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miércoles, 23 de octubre de 2019

El vestido blanco

Una pequeña niña, fue llevada por la tía a la iglesia y aceptó a Jesús. Llegando a casa ella habló con los padres así: "Padre déjame ser creyente?" el padre y la madre dijeron: "No, en absoluto, somos seguidores de Mahoma."
Ella insistió tanto que los padres la dejaron: "Con una condición, luego de cada misa, cuando llegues a casa te vas a tomar una paliza!"
Ella igual aceptó "Todo bien!".
Ella iba al culto llegaba a casa una paliza, iba al culto llegaba a casa otra paliza. Un día la tía le dio un vestido blanco y ella cantó delante de la iglesia sola a los 12 años, ella tenía 1 año de convertida al catolicismo.
Cuando terminó la misa ella se quedó con las amigas, estaba todo el mundo feliz. Su Padre vino, tomó a la niña y la golpeó, ante la iglesia, ella cayó al piso, golpeó su cabeza y se lastimó mucho.
Arrestaron inmediatamente a su padre, así que la tía y el pastor se hicieron cargo de la niña y la pusieron en un banco, sacaron su vestido blanco mientras ella se quedaba perdiendo la conciencia. Perdía la conciencia y volvía, así que en ese instante cuando volvía a estar consciente ella preguntó "Pastor, dónde mi vestidito?".
El pastor le dijo "Olvida el vestido mi hija, está todo sucio de sangre, ponte firme, aguanta que el médico está llegando" Ella se volvió a apagar, luego volvió en sí misma y preguntó: "Tía.. Pastor, me dan Mi vestido, quiero mi vestidito blanco". Nuevamente el pastor le dijo: "Olvida el vestido, está todo sucio". esto sucedió cinco veces; la quinta vez que pasó eso la niña dijo: "Pastor, estoy viendo a Jesús allí en pie, y Me está diciendo que me va a llevar ahora, por favor, por el amor de Dios, por todo lo que es más sagrado, me da mi vestidito blanco?". El pastor preguntó: "Por qué?". Fue, tomó el vestido y se lo dio, ella abrazó el vestidito y fue cerrando los ojitos por última vez en esta tierra, y el pastor preguntó "Pero por qué quieres tanto ese vestido?" y las últimas palabras de ella fueron: "Yo quiero entrar con ese vestidito sucio de sangre en el cielo, para mostrarle a Jesús, que así como un día él sangró por mí, yo también sangré por él.

El vestido blanco

Fuente: Facebook
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miércoles, 10 de abril de 2019

Cuento : La confesión

El cura oyó la puerta del confesionario abrirse y supo que debía seguir con lo que se le había encomendado por orden divina.

—Hijo mío —díjo el cura, con un tono confortante, suficiente para inspirarle confianza al recién llegado—, siéntete libre de confesar tus pecados y el perdón de Dios será digno de ti.

El sujeto aún no dijo nada luego de que el cura terminara de hablar. Al cura incluso le dio la impresión de que el hombre había girado su cabeza y ahora lo miraba fijamente a través de la rendija. Cuando le iba a preguntar si se encontraba bien, él habló.

—¿Padre Saul? —dijo, con una voz que provocó en el cura un escalofrío que recorrió su espalda, y que no se detuvo hasta llegar debajo de su nuca. La voz parecía más un chillido, de manera que el cura no pudo determinar si se trataba de un hombre, una mujer o un niño. Pero lo que más le intrigaba era que el recién llegado sabía su nombre, cuando apenas esa semana había sido trasladado a la iglesia.

—Dime hijo —respondió el cura, aún desconcertado.

—Padre, he pecado —dijo el sujeto haciendo ruidos extraños al moverse, quizá por los nervios—. He hecho mal, y necesito su perdón.

—Cuéntame hijo, ¿qué pecados has cometido?

—¡Eso no te interesa! —gritó el sujeto, quien ahora sí, aseguraba el cura, estaba pegado a la rendija que los separaba.

—Hijo mío, no puedo concederte el perdón de Dios si no me confiesas tus pecados —le dijo, realmente sorprendido por su reacción tan violenta.

—Como gustes, Saul —contestó él, y a continuación le detalló todos y cada uno de los pecados que había cometido.

Hubo silencio durante unos segundos.

—¿Estás arrepentido, hijo mío?

—Sí, lo estoy —respondió el sujeto, quien, según el cura, pareció soltar una risita al terminar de hablar.

—Entonces por las facultades que me concede la Iglesia, y por intersección de Dios Todopoderoso, te concedo el perdón en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo.

Al terminar de hablar, una carcajada estruendosa hizo al cura saltar de su asiento. Esa risa terrible y un olor a animales muertos lo impulsaron a salir del confesionario para entrar a la parte contraria del mismo, en donde se suponía que estaba la persona que se había confesando.

Al entrar no vio a nadie, solamente sintió el terrible olor que se había impregnado. Pero cuando levantó la vista, vio en la pared de madera algo rasgado aparentemente con las uñas, que decía:

“FÍJATE BIEN A QUIÉN LE CONCEDES EL PERDÓN”.

Cuento : La confesión

Autor : Desconocido
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