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lunes, 27 de abril de 2020

Relato Erótico : Vane sueña con que un viejo le azote el culo

Descubro los secretos de dos jovencitas: Bea es morbosa, le gusta sentirse deseada por desconocidos, y a Vane le encantaría que un hombre mayor le diera una azotada en el culo. Me las apaño para cumplir las fantasías más oscuros de las dos chicas.

Relato Erótico  Vane sueña con que un viejo le azote el culo

Relato Erótico : Vane sueña con que un viejo le azote el culo

Todas las noches los jóvenes de la urbanización de la playa en la que resido en verano se sientan apoyados en la valla de mi jardín y hablan y hablan sin parar, también beben y fuman y retozan. Ellos no me ven pero yo desde el otro lado de la pared les escucho. Los voy conociendo al dedillo. Me interesan las chicas, ¿lo comprendéis, no? Hace dos noches había tres que no callaban, estaban solas. Confidencias de mujeres, pensé. No perdí ripio, siempre es bueno estar informado.
—La Bea es una sosa –decía una.
—Y una morbosa –le respondía otra.
Aguce el oído porque coincido con esa Bea todos los días en el gimnasio y el baño turco de un hotel de lujo al que acudo a diario. Ella también tiene un abono.
—¿Morbosa? –intervino una tercera.
—Sí, sí. Le pone que le den arrimones en los transportes públicos y que los tíos mayores le digan barbaridades.
—Eso te ha dicho.
—Te lo juro. Es una tía rarísima.
—Si luego es más callada y parada que una muerta, no la he visto ligar en mi vida.
—Ya te digo: una morbosa. Se come el coco, me juego lo que quieras que está todo el día pensando en pollas.
—Ja, ja, ja, que bruta eres, Marivi.
—Ni bruta ni nada. La que seguro que tiene una polla en la frente es la viuda alemana. No has visto que todas las tardes se va a las dunas paseando y se sienta allí a mirar. Yo ya no voy con Luisma porque me corta.
—A mí me da igual que mire lo que quiera.
—La pobre está necesitada. Esa pasa más hambre que ninguna, si debe llevar más de diez años sin catarlo.
—No como la Vane, que se ha follado a todos.
—Pero está frustrada.
—¿Frustrada?
—Ya te digo. Esa sí que es rara. A mí me cuenta sus fantasías y me deja a cuadros.
—¿Qué fantasías?
—Le va el spanking.
—¿Y eso qué es?
—Que le den azotes en el culo.
—No me jodas.
—Dice que no parará hasta encontrar un padre de la urba que la azote, siempre que tenga una buena polla.
—Te toma el pelo. ¿Cómo va a querer montárselo con un viejo? Que le pida a uno de los chicos que la dé unos azotitos, jeje.
—No se fía de ellos, dice que son unos brutos y que no saben ni follar.
—Pues yo no me follo a un viejo ni aunque la tenga más gorda que un caballo.
Tomé nota mental de lo que decían. Un filón. Bea, la chica que va al gimnasio, es un yogurín, 19 años, rubita, un culito respingón y unas tetas pequeñitas. A mi edad, acabo de cumplir 57, me conformaba con mirarla. Me parecía inaccesible pero después de lo que he oído a estas chicas... Es bueno saber que le van los achuchones y que le digan barbaridades. Pues me va a oír. Se me ha puesto dura solo de pensarlo. Pero la que me pone a cien es la Vane. Menuda tía, la más buena de esa panda. Morena, alta (si debe medir 1,80), con medidas de modelo, unas tetas poderosas en punta y un culazo apretado. ¡Qué morbo darla una azotaina. Me he hecho una paja a su salud. Y si quiere una polla grande, la mía le vendría bien. Un pollón, os lo juro. La viuda alemana es otro estilo, una madura jamona de cincuenta años con un culo gordo para hacer guarrerías.
Me marqué a Bea como primer objetivo. Al día siguiente de la charla de las chicas en la valla de mi chalé me la tropecé en el gimnasio a las nueve de la mañana, le sonreí de oreja a oreja. No me hizo ni puto caso. Me dio igual. No separé mis ojos de su chochete y sus muslos. Se dio cuenta. Ese era mi objetivo, que vea que me la como con la mirada. Cuando acabé en el gimnasio me fui al vestuario, me puse un bañador, tipo braguita, muy ajustado, elegido para que se me marcase el paquete. Me metí un rato en el spa y esperé. Al poco tiempo apareció Bea camino del baño turco. La seguí. Recé para que no hubiera nadie. A esa hora suele estar solitario. Bea llevaba un tanguita que dejaba al descubierto los cachetes de su culo. Entró al baño turco y yo detrás. Se colocó sentada en un banco y yo en uno enfrente a unos dos metros de distancia. “Uff, como me he levantado hoy”, dije en voz alta mientras me acomodaba la polla. Ella hizo como si me ignorase. No me importó. Tenía mi plan, puse la toalla en el suelo a sus pies y me tumbé de espaldas, después empecé a mover la cintura de arriba a abajo de forma que mi tienda de campaña resaltase más. Bea no perdía detalles de mis movimientos. Dejé que la puntita de la polla se saliese un poquito por fuera de mi pantalón. “¿Te gusta?”, le pregunte. No respondió pero no dejó de mirar. “Te la puedo restregar por donde más te guste”. “Déjeme en paz”. Se levantó, cogió su toalla e hizo ademán de salir, pero se quedó muy quieta delante de mí. Yo me acerqué por detrás. Puse la polla contra su culito y se la restregué. Bajé de un tirón su tanguita y le coloqué la polla entre los carrillos de su culito. Delicioso. Ella, quieta, imperturbable, se dejaba hacer. La putada fue que escuché a alguien que se acercaba. Ella se separó y me dijo “hasta mañana”.
—Mañana más –le respondí antes de que saliese del baño turco—. Quiero meter mis dedos en tu chochito de putita.
Salió disparada y yo me quedé con cara de gilipollas. “Lo mismo esta tía se lo cuenta a su padre y encima me llevo un par de hostias”. Pero no se lo dijo. Me quedé salido como una mona y me puse a pensar en la Vane. Necesitaba su teléfono. Lo conseguí en el bar del pueblo en el que para esa pandilla de jovenzuelos. Le pedí su móvil a José Manuel, el chico que sirve las copas.
—Me he dejado el mío en casa y necesito hacer una llamada.
—No hay problemas, colega.
Diana. En su agenda estaban la Vane y su teléfono. Me lo aprendí. Cuando llegué a casa puse en práctica mi plan. Busqué un vídeo cortito de una sesión de spanking y se lo mandé por wasap desde un móvil que tengo para estas aventuras. Sólo le puse: “Se lo pasan bien, ¿eh, Vane?”. Yo también te tengo que dar un día de estos unos azotitos”. Me contestó inmediatamente:
—¿Quién eres?”—me preguntó.
—Pronto lo averiguarás. ¿Con qué prefieres los azotitos? ¿Con la mano, con una fusta, con la correa, con una raquetita? –volví a escribirle.
—Eres tonto –me puso.
Mi respuesta fue enviarle una foto de mi polla en erección.
—¿Y eso te gusta? –escribí.
—Bah. Te tiras en rollo. En internet hay muchas como esa. Seguro que no es real.
—Te la puedo enseñar cuando quieras, jeje, si te portas bien.
—¿Cuántos años tienes? ¿Eres de la zona?
—57 años y todos los días se me pone dura cuando te veo en la playa.
—Demasiado mayor.
—Más experiencia. ¿Por dónde vas a andar esta noche? –le pregunté.
—Iremos al anochecer a la cabalgata de moros y cristianos y acabaremos por el chiringuito de la playa.
—Lo mismo nos vemos. Prepara el culo que me voy a llevar la correa.
—Tú estás tonto.
Lo dejé ahí, pero al anochecer estaba ojo avizor en la cabalgata de moros y cristianos. Mucha gente, demasiada. Por la plaza no se podía ni andar. La pandilla de Bea y Vane estaba en los soportales. Cuando empezó el desfile estaban todos apelotonados. Me fui acercando a ellos. Bea me vio y se quedó mirándome muy fijamente. Pero no dijo nada. Había cinco o seis filas de personas apretujadas. Yo me fui situando cerca, muy cerca de Bea, soy un experto en colocarme bien –otro día os cuento mis aventuras en los transportes públicos—, conseguí ponerme a su lado. Detrás de mí, sólo la pared. Delante, Bea y una muralla de gente. Escuché a Vane que decía: “Esto es un rollo, no hay quien vea nada. Vámonos hacia la playa”. Los demás la siguieron. Yo susurrando le dije al oído a Bea: “Quédate aquí”. Entonces ella se dirigió a sus amigos: “Id vosotros que yo iré luego”. “¿Te van los moros o los cristianos?”, bromeó un larguirucho. “Ahí te quedas, te esperamos en el chiringuito”, le dijo la que se llamaba Mariví.
Bea se quedó muy quieta, yo apoyé mi mano en su cintura. Llevaba puesto un vestido playero amarillo muy corto, de tirantes. Dejé caer mi mano por su culito, se lo acaricié por encima del vestido. Ella miraba hacia delante como si estuviera atenta al desfile de tíos vestidos de moros y cristianos. Puse mi dedo corazón en su rabadilla, al mismo tiempo que comencé a meter mis piernas entre las dos suyas, de forma que mi muslo rozase con el suyo y empezase a notar mi polla erecta. Metí mi mano por debajo de su falda y acaricié sus nalgas por encima de las braguitas. Puse mi polla en medio de su culete, pero la tenía dentro de mi pantalón. Estaba deseando sacarla pero allí no podía ser. Noté que ella también apretaba con su culo hacia atrás. Puse mis labios en su cuello, le lamí con la lengua. Le dije al oído muy bajito: “Ya verás cuando te meta la lengua en el culo, ¿alguien te ha comido el culo, putita?”. Se volvió para mirarme y yo metí la mano entre sus bragas y le acaricié la raja del culo, mi dedo corazón se posó en su ano. Noté que suspiraba. “No, no, aquí no puede ser”, me dijo muy bajito. Mi polla estaba a punto de reventar. “Sal de aquí y vete hacia las dunas, te voy a follar como no lo ha hecho nadie”. “Dame tus bragas, putita”. “Estás loco”. “Dámelas”. Se las quitó con mucho disimulo y yo las metí en la mochila que llevaba a la espalda. “Así me gusta más”, le dije mientras la acariciaba su chochito. “Estás húmeda, putita”. Se dio la vuelta y se restregó contra mí. “Vamos”, le dije. Emprendimos el camino hacia las dunas. Ella iba delante y yo la seguía a muy poca distancia. Yo estaba muy cachondo. Nos acomodamos en una zona solitaria. Saqué una toalla de mi mochila y la extendí en el suelo. Hice a Bea tumbarse de espaldas. La quité el vestido. Sólo llevaba un sujetador minúsculo. Le bese el cuello, fui lamiéndola lentamente mientras con las manos amasaba sus pequeñas tetas. Tenía los pezones duros. Quería ponerla a mil, cachonda perdida.
—Primero te voy a comer el culo, voy a pasar mi lengua por tu espalda hasta llegar a tu rabadilla. Te voy a dar lametones en la raja del culo.
—Ay, ay, eres un guarro.
—Más de lo que te imaginas, putita.
Abrí los carrillos de su culito con mis manos, mis dedos hacían círculos en su ojete, muy suavemente.
—Primero te voy a meter la lengua y después la polla.
—Ay, ay, nadie me ha follado el culete.
Mi lengua saboreaba su culo, mi lengua hacía circulitos en su culito. La metía y la sacaba, la metía y la sacaba.
—Dime que eres una putita que está deseando que le coma el chocho.
—Sí, sí, por favor.
—Dímelo.
—Sí, sí, soy tu putita y quiero que me comas el chocho.
Estaba tumbado encima de ella con mi polla apuntando a su ano.
—Te la voy a meter un poquito por el culo, putita.
—Hazme lo que quieras.
Saqué un poco de vaselina que había traído para la ocasión y se la extendí con mi dedo.
—¿Qué es eso?
—Una cremita para que se entre más suavemente. Mientras le decía eso empecé a empujar con mi polla. Primero un poquito, después más y más. La hice ponerse de lado, ya con la polla metida hasta la mitad por su ojete mientras con la mano le acariciaba los labios vaginales y el clítoris. Estaba húmeda y cada vez más excitada. Yo metía sacaba la polla en su culito, primero lentamente y luego con más rapidez. Ella cogía mis manos y se las apretaba contra su chumino.
—Ay, ay, me poner loca.
—¿Quieres que te chupe ese chochazo? –le pregunté mientras con mi polla le taladraba el culo. Ella estaba cachondísima y yo enloquecido.
Y entonces me lo dijo.
—Sí, sí, me encanta que me comas entera, pero antes lo que más me gustaría es que me restregases ese pollón que tienes por todo el chocho, pero sin metérmela. Siempre he tenido la fantasía de que alguien me masturbase con un pollón como el tuyo, los chicos se corren enseguido.
Me lo dijo con una voz entrecortada y jadeante, que tuvo la virtud de ponerme más cachondo todavía. Saqué la polla de su culo, la di la vuelta y la puse en su chumino, con la punta apretando su clítoris. Ella dobló las piernas para tener más contactos. Moví la polla de arriba abajo por toda su raja, la moví como si fuera mi dedo corazón.
—Ay, sigue, sigue así, me pones loca, ay, ay, me estoy corriendo como nunca.
Yo movía mi polla con la mano, la introducía un poquito en su vagina, la llevaba hasta el culo, volvía a subirla, golpeaba en el clítoris. Seguí y seguí hasta que casi se le salieron los ojos de las órbitas.
—Ahora métemela ya, hijo de puta, y córrete.
Se la metí de un empujón. Mi polla era un hierro ardiente que llegaba hasta sus entrañas, mi excitación era máxima, galopé y galopé como un semental. Fue un polvo brutal. Pero no quise correrme dentro. La saqué y la hice que me la chuparas.
—Quiero que te comas toda la leche.
—No, no, eso no me gusta.
La agarré del pelo y puse su boca en mi polla palpitante. Chupo y chupo. Fue una corrida descomunal. Grabé la chupada y el espectacular final con mi teléfono móvil.
—¿Para qué has hecho eso?
—Quiero que lo vea una chica para que sepa lo que la espera. Esta noche no he acabado.
Bea se vistió como pudo y salió disparada hacia su casa. No le devolví sus braguitas. Lo que hice fue enviar a Vane la grabación de la chupada.
—¿Tú lo haces mejor, putita? —le pregunté.
—Ya te gustaría a ti que te la chupase —me respondió.
—Y a ti tener en el chocho una polla como esta.
—No está mal —reconoció.
—¿Estás en el chiringuito?
—Sí, con unos amigos.
—Pasaré por allí.
—No creo que a ellos les guste.
No le respondí. Media hora después estaba en la barra del chiringuito. Vi a la Vane sentada en una mesa con dos jovencitos. Parecían colocados los tres. Me senté en la mesa de al lado y pedí un gin tonic, lo mismo que parecían beber ellos.
—Si queréis una copa, yo invito. Hoy tengo un buen día –les dije.
—Vale, colega, nosotros queremos una lo mismo –respondió uno de ellos—. Y siéntate con nosotros si quieres.
Me coloqué al lado de la Vane. La tía llevaba un pantaloncito corto blanco muy apretada y un top verde. Resaltaban sus soberbias tetas. Estaba impresionante. ¡Qué piernas! Sus muslos prometían la gloria. Uno de los tíos parecía culturista, un tipo trabajado en el gimnasio, el otro era un chiquilicuatre.
—¿Estáis esperando a alguien? —les pregunté cuando acabamos los gin tonic.
—No, no.
—¿Y tú? —me dirigí a la Vane.
—No, iba a venir un tío pero no ha aparecido, creo.
—Entonces tomemos la última en mi barco.
—Sí, sí, vale. ¿Dónde lo tienes?
—Sólo tenemos que ir al puerto deportivo, un paseíto. Tengo ginebra, whisky, champán, lo que queráis.
La Vane se apuntó enseguida. El chiquiliquatre se descolgó. “Yo ya no puedo más”. El fortachón quería seguir bebiendo a mi costa. Nos pusimos en marcha hasta el puerto. La Vane iba delante, cantarina, trastabillando. “Está buena”, me dijo el culturista señalando a la chica. “Buenísima, un cañón de mujer”. “¿Cuál es tu barco?”, preguntó la Vane cuando entrábamos al puerto. “Aquel, El golfo”. La Vane se adelantó dando una carrera. “Venga, venga”, nos gritaba. Entonces me volví hacia el macarra de gimnasio.
—Me tienes que hacer un favor, colega –le dije.
—¿Qué favor?
—Ves la salida del puerto, allí, al fondo, pues piérdete.
—¿Qué dices?
—Qué te pires tío. En el barco sólo hay copas para dos, y no vamos a echar a la chica.
Me miro de arriba abajo como si me perdonase la vida.
—Esa tía es demasiado para ti, viejecito.
—Mañana te lo cuento, no te preocupes.
—Oye...
—Piérdete, colega, tengo la vez y el barco es mío.
Por un momento creí que me iba a dar dos hostias, pero en vez de hacerlo dio la vuelta y emprendió el camino de la salida. “Buen chico”, pensé. La Vane seguía gritando. “Venga, venga, pesados…”. Me miró sorprendida cuando la alcancé.
—¿Y Juanma? —me preguntó.
—Ah, se llama Juanma. Me dijo que le dolía la cabeza. No importa. Así te puedo enseñar una cosa.
—¿Qué cosa?
Me abrí el pantalón, saqué la polla y se la enseñé.
—¿No decías que no era real?
—¿Tú? Me lo estaba figurando.
—Vamos dentro, que estoy deseando azotar ese culazo de niña mala que tienes. La agarré de un brazo y la hice subir al barco.
—Pero no me hagas daño, por favor.
Entramos en el salón del barco, me senté en un sofá y le dije: “Ven”. Se acercó a mí como un corderito. La puse encima de mis rodillas con el culo en pompa, un culo capaz de enloquecer a cualquiera. Le bajé el pantalón, llevaba un tanguita verde como el top. Le di un cachete. “Plaff”. Y otro: “plaff, plaff”. Le bajé el tanguita. Su culo era un manjar para mí. Le empecé a dar cachetes rítmicamente. Primero muy despacito.
—Has sido una niña muy mala y te mereces un castigo –le decía mientras veía que sus nalgas se iban enrojeciendo.
Sus tetazas espectaculares descansaban sobre mi muslo. Mientras le daba los cachetes con la mano derecha, con la izquierda agarraba sus tetas. Tenía unos pezones grandes y firmes, que se endurecieron como una piedra. Ella temblaba, gemía, se puso a llorar. “Ay, ay, ay”, repetía.
—Dame más, dame más.
La hice tumbarse en el sofá, con las piernas muy abiertas. Estaba depilada. Su chocho estaba pidiendo cómeme. Saque la fusta que había metido en mi mochila y empecé a golpearla en las tetas, en la cintura, en el chochete. Muy suavemente. Aquello la volvía loca.
—Ay, ay, sigue, sigue, dame más.
—Toma polla, putita mala.
Me había colocado de pie en el extremo del sofá donde descansaba su cabeza. Puse la polla al lado de su boca.
—Seguro que te encanta chupar pollas.
Se metió toda la polla en la boca mientras yo le azotaba la espalda y el culete con la fusta. Estaba excitadísima y yo más todavía.
—Chúpame los huevos también.
—Sí, sí, lo que tu me digas.
Lamía mi polla con desesperación, glotonamente, me chupaba los huevos, me acariciaba el ano.
—Méteme la lengua en el culo –le dije mientras seguía dándole rítmicamente con la fusta. Toda su lengua resbalaba por mi ojete, luego seguía hasta los huevos, volvía a mi pene.
—Me encanta tu polla, ay, ay.
Se la metió toda en la boca, chupó con delectación y yo me corrí salvajemente. Mi semen resbalaba por sus labios y ella lo saboreaba.
—Ay, ay, tienes que follarme muchas veces con ese pollón, por favor, por favor.
Yo estaba rendido pero hacía muchos años que no tenía a mi disposición una tía como aquella, un pivón con pinta de actriz de cine. La hice tumbarse en el sofá y le acaricié las tetas. Sus pezones volvieron a responder. Me tiré sobre ellos. Aprisioné con mi boca esos pezones duros que me habían subyugado desde que los vi. Tenía unas aureolas grandes y oscuras. Le acaricié la punta de los pezones con mis dientes.
—Sí, sí, sí.
Gemía, lloraba, daba gritos histéricos. Le encantaba que mis dientes resbalaran por sus pezones, por sus tetazas. Seguí bajando. Mi lengua se deslizó como una serpiente hacia su ombligo. Tenía una cintura tersa, morena del sol de la playa. Ella empujaba mi cabeza hacia abajo. Y yo seguí la ruta que me indicaba. Mi lengua atravesó su monte de Venus, mientras mis dedos ya hurgaban en su vagina, toqueteaban su clítoris, abrían sus labios vaginales. Chorreaba flujos. Mi lengua incendiaba todas las partes de su cuerpo por la que bajaba. Me detuve en su clítoris. Le di unos lametones al mismo tiempo que mi dedo entraba y salía en su vagina. Primero uno, después dos, después tres. Era un coño impresionante. Agarré entre mis labios su clítoris, mientras la seguía follando con los dedos.
—Ay, ay, ay, por favor, por favor, me voy a correr como una loca.
Repasé con mi lengua sus labios vaginales, ahora metía mi dedo corazón en su culo. Ella se retorcía como una serpiente. Lloraba desesperadamente.
—Dime que quieres que te folle.
—Sí, sí, quiero que me folles, quiero que me metas esa polla, por favor, métemela, métemela.
Yo seguía chupando su coño. Quería llevarla al colmo de la excitación, a los límites del éxtasis. Cuando creí haberlo conseguido, coloqué mi polla sobre su chumino, puse mi glande en la entrada de su vagina para que notase toda su dureza.
—Ayyyyyy, ayyyyy, ayyyyy, sigue, sigue…
Empujé con mis caderas y con todas mis fuerzas, empujé y empujé con el máximo deseo, como si se fuera a acabar el mundo. Sus gritos me excitaban más y más. Su llanto me inflamaba. Mi polla tenía vida propia. Entraba hasta el fondo, percutía como un émbolo incansable. Cuando me corrí fue como un estallido. Vane me dijo después que le pareció ver estrellitas en el techo y como si sonaran miles de campanitas. Yo me quedé seco y ella muy quieta, apretujada en el sofá. Permanecimos como muertos varias horas. Por la mañana ella se levantó cantarina y se despidió con un beso en la polla.
—Esta noche repetimos –le dije.
—Lo estoy deseando.
—Pero vamos a invitar a nuestra fiesta a la viuda alemana que vive en la urba.
—Tú estás loco.
—Nos la vamos a follar los dos, Vane.
Y lo hicimos. Pero esa es otra historia. Ya os la contaré otro día.
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viernes, 21 de febrero de 2020

Piropo para chicas con lindo culo

Ahora... Así como algunos hombres tienen la piña prohibida, yo para mi que muchas mujeres deberían tener la calza prohibida... Asesinas!
Parece mentira las colas que veo (lalailalala) caminando por Montevideo (lalailalala) (8)
Bueno, nada vengo acá a dejar un hermoso piropo para decirle a las chicas de culos bonitos...
Directamente desde memes de acción noetica, aquí les dejo este hermoso piropo bien fino que dice "Con ese Pappo, tocate un Blues"... Piropo fino fino, para culonas y popotes buenos!
Salu'!

Piropo para chicas con lindo culo

piropo para chicas con lindo culo

¿Qué piensan los hombres sobre los culos grandes? 

¿A los hombres realmente les gustan los traseros grandes? ¿O es solo un rumor que comenzó y todos siguieron su ejemplo?
Se le  preguntó a ocho hombres sus pensamientos sobre grandes traseros. Totalmente anónima y completamente sincera, esto es lo que nos dijeron.

1. No todos los grandes traseros son iguales.

"Siento que algunos muchachos se sienten obligados a que les gusten los traseros grandes porque es algo genial. Siento que todos los traseros grandes no son creados iguales. No todos los traseros grandes son buenos traseros. Para mí, se trata más de la forma del trasero que el tamaño. También puedes tener un lindo "pequeño" trasero, pero el hecho de que algo sea "más grande" no lo mejora.

Personalmente, prefiero a las mujeres que viven un estilo de vida activo, aunque con ejercicio, baile o gimnasia (se entiende). Entonces, supongo que podría decir que prefiero un trasero tonificado y el tamaño es simplemente una medida débil. (Calidad no cantidad.)

2. Los traseros grandes en pantalones de yoga son un problema.

"¿Pantalones de yoga? Pros: más divertido para agarrar / golpear y se siente mejor para las posiciones sexuales desde atrás. Contras: cuando se coloca en pantalones de yoga, hace que el cerebro masculino sea inerte."

3. No, gracias, soy más un hombre de piernas.

"No soy realmente un tipo de '¡Oh Dios mio ese culo!'. Un buen par de piernas, sin embargo, y me has llamado la atención".

4. Un buen trasero "insinúa un deseo por la vida".

"No estoy seguro si se trata de la cultura hip-hop o si estamos descubriendo un lugar llamado Brasil, pero un buen trasero sugiere un entusiasmo por la vida y un grado de competencia en el tocador. Por supuesto, lógicamente, no se puede decir nada por la apariencia física de una persona, pero una cola más grande, en el primer sonrojo, infiere fuerza física al mismo tiempo que implica que tal vez su conductor no esté obsesionado con el conteo de calorías.

¿Son estas cosas aproximaciones disparatadas que solo se pueden descubrir conociendo a la persona? Por supuesto. Sin embargo, ocurre en un tic del ojo y es una característica que me parece atractiva."

5. Natural es mucho mejor que falso.

"Nunca diría que me gustan los traseros planos, pero definitivamente son más atractivos que los traseros enormes. Si parece que hay un crecimiento extraño allí o si han tenido implantes como las Kardashian, es un gran desvío para mí. Tomaré lo natural sobre lo falso cualquier día".


6. La mierdasale de allí.

"Me gustan las curvas que da un gran culo, pero al final del día, la mierda sale de allí. Es bueno tener algo a lo que agarrarse en lugar de algo cuadrado y plano".

7. Se trata de proporción.

"Para mí, todo se trata de proporción en lugar de tamaño, y siento que soy una minoría en eso. Tengo amigos que desearán a las mujeres con grandes traseros que digan cosas como, 'Oye, ella tiene un culo tan gordo, lo deseo tanto', pero no lo hacen por mí. Claro, ningún hombre va a rechazar un gran botín, pero para mí, si tienes un trasero tonificado que complementa el resto de tu cuerpo, tráelo por aquí y vamos a escalar o algo así para que pueda echar un vistazo ".

8. El trasero de Kim Kardashian es demasiado.

"Me gusta más la calidad, no la cantidad. Me gustan los culos redondos, pero no necesariamente los traseros grandes. Si estamos hablando de un tipo de culo de Kim Kardashian, entonces no, gracias. Para mí, eso es demasiado y realmente asqueroso". Definitivamente no es para mí".
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Poema del gaucho donante

Estaba pensando en como cagarle la vida a mis amigos y me acordé de la causa de todos mis problemas: las cadenas de mail que jamás reenvié. Entonces me puse a buscar en la bandeja de entrada y a reenviar todas esas cadenas a mis contactos. Buscando entre viejas cadenas de e-mails, de esas que te traían 7 años de mala suerte, me encontré con este "Poema del gaucho donante". Si no compartes este poema, te romperán el culo por 7 años seguidos.

Poema del gaucho donante

Poema del gaucho donante

Yo me propongo al morir
ciertos órganos donar,
Que a enfermos sin porvenir
puedan sus vidas salvar.

Que mis ojos sigan viendo
la belleza de la aurora
y así seguiré viviendo
cuando me llegue la hora.

Si necesitan riñones
tengo un par en buen estado
y dos potentes pulmones,
porque yo nunca he fumado.

Mi corazón donaré
y que otro siga viviendo.
Yo, por lo mucho que amé,
quiero que siga latiendo.

Para un gran necesitado,
mi pene será donado.
Que lo use sin recato
que esta bien acostumbrado.

Que lo ponga a fornicar
 y ningún polvo rehúse,
él no se va a gastar
por más que se lave y use.

Me reservo lengua y boca
porque soy conservador,
sería triste si le toca
 a algún viejo mamador.

Y no las voy a donar
pues no sé qué sentiría,
si alguien se pone a mamar
con la lengua y boca mías.

El culo, NI MENCIONARLO!!!
pues corre un riesgo mayor.
No me propongo donarlo...
Pensarlo me da terror.

¿Qué pasa si un cirujano,
con una aviesa intención
se decide a trasplantarlo
a un paciente maricón?...

Pues es un hecho bien cierto,
lo digo sin vanidad:
Qué triste, ya estando muerto
Perder la virginidad!

La perspectiva me aterra,
lo digo sin disimulo.
Tanto cuidarlo en la tierra
y  muerto...¿Entregar el culo?
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domingo, 5 de enero de 2020

Me gusta tu culo

Un poema caliente y hot que encontré en Internet y lo comparto con ustedes, para que puedan dedicarselo a esas chicas nalgonas que enamoran con su culo.
Así comienzo este 2020 a pura poesía, espero que ustedes también estén de vacaciones disfrutando de lo bello de la literatura, o por lo menos de algún buen culo que puedan ver y/o tocar en la playa o donde sea.
Que tengan un hermoso año, con mucha poesía y muchos culos nuevos, mis deseos para este nuevo año que recién comienza.

chica culona

Poema : Me gusta tu culo

Me gusta tu culo.
Perdóname que te lo diga así,
tan vulgar,
tan grotesco,
tan directo,
pero es que no hay otra manera
para poder explicarme.
Me gusta tu culo.
Perdona mi franqueza.
Soy un caballero,
pero con ese culo no puedo,
me pongo bien perro,
y es que de verdad me gusta,
me gusta cuando está en cuatro
y me observa fijamente,
y yo lo observo a él;
me gusta con jeans,
me gusta con tanga,
con leggins;
me gusta mojado,
me gusta colorado,
me gusta en la boca,
me gusta con estrías.
Me gusta cuando caminas y parece que
haces buches con esas pinches nalgotas,
me gusta que los hombres lo miren,
y después me miren,
y después los mire
y se hagan los pendejos,
y que sepan que es mío,
que me pertenece,
y es que ya ni siquiera es tuyo.

¿Algún día algún poeta había
escrito sobre un culo precioso?,
¿no?,
pues entonces... una de dos:
o no soy poeta,
o nadie más se había fijado en tu culo
de la misma manera que yo lo miro.

Me gusta tu culo y punto,
se acabó,
no hay nada más que decir,
no hay nada más qué explicar,
ya lo dije todo,
no sobran ni faltan letras.

¿Entendiste, nalgona?
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jueves, 13 de febrero de 2014

Poema para San Valentin

Lamentablemente perdí mi libreta con poemas para San Valentín y lo único que me acuerdo des del verso del poema que cerraba la poesía del día de los enamorados, así que, como buen poeta romántico, comparto con ustedes este fragmento del "Poema para San Valentin (Te amo a romper el culo)",  que tengan un feliz San Valentin, que tengan mucho sexo y que la hermana de su mejor amigo les de bola por una vez en la vida, aunque ello requiera un gasto de dinero en regalos y rosas bastante importante.
En fin, les dejo este pedazo de poema inspirado en el culo de la hermana de un amigo del cual estuve locamente enamorado (no de la hermana, ni del hermano, sino del culo mismo) y se los dejo con una imagen meme de un culo-corazón en la bañera con espuma... Un trasero romántico... Dos nalgas enamoradas... Una cola tierna y amorosa... Un culo SanValentinesco...

Poema para San Valentin (Te 'amo a romper el culo)

Te amo a romper el culo

Te amo sin censura
Te amo sin disimulo
Te amo con locura
Te 'amo a romper el culo
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martes, 18 de septiembre de 2012

Que no me entere que ese culito anda pasando hambre!

Hola queridos lectores de este blog de poesía y otras cosas artísticas! Lamentablemente he estado sumergido en proyectos que no me han dejado tiempo para actualizar este blog... De hecho estoy por terminar de publicar un nuevo libro de poesías del cual más adelante tendrán más noticias!
Mientras tanto los dejo con una desmotivación de una frase urbana, o piropo que se usa mucho :

Que no me entere que ese culito anda pasando hambre!
o
Que yo me entere que ese culo está pasando hambre...

2  frases similares, 2 maneras de describir un sentimiento : Que buen culo que tenés, mamita!
Aquí está la imagen para compartir con la chica que te gusta y hacerle saber que si su culito está pasando hambre, tú tienes alimento para eso!
Espero que les sirva para el levante. Saludos. El Poeta Gabriel.

Desmotivacion : Que yo me entere que ese culo está pasando hambre...

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miércoles, 25 de julio de 2012

Mamasa con ese culo te invito a cagar a casa!

No es simplemente una poesía, es además un piropo y una rima perteneciente a nuestra cultura popular que debía ser inmortalizada en una desmotivación... Espero que les apetezca este piropo que dice más o menos así "Mamasa con ese culo te invito a cagar a casa!" Saludos a todos mis colegas poetas que siempre me mandan mails muy lindos! Y en el fondo, una poesía para dedicarle a un culo tan inspirador, una musa inspiradora como no puede ser menos, de mi libro "Poemas para ese orto". Los quiero mucho. Yo. El Poeta Gabriel.

Desmotivacion Mamasa con ese culo te invito a cagar a casa!

Mamasa con ese culo te invito a cagar a casa!

Te quiero mucho mamasa
Y ni siquiera te conozco
Te veo paseando en calza
Y me pongo como loco

Te amo, te amo mucho
Quiero comerte el popote
Yo te doy mi cucurucho
Pegale un buen mordiscote

Te adoro, te adoro tanto
Se me para el sentimiento
Vamo a hacelo en asfalto
Ahí nomás, sobre el cemento

Vení, vení acá mamasa
No te pongas tímidota
Te invito a cagar a casa
Y a que juegues con mi chota
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