaban del lugar donde estaba la casa, el andaba en una mula, dijo que Oscar venía en camino ya que tenía que comprar un regalo.

El médico le dio unos remedios a la niña dijo que no era nada grave, un simple resfriado que se había complicado con fiebres, pero pasaria muy pronto.

Antes del amanecer el médico regresó al pueblo, su susto fue mayúsculo al encontrar el cadáver de Oscar a la vera del camino, bajo de su mula y lo reviso, era un médico conocedor de su oficio y lo sorprendió su propio dictamen, Oscar llevaba más de 12 horas de muerto, eso era imposible como podía ser si había hablado con el poco mas de 5 horas.

Cuando todos despertaron en casa la niña estaba radiante, tanto por su salud, como por la muñeca que Oscar le había llevado, según palabras de la misma niña hacia poco se la entregó, le dio un beso y se marchó, al rato subió el médico y dio la mala noticia, eso sí ocultándose a la niña ya que esta veía por los ojos de su papá.

La esposa y el médico fueron al pueblo a poner la denuncia ya que Oscar había sido asesinado, al parecer por robarlo, en sus bolsillos no tenía un peso, en el pueblo se regó el rumor del robo y asesinato, don Pascual le dijo a la policía que era extraño, ya que Oscar lo habia despertado a las 3 de la mañana para que le vendiera una muñeca, me lo imploro dijo, el problema es que a la hora de pagarla, me dijo que por favor se la fiara que no tenía un solo peso, se hizo todo mas extraño aún.

A la niña no se le contó lo de la muerte de su padre, le dijeron que andaba de viaje, ella les creyó pues cuando el le entregó la muñeca esto fue lo que le dijo a su amada hija.

La investigación siguió su curso, pero difícil dar con el paradero del asesino ya que se había cometido en un lugar muy apartado casi a dos horas de la casa y casi 5 del pueblo, el ataque se había cometido con un cuchillo o navaja común, la única diferencia de otros es que tenía una curva hacia arriba en la punta según dijo el médico y el atacante era zurdo por las heridas en el cuerpo se podría asegurar.

Anibal era un trabajador del alto, era el encargado de traer leña, cuidar los cerdos y cualquier necesidad que hubiera en la casa, vivía en una habitación al lado de la casa, una tarde que entró a decirle a la señora, si traia más leña o ya lo dejaban para el día siguiente, ahí estaba la niña y al verlo, le habló algo que no hacía nunca, por que le tenía miedo, le dijo que mi papá le manda a decir que el sabe lo que hizo, el hombre se puso pálido y salió sin esperar respuesta, la madre de la niña le preguntó por qué había dicho eso y ella le contestó, papá vino anoche y me pidió darle ese recado a Anibal, la madre se mostró sorprendida pero no dijo nada.

En otra ocacion Anibal se encontraba rajando leña en el patio, la niña se le acercó y le dijo que su padre le mandaba a decir que pronto pagaría su pecado, Anibal huyó sin mediar palabra.

El médico subía por el camino a ver uno de sus pacientes y entro a la casa del alto a tomar un poco de agua o jugo, cuando estaba conversando con la madre de la niña, la pequeña se le arrimo y le susurro algo al oído, este no respondió nada, pero le preguntó a la madre si aún había cosecha de naranjas, esta le dijo que sí y pidió a Anibal que le trajera unas, el médico pidió a Anibal algo con que pelarlas, este le presto su cuchillo presuroso, el médico se comió las naranjas y siguió su camino.

Dos días después el inspector de policía, el comandante de la policía y el médico llegaron a la casa del alto, dijeron que iban detrás de un robo de ganado y se habían encontrado al médico en el camino, mientras la madre de la niña les daba de beber, el médico repitió la pregunta de hacía dos días, preguntó por las naranjas, la señora mandó a Anibal traer unas cuantas, igual que la vez anterior el médico pidió un cuchillo para pelarlas, el primero en pelar su naranja fue el policía, después el inspector y por último el médico, cuando hubieron terminado el inspector sin entregarle el cuchillo a Anibal, le dijo que quedaba arrestado por el asesinato de Oscar que ese cuchillo era el arma homicida y para más prueba el era zurdo, soltó en llanto y confesó su crimen y agradecía que todo acabará, por que esa niña lo iba a volver loco diciendo que su padre dijo esto y aquello.

El médico contó que ese día la niña le susurro que su padre le había dicho que pidiera naranjas y se fijará en el cuchillo que Anibal las peleaba, no necesito decir más el médico sospecho todo.

Pará la niña su padre aún vive cada momento dice que la visita y le lleva regalos ya tiene como 10 muñecas que el le ha regalado, don Pascual asegura que un desconocido pasó una mañana y le pagó la muñeca que le debía Oscar y aunque don Pascual no quería cobrarla, este le insistió mucho que la quería pagar, después de esto le ha comprado varias, es alguien que no conoce y solo lo ve cuando va a comprar las muñecas.
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viernes, 29 de mayo de 2020

El hombre del sombrero

Entre cientos de historia de terror que se repiten a modo de leyendas urbanas, el hombre del sombrero aparece una y otra vez en varias ciudades del mundo.
En este post te cuento quién es el hombre del sombrero que se ha vuelto una entidad maligna que aparece en las noches y te invitamos a comentar cuáles han sido tus experiencias si alguna vez lo viste aparecer en tu casa.
Si te gustó esta historia y te gustan las historias y leyendas de terror, te invito a seguir navegando en este blog donde aparecen diversos cuentos terroríficos para conocer las historias más asombrosas que proliferan tanto en las redes sociales, como en la cultura urbana.

El hombre del sombreroEl hombre del sombrero

El hombre del sombrero

Leyendas de terror: El hombre del sombrero

Este ser de bajo astral es uno de los más conocidos y visto por las personas.
Se ha visto en muchos lugares del mundo; incluyendo en Asia.
La particularidad con las apariciones de este ser; son los testimonios de las parálisis del sueño que las personas tienen al momento de verlo.

El puede convertirse desde el hombre del sombrero; hasta un ser sin forma, el hombre sombra y el monje de los ojos rojos.

Los especialistas en esoterismo recomiendan; si tienen la experiencia de verlo; mantener la calma; ya que es un ser que se alimenta del miedo y pánico de las personas. Si te apareció una vez; puede aparecer más ocasiones y en estos casos si estar preparados con alguna medalla bendita, método religioso o agua bendita para protegerse.

El hombre del sombrero... Un ser que muchos temen y que al día de hoy ha llamado la atención de la comunidad paranormal en todo el mundo.

Lo has visto? Cuéntanos comentando debajo para compartir tu experiencia con esta entidad.

Será que puedes dormir esta noche???
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sábado, 2 de mayo de 2020

El lobo, cansado de ser el malo del cuento

El lobo, cansado de ser el malo del cuento

El lobo, cansado de ser el malo del cuento, harto de ser visto como el villano de la historia, se fue a recorrer nuevos senderos, donde nadie lo conociera, donde nadie tuviese prejuicios hacia él, quería ser capaz de comenzar una nueva historia donde él no fuese el odiado, donde nadie fuese odiado.

Después de mucho caminar, después de pasar mucho tiempo en soledad, entonces la encontró a ella, sentada sobre una roca en el camino, con sus manos cubriendo su rostro, su vestido negro, hermoso pero no tan llamativo, su cabello enmarañado, con una belleza nada común, sus zapatos, también negros, algo polvorientos por tanto caminar.

Él le preguntó:

- Hola ¿qué haces acá tan sola?

Y ella, sorprendida, le dijo

- Estoy acá tratando de alejarme de la maldad de los demás, que sólo ven tu exterior y te juzgan por tu apariencia sin siquiera intentar descubrir ni conocer nada más de ti, alejarme de aquellos seres que dicen ser buenos pero actúan contrariamente a sus palabras, seres llenos de hipocresía y faltos de compasión.

El lobo la miró, sabiendo claramente a qué se refería, se acercó un poco sabiendo que no sería rechazado por lo que es, deseoso de compañía y sintiendo la necesidad de dar compañía.

- ¿Quieres compañía? ¿me permites acompañarte un rato?

Ella, enjugando sus lágrimas y dejando ver sus hermosos ojos, lo miró y le dijo

- Claro que puedes, para mí sería un placer, sólo te pido que me acompañes, no por lástima, sino por que nace de tu corazón, quiero sentirme amada por lo que soy sin que me señalen ni sigan estereotipos de bondad que terminan siendo crueles y, por ende, mucho más malvados.

- Me quedo porqué quiero, porqué, cómo tú, soy un incomprendido y porque, en mi corazón, siento que podemos derribar barreras y ser felices juntos.

Ella río mientras él se acurrucada a sus pies.

- Eres muy tierno, por lo visto tu apariencia es sólo una coraza, una pétrea coraza, pero en tu interior eres blando y llevas dulzura, eso lo puedo sentir.

Él la miró con una mirada que desprendía amor.

- Entonces me quedaré a tu lado hasta que la luna deje de ser motivo de poemas y las estrellas no se asomen más en el cielo nocturno.

- Siéntate cerca de mí, no a mis pies sino a mi lado - dijo ella mientras acariciaba su cabeza.

- No puedo rechazar tu invitación, aunque quisiera, hay algo en ti que me hechiza, creo que son tus ojos profundos o tu voz que suena a poesía.

Ella se sonrojó, pero él apenas lo notó, ella estaba oculta bajo su capucha y la luna apenas dejaba ver algo de su rostro que en verdad era hermoso, no la hermosura que puedas encontrar en la mayoría, era la hermosura que le daban esos ojos tan expresivos, esa sonrisa tan elocuente, sin nada de maquillaje, ella resplandecía de belleza.

- ¿Sabías que las estrellas más brillantes no son siempre las más cercanas? - preguntó ella - a veces simplemente las más lejanas brillan con tanto fulgor que se dejan ver desde la lejanía.

- Pues así pasa con todo, hay seres que brillan tanto que no pueden ocultar su belleza aunque quieran - lo dijo mientras colocaba su cabeza en su regazo.

- No me conoces por completo, no puedes saber cómo soy.

- Ya conozco lo suficiente de tí como para saber que eres alguien especial.

Ambos miraron al vacío, como buscando las palabras correctas para continuar la conversación pero ya estaban tan conectados que no necesitaron más palabras por un buen rato, ambos se perdieron en sus pensamientos que se entrelazaban.

- Siempre he sido temido - dijo él rompiendo el silencio - mis fauces, mis garras y mi apariencia en general, hacen huir a cualquiera y me hacen ser odiado.

- Algo parecido pasa conmigo, la apariencia es lo que más le importa a la mayoría, parece ser que una mujer siempre debe vestir con tonos pasteles para ser buena.

- Adoro tu apariencia, lo común no es lo mío, y puedo ver que eres una hermosa mujer, no me refiero meramente al exterior.

- Pero insisto, no me conoces por completo, has de conocer mis locuras, mi lado más endiablado y no tan bello.

- Eso no hace falta, somos seres muy parecidos, te conozco porque me conozco, te amo porque me amo, miro a tus ojos y puedo perderme en ellos, tienen un brillo que no he visto jamás, me puedo quedar a vivir en tu sonrisa por siempre.

Desde entonces un nuevo cuento fue escrito, sin estereotipos ni prejuicios, en el cual importa más el interior que el exterior, un verdadero cuento de amor.

Y cuentan que desde entonces, en noches de luna llena, ella se convierte en loba para recorrer el bosque junto a él y amarse por completo, pero en otras noches ella, siendo una bruja, prepara algún brebaje para que él pueda sacarse la piel de lobo y vestirse de hombre, no de un príncipe azul montado sobre un brioso corcel blanco, sino de un plebeyo común, con ojos brillantes como estrellas, con fuertes brazos para poder cargarla a ella hasta su lecho de amor, porque

QUIEN DIJO QUE LOS VILLANOS NO SABEN AMAR?
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viernes, 6 de marzo de 2020

Cuento : Mami no me grites

No entiendo porque mami me esta gritando yo solo quiero que me abrace, tengo mucho sueño.

Se decía así mismo el niño de tan solo dos años mientras que su cruel madre le gritaba, el niño comienza a llorar y esto hace enfurecer más a su madre hasta que ocurre lo peor, enloquecida de rabia por el llanto de su propio hijo lo levanta sobre sus hombros y lo estrella contra el suelo mientras descarga sus gritos y odio hacia el infante adolorido en el suelo luego de semejante golpe su cabeza y su cuerpo se estremecen por la fuerza del impacto haciendo que el bebé lloré aun mas fuerte, este solo se levanta sangrando por una herida en la cabeza levanta los brazos hacia su progenitora y esta le responde con otra sacudida aun más fuerte que la anterior sus actos están logrando su cometido para el segundo impacto el bebé solo puede sentarse con dificultad mareado, sangrando, con una pierna y un brazo roto este vomita y vuelve hacia su madre con un leve llanto, esta al ver su terquedad le vuelve a gritar y lo lanza por tercera vez, ya no hay ruido, no hay llanto. el bebe se queda en silencio e inmóvil sangrando por la cabeza, los ojos, nariz y boca.

- Ya no me duele nada, tengo mucho sueño, gracias mami voy a dormir un ratio te quiero mucho.......

Un acto tan cruel que hizo llorar hasta la mismísima muerte, con una tristeza tan profunda al presenciar todo aquello que a su alrededor todo se enfrió, el niño se levanta mira a su alrededor.

- y mi mami?

- ella no esta aquí, ya no podrá hacerte daño.

El niño voltea y se sorprende al ver que este ser tan extraño con una cálida sonrisa le extiende sus brazos para cargarlo, este se levanta esta feliz, ya no tiene sueño, ni siente más dolor y corrió con alegría a los brazos de la muerte.

- te llevare a un lugar donde podrás ser libre y jugar todo lo que quieras

- y mi mami, no va a venir con nosotros?

Al escuchar esto comienza a salir fuego de las cuencas negras y vacías de la muerte.

- muy pronto vendré a buscarla pero no podrá estar contigo, me la llevare a otro lugar, es mejor que no sepas de el.

Y así los dos desaparecieron, mientras las moscas y mosquitos hacían un festín con el cuerpo inerte del bebé en el suelo, mientras la madre ignoraba su existencia.

Cuento : Mami no me grites

Fuente : Facebook
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sábado, 22 de febrero de 2020

Cuento de terror : La manda

Cuento de terror : La manda

Pillé a mi mujer con otro cuando volví del trabajo, en mi departamento. No me vieron. No hice nada, me di la vuelta y me fui a mi auto, como un zombie. Comencé a correr a 110 km/hr, y aumentaba. Una nebulosa en mi cerebro, adelanté dos autos, un bus, un camión, y la moto encima, me concentré en aquel tipo, no vi la curva, choqué y di varias vueltas en el aire. Familia, llanto, pacos, ambulancia, taco… y acá empieza todo.
Al tiempo, en casa de mi mamá, en estado vegetal, encerrado en mi propio cuerpo, no podía salir de allí. Me alimentaban, me cagaba, me mudaban, y me hablaban. Días, semanas, meses. Escuchaba todo pero no podía responder.
Al principio me visitaban constantemente, pero con el tiempo cada vez mas solo. Como siempre mi madre, mi fiel acompañante, mi esposa se fue con aquel.
Hasta que un día, me visitó una amiga de mi tía, que llegó con rosas, y comenzó a hablarme:

- Mi niño, tengo unos problemas económicos gigantescos, no sabe cómo me encantaría sacarme la lotería. Su madre me dijo que usted era muy buena persona cuando estaba sano… en una de esas me echa una manito.

Claro… ahora se trataba de que yo le hacía mandas a la gente. Pero increíblemente, después de unas semanas mi mamá encendió el televisor en mi habitación, y se escuchaba la misma voz de aquella señora en una entrevista.

- Quiero dar agradecimiento a Sebastián, más conocido como Chalito, él fue quien hizo el milagro, ahora soy rica gracias a él.

Yo no tenía nada que ver, pero mi madre estaba contenta, porque aquella señora le regaló mucho dinero con el que arreglaron la casa, cambiaron mi cama, e incluso contrataron a una enfermera. El asunto, es que esto no terminó allí, siempre llegaba alguien nuevo para pedirme favores.

- Chalito, a mi hija la van a operar, que salga todo bien.
- Chalito, se perdió mi perro, ayúdame a encontrarlo.
- Chalito, la siembra anda mala ¿Por qué no haces que llueva un poquito?

No sé si todas las peticiones se habrán cumplido, pero tengo la sensación de que la mayoría sí, porque la gente volvía para pedir penitencia, incluso aquel hombre que me pidió que lloviera llegó con las rodillas ensangrentadas de tanto arrastrase.
Mi nombre se hizo popular, y yo estaba cada vez mas lleno de rosas, peluches, dinero y tantas cosas más sin hacer nada.
Pero un día, alguien apareció con voz quebrada, como si el mundo se fuese a acabar.

- Hola Chalito, vine como todo el mundo a pedirte un favor. No vengo por dinero, ni por salud… en realidad no sé que es.

Aquella mujer me tomó de la mano y sentía sus lágrimas caer en mis dedos.

- Mi hija tiene doce años. Se llama Estefanía, muy linda ella, lo más hermoso que me ha tocado en la vida. Su padre nos abandonó hace muchos años, así que solo somos nosotras dos, y tengo miedo de perderla.

Pensé que se trataba de un cáncer, o de otra enfermedad terminal.

- Hace unos meses ella comenzó con molestias en su espalda, bien fuertes, pensé que se trataba de una tortícolis o algo por el estilo. Pero en las noches ella comenzó a gritar porque los dolores eran insostenibles. La llevé al médico y no le encontraron nada, pero bañándola, comencé a ver que tenía cicatrices, rasguñones y moretones, como si alguien abusara de ella. Pensé que en el colegio alguien la maltrataba, hablé en dirección, con profesores y mi hija siempre me dijo que allá nadie le hacía nada… y así era, yo mismo lo comprobé, todas sus compañeras la quieren mucho. Hasta que hace unos días el asunto complicó… no sé como contar esto, pese a que tu no me puedas responder, y ni siquiera sé si me estás escuchando.

Casi siempre solía hacer oídos sordos a todo el mundo, porque me aburrían con sus historias… pero ella me tenía bastante expectante.

- Dice que el diablo está con ella. Que él la golpea, y que no la deja en paz. Llamé a sacerdotes, pastores, lo que te puedas imaginar… pero todos han terminando huyendo de ahí porque algo los empuja. Yo misma lo he visto, en un principio tuve miedo de él… pero ya no, soy capaz de hacer cualquier cosa para enfrentarlo. ¿Sientes mi brazo? Esos son rasguños que he recibido cuando he estado con mi hija. No quiero llevarla al doctor, porque la llevarán a un psiquiátrico y terminará… bueno… muerta… y no quiero. Ayúdame. Sé que haces milagros, ya no sé qué más puedo hacer, he intentado de todo… te lo suplico. Te prometo que si la salvas te doy mi vida, esa será mi penitencia… pero ayúdala, por favor.

Se marchó, y mi mente en silencio. Pasaban todos a pedirme favores… pero estaba solo yo y mi oscuridad, pensante por aquel asunto. No podía hacer nada… o eso creí.

Dormí, de pronto me levanté y vi mi cuerpo en la cama. Salí de la habitación y me encontré a mi madre durmiendo en el sillón mientras la luz del televisor le alumbraba la cara. Caminé, y boté sin querer un vaso que se encontraba en la mesa. Mi vieja despertó asustada, luego se levantó y se fue a acostar. Cerré los ojos, y esta vez me encontraba en la calle, me di cuenta que podía teletransportarme solo pensando en el lugar donde quería estar. Vi a otros caminar como yo, pero todos nos ignorábamos, como si también tuviesen que cumplir una petición en corto plazo. Cerré los ojos, y me concentré en la energía, y escuchaba las voces… hasta que sentí el grito horrible, abrí los ojos y estaba dentro de una casa. Un fuerte olor a azufre, a desagüe y un llanto que no se detenía

- ¡Deja a mi hija!
- ¡Mamá! ¡Ayúdame! ¡Me quiere llevar!

Entré a la habitación de Estefanía, y observé a aquella cosa tirándole el pelo, levantándola de la cama. La mujer intentó acercarse a lo que sus ojos era invisible, pero la lanzó bastante lejos. Luego, aquel demonio soltó a la niña, y me miró a la cara. Comenzó a mostrarme sus dientes de perro, y yo, en silencio comencé a acercarme.

- Im 'vestri mom reginam vult opprimere,
- Déjala, no te tengo miedo
- Et posuit in ano est ipsum colem fluit et cruentatur

Por alguna razón entendía el latín, me amenazaba con vejámenes que le haría a mi madre. Sus ojos brillaron y la habitación cambió por completa, vi a mi ex mujer acostada con aquel tipo. Ella en cuatro, gimiendo por la excitación mientras este le golpeaba las nalgas. Me daba vuelta para no ver más, pero seguían allí, podía verlos siempre, no importaba donde lanzara mi mirada, cerrar los ojos también daba igual.

- ¡No… eso ya pasó… sé que eres tú!

Hasta que al fin se dignó a enfrentarme.

- ¡¿Qué quieres?! ¡Ella es mía! ¡Vete de aquí, vuelve a tu cama!
- ¡No me voy a ir, déjala!

Mostró nuevamente sus dientes, como si la fuese a morder.

- Tú no eres el diablo.
- ¡Si, lo soy!
- Si lo fueses no tendrías miedo de mi. Eres igual que yo.
- ¡Mentira!

Cerré los ojos, y lo encontré. Hospital… un tipo vegetal, abandonado entre varios más, como él. Se veía arrugado, como si le quedara poco tiempo de vida.

- Aquí estás. Tú debes ser el padre de Estefanía.

Miré hacia atrás, y su alma venía corriendo, enfadado a atacarme. Lo desconecté. Su alma me empujó y caí. En el techo del hospital se abrió una luz roja parecida al de una nube, lo consumió.
Volví a la habitación de Estefanía, su madre llorando, despidiéndose de ella, diciéndole que ahora cumpliría la manda.

De pronto comencé a verme en el día del accidente. Familia, llanto, pacos, ambulancia, taco… Mi corrida a 110 km/hr, pero esta vez la velocidad disminuía. Ya no veía aquella nebulosa en mi cerebro. Los buses, camiones, y aquel motociclista los veía pasar en cámara lenta. Di un respiro agitado, y sentí mis piernas. Abrí los ojos, miré el techo de mi habitación, conectado a un aparato, lleno de jeringas en todo mi cuerpo.

- ¿Hijo? ¡Cresta! ¡Hijo! ¡Dios mío santo… no puedo creerlo! ¡Enfermera! ¡Enfermera! ¡¡MI HIJO… MI HIJO DESPERTÓ!!

Autor: Sergio Cortes.
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miércoles, 19 de febrero de 2020

Una prostituta en mi taxi

Una prostituta en mi taxi

Una prostituta en mi taxi. La llevé hasta el Motel Echaurren, $6750 la carrera, y pagó $40 mil. Me dijo espérame aquí, tengo trabajo toda la noche y necesito un chófer, y que mejor que seas tú que eres mujer. Acepté con gusto, no era poca plata, ella se zumbaba con un tipo, mientras yo esperaba que el tiempo pasara a la cresta y ya estaba de vuelta.

Después hacia San Ignacio con Victoria.

Agarró confianza y me preguntó si estaba enamorada mientras prendía un cigarro sin permiso. Le respondí que sí, que era feliz y se chantó a reír. Que el amor no existe y que el corazón al revés es un poto. Bien por ella, pero yo, 25 años junto a mí marido en las buenas y en las malenas no podía opinar lo mismo. $5500 el viaje y canceló otros $40 mil.

- Me caso mañana por la mañana con un ricachón – me contó al bajar del auto.

Pobre tipo, pensé, pero quien soy yo para juzgar, “la que puede puede” dice la canción. Regresó a los quince minutos, fue un cliente precoz.

A Eliodoro Yañez con Av. Holanda y ya éramos amigas. Me hizo frenar antes para invitarme a comer un completo en una estación de bencina y me terminó de contar todo el asunto.

- Me caso a las nueve y media de la mañana así que esta será mi última noche – confesó con su voz rasposa.

Yo, testigo del cierre final de una escort sin complejos, sonreí. Dejé a aquel reloj de arena de puerta en puerta, mientras las horas pasaban y me imaginaba pagando mis deudas con los 500 mil pesos que ya llevaba en mi guantera. Aquella joven me había arreglado el panorama de cara a un futuro próximo. Me contaba sus chistes mientras se pintaba una y otra vez para el último cliente que le quedaba.

Entró al siguiente edificio y esperé.

Había pasado más de una hora. Otros 15 minutos, 30, 40, y ya eran 120 minutos. Era tan simple como agarrar el taxi y partir, pero tenía su mochila en el copiloto.

Tres horas y ya basta.

Entré a conserjería, pregunté por su nombre y no me quisieron dar información. Volví al taxi y vi que ya eran las 9 y solo le quedaban treinta minutos para su casorio. En un acto de buscar pistas del departamento abrí su mochila y saqué su vestido de novia. No había nada más.
No quería hacerlo, pero no me quedó de otra… Saqué mi pistola escondida, porque trabajo de noche, soy mujer y taxista en esta ciudad ¿Se necesita más explicación que esa? Nuevamente el conserje y le mostré a mi “amiguita”.

- ¿Dónde cresta está?
- ¡Departamento 912 pero no me mate!

Ascensor en el piso uno, dos, tres, cuatro, cinco, seis, siete, ocho… nueve.

912

Toqué el timbre y abrió la puerta gritando, con la cara moreteada mientras el tipo intentaba cerrarme. Me metí igual, le apunté con la pistola y me dieron unas ganas enormes de fusilarlo ahí mismo, con los pantalones abajo. Pero dudé, se abalanzó sobre mí y la pistola a la cresta. Comenzó a ahorcarme, mientras le tiraba torpemente el pelo. Pero ella apareció y le pegó con la con el arma en la cabeza. Estado inconsciente del cerdo y arrancamos.
Bajamos del edificio, y nos metimos al taxi.

Al grano:

- Estás a 15 minutos de tu matrimonio. Dime donde te casas.

Pintor Casanova Zenteno con Francisco Noguera.

Aceleré, mientras ella se vestía en el asiento de atrás y se maquillaba las heridas mirándose con el retrovisor. Comenzó a agradecerme por lo que había hecho y me pasó toda la plata que ganó durante la noche. No pude contarla en ese momento, los fajos no cabían en dos manos.
Terminó de cambiarse, se veía formal y tan curvilínea como ella sola. Le deseé lo mejor en su nueva vida y me besó la mejilla, bajó del auto y se fue. Ahora era su celular, mujer olvidadiza. Me devolví para entregárselo y allí estaba, llorando.

- ¿Qué te pasó?

La dejaron plantada, y todo se fue a la cresta. Ahí comenzó la teleserie en mi Nissan V16, escuchando a Bad Bunny y terminar con “La Chica de humo”. La fui a dejar hasta su departamento y la acosté. Le acaricié el pelo, pena. En su velador mi número de teléfono para que me llamase apenas se despertara.
Llegué a mi casa con la plata y no abrí los ojos hasta bien tarde. El celular sonaba y era ella.

- Hoy vuelvo a trabajar y necesito chófer – me dijo.

Esta vez no me interesaba su plata y fui a buscarla. Ahí la encontré, más atractiva que la noche anterior.

- No trabajes más en esto. Eres joven, inteligente, bonita, puedes tener el mundo a tus pies, pero no te arriesgues más. Casi te matan y la próxima vez no va a estar una vieja taxista para ayudarte.

Pero no me escuchó. En fin, hice lo que pude.

- ¿Adónde vamos ahora?
- Angamos con Vargas Buston

La verdad es que en ese instante no presté atención, como que mi inconsciente intentó no avisarme para prevenir lo que estaba a punto de suceder conmigo.

- ¿Espera, donde me dijiste?
- Angamos con Vargas Buston.

Era la esquina de mi casa. Me quedé muda, mientras ella nuevamente prendía el cigarro sin permiso, me contaba del cliente frecuente que tenía hace algunos años, que le cobraba más barato porque le tenía cariño. Me tiró como gracia que a ella la llamaba cuando la esposa salía a trabajar por las noches.

- ¿Te imaginas que fueras tú? – bromeó.

No respondí, aún estaba ahogada, no sabía que cresta hacer. Llegamos hasta la puerta de mi domicilio y bajó.

- Quizás acá me demore un poquito, me voy a hacer tira con este viejo.

Él mismo le abrió la puerta, y ni siquiera se dio cuenta el imbécil que yo estaba afuera.
No lloré, estaba en un agujero, en la nada. Aceleré y me di un par de vueltas a la manzana, me detenía al frente. Me bajaba y volvía a subir al auto… pero no me pude contener más. Abrí la guantera y saqué el arma mientras comenzaba recién a chorrear en lágrimas. Se escuchaba la risa de ella. El pasillo interminable como un túnel hacia la muerte hasta que vi la luz que se me enterraban como agujas en los ojos. Él no dijo nada, y ella me preguntó que hacía ahí, que la esperara en el taxi porque recién estaba empezando. El ruido como de un camión en mi cabeza, mientras solo observaba sus gesticulaciones y los ojos bien abiertos de aquella niña enterándose en ese instante de quien era yo.

Apunté y esta vez no dudé como en aquel departamento.

- ¡¡No!! ¡¡No me mates por favor!!

Jalé, una y otra vez. Una fiesta de sangre en la habitación y mi oído se tapó con un pitido. Así caminé, como una zombie por el pasillo, subí al auto y el taximetro marcaba $5800 el viaje desde su casa hasta la mía.

Autor: Sergio Cortes
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domingo, 2 de febrero de 2020

Cuento de terror : Del otro lado del espejo

Un cuento de terror que asusta a todos. Del otro lado del espejo. Impedible.

Cuento de terror : Del otro lado del espejo

Cuento de terror : Del otro lado del espejo

Si me ves, no corras.

Si te quedas te contaré mi historia, siempre me ha gustado mirarme en los espejos, muchos dirían que padezco de una vanidad exacerbada, mi casa estaba rodeada de ellos, podía ver mi reflejo todos los días, siempre he sido bien parecida, he mantenido devotamente un cuidado con mi cuerpo y mi piel, la belleza si bien no lo era todo, era parte importante en mi vida.

La historia que les contaré comienza el día en que murió mi mascota.

El día en que Toby, mi perro, murió, fue día domingo. Recuerdo tener un fiel vínculo con mi mascota. La familia estaba reunida, mis padres y mi hermano. Enterramos a Toby en el jardín, y mientras mi padre y mi hermano le echaban la tierra encima, yo, desconsolada corrí a mi habitación. Era un día soleado con unas pocas nubes cubriendo el cielo. Mientras corría por el pasillo notaba mi reflejo a los costados correr conmigo. En mi cuarto me senté sobre mi cama a llorar. Mi mascota, mi compañero con el que había compartido 8 años de mi vida, un día amaneció tieso, como si su cuerpo fuera tan solo una cáscara vacía. Tomé una foto mía con mi perro, la abracé con todas mis fuerzas, deseando poder verlo con vida nuevamente. Apreté contra mi pecho aquella foto con todas mis fuerzas mientras las lágrimas corrían por mis mejillas, luego, volví a mirar la foto, y la dejé al costado de un espejo sobre mi velador, uno de los tantos espejos de mi habitación. Me sentía agotada de tanto llorar, de tanto desgaste emocional, entonces caí dormida por el cansancio.

Me desperté al atardecer, mi familia me había dejado vivir mi duelo en soledad. La habitación se encontraba en silencio, y la luz carmesí se reflejaba en mis espejos. Pronto noté algo extraño frente a mí. A los pies de mi cama, en el espejo de cuerpo completo, se podía ver un bulto negro. En mi desconcierto, éste empezó a tomar forma. Era Toby, mi perro. Con alegría miré de donde debería provenir su reflejo, pero no encontré nada. Pronto mi dicha se convirtió en espanto, mi cuerpo se enfrió y sentí la habitación más oscura. El reflejo de mi perro no provenía de ninguna parte, era como si estuviera atrapado dentro del espejo. Solté un grito desesperado mientras retrocedía al respaldo de mi cama con los ojos desorbitados, el perro al otro lado del espejo comenzó a ladrar, pero sus ladridos no se escuchaban, tan solo se veía el movimiento. Mis padres vinieron en mi socorro, pero para cuando llegaron, el perro se había ido. Ese no era mi perro.

Junto con mis padres llegamos a la conclusión de que lo más probable es que no me hubiera despertado del todo y aún siguiera durmiendo cuando vi aquello, que estaba muy afectada aun por la muerte de Toby, y así fue, no se volvió a tocar el tema. Sin embargo, esto fue solo el principio.

Recuerdo que un día estaba alistando mis cosas para la universidad. Luego de maquillarme, caminé por el pasillo para salir de mi casa. En mi avance, a través de los espejos volví a ver aquello que me dejó petrificada. Frente a mí, se encontraba el reflejo mi perro ladrándome a mis espaldas. Mi corazón se aceleró nuevamente, el frío se coló por el pasillo, el aire se puso denso y reinó un insoportable silencio. Llevé mi mano a mi cara para taparme la boca horrorizada, y entonces el horror me paralizó por completa, entonces vi a mi reflejo, pero este no se movía, tan solo se quedó estático mirándome, y Toby seguía ladrando a mis espaldas, tan solo el reflejo, pues el real seguía enterrado en mi patio. Pensé estar volviéndome loca, o al menos me obligué a pensarlo, pero mi cuerpo decía lo contrario, el vacío en mi estómago, la sensación de caer en un abismo, el terror, eran señales de que estaba en peligro. El reflejo alzó una mano y llevó un dedo a su boca haciendo una señal de silencio, y mientras reía corrí despavorida hacia la salida. Naturalmente no mencioné nada, no quería que me internaran como lo habían hecho con mi abuela hacía unos años.

Investigué sobre ello en Internet, libros, en todo lo que estaba a mi alcance, todo lo relacionado con los espejos. Resultaba que muchas culturas lo veían como nexos con el más allá, o elemento de rituales. Al principio dudé, pero luego pensé que siempre podría anular cualquier ritual, claro, siempre y cuando estas supersticiones fueran reales. Mientras esperaba el ritual tapé todos los espejos de mi habitación y pasé sin mirar los que estaban fuera de ella, estaba decidida a encontrar una respuesta.

Y así llegó la noche del ritual... si bien el ritual era para ver visiones en el agua, podría haber una conexión con lo que moraba en el espejo, así podría preguntar qué deseaba para que me dejase en paz. Me encontraba en mi pieza, frente al espejo de rodillas, una fuente con agua, dos velas a los costados, y el silencio fúnebre de mi habitación.

Ya eran casi las doce, entonces me apoyé a los costados de la fuente e intenté divisar algo. En un comienzo las aguas se mantuvieron quietas, sin embargo, poco a poco se fueron tornando rojas, estaba teniendo una visión. Para mi horror divisé a mi familia, todos estaban asustados, corriendo por toda la casa e intentando esconderse, tras ellos estaba yo, con la cara distorsionada en una mueca horrible, parecía estar gritando con un cuchillo en mis manos. Pude ver cómo a través de la visión yo asesinaba a toda mi familia, mis lágrimas caían sobre el agua y ésta reflejaba cómo cortaba sus cuerpos mientras estos seguían vivos. En un arranque de histeria y con el pecho apretado tiré la fuente con agua hacia un costado y cubrí mis ojos, desconsolada.

De pronto oí un rasguño en el cristal, frente mío. Me quedé quieta temiendo que si alzaba la vista me arrepentiría. El terror corría por mis venas y mirara o no el resultado sería el mismo, me descubrí los ojos y vi mi reflejo del otro lado, sonriendo plácidamente, alzó un brazo, con su calor corporal empañó el vidrio, y sobre él escribió “hola”. Entonces su cara se desfiguró en una criatura horrenda, se abalanzó hacia mí a través del espejo, las velas se apagaron, grité lo más fuerte posible hasta sentir que me ahogaba.

Ahora me encuentro atrapada aquí, al otro lado del espejo, y ten cuidado, porque así como algo encerró mi alma dentro de un espejo y tomó mi cuerpo, yo puedo poseer el tuyo.
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La verdadera historia de Pinocho

Érase una vez... La verdadera historia de Pinocho! El escritor italiano Carlo Collodi publicó «Las Aventuras de Pinocchio» en el primer semanario dirigido a niños, llamado «Giornale Per I Bambini», entre 1881 y 1882, el cual contaba con las ilustraciones de Ugo Fleres y Enrico Mazzanti.

La verdadera historia de Pinocho

La verdadera historia de Pinocho

La imagen original de Pinocho es la de un ser de madera, pero nada muy elaborado, un niño de palo que vagaba por las calles, pobre, hambriento, mentiroso, avaro, sin escrúpulos ni emociones, que no acepta las críticas o correcciones de personas que lo quieren aconsejar.
De hecho, en una oportunidad el grillo parlante del cuento, más conocido como el querido Pepito Grillo gracias a Disney, advirtió a Pinocho de que estaba actuando mal y que regresara a casa, pero el muñeco reaccionó violentamente:
«Al oír estas últimas palabras, Pinocho se levantó enfurecido, agarró del banco un martillo y lo arrojó contra el Grillo parlante. (…) Lo alcanzó en toda la cabeza, hasta el punto que el pobre Grillo casi no tuvo tiempo para hacer cri-cri-cri, y después se quedó en el sitio, tieso y aplastado contra la pared. ¡Muerto!»
En vez de sentir remordimiento por el asesinato que cometió, aseguró a Geppetto que el Grillo había tenido la culpa de todo y que él no tenía la intención de matarlo.
Por eso, en el siguiente episodio el karma lo castigó para darle una lección.
Durante una noche de tormenta, Pinocho salió a mendigar, pero los vecinos no le dieron nada y le tiraron una cubeta llena de agua encima.
Entonces el muñeco volvió a su casa mojado y sin comida, se sentó cerca de una hoguera para secarse y se quedó dormido, pero sus piernas comenzaron a arder y se convirtieron en cenizas.
Geppetto golpea la puerta repetidas veces y grita para que Pinocho le abra, pero éste le contesta que no puede caminar.
Su padre creador no le cree, pero logra entrar y ve que sus piernas están totalmente quemadas.
El pobre carpintero reconstruye las extremidades de la mentirosa figura de madera, pero más tarde se dará cuenta de que habría sido mejor no hacerlo, porque Pinocho comienza a vender sus pertenencias y el dinero que obtiene los derrocha en vicios y diversos líos.
El último violento episodio que vivió se produjo cuando escapaba de un par de ladrones que lo persiguieron para robarle, pero él logró entrar en una casa encantada para refugiarse, donde tuvo una extraña conversación con una niña que habría estado muerta, al igual que toda su familia (hay otra versión que es el fantasma del grillo el que se le aparece para decirle que no se fie de quien le diga que existe el monte mágico).
Tras esto, los delincuentes ingresaron a la vivienda y comenzaron a acuchillarlo.
Como vieron que no resultaba herido, pensaron en ahorcarlo y así lo hicieron, hecho relatado en una terrible escena no apropiada para menores:
«Y corrieron tras de mí y corrí y corrí, hasta que al fin me atraparon y me colgaron de un árbol, diciendo: ‘Mañana volveremos por ti y estarás muerto y tu boca estará abierta, y luego tomaremos las piezas de oro que has escondido bajo la lengua'».
Collodi había pensado que ésta fuera la historia final, pero el editor del periódico le solicitó que continuara con su obra y le diera un final más feliz.
Es por eso que pensó en el hada azul, quien salvaría a la marioneta y le indicaría el camino correcto en la vida.
Sin embargo, en otros violentos capítulos ella también muere y luego aparece como un fantasma, al igual que el grillo parlante.
Finalmente, ambos logran que Pinocho siente cabeza y cuide a su anciano padre, no sin antes protagonizar duras escenas en las cuales quisieron freírlo en un sartén, lo convirtieron en burro, le quitaron la piel para hacer con ella un tambor (eso se lo hace un músico).
Para ello le ata piedras al cuello y lo sumerge en el agua, aunque antes de ahogarse los peces se comen la carne del burro y el esqueleto, que es de madera, vuelve a ser Pinocho.
A pesar del claro mensaje moral, es evidente que se trata de una historia muy poco apropiada para niños que, además, se sospecha que pudo estar muy influenciada por el mundo de la alquimia y de la masonería.
No es solo la historia se base en el concepto del «homúnculo», encarnado en el protagonista, es que la obra está llena de simbolismos alquímicos y de secretos ocultistas cuyo significado aún hoy en día se sigue discutiendo.
En 1940, Walt Disney popularizó el cuento a través de una película, donde Pinocho conservó sus peores características de mentiroso y terco, pero ahora en un mundo mucho más infantil y colorido, pero muy alejado del original.
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La verdadera historia de Gargamel

¿Quien fue Gargamel, realmente era malo? No te pierdas la verdadera historia de Gargamel, el malvado de los Pitufos.

La verdadera historia de Gargamel

La verdadera historia de Gargamel

Gárgamel, en realidad no era el malo de la historia, sino por el contrario es un cura pobre de sotana negra (sacerdote de la orden Dominica que llevo a cabo la inquisición en los siglos XII - XIII en Europa) que vivía en una iglesia con campanario. Su gato Azrael significa Israel, es decir: El pueblo de Dios, este seguía al cura Gárgamel a todas partes para ayudarlo a erradicar el mal.
Se dice que los pitufos principales representan a los pecados capitales (gula: goloso, ira: gruñon, vanidad: vanidoso, pereza: dormilón, lujuria: pitufina, soberbia: Filósofo, etc) escondidos en la simpatía y en la ternura de unos hombrecitos azules. Papá Pitufo está vestido de rojo porque es la cabeza de todos los pecados capitales, es decir, es el Diablo.
Los pitufos eran espíritus malignos del bosque que se reproducían en los días de luna llena con conjuros mágicos (es decir, solo con la luna llena aparecía un pitufo porque por medio de la luna le roban el alma a los niños). La aparente inocencia de los pitufos es solo un disfraz para ocultar al Mal en la Tierra. *Para otros Azrael no es Israel, sino que es el nombre del Ángel de la Muerte.

En los Pitufos lo primero que llama la atención es la existencia de una sola hembra entre una población naturalmente masculina, hecho que ha dado pie a interpretaciones de todo tipo, desde un machismo radical hasta una sociedad homosexual utópica. Sin quedarse en ninguna de ellas, la reproducción de los pitufos sigue siendo un misterio. Se sabe que después de una luna azul, nacían los pitufos, y a bebé pitufo -que fue introducido después- lo trajo la cigüeña. Sabemos también que hay un papá pitufo, pero no una mamá pitufa. Pero ¿por qué se dijo alguna vez que los pitufos tenían rasgos satánicos? Simplemente porque existe una simbología religiosa detrás de la historia. Supuestamente, cada pitufo representa un pecado capital. Así, Goloso es la gula, Fortachón la soberbia, Perezoso la pereza, Egoísta la avaricia y Vanidoso la vanidad. Pitufina es la lujuria y Filósofo, que en algunos momentos intenta suplantar a Papá pitufo y aprender todo lo que sabe él, es la envidia. En este mundo, sin embargo, todas las fuerzas están controladas, especialmente por el papel que juega Papá pitufo. Pero la polémica se ahonda al constatar que este tierno abuelito tiene en su sillón el signo del pentáculo, la estrella de cinco puntas trazada por igual número de líneas. Esa figura, aunque tiene un origen simplemente pagano, ha sido históricamente asociada con el culto del satanismo y la magia negra en general.

Otro aspecto polémico para los que vetaron la tira cómica en su momento, es el nombre del gato de Gárgamel. Aunque hay discusiones etimológicas al respecto, según la tradición hebraica Azrael (Azra-el: ayuda de Dios) designa al ángel de la muerte y del juicio. Ha sido también asimilado al culto del vampirismo y el satanismo por lo que representa, y es uno de los ángeles más respetados. Otro de los aspectos es que el villano se vestía de monje (Gárgamel), y aunque su hábito no corresponde a ninguna congregación en especial, sí luce como una vestimenta religiosa, de algún asceta. Todo esto, sin entrar en un nivel más detenido de análisis, en el que se vislumbran algunos rasgos que vinculan a los pitufos con el culto del vampirismo que, ciertos o no, ayudaron a aumentar las reticencias hacia esos pequeños azules que todo lo "pitufaban" tarareando la misma melodía.
Además del nombre de Azrael, está la creación y TRANSFORMACIÓN DE LA PITUFINA COMO ASPECTO A CONSIDERAR. Es creada por Gárgamel con el propósito de seducir a los pitufos. Ahora bien, existe un relato bíblico que alude a una mujer anterior a Eva en la Tierra. Lilith fue la primera mujer de Adán, creada del barro, al igual que él, pero con la que sin embargo nunca se pudo entender el primer hombre. Se estipula que ella se va del Jardín del Edén, y ahí queda todo, pues la Biblia la menciona sólo dos veces. Sin embargo, quienes siguieron el rastro del mito, aseguran que Lilith se fue a una caverna, donde se apareó con demonios y engendró hijos demonios. Entretanto, Dios creó -ahora de una costilla de Adán- a otra mujer: Eva. Para quienes cultivan el satanismo, LILITH es la madre de todos los demonios, y está fuertemente vinculada a los vampiros. Volvamos a los pitufos. Gárgamel envía una Pitufina seductora que no es "buena" para los requerimientos de la aldea. Papá pitufo logra, con sus encantamientos, convertirla en una buena chica, con lo que la analogía queda completa: la Pitufina es ahora Eva. Pero no es sólo eso: Papá pitufo no tiene el poder de crear una Pitufina de la nada, sino que toma lo que hay y lo transforma en algo más. El "envase" es el mismo, básicamente, y eso es exactamente lo que hace el vampirismo. También están, como datos de la causa, la obsesión de Gárgamel de recuperar a la Pitufina y la peculiar fijación de Azrael con ella, más que con el resto de los pitufos. Y además, un extrañísimo capítulo con múltiples lecturas en el que un pitufo malo muerde a otro y ese otro se vuelve malvado y toma un tono de piel amoratado. Luego está casi toda la aldea "contagiada". Si son o no correctas estas interpretaciones, o si es simplemente ver debajo del agua una inocente historieta, lo decide cada uno, pero los análisis del mundo pitufo abundan, casi tanto como las setas -en las que ellos viven- después de una lluvia. Incluso hay una teoría de que los pitufos eran comunistas, porque en su sociedad no existía la propiedad privada. En todo caso, no se trata de espirituarse ni nada por el estilo. Cuando eras chico, simplemente eran entretenidos y punto. Después de todo, qué hombre no amó a la pitufina y qué niña no quiso ser esa enanita de taco alto y coquetas pestañas.

Hemos rescatado este curioso texto, bueno, en realidad son dos diferentes, pero que tratan del mismo tema, el segundo traducido por nosotros, para completar asi un texto sobre este poco conocido asunto. El creador de los Pitufos, Pierre Cullimore, fue miembro del KU KLUX KLAN y simpatizante con la causa blanca. Es algo, que evidentemente nosotros no podemos confirmar, pero ahí queda el asunto. Los que elaboraron los siguientes textos, dejan mas que claro que solo son unos progres, por la estupidez de muchos de sus comentarios, pero lo que nos interesa es el fondo del asunto. Resulta gracioso y patético a la vez, que reconozcan que esta serie de dibujos con la que se han educado un par de generaciones, tenga valores positivos, casi entendida esta como una lucha entre el bien (los pitufos) y el mal (Gargamel, el oro y la codicia), pero que sin embargo lo peligroso de la misma según ellos, es precisamente ese "mensaje oculto" de la serie favorable de alguna manera a los ideales arios y NS. Es evidente que lo peligroso de verdad, es ver como la mentalidad sionista ha calado en toda la sociedad, llegando al punto de comparar la defensa de nuestra raza y de nuestros valores, como algo negativo.
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