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lunes, 27 de abril de 2020

Relato Erótico : Mujer infiel con su jefe

Mi jefe me anima a que seamos amantes y sellamos la idea mamándosela en su coche. Primera infidelidad (oral)... con mi jefecito.

Me llamo Ingrid, tengo 45 años, tengo un hijo (le llamaré Toño, no es su nombre real) y soy divorciada hace ya muchos años. Salgo con alguien hace poco más de cuatro meses y desde hace unas semanas mientras estábamos calentando motores con un rico faje, empezó a preguntarme sobre algunas experiencias mías; que si había cogido con algún compañero del trabajo, que si había cogido con algún jefe, que si las había dado para conseguir algún contrato –tengo un negocio de organización de eventos para empresas, aunque ocasionalmente doy servicio a particulares- que si era muy cogelona en la prepa o en la universidad, que si le fui infiel a mi ex esposo…en fin. A partir de esa ocasión casi siempre me hace preguntas o me dice que le cuente alguna experiencia –se caliente un chingo- así que decidí escribirlas y publicarlas; de hecho supe de la página por él. Espero se calienten, especialmente tú, mi cabroncito. Espero les gusten.

sexo oral en el carro

Relato Erótico : Mujer infiel con su jefe

Los últimos meses de mi matrimonio –ya habiendo decidido el divorcio- vivíamos en la misma casa, pero ya cada quien en su recámara; evidentemente eso nos dio mucha libertad a ambos para comenzar a salir con otras personas. Yo no quería una relación, de hecho tardé un par de años en tenerla, pero sí quería salir y pasarla rico; la verdad es que mi aún esposo tenía como dos años que no me tocaba, por eso y porque le descubrí una infidelidad, es que yo le fui infiel. Pero contaré eso en otra ocasión; por ahora les contaré la primera vez que fui infiel con mi jefe de aquel entonces. Trabajé en dos empresas que organizaban eventos, antes de independizarme y abrir mi propio negocio; esta experiencia es de cuando trabajé en la primera de ellas.

Por más que me esforcé para mantenerme atractiva después de haber sido mamá (a los 25 años), mi esposo (Carlos) nunca me hizo caso como cuando éramos novios y recién casados; después de nacer nuestro hijo, sólo ocasionalmente teníamos relaciones. Eso me deprimió y me descuidé mucho, subí muchísimo de peso, hasta que una amiga me convenció de empezar a cuidarme de nuevo, a quererme; y así, con dietas y mucho ejercicio, logré ser atractiva otra vez. Poco a poco, comencé a darme cuenta de que no le era indiferente a otros hombres, uno de ellos era mi nuevo jefe en la empresa. Como ya me sentía segura de mi y de mi cuerpo de nuevo, empecé a usar ropa que mostrara mis atributos; caderas un poco anchas, pompis paraditas y un buen par de bubis. Mi jefe (Raúl) comenzó a verme con mayor insistencia y a piropearme todo el tiempo; con cualquier pretexto me llamaba a su oficina, me decía que me quedara horas de más para revisar eventos, logística…y me llevaba constantemente a supervisarlos o a hacer visitas de inspección. Yo poco a poco llevaba ropa que mostrara un poquito más; falda corta o pegadita pero con abertura alta, blusitas pegaditas o con escote, blusas con un botón abierto de más, en fin, ya saben. Me encantaba provocarlo.

Un día decidí ir un poco más coqueta que de costumbre y me puse una falda larga blanca pegadita y medio transparente, obvio un calzoncito pequeño y una blusa blanca también, dejando algunos botones abiertos, dejando ver mis atributos. Ya que no tenía coche, me iba en taxi al trabajo y el chofer no dejaba de echarme ojo al escote por el retrovisor; yo disimuladamente abría más la blusa para deleitarlo. Eso empezó a calentarme y ponerme en el mood adecuado para provocar a mi jefecito en el trabajo.

En la oficina éramos dos chavas (Caro y Andy) que eran asistentes, tres gerentes (Jorge, Roberto y yo) y el director, Raúl, que lo había puesto la dueña. Todo el día sentí la mirada de los hombres y las chaves me decían: “Te pasas, Ingrid; se te ve todo!” “Se quedan todos pendejos viéndote jajaja” “Te co…men con la mirada!”. Yo me hacía la sorprendida, como que no me hubiera dado cuenta de que se me transparentaba la ropa, ni de las miradas de Jorge, Roberto y Raúl. En la tarde, casi para salir, mi jefe me llamó a su oficina para revisar la logística de un evento. Entré a su oficina y en la mesa de trabajo –a lado de su escritorio- estaban los planos del salón y el material para trabajar en la planeación de la logística, por la forma en que todo estaba acomodado enseguida entendí que lo que quería era que le diera la espalda a su escritorio, así que me incliné para revisar el material y dejar que disfrutara viéndome las nalgas, viendo cómo se transparentaba mi ropa interior. Sentí cómo su mirada se clavaba en mis nalgas y cuando vino a revisar conmigo el evento, sus ojos no se apartaban de mi escote.

Cuando acabamos de preparar el evento de ese fin de semana, me preguntó que si podía invitarme a cenar y luego me llevaría a casa; le respondí que sí, que sólo debía avisar a la niñera.

Raúl – No se enoja tu marido?

Yo – (Sonreí) No, no creo que le importe nada de lo que haga –casi pude sentir cómo se calentaba al ver lo disponible de su directora de logística-.

Raúl – Pues avisa y nos vamos.

Toda la cena fue puro coqueteo e insinuaciones cada vez más directas; desde un “hoy sí me dejaste sin aliento, buenos a todos en la oficina”, “cuando vayamos a ver clientes repite ese atuendo, o uno parecido, eh”, “cuándo nos damos una escapada para darnos una buena divertida”, “tú eres entrada, plato principal y postre, Ingrid”, “nada más te veo y palpito”, hasta llegar al “estás como para un affair”. Me dijo que cada vez le atraía más y que no sabía si se iba a aguantar mucho tiempo o cuando fuéramos de viaje a algún evento: “eres mucha tentación, Ingrid”. Cuando le dije que ya mi matrimonio estaba muy mal y que hacía meses que no tenía relaciones con mi esposo, incrementó su propuesta del affair y lo bien que la pasaríamos.

Raúl - Yo sí te voy a atender como se debe, Ingrid.

Yo – A poco tienes para las dos?

Raúl – Separadas y juntas.

Yo – Jajaja, ay, sí.

Raúl – Lo comprobamos?

Yo – Eres tremendo!

Raúl – Ya verás qué tan tremendo; no estás como para dejarte ir viva.

Yo – En serio? Y qué te gusta de mi?

Raúl – Todo.

Yo – Dime.

Raúl – Me la pones dura, Ingrid…está difícil escoger…tienes una mirada muy cachonda, tus labios se me antojan un chingo y ni qué decir de tu trasero, está bien rico…y tus -señaló mis tetas con su mirada- se ven deliciosas; siempre saltan a la vista.

Yo – Ah, sí?

Raúl – Sí sientes cómo te comen con los ojos, no?

Yo – Ay, en serio?

Raúl – Cuando vamos a eventos, te encueran con la mirada, sobre todo últimamente.

Yo – Por qué “últimamente”?

Raúl – Te has puesto mejor que antes.

Yo – Qué rico, no?

Raúl – Eres canija, Ingrid.

Yo – Ya que no la paso bien en mi matrimonio, me voy a divertir fuera de él, como yo quiera, cuando y con quien yo quiera.

Raúl – Eres cabrona, mis respetos.

Ya en el camino a mi casa, Raúl volvió al tema del affair.

Raúl – Entonces qué, nos lo aventamos, Ingrid?

Yo – Qué?

Raúl – No te hagas…a poco no se te antoja? –me agarró la pierna-.

Yo – Se me antojan muchas cosas, de cuál de ellas hablas?

Raúl – Vamos a divertirnos rico.

Yo – Amantes? O sólo me quieres llevar a la cama hoy?

Raúl – Amantes, cómo sólo hoy?

Yo – Y tu esposa?

Raúl – En casita, igual que tu marido –me acarició la pierna, subiendo un poco su mano; eso me calentó muchísimo-.

Yo – Entonces quieres cogerme muchas veces? –me desabotoné un poco más la blusa-.

Raúl – Un chingo, Ingrid.

Yo – Será? –le acaricié el paquete; estaba durísimo-. A ver si es cierto, eh.

Raúl – Cómo no? Si estás deliciosa! –empecé a jalársela sobre el pantalón-.

Yo – Ah, sí? A ver, cuéntame.

Raúl – Te digo por qué estás rica?

Yo – M-hm…quiero saber por qué me quieres llevar a la cama –su paquete se endurecía cada vez más-.

Raúl – Tienes una mirada muy sexy, cachonda…se ve que eres una fiera en la cama…tienes un culo delicioso, te ha caído muy bien el ejercicio…y unas tetas de campeonato…no sé cómo tu esposo no te coge todas las noches.

Yo – Tiene con quién quitarse las ganas…qué se te antoja ahorita, eh? –le pregunté mientras se la jalaba sobre el pantalón, yo moría por meterle la mano y tocársela, mamársela-.

Raúl – Tú qué crees? –entonces le abrí el pantalón, metí la mano y se la saqué-.

Yo – Uy, qué rica!! Quieres que te la mame?

Raúl – Muero porque lo hagas, Ingrid –me incliné y se la lamí, tenía líquido preseminal en la puntita…lo lamí también, después empecé a mamársela-.

Yo - Mmmmmmm…mmmmmm…mmmmmmmm…-él enseguida me acarició las nalgas, me desabotonó la falda, bajó el cierre y me las agarró delicioso; después de unos minutos metió la mano debajo de mi calzoncito-.

Raúl – Ay, no jodas, Ingrid…que rico me la mamas.

Yo – Mmmmmmm…mmmmmmmm…mmmmm…te gusta? Te gusta cómo te la mama tu directora de logística? Mmmmmmmm…mmmmmm…mmmmmm

Raúl – Uy, sí, y está re buena, la canija –me agarró fuerte las nalgas- que rico tener una directora así?

Yo – Así, cómo? Mmmmmmm…mmmmmm…mmmmmmmmmm…-sentí cómo el coche se detenía, supuse se había parado en alguna calle oscura en el camino-.

Raúl – Así de caliente como tú, Ingrid…vamos a un hotel, quiero cogerte ya.

Yo – No, hoy no…llévame después del evento –lo masturbaba- para que me cojas rico...mucho…

Raúl – Mmmm…sí, quiero metértela!

Yo – Quiero que me la metas bien rico…hace mucho que no me dan una buena cogida.

Raúl – Te la voy a dar, Ingrid! –su verga palpitaba ya-.

Yo – Se me antoja tenerla adentro…quiero que me cojas como una puta –le susurré-

Raúl – Ay, sí…ay, no mames… -se vino en mi mano aunque salpicó un poco su coche; le embarré la verga con su semen mientras se la jalaba otro poquito- puta madre, me calentaste un chingo.

Yo – Qué rico…así quiero que me calientas tú, eh –me incliné y le di un par de mamaditas más-.

Raúl – Déjame tu calzón, Ingrid –me dijo mientras se vestía-.

Yo – Qué??!! Por qué??!!

Raúl –Recuerdo…y para jalármela oliendo tu panochita.

Yo – Jajajaja...quieres que llegue sin ropa interior a mi casa?

Raúl – No creo que le importe a tu esposo, no?

Yo – Eres un cabrón pervertido –le dije mientras me quitaba mi panty, en ese momento me di cuenta de que estábamos a una cuadra de mi casa- no la friegues, Raúl, cómo te paras aquí???

Raúl – No te preocupes, no ha pasado nadie.

Yo – Hay que ser discretos, no la amueles! Por cierto, dos condiciones; que no se entere nadie de la oficina y nada de celos ni esas tonterías, eh. Cada quien hace de su vida un papalote; tú te coges a quien quieras y yo también. Estamos?

Raúl – Las cartas sobre la mesa…me parece muy bien. Entonces nos damos una escapada después del evento?

Yo – Claro. Aquí te dejo lo que me pediste.

Cuando entré a la casa mi esposo tenía unos minutos de haber llegado, estaba en la cocina tomando algo, lo saludé mientras me servía un vaso con agua y mientras salía de la cocina, me dijo:

Carlos - Así te fuiste a la oficina? Sin ropa interior?

Yo – Qué raro que lo hayas notado. Buenas noches.

Carlos – Te ves muy bien…se te ve muy bien…todo –sentí su mirada en mis nalgas-.

En cuanto llegué al cuarto le mandé un mensaje a Raúl:

Yo - “Estoy muy hot” –para mi sorpresa me respondió-.

Raúl – “Yo también; mientras te veía caminar a tu casa olí tu panty…se me volvió a poner dura”.

Yo – “En serio?”

Raúl – “Sí. Muero de ganas de probarte la panochita”.

Yo – “Qué rico!” –comencé a desvestirme-.

Raúl – “Así que estás hot?”

Yo – “Sí, me dejaste muy inquieta”.

Raúl – “Y qué vas a hacer para quitarte esa calentura?”

Yo – “Pues…solita.”

Raúl – “Por qué no te coges a tu marida; que vea lo que ya no se va a comer.”

Yo – “Qué cruel eres jajajaja.”

Raúl – “No se te antoja?”

Yo – “Hace mucho que no lo hacemos”.

Raúl – “Provócalo, no se va a resistir.”

Yo – “Ok…mañana te cuento.”
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Relato Erótico : La primera vez que le es infiel a su esposo

Relato Erótico : La primera vez que le es infiel a su esposo

Soy Erika, una mujer divorciada que actualmente tiene 35 años, y cuando lo que te voy a contar sucedió, llevaba casada 6 años con Daniel, mi novio de la facultad. Solamente teníamos un niño de casi un año. Cuando nos casamos compramos un departamento en una zona cercana a la universidad donde él y yo habíamos estudiado, era una zona muy tranquila y con muchas zonas verdes, la verdad es que el sitio nos encantó desde la primera vez que lo vimos, y no lo pensamos, nos lo quedamos.
Estábamos rodeados de buenos vecinos, y la convivencia hasta hacia poco, había sido fenomenal, la mayoría teníamos hijos pequeños, y habíamos hecho amistad con varios de ellos. Cuando decía “hasta hacia poco”, estamos hablando del mes de Julio, en esa fecha empezaron nuestros problemas, el vecino que vivía justo arriba de nosotros, fue trasladado por su empresa a otra ciudad y puso el departamento a la venta, con eso de la crisis inmobiliaria no pudo venderlo y optó por dejar que una agencia lo alquilara.
Esa agencia se lo alquiló a tres estudiantes de derecho que empezaban la universidad en agosto, y ahí fue cuando empezaron nuestros problemas, todos los jueves hacían grandes fiestas en casa, vivían justo arriba, y la música se escuchaba como si estuvieran en nuestra habitación. Normalmente solían ser reuniones de amigos con la música y hablando en voz alta, pero esa noche era casi imposible pegar ojo así que tras mucho tiempo intentando dormir, opté por llamar a la policía.
Después de llamar tres veces, apareció una patrulla de la policía municipal, eran casi la una de la madrugada y en el departamento de arriba no había parado la fiesta, mi hijo pequeño, de casi un año, no había dejado de llorar desde que esa cuadrilla de impresentables lo habían despertado, y mi marido seguía roncando como si nada.
Tras varias llamadas se presentaron, los escuché llamar al timbre y hablar con los chicos, parecía ser que reconocían que habían hablado un pelín fuerte y prometían a los oficiales que no iba a volver a suceder, tras diez minutos de charla, la pareja de uniformados abandonaron el portal y la cosa quedó en calma.
Después de un rato intentando dormir a Danny, lo conseguí y la tranquilidad volvió a reinar, mientras mi marido Daniel continuaba roncando como si nada, ajeno al ruido de discoteca que habíamos tenido encima.
No había pasado ni media hora cuando los llantos de Danny me volvieron a despertar, por lo visto, la fiesta de arriba se había reanudado y el ruido volvía a ser atronador. En esta ocasión hice que Daniel se despertara.
-Esos chicos de arriba han vuelto a despertar a Danny, ¡ya estoy harta!, intenta tu dormirlo, que yo voy a subir, son más de las 2 de la madrugada y estos cabrones se van a enterar-
Mi pijama era solo un pantalón corto con un top de raso, así que me puse una bata y subí como alma que lleva el diablo, ya frente a la puerta se podía escuchar el jaleo ensordecedor del interior, la verdad es que me extrañaba que el resto de vecinos no estuvieran llamando también. Tras tocar varias veces el timbre, alguien abrió y desapareció, el departamento era exactamente igual al nuestro así que me decidí a entrar.
Había un pequeño recibidor, y a mano izquierda estaba la cocina y dentro había una pareja hablando el uno frente al otro, parecían enfadados e imaginé que era la típica pelea de adolescentes agravada por las copas de más, seguidamente miré a mi izquierda y allí había un salón igual al mío pero sin apenas muebles. Allí tenían montada la discoteca ya que había unos 15 o 20 chicos y chicas bailando y charlando, habían puesto una cadena musical vieja y las luces las habían tapado con telas de colores, por lo que se me hacía difícil ver algo en un principio.
Tras unos segundos en el recibidor, fijé la vista en uno de los chicos que parecían de los menos ebrios, y le pregunté.
-¿Quién es el que tiene alquilado el departamento?-
El chico se me quedó mirando con cara de incredulidad, me miró de arriba abajo intentando adivinar que hacia una mujer con bata en mitad de una fiesta adolescente y tras unos segundos de lapsus, pareció que se le iluminó la mente.
-Ah Ángel!-
Tras despertar de su letargo hizo el típico gesto de “no tengo ni puta idea” y continuó a lo suyo dándose media vuelta. Yo no estaba dispuesta a que me tiraran de a loca, y volví al ataque.
-¿Dónde está Ángel?-
-¡No tengo ni idea!, ¡me imagino que andará por ahí dentro!-
Señaló hacia la zona donde se encuentran las habitaciones. Nada más terminar de escuchar sus palabras salí del salón y me dirigí hacia las habitaciones, de camino por el pasillo, estaba la puerta del baño abierta y me acerqué a preguntar, dentro había tres chicos, dos chicos y una chica que estaban preparando sendas rayas de lo que fuera encima de la taza del WC.
-¿Alguno de ustedes es Ángel?-
Los chicos se dieron la vuelta y me miraron mitad con sorpresa y mitad con miedo, una desconocida con bata y pantuflas estaba ante ellos viendo cómo se preparaban una raya, me sentí un poco mayor al sentirme escandalizada al ver a la chica que apenas llegaría a la mayoría de edad, era una situación un tanto incomoda y enseguida uno de ellos contestó.
-Anda por una de las habitaciones, no me digas cual, porque no la se
Habían convertido el piso en una discoteca y lo malo era que debajo vivía mi familia, conforme pasaban los segundos y no encontraba al responsable se me iba hinchando más y más la vena por el coraje que tenía.
Abrí dos de las habitaciones pero solo encontré cuartos revueltos con ropa y libros esparcidos por la cama, se notaba que aquellos chicos eran de todo menos ordenados. Al llegar a la tercera habitación fue cuando lo encontré.
Aquel chico estaba teniendo sexo con su novia o lo que fuera, al entrar los sorprendí, y en un primer momento sentí el impulso de volver a cerrar la puerta y desaparecer, pero ya estaba cansada, necesitaba hablar con él y no estaba dispuesta a esperar ni un segundo más, necesitaba que de una vez por todas terminara con la fiestecita y comprendieran que el respeto es algo básico para poder convivir.
Lo primero que vi cuando entre en aquella habitación fue aquel chico de espaldas cogiéndose a una chica jovencita, ella estaba a cuatro patas encima de la cama, y él la embestía desde atrás como un auténtico toro bravo. Ellos también se sorprendieron al ver que alguien abría la puerta, fue verme y ella se separó, e intentó cubrirse con las sábanas, era una chica muy bonita que andaría rondando los 18. Por lo poco que había vislumbrado, tenía un cuerpo delgado y bien definido, con unas tetas firmes, y pezones pequeños, pero completamente enhiestos. Me miraba con cara de terror, como si yo fuera un fantasma que fuera a llevarse su alma pecadora.
Sin embargo, el que yo imaginaba que sería Ángel, se levantó de la cama tal y como estaba, caminó hacia mí, mientras lo hacía no pude evitar fijarme en su “miembro”, estaba completamente erecto, era una verga gruesa y larga, completamente depilada, que se movía a derecha e izquierda a la vez que daba una zancada.
-¿Qué diablos pasa?-, preguntó él cuando estuvo a mi altura.
Mientras se acercaba, no pude evitar que mis ojos se fijaran en ese cuerpo joven, fibroso, y sin un gramo de grasa, tenía dos tatuajes, uno en el pecho, a la altura del corazón, y el otro justo en el lugar donde debería de estar la mata de vello que rodea el pene, pero al estar completamente depilado, se distinguía completamente, tendría que ser todo un espectáculo al hacerle un oral. Pero rápidamente salí de los dos segundos de ensimismamiento al contemplarlo, y recordé el motivo por el que había entrado ahí desde un principio.
-Eso mismo pregunto yo, son las 2:00 am, y no puedes/pueden estar haciendo ruido-, le dije intentando poner mi mejor cara de enfado e indignación de la que fui capaz.
-¿Y tú quién eres?-, me dijo con el ceño fruncido.
-¡Soy la vecina del departamento de abajo, y tengo un bebé que no puede dormir porque esto parece un puticlub!-, le dije intentando moderar la voz para no empezar a gritar.
-Y dime, ¿a ti te gustaría que me metiera en tu habitación en mitad de la noche?-, me replicó visiblemente enfadado.
Sabía en el fondo que tenía razón, no había excusa posible a lo que había hecho, pero las circunstancias del momento me habían hecho actuar de esa forma tan impulsiva. Aun así, intenté tranquilizarme y excusarme.
-Yo nunca haría una fiesta a las 2:00 am, cuando todo el mundo duerme porque a otro día tiene que ir a trabajar-, le dije un poco más serena, intentando no ver su desnudez.
-Está bien-, dijo serenándose también un poco, -ahora bajamos la música, pero solo si me lo pides amablemente-
Aquel chico con un cuerpo perfecto permanecía frente a mí a menos de un metro, y con su pene completamente erecto, me costaba no verlo, me costaba respirar y mis piernas comenzaron a temblarme ante lo embarazoso de la situación, y pensándolo bien, él tenía un punto a su favor, no me haría daño pedir las cosas “por favor”.
-Te lo pido por favor-, dije después de respirar hondo tres veces, y luego de otras dos respiraciones, agregué, -¿puedes bajar el volumen de la música para que mi bebé pueda dormir?-
-Bueno si me lo pides así, la bajaremos.
Me di la media vuelta, y me encaminé a la puerta de salida, las piernas me temblaban y el corazón golpeaba contra el pecho, latía con tanta fuerza que pensaba que en cualquier momento lo podría escuchar aquel chico, ¿por qué los nervios?, no sé, tal vez por la desnudez de Ángel, o tal vez por su poderosa erección, o tal vez porque la adrenalina del enfado ya había disminuido, no lo sé, pero si no salía de ahí, no sé qué terminaría haciendo.
-Por cierto, ¿cómo te llamas?-, escuché que dijo antes de que llegara a la puerta de su habitación.
-Soy Erika, tu vecina de abajo-, le dije sin voltear a verlo.
-Pues bueno Erika, la próxima vez que entres en mi habitación, que sea por un buen motivo, ya me entiendes, jajaja-, escuché que gritó cuando salí de su habitación, ni siquiera contesté a su bravuconería, seguí mi camino, y me fui de aquel departamento.
No tardaron ni un minuto en bajar el volumen de la música, es más, todavía ni siquiera llegaba al ascensor cuando sucedió, al llegar a casa, mi hijo y mi esposo ya dormían otra vez, Daniel como siempre roncando y mi peque soñando con los angelitos. Entré en el baño, y me lavé la cara con un poco de agua fría, todavía me temblaban las piernas al recordar mi viaje a aquel departamento, el cuerpo y la desnudez de Ángel, pero sobre todo, aquella erección que no se le bajo mientras tuvimos nuestro diálogo.
Me quité la bata, y seguidamente el pijama, quedando desnuda frente al espejo, mi cuerpo no era como el de la jovencita que había visto hacía un rato, sin embargo, a mis 29 años, aún me sentía deseable, mis tetas eran grandes, redondas, y a pesar de mi pequeño Dany, aun turgentes, los pezones no eran muy grandes, pero en extremo sensibles, y tienden a endurecerse con facilidad, y la verdad fuera dicha, en esos instantes estaban completamente enhiestos, y aún ahora que ya tengo 36, me sigo conservando casi igual, ligeramente con más cadera, pero sigo siendo la misma.
Siempre he sido y soy delgada, pero mis caderas son un poco más pronunciadas que las de la mayoría de las mujeres, en especial, que las caderas de aquella chica, se podía decir que mi cuerpo era el de una mujer y el de ella era el de una adolescente a punto de serlo. Había una cosa que me llamó la atención durante el escaso segundo que la observé desnuda, su rajita estaba completamente rasurada, tan solo dejaba un fino hilo de pelitos. Yo me solía depilar, pero mi rajita mantenía gran parte de la mata de vello todavía, sin tan siquiera saber el motivo, agarré una cuchilla de las que mi esposo usaba, y comencé a rasurarme.
Lo dejé exactamente como el de aquella chica, me miré en el espejo y sonreí, la verdad, que así quedaba mucho más apetecible he higiénico, en ese momento tomé la decisión, desde entonces lo llevaría así. Continuaba en el baño con la puerta cerrada, en mi mente seguía viéndolos en aquella habitación, recordaba el cuerpo desnudo de Ángel embistiendo a aquella chica, recordaba su musculatura tensándose con cada sacudida y como se había acercado a mí con la verga erecta y se había colocado a menos de un metro de mí.
De pronto, mi temperatura corporal aumentó de golpe, se me secó la garganta, mis pezones se habían endurecido, y sentí como mi rajita se humedecía, solo recordando aquella experiencia, estaba excitada, más que eso, estaba caliente como hacía mucho no estaba, y comencé a acariciarme delante del espejo. Una de mis manos recorría mis tetas y las presionaba, mis dedos pellizcaban mis enhiestos pezones, a la vez que gemía suavemente, mi otra mano no dejaba de jugar con mi hinchada y encharcada rajita, mis dedos en pocos segundos quedaron impregnados de mis juguitos, y comencé a gemir al ritmo de mis caricias.
El placer que empecé a experimentar era tan intenso, que tuve que retroceder y sentarme sobre la tapa del WC, Lo recordaba a él una y otra vez, fantaseaba en que era yo la chica que se encontraba allí a cuatro patas siendo embestida por aquel chico, en apenas unos minutos, se había convertido en mi deseo más oculto, no tardé mucho en sentir las maravillosas oleadas de placer del orgasmo, mi cuerpo se tensó y varios espasmos recorrieron mis entrañas, tuve que morder una toalla que tenía cerca para ahogar el grito que el orgasmo me hizo tener, dejándome jadeando.
Ahí estaba yo, una mujer de 29 años, sentada sobre la tapa de la tasa del baño, con la respiración acelerada, las piernas abiertas, tres de mis dedos aún metidos en mi vagina, laxa, con los ojos cerrados, y mis pezones aún en punta, acababa de tener uno de los mejores orgasmos auto provocados de mi vida, poco a poco mi respiración se fue acompasando, y cuando por fin respiraba con normalidad, extraje mis dedos, me levanté, y mojando un poco la toalla que me había servido de mordedor, me limpie perfectamente mi rajita, me vestí y volví a la cama, intenté conciliar el sueño de nuevo pero todavía estaba agitada y me costó trabajo volver a dormir.
Mi vida no era muy diferente a la de la mayoría de la gente; los años de matrimonio habían hecho que la monotonía se posara en la pareja, y aunque nunca en la vida me había planteado una infidelidad, si era cierto que últimamente solía masturbarme con más asiduidad, pensando en algún amigo común, en relaciones anteriores, y porque no, en una que otra mujer del medio artístico. Nuestras relaciones sexuales eran más de lo mismo, y cada vez con más frecuencia tenía que fingir mis orgasmos, y después masturbarme con un juguetito que me había comprado a escondidas de mi esposo.
Esa noche, mientras intentaba conciliar el sueño, me venía una y otra vez la imagen de aquel chico haciendo el amor, ¿no que!, más bien, cogiendo como un semental, no podía apartar de mi mente aquel cuerpo fibroso y sudoroso, embistiendo una y otra vez a aquella chica, que nuevamente volvía a ser yo en mis fantasías. Terminé durmiendo con mis pezones enhiestos, rozando la tela de mi pijama, y con mi rajita otra vez empapada de mis jugos.
Los días pasaron y durante una temporada no volví a ver a aquel chico, dicho sea de paso, tampoco los meses anteriores a mi visita los había visto, por lo que me imaginé que tendríamos diferentes horarios. Un día volvió a aparecer, o mejor dicho, volvieron a aparecer, eran las 7 de la tarde y coincidimos en la puerta del ascensor para subir, eran tres chicos que rondaban los 20 años entre los que se encontraba Ángel. Uno de los chicos era algo gordo, pero sin ser obeso, y el otro era delgado.
Yo venía de recoger a una de mis sobrinas de sus clases vespertinas, pues ese día se quedaría en mi departamento, y los cinco entramos en el ascensor, ellos se miraban y cuchicheaban cosas al oído para luego soltar una sonrisa cómplice, me miraban de arriba abajo a la vez que me desnudaban con los ojos. Cuando paré en mi piso y tuvimos que bajar, ellos no parecían tener la más mínima intención de apartarse de la salida por lo que sin ser capaz de decir una palabra tuve que pasar por el estrecho hueco que había entre un chico y la salida, por lo que mis pechos tuvieron que frotarse contra él mientras intentaba pasar.
En cualquier otro momento, le hubiera dicho algo, lo hubiera empujado, o simplemente lo hubiera abofeteado, pero lo único que me pasaba por la cabeza en ese momento, era poder salir de ahí, lo único que quería era que terminara aquella situación tan embarazosa delante de mi sobrina. Conseguí salir después de tener que apretar todo mi cuerpo contra él y cuando ya estaba fuera, escuché unas palabras que me helaron la sangre.
-Bueno vecina, mañana tenemos fiestecilla, ¿te vas a apuntar?-, puse la mayor cara de asco de la que fui capaz, y no contesté, mucho menos me di la vuelta para verlos, los tres chicos reían en el interior del ascensor mientras se cerraban las puertas.
-Tía, ¿por qué te ha dicho eso ese chico?, ¿lo conoces?-, me preguntó mi sobrina cuando llegábamos a la puerta de mi departamento.
-Nada hija, son unos vecinos de arriba, y están todos tontos-, le contesté con apenas un hilo de voz, esas palabras me habían puesto tan nerviosa que me temblaban las manos al intentar introducir la llave en la cerradura para abrir.
Durante todos aquellos días, casi dos semanas, me habían acompañado en las noches, las imágenes de aquella pequeña aventura, no entendía como había pasado, pero en mi interior algo se estaba despertando, ¿miedo?, no, ¿excitación?, tal vez, no lo sabía, lo único que tenía claro, era que desde entonces, cada vez que me masturbaba, esa imagen era lo único que circulaba mi mente, aquella fantasía donde yo ocupaba el lugar de la chica a cuatro patas, se repetía constantemente, como en un bucle infinito.
Era la primera vez que veía a los otros dos chicos, la verdad es que no recordaba haberlos visto la noche pasada en la fiesta, no se parecían en nada a Ángel; uno, como ya dije, era algo entrado en carnes, pero sin ser obeso, y con cara de degenerado, fue el que todo el rato me estuvo desnudando con la mirada; el otro igual de alto que Ángel, pero más delgado, con cabello y barba desaliñado, tenía el típico aspecto de chico vago. La verdad, es que viendo el estado en el que se encontraba su departamento, no me extrañaba en lo más mínimo su aspecto.
Por lo visto al día siguiente tenían pensado realizar una fiesta de las suyas, no sabía realmente si sentirme indignada por la desfachatez y falta de educación de aquellos chicos, o por el contrario, sentir un cierto hormigueo en mi estómago al fantasear con sueños inconfesables. Esa noche, a mi marido le dio por estar juguetón, hacía mucho tiempo que nuestras relaciones eran de todo, menos satisfactorias, por lo que, sin remordimientos, cerré los ojos, e imaginé que era mi vecinito el que me poseía en ese momento, y la verdad, por una vez, y sin que sirviera de precedente, volví a sentir.
Todo el día siguiente por algún motivo que no entendía, estuve nerviosa desde que me había despertado, llevé a mi sobrina de regreso a casa de mi hermano, y cuando volvía, al entrar en el edificio, las piernas empezaron a temblarme con solo pensar que me los pudiese encontrar, afortunadamente, no fue así, pero los nervios, y la excitación, no se iban de mi cuerpo. En la noche, a eso de las 9:30 pm, ya había acostado a mi peque, y mientras mi esposo y yo veíamos la TV, comenzó a escucharse música arriba, no era ni mucho menos el escándalo de la semana anterior pero yo me hice la indignada ante mi marido.
-¡Ya han empezado su desmadre los impresentables esos de arriba otra vez!-, le dije pegándole en un brazo, y alzando la voz.
-No inventes mujer, ahora no es para tanto, solo se escucha si apagas la TV-, me dijo mientras se sobaba el brazo.
Daniel tenía razón, simplemente era la música un poco alta que solo molestaría a aquellos que fueran un poco raros, pero yo como buena mujer, tenía que protestar y sentirme indignada.
-A ti no te molesta porque duermes como un tronco, pero no se puede poner la música tan alta a estas horas-, le dije cambiándome de sofá para no estar cerca de mi marido.
-Por dios Erika, no seas dramática, parece mentira que tengas 29 años, hace cuatro días tú también hubieras estado ahí, es más, tu habrías sido la organizadora-, me dijo poniendo su atención de nuevo en la película que veíamos.
No dije nada, sabía de sobra que Daniel tenía toda la razón del mundo, pero tenía que encontrar un motivo para protestar, un motivo para justificar todo lo que pasaba en mi cuerpo, mente, y alma; seguimos viendo la película, pero yo ya no le ponía atención, toda mi concentración estaba puesta en escuchar si la música aumentaba de volumen aunque fuera un poco, solo un poco, cuando terminó, a eso de las 11:00 pm, nos fuimos a nuestra habitación, me cambié, me puse la pijama, y me metí a la cama, a lado de mi esposo.
Como siempre, Daniel no tardó ni dos minutos en dormir, cuando todo quedó en calma, se pudo escuchar con más claridad la música en el departamento de arriba, para nada era lo que se había hecho la semana anterior, se escuchaba música, pero no era el desmadre y las risas de decenas de chicos de fiesta como el otro día. No podía dormir, el motivo no era para nada la música, sino la amalgama de imágenes que se habían amontonado en mi cabeza la semana anterior en la habitación de aquel chico, los tres chicos mirándome y cuchicheando en el ascensor.
A eso de las doce no pude más, me levanté sin hacer ruido, salí del cuarto, comprobé que mi pequeño durmiera, conscientemente, esa noche cambié mi pijama, y me puse un fino picardías blanco de seda, sin nada debajo, y salí del departamento, antes de irme, me puse un batín de terciopelo beige, y para no ir descalza, unos zapatos de poco tacón, pero que me estilizaban las piernas al caminar. No tuve la paciencia para esperar el ascensor, así que subí las escaleras con el corazón en un puño, y latiendo con tanta fuerza, que pensé que de un momento a otro, se me saldría del pecho.
Al llegar al final de la escalera, las piernas me temblaban de los nervios, caminé como pude, y Me planté delante de la puerta sin atreverme a tocar, estuve durante un par de minutos ahí de pie, debatiéndome en mi fuero interno, si tocar y armarles pleito, o dejarlo así, darme la vuelta, y regresar a dormir a lado de mi esposo, en el interior volví a escuchar música y eso me dio fuerzas para tocar el timbre. Al abrirse la puerta, del otro lado estaba el chico gordito mirándome con sorpresa.
-¡Ya está bien!-, le dije alzando un poco la voz, -hay vecinos que tenemos que levantarnos temprano, si no apagan la música, llamaré a la policía-, dije señalándolo con un dedo.
-Eh eh, no te alteres ni me reclames a mí, yo no soy el de la música-, me dijo sonriendo, y haciendo un gesto con el dedo gordo, señaló al final del pasillo, y sin apenas prestarme atención, se volvió hacia el salón donde tenían la televisión.
Ingresé decidida en el departamento, y caminé con el corazón en un puño los 10 o 12 metros que separaban la habitación de Ángel de la entrada principal, quedé petrificada frente a la puerta que se encontraba entreabierta y a través de la cual, ahora si se podía escuchar la música con mayor claridad. Durante unos segundos dudé, pero ya había hecho lo más difícil, y sabía que lo de la música era una buena excusa, y entonces, abrí la puerta de golpe, y entré.
-Mi hijo se ha vuelto a despertar por culpa de la música, ¿podrías hacer el favor de bajar ese escándalo?-, dije al aire.
Ángel no esperaba que alguien entrara en la habitación, así que se levantó de la cama sobresaltado, incorporándose con unas hojas de apuntes en la mano. Estaba semidesnudo, tan solo llevaba puestos unos calzoncillos estilo bóxer de color blanco, que dejaban apreciar el abultamiento de su paquete, durante un par de segundos pareció desconcertado, su mirada era de incredulidad, hasta que pareció comprender la situación.
-¡Carajo vecina, que susto me has dado!-, me dijo botando los papeles que traía en la mano a cualquier parte del dormitorio, -¿Tienes por costumbre entrar en todos los sitios así?-, dijo ya claramente indignado.
-Déjate de estupideces, y baja la música, intenta respetar a los demás-, dije intentando mantener la mirada indignada lo más posible.
-Si cada vez que tengo la música alta voy a verte aparecer por aquí, me parece que voy a estar con música todos los días vecina jajajaja-, dijo mientras avanzaba hacia mí.
Aquel chico había cruzado la distancia de seguridad, y se encontraba frente a mí, cara a cara, a menos de 30 centímetros, su mirada se había cargado de lujuria y yo sentía que me estaban empezando a temblar las piernas, podía sentir el calor que manaba de su cuerpo, igual que su respiración, sin darme cuenta cambié el tono de mi voz pasando a ser una súplica que salió de entre mis labios como un susurro.
-Por favor baja la música. ¿Cómo quieres que te lo pida?-, dije sin dejar de temblar ante su proximidad.
-Ummm… pues no sé, dentro de mi cama no estaría mal-, justo en ese momento, alargó su mano y con toda la desvergüenza del mundo la posó sobre una de mis tetas, sentí una ligera presión, y por instinto di un paso atrás.
-¡Cómo te atreves mocoso imbécil!-, le grité en plena cara por su desfachatez, -¡no vuelvas a hacerlo o llamaré a mi marido!-
-Está bien, llámalo, aunque estoy seguro que vas a tener muy difícil explicarle que haces aquí, en mi habitación a estas horas, y vestida así -, sus palabras me golpearon como bofetadas, y entonces las dudas se apoderaron de mí, él también se percató y desde ese mismo instante, supe que estaba perdida.
Intenté apartarme de su alcance, todavía me quedaba intacto el decoro de una mujer casada, que hasta ahora había sido siempre fiel, intentaba disimular las ganas que tenía de aquel chico, mi rajita se humedeció solo con imaginarme con él, me moría de ganas por sentir a aquel chico poseyéndome como si fuera alguna de las jovencitas que frecuentaba, como si fuera una vulgar putita, quería saborear, tocar y lamer cada centímetro de su piel, pero a pesar de mis ganas tenía que disimular, estaba casada, y al menos a mi marido, nunca le había sido infiel.
Paso a paso me echaba hacia atrás intentando alejarme de mi propia perdición, intentaba dejarlo tras de mí, pero sabía que no tenía salida, el me miraba y se acercaba sonriendo con la seguridad de saberse vencedor de la batalla. Estaba tan concentrada en Ángel y en su proximidad, y en alejarme de él lo más posible, que no me fijaba en mi espalda, hasta que choqué con algo, y sentí como unos brazos me rodeaban por detrás, abrazándome, y pegándome a un cuerpo.
-Ya sabíamos que ibas a volver vecinita, si en el fondo lo estás deseando-, me susurró al oído el que me abrazaba desde atrás, Mi corazón dio un golpe con fuerza contra mi pecho al sentirme atrapada por alguien que no era quien yo esperaba.
Esta vez sí intenté zafarme con fuerza, no sabía bien quien era, pero me imaginaba que sería el gordo compañero de Ángel que me había abierto la puerta. Me movía a derecha e izquierda intentando soltarme pero aquel muchacho me tenía bien sujeta y todos mis esfuerzos fueron en vano, intenté relajarme, relajar mi cuerpo para ver si así el tipo soltaba un poco su abrazo y poder zafarme.
-No te hagas Erika, los dos sabemos que estas deseando que alguien te haga ver las estrellas-, las palabras de Ángel consiguieron hacer que volviera a resistirme, intentando escapar del abrazo que me aprisionaba.
-¡Suéltame cabrón!-, le grité al tipo que me aprisionaba, mientras me debatía para soltarme.
-Vamos a ver cómo está la vecinita-, dijo Ángel acortando la distancia entre nosotros, y colocándose a solo centímetros de mí.
En ese momento me di cuenta de que la bata que me había puesto antes de salir del departamento apenas cumplía el cometido de ocultar mi cuerpo a su mirada, Ángel sonrió maliciosamente, y su mirada era más de lujuria que de otra cosa, temblé al ver sus ojos, entonces, su mano se coló fácilmente por debajo de mi picardías y mi bata, y noté como se dirigía a mi rajita, y tras retirar la tela de mi tanguita, sentí un escalofrío que recorrió mi cuerpo entero al acariciar él con sus dedos, mi caliente y húmeda vagina, no podía ocultarlo más, y Ángel se dio cuenta.
-¡Su madre!, como estás vecinita

Tenía el pulso acelerado y la boca seca, mi respiración continuaba agitada, todavía sentía clavada su verga en mí, sus manos seguían aprisionando mis nalgas, y antes de darme cuenta, Ángel me plantó un beso en la boca que no pude, ni quise evitar, el beso fue apasionado, lleno de lujuria, con nuestras lenguas enredándose como queriéndose arrancar una a la otra, entonces con sus manos levantó mi cuerpo, y me dejó caer en su miembro, gemí de sorpresa y excitación, pero mi gemido quedó ahogado en la boca de él, el calor, la lujuria, y las ansias de sentir otro orgasmo provocado por Ángel regresaron.
No necesité más incentivo, mis caderas volvieron a subir y a bajar, pero está vez un poco más lento, dejó de besarme, y me echó hacia atrás, lo suficiente para volver a apoderarse de mis enhiestos pezones, su lengua los recorría, y con labios y dientes los mordisqueaba, yo me mordía mis propios labios para no ponerme a gritar como loca, tal y como lo estaba deseando, esta vez, Ángel no permaneció inactivo, él también movía sus caderas, y cuando yo me alzaba, el retrocedía todo lo que podía, para que cuando yo bajaba, él se adelantaba a mi encuentro, provocando que el placer explotara y recorriera mi cuerpo con cada embestida.
-Te quiero en cuatro Erika-, me dijo al oído, dejando mis pezones llenos de su saliva.
Detuve mis movimientos, sintiendo aquella joven verga hasta el fondo de mí, lo miré a los ojos, y él me sonrió pícaramente, le devolví la sonrisa, y me levanté, notando como centímetro a centímetro él se iba saliendo de mí, en ese momento me di cuenta de que el sofá en el que me había estado cogiendo, era el más grande, así que rápidamente me puse como Ángel quería a un lado de él, con mi trasero apuntándole, no me hizo esperar demasiado, con sus manos en mis caderas, arrimó su verga a mi rajita, que chorreaba mis líquidos, mezclados con su semen.
Utilizaba la cabeza de su verga a modo de cuchara sobre mis labios vaginales, subía y bajaba por toda la longitud de mi rajita mojada, deteniéndose especialmente sobre mi clítoris, con cada pasada todo mi cuerpo vibraba de placer, pero, por algún motivo, Ángel retardaba la penetración, en aquel instante, mi vagina comenzó a dejar caer algunas gotitas de mis líquidos al tapiz del sofá. Me estaba volviendo loca sintiendo como jugaba la punta de la verga de Ángel en mi rajita sin cogerme, porque a esas alturas, que ese chico me cogiera era lo único que quería.
No aguantaba más tal agonía, volteé atrás, vi a Ángel a los ojos, y con un movimiento de cabeza, le indiqué que ya me la metiera, apoyó con más firmeza la verga en entrada vaginal, y de una sola envestida me penetró, tuve que morder el brazo del sofá para ahogar el grito que salió de mi garganta, él se detuvo cuando su pubis chocó con mis nalgas, en ese momento me di cuenta de una cosa, aquello con lo que había fantaseado el día que vi a Ángel cogerse a esa chica se estaba haciendo realidad, estaba a cuatro patas, y él me estaba cogiendo, ya no era más un sueño, era la realidad, y pensaba gozarlo.
Sin dejar de morder el brazo del sofá, moví mis caderas de un lado al otro, y de atrás hacia delante, indicándole a Ángel que siguiera, me entendió, y la fue sacando lentamente, con lo que cerré mis ojos, y volvió a meterla de una sola estocada, mi grito salió ahogado, pero entonces él no se detuvo, entraba y salía con una velocidad pasmosa, yo también me movía con sus embestidas, poco a poco fue aumentando sus penetraciones, con lo que mis tetas se movían como locas de un lado al otro, Ángel se dio cuenta, y se echó sobre mí, pasando sus manos por mis costados, hasta agarrar con cada mano una de mis tetas, pellizcando los pezones.
Así continuamos por un par de minutos, entonces empecé a sentir los espasmos que anunciaban otro orgasmo, al mismo tiempo que Ángel aumentaba la velocidad, y notaba como su verga se hinchaba más dentro de mí, hasta que él estalló en lo más profundo de mi vagina, podía sentir cada chorro de semen golpear mis paredes vaginales, lo que provocó que yo también tuviera mi orgasmo, grité, grité con todas mis fuerzas, pero el grito quedó ahogado por el brazo del sofá, que también mordí con saña, ya que mi amante no dejó de moverse , hasta que dejó de soltar su leche caliente.
Se quedó quieto sin sacar su verga, y con sus manos aun agarrando mis tetas, apretándolas un poco, teniendo mis pezones entre sus dedos, nuestras respiraciones poco a poco se fueron acompasando, el miembro de Ángel se fue encogiendo hasta salir de mi vagina, de repente volví a darme cuenta de la situación, me revolví contra él, y salí de debajo del cuerpo de Ángel, rápidamente me incorporé y comencé a buscar mi camisón, recordando donde lo había dejado, pero a unos pasos estaba mi bata, fui por ella y me la puse, él también se vistió con su bóxer, mientras me miraba con una sonrisa, se despidió, y desapareció tal y como había llegado.
Cuando Ángel se fue, por fin cerré con seguro la puerta, apagué la luz de la lamparilla, regresé a la cocina por mi camisón y mi tanga, esta última no tenía salvación, estaba completamente rota, pero aun así la conservé, la metí en uno de los bolsillos de la bata, Fui al baño, mi cuerpo estaba completamente sudoroso, pegajoso, y lleno de mis fluidos y los de Ángel, a cada paso que daba, sentía como el semen bajaba por el interior de mis muslos, mi piel sabía a pecado y mi cuerpo estaba impregnado de deseo, me di una ducha, intentando limpiar también el remordimiento.
Me volví a poner el picardías, y encima la bata nuevamente, no podía regresar a la cama con el cabello mojado, así que regresé a la sala, a limpiar el poco estropicio que mi pequeña aventura infiel había dejado en el sofá, al verlo, todo aquello regresó a mi mente, no pude evitar sonreír ante eso, mis pezones se volvieron a poner duros, y mi vagina palpitó recordando el grosor, y la longitud de la verga de Ángel. Media hora después, decidí volver a la habitación, para no despertar a Daniel, no prendí la luz, pero al entrar en la cama, mi corazón dio un salto.
-¿No podías dormir?-, me dijo Daniel adormilado.
-No, así que he salido a tomarme un poco de leche tibia-, le dije cubriéndome con las cobijas, y cerrando los ojos con una sonrisa en mis labios.
-Dulces sueños amor-, me dijo, y se dio la vuelta, empezando a roncar inmediatamente.
“Ya lo creo”, pensé, “claro que serán dulces, pero sobre todo, satisfactorios sueños”
Viví en ese edificio por 2 años más después de esta experiencia, Ángel y sus amigos siguieron haciendo fiestas cada fin de semana, pero ya no invitaban a sus amigos, las fiestas se hacían entre ellos tres, y su vecina favorita del departamento de abajo, o sea yo, Erika.
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Relato Erótico : La ahijada sumisa

Relato Erótico : La ahijada sumisa

Amy era una jovencita de belleza indescriptible, delgada y alta para su edad, sobresalía de sus compañeras con su cabello rubio dorado y sus grandes ojos verdes que hacían su rostro aún más bello y sensual, educada en una familia religiosa al norte de Cataluña, siempre fue consentida como hija única, su temperamento siempre fue muy fogoso y destilaba sexualidad despertando los pensamientos más censurables a los amigos de la familia, pero en especial a su padrino Jaume, hombre maduro de gran rudeza y que había quedado viudo desde hacía algunos años, muy querido de la familia, que depositaban en él una confianza a toda prueba, Amy siempre esperaba ansiosa sus visitas pues le llevaba regalos y la sacaba a pasear, pero sobre todo le encantaban sus platicas muy adultas y la mirada de deseo que despertaban su coqueteo innato y que la hacían más irresistible y que también fue el objeto de sus múltiples sueños eróticos.

Desde muy pequeña se despertó en ella un masoquismo innato y tendencia a la sumisión sexual. Una vez, siendo aún muy pequeña, su padre la castigó por haberse portado mal, la subió en sus piernas y le empezó a azotar sus pequeñas nalguitas hasta hacerlas poner rojas, al principio le dolió muchísimo, pero a medida que recibía más nalgadas empezó a sentir un placer extraño que le hizo desear que siguiera, esta fue la única vez que su padre la castigó, pero desde entonces muchas veces en la cama recordaba esos golpes y le llevaban a masturbarse imaginando que diferentes hombres mayores y rudos la azotaban, llegando a convertirse en una obsesión.

También, en la escuela, en uno de los juegos clásicos con sus compañeritas, perdió, teniendo que obedecer algún castigo que le fuera impuesto, esa vez le dijeron que tenía que entrar de escondidas y a gatas en el aseo de los niños y que una vez adentro le dirían cual era el castigo, a Amy le pareció excitante, cuando entró se dio cuenta de que el piso estaba bastante sucio y con un fuerte olor a orines, esto hizo reír a sus compañeritas pero a Amy la excitó e incluso simuló resbalar para apoyar su boca en aquel piso lleno de meados, aquello le supo acido pero le gustó y disimuló su gusto con un gesto de repulsión haciendo reír más a sus compañeras, después le dijeron que tenía que hincarse delante de uno de los retretes y besar la orilla, esto al principio le dio mucho asco pero una vez en esa posición y al oler el fuerte olor que despedía le causó un gran placer que disimuló ante sus amigas haciendo muecas de disgusto mientras sus amigas reían, pero muy al interior disfrutó y le ocasionó que mojara sus pequeñas bragas. Desde entonces tuvo ese otro fetiche ante lo sucio, soñaba que la hacían realizar cosas sucias como caminar sobre excremento de perros o mojarse los pies con orines en baños públicos, muchas veces, cuando pasaba por algún parque y veía algún vago, ella imaginaba después, que este la forzaba en un lugar despoblado y sucio y le hacía lamer sus pies llenos de fango.

Antes de iniciar su educación secundaria, ese verano Jaume llegó a casa de sus padres para invitar a Emy a su pequeña finca

La joven siempre había disfrutado las cortas estancias en la finca que se encontraba en un pequeño pueblo de las cercanías y disfrutaba jugando con los perros y los borricos que tenía el padrino, por lo que se puso feliz cuando los padres accedieron de muy buena gana a la invitación de Jaume, pues su confianza en él era infinita, además, le hacía ilusión estar a solas con su padrino que ejercía una extraña atracción en ella y que había sido el personaje de muchos de sus sueños eróticos, y esta vez se proponía seducirlo e inclusive estaba decidida a perder su virginidad con él.

Después de empacar algunas cosas, Amy partió con su padrino hacia la finca en un viaje que la iba a cambiar para siempre.

La finca era muy pequeña, una casa de dos niveles con dos estancias en la parte superior que compartían un baño.

Tenía un corral y un cobertizo en donde estaban dos borricos, también tenía dos perros grandes tipo Mastín que cuidaban la finca.

Cuando llegaron, Jaume le mostró su habitación y tomándola cariñosamente de la cintura le dijo que había varias fundas para cubrirse si le daba frio y que su habitación estaba contigua a la suya y si así lo deseaba y tenía frío, podía meterse a la cama con él. Amy lo miró y no pudo menos que sonrojarse al advertir la mirada lujuriosa de su padrino.

--Gracias padrino, me encantaría que me abrazaras antes de dormir como hacías cuando era una chiquilla.

--Bien Amy, por ahora cenaremos, que es algo tarde y nos meteremos a la cama que tengo algo de sueño y tú debes descansar.

Amy subió a darse una ducha mientras Jaume preparaba la cena, cuando bajó, lo dejó boquiabierto, llevaba una camisa que le llegaba un palmo abajo del pubis notándose que era lo único que llevaba encima.

--Con tanto calor me apeteció ponerme únicamente esto encima, espero que no te moleste padrino. –Amy se dirigió a Jaume con una sonrisa encantadora y sentándose en sus piernas le abrazó cariñosamente.

--Caray Amy, estas hecha una mujercita guapísima, supongo que tendrás muchos enamorados.

--Si, padrino, pero la verdad, se me hacen muy sosos los chicos de mi edad, me atraen mucho más los hombres maduros…como tú. —le dijo Amy soltando una carcajada y besándolo casi en la boca.

Jaume se dio cuenta que su ahijada estaba próxima a caer, pero no quería ser demasiado obvio en sus intenciones.

Durante la cena Amy no dejaba de observar las miradas lascivas que le dirigía su padrino, procurando abrir un poco la camisa dejando entrever sus pequeños pero maravillosos senos adolescentes.

Jaume no aguantaba las ganas de tener ese cuerpo núbil en sus brazos lo antes posible, pero nunca se imaginó lo fácil que esto le sería.

Al terminar de cenar y degustar unas copas de vino, Amy le dio las buenas noches a su padrino dándole un abrazo y restregando su excitante y juvenil cuerpo en el cuerpo robusto y sudoroso y le besó casi rosando sus labios, cosa que excitó de sobremanera a Jaume.

Esa noche Amy no podía conciliar el sueño, se sentía inquieta y atraída hacia su padrino, no aguantó más, y levantándose se dirigió al dormitorio de Jaume, todo estaba oscuro y la única iluminación era la luz de la luna que penetraba por la ventana del pasillo, encontró la puerta abierta y sigilosamente se acercó a su cama, Jaume, lejos de estar dormido se dio cuenta que sus deseos se hacían realidad, fingió estar dormido cuando Emy levanto ligeramente la colcha y se acurrucó a su lado, se percató de que este estaba completamente desnudo y del fuerte olor a macho que despedía, que lejos de molestarle le causó un deseo muy profundo de abrazar ese cuerpo fuerte y maduro de hombre de campo. Jaume se volteó hacia su cara que quedó a escasos centímetros de la suya.

--Dime mi nena, ¿no puedes dormir?, ¿Quieres que te tome en mis brazos? Le dijo ardiendo en deseos.

--Si, si padrino, por favor abrázame que tengo frio.

Jaume tomo a la pequeña entre sus brazos mientras ella colocaba su cabeza en su pecho, mientras sus manitas bajaban hasta encontrar el mástil enhiesto del padrino.

--¿Siempre duermes desnudo? Le preguntó.

--Si querida, es más cómodo, hazlo tú también y podremos abrazarnos mejor.

Emy no dilató en quitarse el camisón y quedar completamente desnuda junto al viejo pero fornido cuerpo del padrino y sintió como su verga se pegaba en su pubis.

El cuerpo de Emy ya asomaba los rasgos de la pubertad, sus pechos, aunque pequeños era bellísimos y en su pubis asomaba una pelusa negruzca que contrastaba con la blancura de su piel y el dorado de su cabello.

En ese momento aprovechó Jaume para besarla en los labios y Emy le correspondió ardorosamente.

--Hazme tu mujer Padrino, te deseo muchísimo. —le dijo Amy.

--Dime mi nena, ¿eres virgen?

--Si, pero quiero que seas mi primer hombre.

--Espera querida, yo lo deseo igual que tú, pero debemos tomar precauciones, mañana tomaras unas pastillas para no quedar embarazada.

--Es que no voy a aguantar, te deseo intensamente, por favor fóllame ahora.

--Te voy a quitar ese ardor sin riesgos querida, ten confianza.

Y diciendo esto comenzó a besarla por todo el cuerpo hasta llegar a su sexo que estaba completamente encharcado e inundado de pasión, Jaume era un experto en estos menesteres y su lengua empezó a darle ese placer que tanto buscaba la chiquilla, pronto encontró el punto de placer y esta no tardó mucho en tener su primer orgasmo, tomó la cabeza de Jaume entre sus manos y la empujó hacia ella como si quisiera metérsela completamente en su vagina, Jaume por otro lado empezó a levantarla de su cadera y bajo su lengua hasta llegar a su también virginal ojete, metió su lengua saboreando aquel orificio mientras Emy se retorcía de placer.

--¿Qué haces padrino?, siento riquísimo, pero está sucio…

Jaume no cesó en sus embestidas hasta que la joven tuvo su segundo orgasmo. El subió la cara hasta la suya y la besó apasionadamente, Emy sintió el fuerte olor y sabor de su propio sexo y le hizo sentir todavía con más deseos de tener a ese hombre dentro de ella y que penetrara en sus entrañas.

--Déjame corresponderte de la misma forma padrino—le dijo Emy tomando su cara amorosamente con sus manos y mirándole morbosamente.

--¿Quieres darme placer con tu boquita?, ¿ya has mamado alguna vez el sexo masculino?

--No, pero lo he visto en algunos videos porno con mis amigas y me hace mucha ilusión hacerlo contigo, quiero que me enseñes a ser muy buena mamadora de vergas, ja, ja.

Jaume no cabía en sí mismo de la fortuna de ese momento y tomando la cabecita de su ahijada la guio lentamente hasta su mástil que estaba a punto de explotar.

Amy tomó delicadamente aquella verga ya humedecida de los fluidos pre seminales, pasó sus dedos alrededor del glande todavía cubierto por el gran prepucio esparciéndolo por todo el derredor y lo lamió amorosamente mientras bajaba aquel pellejo que escondía el gigantesco hongo, lo observó embelesada y pasó su lengua lamiendo la crema acumulada en los pliegues, producto de los restos de semen impregnados de orina y los días sin asear, el olor fue más intenso al descubrir el glande escondido cuyo sabor era extraño y fuerte, cosa que le dio mucho morbo, entonces lo metió completamente en su pequeña boca succionándolo como si le fuera la vida en ello, Amy estaba fuera de si lamiendo y chupando.

--Amy, si sigues así te voy a llenar la boca de mi leche querida. —Le dijo Jaume.

--Si, si padrino lléname la boca, que quiero tomarme toda tu leche por favor...

Diciendo esto, la pequeña sintió los estertores del viejo mientras le echaba una cantidad enorme de semen espeso producto de varios días de ayuno sexual y que ella tragó con fruición.

Después de esto, los dos quedaron abrazados hasta quedarse dormidos, no sin antes decirle al oído que esperaba con ansias el día siguiente para sentirlo dentro por primera vez. Él sonrió y asintió con un beso.

Cuando despertó Amy se percató de que su padrino no estaba en la cama, se puso su camisón y bajó a la cocina en donde Jaume estaba preparando un suculento desayuno.

--Hola padrino—le dijo Amy echándose a sus brazos y besándole apasionadamente.

--Estoy desfalleciendo de hambre—le dijo Amy.

--Bien querida, tomamos algo y me iré al pueblo a hacer algunas compras, dentro de ellas, las pastillas que te dije—Jaume le guiñó el ojo maliciosamente.

--Es lo más importante, padrino, ja, ja. —

--En lo que regreso puedes dar un paseo por los alrededores con los perros y si quieres montar un burro, ya sabes en donde se encuentran, aunque en esta temporada la burra anda en brama y el macho está un poco arisco—

--¿no quieres que te acompañe al pueblo?

--Creo que será mejor que vaya solo, este es un pueblo chico y si me ven contigo comprando los anticonceptivos seguro que dará de que hablar—

Cuando salió Jaume, salió a ver a los perros que la saludaron efusivamente dando brincos y lamiéndole por todos lados, enseguida se encamino al corral en donde estaban los dos burros que también se acercaron a Amy cariñosamente, Amy se quedó embelesada viendo la verga del burro que estaba ligeramente erecta y le produjo que sus deseos sexuales volvieran a la vida, se sentó debajo de un árbol observando al borrico y pensando si la verga del burro tendría el mismo sabor que de un hombre y empezó a acariciar su ya húmedo sexo, iba únicamente con su camisón así que le fue fácil masturbarse soñando despierta con el cuerpo del padrino y la verga que la llenó de placer la noche anterior, tuvo un orgasmo inmediato y se quedó dormida. Empezó a soñar que su padrino la llevaba hacia el corral amarrada de un collar de perro, él iba descalzo y le ordenaba que limpiara sus pies sucios de haber pisado el lodo y después la obligaba a hincarse debajo del burro para hacerle mamar la inmensa verga que apenas cabía en su boca. El sueño hizo que volviera a tener otro orgasmo despertando al sentir la lengua de uno de los perros lamiendo su juvenil chochito, ella le dejó, imaginando que era la lengua de su padrino, cuando oyó los pitidos del auto de Jaume que anunciaban su llegada, salió a su encuentro rápidamente y lo recibió efusivamente con un abrazo y un beso muy pasional.

--Me alegra que estés aquí padrino, no sabes cuánto te deseo—

Jaume la abrazó y le dio las pastillas que tenía que tomar y le dijo que también había comprado algo para él.

Después de comer Jaume se descamisó y salió a cortar un poco de leña pues le dijo a Amy que en la noche estaba pronosticada lluvia y frio, así que pondría la chimenea.

Amy le veía a través de la ventana admirada como, aquel hombre pese a su edad tenía un cuerpo muy fornido y con el ejercicio sudaba copiosamente lo que hizo que la joven deseara intensamente abrazar ese cuerpo y embarrarse de su sudor.

Salió sigilosamente de la casa completamente en pelotas y se acercó a Jaume sin que este se percatara, lo abrazó por la espalda y Jaume sintió como la juvenil carne desnuda se pegaba a su cuerpo y como su lengua empezaba a lamer su espalda empapada de sudor, el dejó caer el hacha y se dejó hacer mientras ella se hincaba y bajaba sus pantalones, como no usaba ropa interior quedó completamente desnudo mientras la niña separaba con sus pequeñas manos las nalgas sudadas de su hombre, y lamía fervorosamente el ojete peludo y apestoso de su amante, a una señal de la joven Jaume se inclinó para dejar más expuesto el culo a los lengüeteos de la chica, que trataba de meter lo más que podía su lengua en el asqueroso agujero y sentir ese sabor acre que despertaba sus más sucios instintos, entonces, él se dio la vuelta hacia la chiquilla besándola pasionalmente, ella siguió besándole el pecho y lamiendo su sudor para seguir con las sucias y sudadas axilas que despedían un olor fuertísimo que acrecentaron sus deseos juveniles, Jaume le alzó y le dijo:

--Eres una putilla guarra querida, dime ¿Te gusta lamer mi cuerpo sucio de sudor?

--Lo adoro padrino ya no aguanto más, quiero que me folles ya por favor…

Jaume la levantó y cargándola la llevó a la habitación.

La depositó en la cama, se inclinó y separó un poco las rodillas de modo que su verga que sostenía con una mano llegase a la altura del clítoris turgente y congestionado de Amy.

La cabeza de su verga, con los redondeados bordes mojados de licor seminal, la acariciaba en un movimiento de balanceo, y con ese largo beso de ese glande desnudo e hipertenso sobre ese clítoris joven, gozó y gozó…

Amy gruñía de placer, de su clítoris descendía un calor que llegaba hasta el fondo de su vientre húmedo y se deslizaba sobre sus muslos.

--¡Padrino!, ¡padrino!, ¡métela toda!, ¡Fóllame! ¡Rómpeme por dentro!

Ella gimió, se retorció, todo su vientre acompañaba con un ritmo lento el movimiento de esa gran verga que se restregaba sobre su sexo entreabierto, ya empapado de rocío ante la proximidad del placer.

¡Ah! —gimió

Y con un grito sordo y profundo, tensando todo su ser, se arqueó, balanceo su vientre y disfrutó. ¡Estaba inundada! Todo su sexo, todavía virgen lloraba de alegría, estaba excitada hasta lo más profundo de su ser. La verga de Jaume continuaba masturbándola, pero dominándose a sí mismo esperó con el sexo a medio camino de la vulva mojada, entre los grandes labios abiertos. Esperó el ultimo estertor de placer que había hecho explotar en la muchacha y empezó a hundirse en ella, primero lentamente, con la potencia implacable de un carnero. Sentía debajo de él el cuerpo apenas formado y ardiente de su presa. Sentía alrededor de la cabeza de su miembro la humedad caliente de ese pequeño sexo que acababa de disfrutar, y se hundió, esta vez con brutalidad. Con su fuerte pecho ahogó el grito de la niña y atravesó la vagina con su miembro, reventando de un solo golpe la fina membrana de virgen hasta llegar a la carne magullada y sangrante.

Emitió un aullido animal y masculló palabras obscenas:

--¡Puerca! ¡Puta!, ¡Toma más! ¡ten!

Descargando con un último empujón, hundió más su pene y luego se desplomó.

La pequeña gemía de dolor y de placer, saciado, Jaume todavía jadeaba. Se quedó sobre ella, todavía estaba adentro, se quedó quieto oprimiéndola.

--Querida…querida, mi pequeña, ¿Te he hecho daño?

Se retiro lentamente y se puso de rodillas antes de recuperarse y ponerse de pie.

Sintiendo su carne un poco dolorida, pero con restos de placer, Amy puso sus manos instintivamente entre sus muslos, estaba empapada, manchada de un líquido espeso, de sangre y esperma mezclados con el licor de su placer, en el fondo de ese dolor que todavía sentía y en el fondo de su angustia, se sentía loca e infinitamente feliz—¡Soy mujer!—gritaba una voz dentro de ella--¡Tengo un amante!—y levantándose ágilmente a pesar de la embriaguez que la nublaba, se abrazó a Jaume, lo abrazó ardientemente durante mucho tiempo, sumergiendo su lengua joven en la boca seca de su seductor que ponía sus manos sobre las nalgas frescas de la muchacha.

Amy estaba magnifica, su cuerpo adolescente en plena floración brillaba con una gracia infantil en la plenitud torneada del cuerpo de mujer que empezaba a aparecer. La vista de la belleza de Amy despertó en Jaume los pensamientos más perversos que había estado ocultando, se arrodilló encima de ese cuerpo inmóvil y de cara a la chiquilla se sentó prácticamente sobre sus senos, con la verga en la mano todavía chorreando de esperma y sangre contemplaba el encantador cuadro que ofrecía el rostro de Amy apoyado sobre la almohada con los ojos casi cerrados y una sonrisa sensual en los labios. Ella miraba como, la gran verga de su amante se aproximaba a su cara, Jaume un poco inclinado hacia adelante empezó a acariciar el rostro de la joven con el grueso hocico de su falo.

--¿Eres mía querida? -

--Si padrino, soy toda tuya, puedes hacer lo que quieras conmigo—

La respuesta inmediata de la joven acrecentó los deseos impuros que se gestaban en la mente perversa de Jaume.

--Me gustaría entregarte a una horda de hombres y ver cómo te toman por todos lados—

Amy abrió los ojos desmesuradamente y agarrando a Jaume por la cabeza lo acercó a sus labios para besarlo apasionadamente-

--Si, sí, me gustaría que me hicieran toda clase de porquerías y que me azotaran hasta que les ordenaras parar. Desde hoy mi amado padrino, mi cuerpo te pertenece a ti o a los que te plazca entregarme para tu placer que también será el mío—

--Mientras estemos aquí, no seré más tu padrino sino tu Amo—

--¿y yo? ¿Qué seré? ¿Cómo me llamarás?

--Tú serás mi puta, mi perra.

--Me encanta Amo, Ahora por favor hazme tuya por el culo, quiero que todos mis agujeros de puta sean tuyos—

Amy dio media vuelta, se tumbó boca abajo con las piernas ligeramente separadas. ¡Que bonita era! Esas nalgas adolescentes, firmes y llenas, esos riñones hundidos en una curva con unos adorables hoyuelos, esos largos muslos… ¡Maravillas esculturales que la mano de Jaume manoseaba y acariciaba! Se detuvo sobre las tensas nalgas, introdujo con habilidad el dedo en la hendidura y rozó el pequeño agujero del ojete, mientras su lengua y sus labios libaban el cuello, detrás de las orejas, y los hombros frágiles. Amy sentía escalofríos, sentía como se le ponía la carne de gallina. ¡Era fantástico!, tenía ganas de reír y chillar. Y ese dedo que coqueteaba y halagaba tan bien al pequeño agujero de la raja de sus nalgas le producía una sensación exquisita, era como si su pequeña cadera tuviera sed, mientras sin darse cuenta, instintivamente ofrecía su trasero invitando a otras penetraciones.

--¿Te gusta?

--¡Si! ¡Si! —murmuró ella

--¿Quieres sentir mi verga dentro de tu culo?

Ella asintió con la cabeza y le dijo:

--Quiero que me la metas en el culo, pero antes pégame, pégame en las nalgas por favor.

--Espera unos segundos mi querida putilla, vuelvo en seguida.

Jaume se dirigió a donde estaban sus pantalones y sacó el cinturón de su lugar. Se acercó a la joven y, con un dedo experto, le unto con sus propios efluvios la parte próxima al ano, dando un pequeño masaje.

Entonces se puso en posición frente la espalda de la chiquilla y tomando el cinto empezó a dar azotes en las juveniles nalgas.

--¡Mas fuerte, Amo, más fuerte, ¡hasta que se ponga rojo mi culo! -Le gritó suplicando.

Jaume endureció los golpes procurando no pasarse, mientras Amy se retorcía de dolor y placer.

--¡Dime que porquerías me harás hacer! Le suplicó Amy, mientras Jaume tenía los ojos inyectados de lujuria.

--¡Te voy a entregar a los peores hombres para que gocen de todas las formas posibles con tu cuerpo!

--¡Dime que cosas quieres que les haga, ¿quieres que me beba su semen? ¿Sus orines?

--Si, ¡Si! Y más cosas por más asquerosas que sean.

Entonces se puso en posición frente a la espalda de la chiquilla y empezó a separar las nalgas con la mano, abriendo de esta forma los pétalos frágiles de su ojete. Dirigió la punta de su verga hacia la pequeña boca del agujero, antes de dar un pequeño empujón que lo hizo poner en posición de penetración. Con sus dedos siguió apartando el pequeño valle, ¡Pero deseaba todavía más!

--Ayúdame a abrirte más con las manos—ordeno a Amy.

Ella obedeció. Apartó con sus manos las nalgas y el pequeño agujero apareció completamente abierto, distendido. Jaume entró con un pequeño empujón, gracias a la gran cantidad de liquido seminal pudo meter hasta la mitad el gran falo completamente erecto.

¡Ábrete todavía más! -Gritó Jaume

Emy separó todavía mas las nalgas, esta vez Jaume logró meter la enorme verga casi en su totalidad, Jaume estaba fuera de sí, y esta vez empujo con fuerza y la totalidad del falo desapareció dentro del pequeño agujero.

--¡Me has hecho daño!¡Me duele! -Gimió Amy,

--No te va a doler más, ya verás, ¡Hay que sufrir antes de disfrutar, es una ley de la naturaleza!

--¡Te doy por el culo!, ¡Te doy por el culo! Empezó a vociferar Jaume

--¡Dilo tú también putita!

A pesar del dolor casi insoportable Amy obedeció y gritó esas palabras obscenas que la embriagaban

--¡Me estas dando por el culo! ¡Párteme el culo, cabrón!

--¡Te estoy dando por el culo! ¡Soy tu dueño!

--¡Si! ¡eres mi dueño! ¡Mi Amo! -Gimió Amy.

Jaume empujó con todas sus fuerzas, su vientre chocaba con las hermosas nalgas de la chiquilla. Había llegado al colmo de la exaltación, ahora sentía como su falo había quedado completamente apresado en ese ano ya agrandado y sin fondo para siempre.

Amy sintió como su amo llegaba a la explosión. La verga que tenia adentro se endureció todavía mas en lo mas profundo de su cuerpo y siguió perforando mas de prisa, y de pronto se sintió inundada, sacudida por una especie de diarrea exquisita, sacudida por espasmos mientras Jaume rugía como bestia y le mordía el hombro. Ella rugió también y se derrumbó todavía empalada por el sable de su amante.

Yacían uno sobre otro.

Amy sollozando le dijo a Jaume.

--Me has hecho daño, pero me has hecho gozar intensamente, ¡Me gustaría que me hicieses cosas todavía más asquerosas cosas terribles e innombrables! —

Se inclinó y puso en su boca el gran falo apaciguado, cubierto de esperma y algunos restos marrones. Y con avidez chupó instintivamente el miembro adorado, con un arte consumado como si lo hubiera estado haciendo durante toda su vida, besó los testículos y bajó un poco más hasta llegar al ojete queriendo… ¡no sabía lo que quería!

Ambos quedaron exhaustos y Amy se recostó en el pecho de su amante.

--Dime querido Amo ¿hablabas en serio acerca de entregarme a otros hombres?

--¿acaso no te gustaría?

--Si, me encantaría…

Jaume la besó y le dijo

-A mí también…pero no solamente a hombres querida…

Esto último lo dijo Jaume con una sonrisa maliciosa que hizo estremecer a su amada.

Amy presintió un porvenir lleno de placeres inauditos llenos de morbosidad ¡Se sentía inmensamente feliz!
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Relato Erótico : Un hombre maduro pervirtió a mi esposa

Un hombre maduro pervirtió a mi esposa

Hacía varias semanas que Silvia estaba inquieta, más bien me parecía muy nerviosa, sobre todo cuando escuchaba que mi teléfono timbraba, por un momento pensé que era por el cambio de casa, apenas teníamos poco más de un mes viviendo en la ciudad, pero una tarde la cuestione sobre su comportamiento, al ver que sus manos estaban temblorosas.
-¿Te sucede algo Silvia? Hace varias semanas te noto nerviosa, ¿quieres hablar conmigo?
--No, no pasa nada, ¡de verdad!
-Pues me parece todo lo contrario, mira como estas temblando ahora, ¡vamos ven siéntate y charlemos! Silvia se sentó a mi lado en el sofá y rompió en llanto, me sentí conmovido por su reacción, la abrace y trate de hacerle sentirse protegida, tardo varios minutos antes de poder hablar.
--¡Tengo miedo de decírtelo, no sé cómo vayas a reaccionar! ¡No quisiera perderte!
-Vamos Silvia, ahora el nervioso soy yo, anda dime que sucede de una buena vez. Lo que Silvia me dijo, fue algo que jamás imagine que podría suceder, por lo menos no a mí, yo creía tener todo el control sobre ella, quien siempre se había portado muy ingenua, inocente y creo que hasta un poco sumisa.
--Sucedió la ocasión que fui a esa fiesta, ¿recuerdas? Yo no quería ir, pero tu insististe tanto que termine por aceptar ir sola, yo me sentía una extraña en medio de tanta gente, y ahí conocí a un hombre que después me entere es el papá de la novia, tu sabes que jamás había bebido alcohol, y esa tarde rompí las reglas y acepte beber un par de copas, suficientes para hacerme perder la cordura.
--Serian como las 6 de la tarde cuando él me invito a salir a caminar por el pueblo, yo acepte, sin embargo al salir a la calle, me sentí muy mareada, por lo que él fue por su auto y me ayudo a subir, mire como se alejaba por las calles del pueblo y se dirigía a la carretera, yo escuchaba su voz muy lejana, y le respondí pero no recuerdo con claridad que me preguntaba.
--A partir de ese momento ya no puedo recordar nada de lo que haya sucedido, solo recuerdo que por la mañana desperté en una cama, totalmente desnuda y con signos de haber sido cogida, su semen estaba en mi vientre y en mis vellos púbicos.
--Trate de levantarme, la cabeza me dolía y aun me sentía mareada, fue cuando el salió del baño, se había bañado y me dijo que lo hiciera yo pues era hora de seguir nuestro camino, yo preferí no hacerlo, lo único que deseaba era alejarme de ese lugar y llegar cuanto antes a casa.
--El trayecto fue en completo silencio cada quien sumidos en nuestros propios pensamientos, al llegar a Puebla me dejo en la central de autobuses, yo aborde un transporte y llegue a casa, me bañe y llore por lo que había sucedido, me sentía sucia y quería decírtelo, pero el miedo me hacía callar mi pecado.
Después de escuchar su historia, me quede pasmado sin saber que decir, yo que siempre he presumido de tener un carácter fuerte y dominante, no sabía cómo reaccionar, al verme molesto, Silvia continuo con su historia.
--¡Pero eso no es todo! Mis nervios son, porque no sé cómo consiguió mi número telefónico, él me ha estado llamando y por más que le he suplicado que deje de molestarme, se niega a hacerlo, me exige verme una vez más, prometiéndome que dejara de molestarme si acepto.
-Y ¿que le has respondido?
--Nada, ¡he ignorado sus llamadas! Por las tardes cuando estas por regresar del trabajo lo apago, pues él me llama a cada momento esperando una respuesta.
-¡Dame tu teléfono! Al escuchar mis palabras Silvia fue a la recamara y trajo el teléfono, me lo entrego y me dijo lo siguiente.
--Aquí tienes… ¡puedes perdonar mi falta! Te juro que no fue mi intención hacerlo.
-¡No te preocupes, te comprendo y estoy dispuesto a olvidar! Solo promete que jamás volverás a verlo ni a llamarle.
--¡Te lo juro, jamás volverá a suceder nada que me avergüence!
Las siguientes semanas me sentí molesto, pese a mi promesa a Silvia, yo la miraba con coraje y decidí no tocarle un solo centímetro, por las noches ella buscaba mi calor y yo la eludía, me sentía herido en mi orgullo, después de un mes tome una decisión que termino por dar un cambio a nuestras vidas, aun no sé si decir que fue para bien o para mal.
Esa tarde al regresar del trabajo cambie mi actitud, me comporte como antes amoroso y protector, como a ella le gusta ser tratada, por la noche entre a bañarme, y después lo hizo ella, esa era la forma de saber que ambos deseábamos tener sexo, ya en la cama la abrace y le hice el amor como estaba acostumbrado, al terminar ella se acurruco en mi pecho y estaba quedándose dormida mientras yo terminaba por decidir lo que tenía que hacer, la mire a los ojos y le dije sin vacilar lo que había pensado.
-¡Silvia, quiero decirte algo con respecto a lo que te sucedió! ¿Puedes escucharme?
--Sí.
-Pues resulta que es verdad, él ha seguido llamando a tu teléfono, así que tome la decisión de que tienes que responderle y así sabremos qué es lo que verdaderamente desea de ti. ¿Estás de acuerdo? Silvia enrojeció del rostro, agacho la mirada y con timidez me respondió lo siguiente.
--Yo, preferiría olvidar el asunto por completo, quizá cambiar mi número de teléfono, pero después de todo fui yo quien cometió la falta y por lo tanto, haré lo que tú me pidas hacer.
-Así está mejor, mañana mismo te daré el teléfono y esperaremos a que llame. Silvia se volvió a acomodar en mi pecho y se quedó profundamente dormida, yo la miraba y no me explicaba como esa mujercita, tan frágil y tan ingenua había caído en la tentación con ese hombre maduro, sin embargo las semanas pasada yo no podía hacer de lado el asunto, a cada momento la imaginaba cogiendo con él, aun dudaba que fuera verdad lo de no recordar nada de lo sucedido.
Por la mañana me levante un poco tarde, lo que sucede cada fin de semana, Silvia ya estaba preparando el desayuno, yo me fui a bañar y después fui al comedor, al terminar llame a Silvia a la sala y encendí su teléfono poniéndole la alta voz, se lo entregue al tiempo que le decía lo siguiente.
-Cuando llame, respóndele. Yo estaré aquí a tu lado y te diré lo que tienes que responder… ¿de acuerdo? Silvia tomo el teléfono y en ese momento sus pequeñas manos estaban temblorosas, me respondió con la voz entrecortada.
--¡Está bien, hare lo que me pides!
No fue necesario esperar mucho tiempo, el aparato timbro y Silvia se puso de pie como impulsada por un resorte, me miro y yo la apresure a responder.
--¡Hola!
---¡Hola Silvia! ¿Cómo estás? ¡Por fin aceptaste responderme! ¿Estás sola en casa, podemos charlar?
-Yo la mire fijamente a los ojos y moví mi cabeza afirmándole que dijera que si estaba sola.
--Sí, mi esposo está en el trabajo, ¡te pedí que ya no me llamaras! ¡Por favor!
---Y yo te pedí verte una sola vez y dejare de molestarte, te prometo que respetare mi palabra. ¿Podemos vernos Silvia?
-Rápidamente le indique que aceptara hacerlo y ella le respondió tímidamente.
--Está bien, dime cuando y en qué lugar.
---¿Puedes mañana a las dos de la tarde?
--Sí.
---Entonces nos vemos a esa hora en la entrada de la casa de cultura ¿de acuerdo?
--Está bien ahí estaré.
-Al terminar la llamada Silvia me entrego el teléfono y dijo lo siguiente.
--¡Tengo miedo, no sé qué pueda suceder mañana!
-Tranquila, no pasara nada malo, mañana iré contigo, quiero conocerlo, tu iras con él a charlar y cuando regreses me dirás lo que desea… ¿estás de acuerdo?
--Sí.
Esa noche yo no podía dormir, pensaba en lo que sucedería al día siguiente, desde luego que yo estaba consciente que nuevamente Silvia podía ser cogida por ese hombre, al amanecer tomamos el desayuno y después la apresure a arreglarse.
-Saldremos al medio día, antes de ir a donde te estará esperando, quiero ver algunas cosas. Las horas pasaron rápidamente, después de caminar por las calles del centro llegamos al lugar de la cita, la casa de cultura en Puebla está en pleno centro de la ciudad, justo frente a catedral, por lo que yo pude ocultarme en el atrio para que él no se diera cuenta de mi presencia y yo si podría ver lo que sucedía con Silvia.
-Ya es hora Silvia, ve y espéralo, cuando llegue dile de inmediato que solo dispones de un par de horas, tienes que regresar justo a las 4 de la tarde, ¿comprendes lo que digo?
--Sí.
Silvia camino hacia la entrada de casa de cultura, yo miraba en todas direcciones, por fin minutos después llego un auto rojo, me di cuenta que era un hombre viejo, con el cabello encanecido, le abrió la puerta del auto y Silvia subió, de inmediato él puso en marcha el auto y se perdió en la distancia.
Esa tarde pase las horas más angustiosas de mi vida, imaginando que estarían haciendo y si Silvia sería capaz de convencerle que dejara de llamarla, decidí caminar un poco por las calles para calmar mis nervios, extrañamente me di cuenta que tenía una gran erección, la verga me dolía y yo no sabía que pensar del asunto, faltaban 15 minutos para las cuatro de la tarde, la hora pactada con Silvia, me apresure a ir a catedral y llegue justo al tiempo que ellos llegaban.
Me di cuenta como le entregaba un papel a Silvia y después ella bajaba del auto, mientras él se alejaba, ella fue a mi encuentro, al estar frente de mi me apresure a cuestionarla.
-¿Todo bien, que sucedió, a donde te llevo? Quiero todos los detalles, sin omitir nada. ¡Te escucho!
--Me llevo a un motel, al llegar yo trate de despojarme de mi ropa, pero él me lo impidió, después fue el mismo quien me despojo de cada una de mis prendas, inicio soltando los botones de la blusa y después el broche del sostén, arrojo mis ropas sobre una silla y continuo con la falda y con las pantaletas, acaricio mi cuerpo y después… ¡no sé cómo decírtelo me da pena!
-Así, tal y como sucedió. Silvia estaba verdaderamente sonrojada por la pena, pero termino por decirme todo, mientras seguía dándome los detalles mi verga se ponía dura y sentía dolor por la erección.
--Puso unas almohadas en la esquina de la cama y me recostó, abrió mis piernas y chupo mi chochito, yo le suplique que no lo hiciera, pero él no me hizo caso y siguió haciéndolo por un buen rato, después chupo mis tetas y me beso en la boca, por ultimo me penetro, a principio sentí dolor, su verga es muy grande y gorda. Cuando estaba por eyacular, se apresuró a sacar su verga y se derramo en mi estómago, después se bañó y abandonamos el motel.
-¿Acepto que cumplirá su palabra de no molestarte más?
--No… el me dio su tarjeta y me dijo que espera que yo le llame algún día, y me dio este cheque, yo no quería aceptarlo, pero él me insistió que de algo podría ayudarme.
Después de escuchar a Silvia regresamos a casa, yo seguía con la verga adolorida, al llegar le pedí me dejara ver su chochito y se desnudó, era verdad él le había echado su leche en el estómago y en sus vellos púbicos, sin darle tiempo de reaccionar le abrí las piernas y la penetre, minutos después mi leche inundo su chocho, ya estando tranquilos le pedí se vistiera y fuimos a la sala, el momento de poner las cosas en claro había llegado.
P.D. en la segunda parte que ahora mismo estoy escribiendo, iniciara una secuencia de hechos por demás morboso, sé que es mi primer relato y que quizá sea un poco aburrido, pero creo importante narrar los hechos tal y como se han dado.

Me acomode en la sala y espere que Silvia entrara, se acomodó en el sillón a mi lado y bajo la mirada, sentí que era el momento ideal de decirle lo que ya había decidido en cuanto a seguir con su aventura sexual con aquel hombre que conoció en la boda.
-He decidido que le llames mañana a ese hombre y le digas que si lo seguirás viendo, ¿estás de acuerdo en mi decisión?
--Sí, pero tienes que jurarme que no me lo reprocharas más adelante. ¡Tengo miedo de perder tu amor!
-Eso no sucederá Silvia, siempre y cuando cumplas con todo cuanto te diga de ahora en adelante, de inicio sabes que mañana inician mis vacaciones de semana santa, así que aprovecharemos estos días para ver si el desea ser tu amante de planta o solo quiere darte unas cogidas mas, ¿por cierto como se llama?
--Andrés, así me dijo que se llama.
-Pues lo dicho, por la mañana llámale y que te diga cuando quiere verte, no le des tantas vueltas al asunto solo acepta y me lo haces saber ¿de acuerdo?
--Si… ¡como tú quieras!
Por la mañana desperté pasado el mediodía, era mi primer día de vacaciones de la semana santa, fui a bañarme y después a tomar el desayuno, Silvia estaba esperándome, apenas me senté se apresuró a darme la buena noticia. ésta vez su semblante lo decía todo, ella estaba contenta de volver a verle, en ese momento sentí celos y estuve por olvidar el asunto, pero el morbo al recordar lo acontecido la noche anterior me hizo seguir adelante.
--Hable con Andrés, ¡quiere verme mañana a la misma hora! Solo que ha puesto una condición.
-¿Qué condición?
-Él me dijo que no le gusta hacer las cosas con prisas, y me dijo que solo me vera si encuentro la forma de pasar más tiempo con él, por lo menos hasta las 9 de la noche y otra cosa…¡quiere que lo acompañe a beber un par de copas!
Guarde silencio por unos minutos, sentí coraje por las condiciones que Andrés ponía… ¿Cómo se atrevía a hacerlo? Se supone que yo era quien tenía que poner las condiciones, yo soy el esposo, él solo estaba tomando el lugar de un amante, ¿entonces, porque sus condiciones? Mire a Silvia y le respondí tratando de averiguar si me decía la verdad.
-¿Y qué le respondiste cuando te dijo lo de las condiciones?
--Le dije que no podía hacerlo y que mejor lo olvidáramos, el solo colgó la llamada y no me dijo nada más.
-Bien hecho Silvia, no podemos darle tantas libertades, no puedo creer que un hombre de su edad necesite tanto tiempo para coger, ¿no crees?
--Sí. Yo solo hice lo que tú me pediste, ¡no te molestes conmigo!
-¡No; no estoy molesto contigo amor, disculpa mi forma de hablar! Déjame pensar un poco, después seguimos la charla.
-Silvia se fue a la recamara dejándome solo en la sala, en ese momento podía haber terminado esa locura, pero había algo dentro de mí que insistía en que la dejara ir, solo de pensar que ahora pasaría más tiempo con Andrés mi verga se puso dura y fue el momento que decidí seguir con el juego, me apresure a llamar a Silvia quien regreso a la sala inmediatamente.
--¿Sí?
-Ya lo decidí, llámale y dile que podrás estar con él hasta las 9.
--Silvia tomo el teléfono con sus manitas temblorosas, marco el número y de inmediato escuchamos la voz de Andrés.
--- ¡Hola!
--¡Hola Andrés, si podre estar contigo hasta las 9!
--- ¿Estás segura, y de lo otro? ¿Lo has pensado a mi favor?
Silvia me observo al tiempo que le respondió a Andrés, de inmediato comprendí que ella deseaba saber si yo estaba de acuerdo.
--¿Te refieres a beber contigo un par de copas?
---Así es Silvia, quiero que bebas conmigo, ¿lo harás?
Rápidamente moví mi cabeza confirmándole que si estaba de acuerdo.
--Si, ¡podre beber un par de copas!
---Excelente, entonces no se hable más del asunto, mañana a las 2 de la tarde en el mismo lugar chao.
Silvia termino la llamada y se sentó en el sillón, sus palabras salieron con voz temblorosa.
--¿Estás seguro de lo que estamos haciendo?
-Sí, desde luego que lo estoy, ¡es justo que me complazcas después de haber caído en el error de dejarte coger por Andrés!
El día miércoles por la mañana me apresure a ayudar a Silvia con las labores, así tendría tiempo suficiente de arreglarse para la cita, salimos de casa a la una de la tarde, Silvia se había bañado y puesto un vestido negro, ligeramente largo, como la mayoría de sus vestidos, un poco por debajo de las rodillas, zapatillas negras con un tacón cortito, nada que llamara la atención así se lo había pedido siempre.
Llegamos antes al lugar de la cita, fuimos al atrio de catedral y ahí en ese momento le dije algo a Silvia… algo que en casa por algún extraño motivo no me atreví a hacer.
-¡Quiero que hagas algo esta tarde Silvia! Si Andrés te pide que le mames la verga, hazlo, ¿de acuerdo?
--Sí.
-Es importante que aceptes hacerlo, porque quiero que me lo hagas a mí. Y otra cosa aún más importante, quiero que le pidas que termine dentro de tu chocho, no afuera, quiero verte el chocho con su leche.
--¡Está bien, así lo hare! ¿Dónde nos veremos cuando regrese?
-¡Qué bueno que lo preguntas Silvia! A esa hora no puedo estar aquí, así que creo que será mejor que te deje en el paseo bravo, ahí hay mucha gente a esa hora, justo frente a la farmacia grande de la esquina.
--Está bien ahí estaré a las 9, me voy Andrés no debe tardar en llegar.
Mire a Silvia ir al encuentro de Andrés, quien llego cuando ella salió del atrio de catedral, pude darme cuenta de la sonrisa dibujada en su rostro y sentí celos, pero ya no había forma de dar vuelta atrás, cuando subió al auto, Andrés le dio un beso en la boca y después puso en marcha el auto y se alejaron dejándome sumido en miles de pensamientos.
Abandone el atrio y camine por las calles del centro de la ciudad, me sentía muy confundido, sin saber a dónde ir seguí caminando, no podía encontrar distracción alguna, pensaba que estarían haciendo en ese momento, me preguntaba si Silvia sería capaz de enamorarse de andes y abandonarme, era un infierno no podía estar tranquilo, las horas pasaban lentamente, parecía que el tiempo se había detenido, eran las cuatro dela tarde cuando decidí entrar al cine, por lo menos seria menos aburrida la espera.
Es importante mencionar, que aun estando en el cine, me resulto imposible concentrarme, no pude disfrutar de la película, había poca gente y estuve tentado a masturbarme, mas no me atreví, por fin la hora se aproximó, abandone el cine y fui a donde Silvia llegaría, pero la hora acordada llego y no aparecía, moría de nervios y sin perder el tiempo, empecé a llamar a su celular, pero no estaba encendido, sin duda lo había apagado, el coraje me invadió y decidí que no la dejaría ir otra vez.
Por fin los vi llegar, estuve a punto de ir y reclamar a Andrés su actitud, pero me contuve y espere a que Silvia me diera una explicación, aun tardo varios minutos antes bajar del auto, cuando lo hizo, me di cuenta que caminaba con pasos torpes, al ver alejarse a Andrés me apresure a ir a su encuentro para ayudarla a caminar.
-¡Bebiste demasiado Silvia, no puedes ni caminar!
--¡Lo siento mucho, yo no quería hacerlo tú lo sabes!
-Tranquila, vamos ya pasa de la media noche, tendremos que quedarnos en algún hotel, por la mañana regresaremos a casa, no puedo llevarte en ese estado.
Tome a Silvia del brazo y la ayude a caminar, entramos a un hotel familiar, afortunadamente no había nadie más que el administrador, nos dio la llave de la habitación y fuimos sin demora, al entrar Silvia se acomodó en un sillón a un lado de la cama.
-¿Y bien, que sucedió? ¿Hiciste lo que te pedí?
--Si… Andrés me hecho su leche en mi chocho, ¿quieres verlo?
Silvia se levantó y se despojó de sus ropas, arrojo una por una sus prendas a mi lado, cuando sus pantaletas quedaron a mi alcance las tome y comprobé que estaban mojadas, sin duda la leche de Andrés seguía fluyendo, sin perder el tiempo le ordene lo siguiente mientras yo me desnudaba.
-Separa las piernas, quiero tocar tu chocho mientras me cuentas todos los detalles de lo sucedido, y recuerda, no omitas nada. Quiero saber cada cosa que hayas hecho con Andrés.
Silvia cerro sus ojos e inicio a darme cada detalle de lo acontecido, yo la escuche sin interrumpirla, mientras avanzaba en los detalles mi verga se ponía rígida, alcanzando una tremenda erección.
--Cuando subí al auto, el me dio un beso en la boca, después nos alejamos nos dirigimos al paseo bravo, del lado opuesto a donde me esperabas, ahí Andrés bajo y abrió la cajuela del auto, traía una caja de cartón la llevo adelante y saco una botella de licor, sirvió un par de vasos y me dio uno.
--Bebimos un par de copas mientras charlábamos de cosas suyas, de su trabajo, yo no entendía del todo, pero a él le gusto que yo lo escuchara, eran las 4 de la tarde cuando nos fuimos al motel, al llegar yo estaba por desnudarme, pero no me dejo hacerlo. Diciéndome lo siguiente.
--- ¡No lo hagas Silvia, aún es muy temprano, bebamos un par de copas más!
--Andrés, yo no estoy acostumbrada a beber mucho, no quiero hacer algo indebido.
---Anda Silvia solo un par y no te insistiré más. ¡Por favor!
--¡Está bien solo dos más!
Bebimos las copas y yo me sentí desinhibida, ya no tenía pena de nada, Andrés puso música y bailamos en el centro de la habitación, el me rodeo por la cintura mientras yo apoye mis manos en su pecho, busco mi boca e inicio a besarme, lo hacía con tanta pasión, que no pude resistirme a corresponderle de la misma forma.
No recuerdo cuanto tiempo estuvimos bailando, pero ya obscurecía cuando Andrés empezó a bajar el cierre de mi vestido. Yo estaba temblando, no sabía cómo reaccionar, solo cerré los ojos y deje que el hiciera todo.
En segundos mi vestido cayó al piso y le siguió mi sostén, por último tomo los costados de mis pantaletas y las fue bajando lentamente hasta que termino por quitármelas y les arrojo sobre del vestido.
Ahora estaba desnuda y seguía bailando, el aún estaba vestido, sus manos acariciaron mi espalda desnuda y bajaba por mis nalgas, me atraía a su pecho mientras no dejaba de besarme, tardamos mucho tiempo bailando, hasta que por fin él se apartó de mi lado y fue a la cama a poner las almohadas en una esquina, comprendí que había llegado el momento del placer, aunque tengo que confesarte que para esa hora tenía el chocho empapado por mi leche que fluía lentamente.
Me ayudo a subir a la cama y me recostó dejando mis nalgas sobre las almohadas, abrió mis piernas y se arrodillo, en ese momento inicio a chupar mi chocho haciéndome gemir, yo trate de evitar hacerlo, pero Andrés me dijo que lo hiciera, que a él le gusta escuchar los gemidos de una mujer.
Entonces lo hice sin más, deje salir mis gemidos, de verdad no podía evitar hacerlo, chupo por mucho tiempo mi chocho, hasta que el quiso hacerlo, después se apartó y se desnudó, se acomodó frente de mi chocho y me penetro, fue algo delicioso, su verga estaba dura, hinchada, me bombeaba con suavidad, igual tardo mucho tiempo metiendo y sacando, hasta que sentí que estaba por sacar su verga, fue cuando recordé tus palabras y le pedí que terminara dentro de mi chocho.
--¡Por favor Andrés, no la saques, dame tu leche, quiero sentirla dentro!
Al escuchar sus palabras volvió a meterla y aumento sus movimientos, en minutos lo sentí inundarme con un torrente de leche, parecía que hervía, fue algo único, poco a poco regreso la calma y ya su leche estaba dentro de mí, caímos rendidos, me abrazo e irresponsablemente me quede dormida, cuando desperté ya era demasiado tarde, sin embargo aún volvió a meter su verga en mi chocho y nuevamente me dejo su leche dentro, por eso estoy mojada.
Cuando llegamos al paseo bravo, me dio el cheque esta en mi bolso.
Silvia termino por contarme cada detalle, mi verga estaba hinchada y quería metérsela, sin embargo aún faltaba algo que le había pedido hacer, la cuestione y respondió lo siguiente.
-¿Y lo de chupar su verga?
--No me pidió hacerlo. De verdad.
-¡Está bien Silvia te creo! ¿Quiere verte nuevamente?
--Si… pasado mañana.
-¿Cómo es posible eso? Te acaba de coger y ¿quiere más?
Bueno ya veremos, ahora quiero meterte mi verga, estoy muy caliente.
--¿Quieres que me bañe?
-No, así está bien, quiero sentir su leche… ¿te molesta que lo haga?
--No. ¡Tú puedes hacerme lo que desees! Soy tu mujer.
Las palabras de Silvia me dieron tranquilidad, me acomode y la penetre sintiendo lo lubricada que estaba por la leche de Andrés, no tarde mucho en eyacular dentro de su chocho, al terminar la deje descansar mientras yo, hacia planes para el día sábado.

Después de aquella noche que pasó Silvia con Andrés, tome la firme decisión de dar un cambio completo a nuestras vidas, deje de lado los estúpidos celos y decidí disfrutar de aquella extraña aventura sexual, la cual a decir verdad empezaba a gustarme, sobre todo por las tremendas erecciones que estaba teniendo después de ver el chocho de Silvia escurriendo semen de Andrés.
Al día siguiente le di la autorización a Silvia de llamar a Andrés y decirle que si podría verlo el próximo sábado, después de que me comunicara si habían quedado en algo, le daría la sorpresa que ya le tenía preparada.
Pasaba del medio día cuando yo estaba mirando el televisor en la recamara, Silvia entro por algún motivo que no recuerdo, fue cuando aproveche a darle la noticia.
-¿Estás muy ocupada Silvia? ¡Quiero que hagas algo!
--No, ¡sabes que siempre estoy a tu disposición!
Al escuchar las palabras de Silvia, recordé cuando tiempo atrás me molestaba mucho esa actitud sumisa y de total disposición, pero ahora todo era lo contrario, me satisfacía mucho saber que ella siempre está dispuesta a complacerme en todo y tenía que aprovechar el asunto para mis planes de emputecerla.
-¡Llámale a Andrés y dile que si podrás verlo el sábado como te ha pedido! Pero antes dame tu teléfono, quiero ponerle la alta voz para poder escuchar lo que te diga.
Silvia fue a la sala por su teléfono, cuando regreso me lo entrego sus manitas estaban temblorosas, tome su estado de nerviosismo, como algo normal, sin duda hablar con Andrés le despertaba la excitación, solo que aún sigue siendo muy pudorosa y quizá sienta pena ser descubierta. Tome el teléfono y active la altavoz, le regrese el aparato y ella marco el numero estaba nerviosa, era muy evidente su actitud.
--¡Hola, Andrés, soy yo Silvia!
--- ¡Hola preciosa! ¿Cómo estás?
--Bien, solo te llamo para avisarte que si puedo verte el sábado.
--- ¿No has tenido problemas con tu esposo? ¿No se ha dado cuenta de nada?
--No.
---Bien amor, entonces nos vemos el sábado, ¿podrás estar el mismo tiempo de ayer?
Silvia volteo a mirarme y yo moví mi cabeza aprobando.
--Si… no hay problema.
--- ¿Puedo pedirte que hagas algo por mí?
--Sí.
--- ¿Puedes depilar tu chocho?
La pregunta de Andrés nos dejó sorprendidos a ambos, sin embargo reaccione rápido y moví la cabeza aprobándolo.
--Si… si puedo hacerlo.
--- ¡Gracias Silvia, entonces recuerda, sábado a las 2 de la tarde en el mismo lugar chao!
--¡Chao Andrés!
-Vaya con el tipo, quiere verte el chocho depilado, sí que tiene imaginación, yo no me había imaginado verte depilada, tiene imaginación el hombre, bueno pues el sábado volverás a verlo, solo recuerda una cosa, esta ocasión no quiero pretextos, tu misma tendrás que tomar la iniciativa y chuparle la verga. ¿Comprendes?
--Si, te prometo que lo haré.
-De acuerdo, ya puedes seguir con tus labores.
Cuando Silvia abandono la recamara, apreté con fuerza mi verga, se me había puesto dura al escuchar lo que Andrés quería, me refiero a lo de depilarse el chocho, batalle mucho para calmar mi calentura, dada la situación ese era el momento ideal de dar el siguiente paso que ya tenía en mente, apague el televisor y me despedí de Silvia.
-¡Voy a salir Silvia, regreso más tarde!
--Si, está bien.
Cuando llegue al centro de la ciudad fui directamente a un local que había visto varias ocasiones, en ese local venden lencería de mujer, demasiado sugestiva, muy sexy, espere a que saliera una mujer que estaba haciendo algunas compras, cuando solo estaba la señora tras del mostrador me apresure a entrar y le pedí me diera unas tangas que ya había seleccionado en días pasados.
-¡Buenas tardes! Quiero una tanga negra como la que está en aquel exhibidor.
¿Las que se atan a los costados verdad?
-Sí, esas mismas.
La mujer sabía su trabajo, extendió varias de esas tangas sobre del mostrador, todas me parecieron hermosas e imagine a Silvia llevando una de esa puesta, al final decidí comprar tres de ellas, una roja, una negra y una de color fiusha.
Después de pagar las prendas abandone el local, ahora solo faltaba algo más, un hermoso vestido que vi en días pasados, solo que no era un vestido común, se trataba de uno en color negro, con un amplio escote al frente y muy corto, pedí uno en talla chica, si no le quedaba, podría cambiarlo al siguiente día, según las propias palabras de la vendedora.
Ya tenía la ropa que llevaría Silvia a la siguiente cita con Andrés, ahora solo faltaba lo más importante y eso sería esa misma noche en casa y teniéndola desnuda. Al llegar me apresure a guardar la bolsa de ropa, ella no se dio cuenta pues estaba distraída mirando el televisor.
Cuando estaba por irse a dormir fue el momento que decidí actuar.
-Silvia, quiero que te bañes y después regrese aquí a la sala, quiero charlar un poco contigo.
Sin decir una sola palabra fue a la recamara, después salió con una toalla cubriendo su cuerpo desnudo, fue a bañarse, mientras lo hacía yo fui a la recamara y regrese a la sala con la bolsa de ropa, la puse a un lado del sofá y espere paciente a que regresara.
Cuando abandono el baño, nuevamente llevaba cubierto su cuerpo con la toalla, me apresure a decirle lo siguiente.
-Silvia, quiero que te pongas unas zapatillas.
Ella solo sonrió con timidez y minutos después la vi de regreso a la sala, se había puesto un vestido rojo, zapatillas negras y su cabello húmedo colgaba a su espalda, se aproximó y se sentó a mi lado en el sofá.
-¡Quiero que te desnudez!
--¿Ahora? ¿Aquí en la sala? ¿No quieres hacerlo en la recamara?
-Solo obedece y no me hagas preguntas.
Silvia bajo la mirada y se empezó a desnudar, dejo el vestido sobre del sofá y se quedó inmóvil.
-¡Las pantaletas y el sostén!
Silvia termino por despojarse de su ropa interior, ya teniéndola desnuda tome la bolsa y se la entregue.
Aquí en esta bolsa hay unas prendas, ¡póntelas! Quiero ver cómo te quedan.
Silvia tomo la bolsa y saco las tangas, las miro y su rostro enrojeció de vergüenza, pero no protesto, después tomo el vestido y estaba por ir a la recamara, pero yo se lo impedí.
-¡Aquí ponte las ropas!
--¡Por favor, deja que lo haga en la recamara, me muero de vergüenza, te lo suplico!
Sentí pena al verla avergonzada y decidí ser un poco flexible con ella.
-Está bien ve a la recamara pero no tardes.
Para ese momento yo tenía la verga adolorida, sólo de imaginar la reacción de Andrés cuando la viera vestida con esas prendas… cuando salió de la recamara, me quede mudo por la impresión, ella estaba hermosa, incluso se veía mucho más joven, camino hacia mí con la mirada abajo al sentarse me dijo con las palabras entrecortadas.
--¿Te gusta cómo me veo? ¿No te molesta verme así con este vestido tan pequeño?
-No… ¡por el contrario me fascina como te ves, ahora si siéntate voy a decirte algo!
Silvia luchaba por cubrir sus desnudas piernas, incluso pude ver la tanga negra que se había puesto, yo me apresure a decirle algo para calmar sus nervios y darle confianza.
-¡No tengas pena! Tus piernas son hermosas y no hay nada de malo que las exhibas.
Mis palabras tuvieron el resultado adecuado, Silvia dejo de batallar y se quedó quieta, esperando a que yo le dijera algo.
-¿Estas contenta con Andrés como amante?
--Sí.
-Bien, entonces quiero que el sábado lleves puesta esa ropa, es justo que Andrés te vea más apetecible, ¿estás de acuerdo conmigo?
--No sé qué decir, yo… no sé si este bien salir a la calle con este vestido, es muy corto y además se pega a mi cuerpo y no quiero que me falten al respeto en la calle.
-Pon atención Silvia, ahora no me digas si quieres salir o no con ese vestido puesto, piénsalo bien y el viernes por la noche quiero una respuesta, si no quieres hacerlo me lo dirás el viernes. Ahora puedes cambiarte ve a la recamara y hazlo, guarda las prendas y ya hablaremos el viernes.
Silvia se fue a la recamara, yo estaba muy caliente ya me dolía la verga de lo hinchada que la tenía, pero decidí esperar un poco más, el viernes daría el último paso.
El viernes por la tarde fui a caminar por las calles del centro, estaba nervioso, al día siguiente Silvia iría a otra cita con Andrés y yo, deseaba que lo hiciera, sé que puede tomarse como algo enfermizo, pero es verdad, no podía evitar excitarme solo de imaginar a Silvia cogiendo con Andrés, prolongue tanto como pude el regreso a casa, llegue después de las 10 de la noche y al llegar decidí dar el último paso.
Silvia se veía muy nerviosa, quizá más de lo que yo estaba, me observo y apenas me acomode en el sofá su vocecita se escuchó.
--¡Ya lo he pensado, si voy a hacerlo!
Antes que continuara, me apresure a interrumpirla, las cosas estaban a mi favor solo había que llevarla con mucho cuidado, evitando que ella se sintiera incomoda.
-¡Espera, pon atención por favor! Si estás de acuerdo en hacerlo, ve a la recamara y ponte la ropa, quiero volver a verte con ella mientras charlamos.
Silvia se levantó y camino en dirección de la recamara, minutos más tarde regreso, esta vez me pareció más hermosa, estaba sonriente, feliz, no había duda de alguna forma ella había tomado la decisión adecuada.
-Siéntate, ahora charlaremos, quiero hacerte unas preguntas, quiero respuestas claras, sin titubeos.
-Mañana cuando llegues con Andrés, observa su reacción, quiero todos los detalles cuando regreses, ahora dime… ¿Te gusta cómo te coge? ¿Lo disfrutas?
Trate de ver su reacción, ella apretó sus labios antes de responder, la mire apretar sus pequeñas manos, lo hizo con fuerza como si fuera difícil darme una respuesta, al final su voz se escuchó.
--Sí. Si me gusta.
-Entonces dime, ¿Cuál fue tu decisión y porque?
--Yo, quiero complacerte en todo, y también… quiero hacer que Andrés quede satisfecho, tal y como tú lo dijiste el otro día.
-Entonces, estas dispuesta a tomar la iniciativa en lo de mamar su verga ¿verdad?
--Si, lo hare, yo tomare la iniciativa y mamare su verga, para después hacerlo contigo.
-Muy bien, en ese caso, eso es todo, mañana me demostraras todo lo que dices. Ya puedes cambiarte, enseguida te alcanzo, voy a ver otro rato el televisor.
Cuando fui a la cama, ya dormía, por la mañana después de tomar el desayuno, le ayude con las labores, justo al medio día la apresure para irnos.
-¡Creo que lo mejor será que salgas con ropa común, iremos a un hotel y ahí te cambias! ¿Te parece?
--Sí, creo que esa es la mejor decisión.
Decidí quedarnos en un hotel muy cerca del paseo bravo, el lugar donde Andrés la deja al regresar, cuando estábamos en la habitación Silvia entro a bañarse, pero antes de hacerlo me pregunto lo siguiente con cierta timidez.
--¿Voy a depilar mi chocho?
-No… ¡creo que será mejor que lo haga Andrés! Solo báñate y ponte la ropa, después te diré como se lo dirás.
Cuando salió de la ducha estaba hermosa, se puso la tanga negra y el vestido, por ultimo sus zapatillas, la mire arreglarse el cabello y pintar sus uñas al igual que sus labios, aún faltaba más de una hora para la cita, el tiempo suficiente de hacerla entrar en calor.
--¿Me veo bien?
-Sí, estás muy hermosa, creo que Andrés se pondrá contento al verte, ahora quiero que te sientes aquí a mi lado y me digas ¿Qué te gusta de lo que Andrés te hace?
Silvia se sentó y empezó a hablar con la mirada agachada.
--Todo, el, me trata con mucha ternura, desde cómo me desnuda, hasta cuando me abraza mientras bailamos, sus besos, sus caricias, la forma de chupar mi chocho, todo eso… es algo que me hace enloquecer.
-Muy bien ahora pon atención, esta tarde cuando te pregunte si estas depilada, le dirás que aún no, que no pudiste hacerlo y que sería mejor que él lo haga, y cuando ya te vaya a coger, recuérdalo muy bien… tienes que tomar la iniciativa de mamar su verga. ¿Harás todo lo que te he dicho?
--Sí.
-Por último, saldremos del hotel y caminaremos juntos, pero al dar la vuelta, me alejare dejándote sola, te seguiré a prudente distancia, aquí estaré esperándote en la habitación… ¿de acuerdo?
--Sí.
La hora de abandonar el hotel llego, salimos en silencio, ambos estábamos muy nerviosos, al dar la vuelta en la esquina, me apresuré a pasarme del otro lado de la acera, Silvia caminaba lentamente, estaba muy hermosa, los hombres la miraban y algunos no perdían la oportunidad de lanzarle piropos subidos de tono, al llegar al lugar de la cita, me apresuré a entrar al atrio de la catedral, Andrés no tardó en aparecer, Silvia subió y me sentí muy nervioso al ver que tardaban en marcharse, por un momento pensé que no le había gustado su apariencia y que terminaría pidiéndole bajar del auto, pero no fue así, minutos más tarde puso en marcha el auto y se perdieron a la distancia.
Ahora, yo tenía que esperar su regreso para saber el resultado de mi plan de enviarla con esas ropas, fui de regreso al hotel, me acosté y tome en mis manos sus pantaletas, aspirando su olor de mujer, de hembra en celo, las horas se hicieron eternas, la noche cayo y lentamente se acercaba la hora de su regreso, miraba con impaciencia por la ventana, pero no la veía aparecer.
Esa tarde la excitación me tenía al borde de la locura, la verga me dolía de tanto imaginarla con el chocho depilado, ya pasaba de la media noche y Silvia no regresaba, estaba por llamar a su celular cuando escuche que el timbre de la entrada del hotel sonaba, me apresure a mirar y ahí estaba, mas inconveniente que la ves anterior, me apresure a bajar las escaleras y llegue a tiempo cuando el velador abría la puerta, la ayude tomándola del brazo y fuimos en silencio a la habitación.
Apenas la tome en mis brazos, pude aspirar el olor a sexo, a semen, olía a cigarro, a alcohol, jamás me imagine que un día Silvia llegaría así, oliendo a sexo, al estar ya dentro de la habitación la ayude a sentarse en el viejo sillón que había, mientras yo lo hacía a la orilla de la cama.
-¿Y bien, que sucedió? ¿Te depilo el chocho? ¿Mamaste su verga?
--Si… hice todo lo que me pediste, ¿quieres saber los detalles?
-Por supuesto Silvia ahora mismo y sin omitir absolutamente nada, pero antes quítate el vestido, quiero verte solo con la tanga mientras me das los detalles.
Silvia se levantó con mucho trabajo del sillón, se quitó el vestido y lo arrojo sobre la cama, su chocho se podía ver por lo transparente de la tanga, era verdad, se lo había depilado por completo, volvió a sentarse e inicio a darme todos los detalles de lo sucedido, como si se tratara de una película.
--Cuando llego, se quedó sorprendido al verme con este vestido, le dio mucho gusto y me pregunto a que se debía el cambio, yo le dije que quería que él me viera con más deseo, agradarle mucho y que disfrutara más al momento de desnudarme. Tardamos en marcharnos, porque él me pregunto si me había depilado.
--- ¿Depilaste tu chocho?
--No, no pude hacerlo, me dio miedo y quisiera si es posible lo depilaras tú mismo.
--- ¡Claro que si Silvia, con mucho gusto voy a hacerlo! ¿Vas a beber conmigo verdad?
--Sí, no hay problema mi esposo salió y regresa hasta mañana.
---Muy bien Silvia, antes de llegar al motel quiero que bajes a comprar la maquinita para afeitar y una crema.
--Sí. Como tú quieras.
Y en efecto, un par de calles antes de llegar al motel baje en una 6tienda de conveniencia y compre las cosas y también sus cigarros, después reanudamos el camino al motel y cuando llegamos, Andrés no espero mucho tiempo y me desnudo, contrario a las otras ocasiones, el motivo, quería depilar mi chocho cuanto antes.
--¡Su reacción al ver la tanga que llevaba puesta fue de mucho entusiasmo!
--- ¡Por dios Silvia, que hermosa te ves con esa tanga! Verdaderamente me tienes muy sorprendido, ¿alguna otra sorpresa?
--Si… ¡pero tendrás que esperar un poco para saber de qué se trata!
--Andrés se arrodillo y me desato la tanga, la aparto de mi cuerpo y me pidió sentarme en la orilla de la cama, me puso la crema y empezó a depilar mi chocho, fue algo muy delicioso, tardo unos minutos en hacerlo, después, bebimos un par de copas y charlamos de sus asuntos, como acostumbra hacerlo, esta ocasión no me negué cuando el servía las copas, ya estaba mareada cuando me tomo en sus brazos e iniciamos a bailar, él estaba muy feliz, lo sé, porque me dijo cosas que antes no me había dicho.
-¿Y qué cosas te dijo?
--Me dijo que le gustaría ponerme un departamento, donde podríamos vernos todo el tiempo. Pero yo le dije que te amo y que jamás te dejare, él lo comprendió y no lo dijo mas, no recuerdo cuanto tiempo estuvimos bailando, solo recuerdo el momento que me senté en el sillón mientras él se desnudaba, cuando quedo desnudo ante mí, le dije que esa era la otra sorpresa que le tenía.
--Me arrodille y tome con mis manos temblorosas su verga, yo sabía que tenía que cumplir lo que me pediste hacer, así que abrí mi boca y metí su verga, al principio sentí nauseas, pero después me empezó a gustar su sabor, y tarde mucho tiempo mamando, le tome el gusto y a él le pareció algo delicioso.
--Cuando quedo satisfecho, me aparto con suavidad y ahora me llevo a la cama, puso las almohadas como siempre y el me chupo el chocho, solo que esta vez fue más allá de lo acostumbrado, yo estaba muy caliente y no pude evitar disfrutar cuando su lengua trataba de entrar en mi ano, él se dio cuenta de mi reacción y chupo por un buen tiempo, jamás me había sentido igual.
--Mi chocho estaba muy mojado cuando el decidió meter su verga, empezó a bombearme con mucha suavidad, cambio a otra posición que no había hecho, me ayudo a ponerme de pie y me pidió apoyarme en la pared, me penetro por la espalda y cuando tenía su verga dentro, paso sus manos por mis piernas y me levanto con mucha facilidad, sentí enloquecer de placer, camino un poco hasta donde había un espejo grande, ahí se quedó de pie teniéndome ensartada, yo podía mirar su verga entrando y saliendo de mi chocho.
--Cuando se cansó se acostó en el piso sobre de la alfombra, ahora me enseño a sentarme sobre de el al tiempo que me penetre yo misma, me enseño a moverme, haciendo yo sola los movimientos que más me daban placer.
--Lo sentí ponerse duro, su cuerpo estaba sudoroso igual que el mío, sus manos apretaron con fuerza mis tetas, el momento llego, su semen corrió por mis entrañas, parecía un volcán en erupción, no parecía dejar de salir su semen, era muy caliente, fue delicioso, cuando termino de inundarme, caímos desfallecidos y nos quedamos dormidos ahí en la alfombra, cuando despertamos ya era muy tarde, me levante tratando de apresurarme, pero Andrés me lo impidió diciéndome que me daría más leche, y dijo algo que me dejo sorprendida.
-¿Qué fue lo que te dijo?
--Me dijo que si tú lo sabias y me habías mandado con esa ropa, era justo que me vieras el chocho escurriendo su leche, volvió a penetrarme y me inundo nuevamente con su semen, aún estoy mojada. ¿Quieres comprobarlo?
-Me quede en silencio, las palabras de Silvia me tenían muy excitado, me apresure a desnudarme y me recosté en la cama.
-Ahora demuéstrame que aprendiste a mamar verga.
Silvia se agacho estando de pie y mamo mi verga de una forma magistral, mientras yo acariciaba sus tetas y después fui directo a su chocho, solté las tiras de la tanga y cayó al piso, mis dedos buscaron con ansiedad su mojado chocho, entraban con mucha facilidad Silvia seguía caliente.
-Así que te ha gustado mucho como te coge tu amante ¿verdad? Pues la próxima vez que quieras verlo, tendrás que rogarme que te deje verlo, tendrás que suplicar y decirme lo que te gusta que te haga.
Era tanta la calentura que teníamos, que Silvia tuvo un orgasmo mientras escuchaba lo que yo le decía y no dejaba de mamar mi verga, ya no podía aguantar más, así que la aparte y me apresure a pedirle se acostara.
-Espera Silvia, no puedo más, recuéstate voy a cogerte.
Le metí mi verga y le pedí que en ese momento suplicara que la dejara seguir con Andrés, sus palabras eran sinceras, y mi excitación aumentaba paulatinamente.
-¡Ahora Silvia, suplícame que te deje ver a Andrés!
--¡Por favor, te lo suplico, déjame ir con Andrés una vez más, quiero que me coja bien rico, como solo él lo sabe hacer! Te lo ruego, le mamare su verga y aprenderé para después hacértelo a ti.
-¿Sabes que te estas comportando como una puta?
--Si… lo sé y quiero seguir haciéndolo. ¡Por favor no me dejes sin verlo!
Ya no pude soportar más, las palabras de Silvia me hicieron terminar dentro de su chocho, fue algo espectacular, jamás pensé que al escucharla decirme como se la habían cogido tuviera semejante efecto. Cuando terminamos, de coger, nos quedamos dormidos, por la mañana regresamos a casa en silencio, Silvia estaba nerviosa, parecía no recordar todo lo sucedido, con timidez y pena me pregunto.
--¿No hice nada malo verdad? ¿A qué hora llegue?
-¿No lo recuerdas?
--No… ¡perdóname, no volverá a suceder!
-Tranquila Silvia, no hiciste nada malo, por el contrario, pero lo platicaremos después, ahora vayamos a descansar a casa.

Deje pasar un par de semanas antes de permitir que Silvia volviera a los brazos de Andrés, solo deseaba que esa ocasión fuera algo muy deseado por Silvia, ella no me había dicho nada, sin embargo yo estaba seguro que de alguna forma tenia contacto con Andrés y que querían reunirse, pero no se atrevía a decírmelo.
Para forzarla a pedirme mi autorización, yo mismo la puse en completa abstinencia sexual, fue algo que se me ocurrió de momento, y el resultado fue justo lo que yo esperaba, era viernes por la tarde, yo regrese del trabajo y después de comer, fui a la sala y encendí el televisor, de reojo la mire y me di cuenta que algo sucedía.
Apretaba sus manitas, incluso pude percatarme que se hacía daño, pero seguía guardando silencio, ¿Cómo animarla a decir algo? Esa era mi pregunta, yo no quería ser quien sacara la charla, aunque es necesario confesar que yo estaba tan ansioso como ella de saber que Andrés volvería a cogerla, pero tenía que ser ella quien lo pidiera, eso me hacía sentir un malsano pero placentero morbo.
Empezaba a caer la noche y Silvia se fue a la recamara, mientras yo permanecí en la sala, pasado un rato la escuche abrir la puerta y fingí que yo me había quedado dormido, apenas entre abrí mis ojos para mirarla, Silvia asomo por la ventana y volteo a mirarme, se aproximó y se puso de rodillas frente de mí.
--¿Podemos charlar un poco? ¡Por favor, tengo algo importante que decirte!
Abrí los ojos y la mire directo a los ojos, fingiendo sorpresa la cuestioné.
-¿Qué haces ahí de rodillas Silvia? ¿Te sucede algo? ¿Estás enferma?
Ella agacho la mirada y las palabras empezaron a salir de su boquita, palabras entrecortadas y llenas de esa dulcera y mezcla de inocencia que tanto me agrada de ella.
--¡Andrés quiere verme, me llamo hoy por la mañana!
La mire fijamente, sin responder, ella temblaba, no sé si de miedo o de temor al escuchar una negativa de mi parte.
-¿Y tú… quieres verlo también?
--Si… ¡deseo verlo! ¿Me dejarías ir una vez más?
-¿Haz olvidado lo que tienes que hacer para tener mi autorización de verlo?
--¡No, no lo he olvidado, solo que me da mucha pena hacerlo!
-Escucha Silvia, voy a salir y regresaré como en un par de horas, si quieres verlo, tendrás que hacer lo que acordamos, solo que ahora también harás algo más.
--¿Algo más? No comprendo.
Silvia deseaba ver a Andrés, y yo también quería que lo viera, pero mi mente morbosa me decía que tenía que hacerla darme algo que yo quisiera y ese algo era pasar momentos morbosos conmigo, así que aproveche cada momento de su deseo sexual, para igual yo satisfacer mis deseos.
-Cuando regrese, quiero verte desnuda aquí en la sala, y tendrás que hacer lo que ya acordamos, si no lo haces… no pasa nada, solo no iras y todo seguirá igual.
Me apresuré a salir de casa, apenas tenía tiempo de llegar a comprar algo que tenía en mente para ese siguiente encuentro de Silvia con Andrés, llegue justo a tiempo al local comercial, donde compre una tanga de color neón, y un vestido, más bien lo que parecía un vestido, lo digo porque es de tela completamente transparente, pero ideal para una mujer que tendrá un encuentro sexual.
Ya pasaba de las 10 de la noche cuando regrese a casa, la sala estaba a obscuras, al cerrar la puerta, busque el interruptor y encendí las luces, ahí estaba, sentada en el sofá, desnuda como se lo había pedido, con la mirada abajo, se veía temblorosa, pero dispuesta a pagar el precio del placer.
Me senté a su lado y ella venciendo su pudor, empezó a pedir lo que deseaba, su vocecita me hacía sentir ternura por ella, pero a la vez me ponía muy caliente y más sabiendo lo que había planeado y que en minutos se lo haría saber a ella.
--¡Quiero pedirte algo! ¿Podrías dejarme ir con Andrés? ¿Sí? ¡Te lo suplico, deseo mucho estar con él, no puedo evitarlo!
-¿De verdad lo deseas tanto? ¿Sabes que tienes que hacer todo lo que yo te pida para lograrlo verdad?
--Si… ¡lo sé y voy a cumplir cualquier cosa que me pidas!
-Vamos a ver, antes de continuar, iré a bañarme, quiero que me mames mi verga, tal y como lo has hecho con él, pero antes toma esta bolsa, iras a la recamara, te pondrás la ropa que hay dentro, pues es lo que usaras si decido dejarte ir, te pones unas zapatillas y aquí te alcanzo en unos minutos.
Me dirigí al baño, me bañe con mucha calma, solo para darle tiempo a Silvia de ponerse las ropas y regresar a la sala, la escuche salir de la recamara, aun espere unos minutos, después fui de regreso a la sala donde ella estaba de pie, esperándome, la imagen de Silvia era espectacular.
La tanguita se veía claramente, el vestido era más transparente de lo que pensé, sus hermosos pezones color canela se traslucían, no podía haber mejor forma de vestirla, sin duda así despertaría el deseo sexual en cualquier hombre al verla, fui a sentarme al sofá y ella se arrodillo y abrió su boquita.
Lentamente fue introduciendo mi verga, sentir el calor de su boca es, extraordinario, fascinante, enloquecedor… no sé cuál sea el calificativo correcto, la verga me dolía por la hinchazón que había tomado, ella seguía chupando, lo hacía con una experiencia adquirida de forma natural, tuve que apartarla después de varios minutos antes de eyacular, yo deseaba prolongar más el placer de esa noche.
-¡Espera Silvia, déjame descansar un poco! Ven siéntate un momento y ahora si… ¡pídeme lo que tanto deseas! Pero ya sabes, tienes que decir porque quieres verlo, lo que te gusta sentir cuando estás con él.
--¿Podrías dejarme ver a Andrés una vez más? ¡Te lo suplico, no puedo dejar de pensar en él! En la forma de acariciar mi cuerpo, desde el mismo momento que me desnuda, la forma que chupa mi chocho, sentir el delicioso sabor de su verga, todo… todo lo que me hace me gusta.
--Si me dejas ir… ¡te prometo que traeré su leche en mi chochito! Tú podrás verlo escurrir, ¿si me dejas verlo?
Ya no podía más, las palabras de Silvia me hicieron acceder, la verga me dolía demasiado, trate de calmarme un poco mientras le daba las siguientes instrucciones.
-Si quieres verlo, tendrás que llevar esas ropas puestas, y cuando regreses quiero que me chupes la verga y tragues mi leche… ¿de acuerdo?
--Sí. Haré lo que me pidas.
-Muy bien Silvia, ¿Cuándo será esa cita?
--Mañana, quiere verme al medio día en el mismo lugar de siempre. Solo tengo que confirmarle si podré ir o no.
-Bien, temprano le llamarás y le dirás que si puedes ir.
--¡El… está esperando ahora que le confirme!
-¿Ahora? ¿No es muy noche?
--Si, lo es… pero el insistió en saberlo.
-Bien, llámale y acepta la cita.
Silvia se acomodó en el sillón frente a mí y tomo su celular, una sonrisa se dibujó en su hermoso rostro mientras esperaba que Andrés le respondiera, me resultaba difícil creer, esa transformación que un hombre había logrado en ella. Se veía más alegre, más joven y hasta puedo jurar que más femenina.
--¡Hola, Andrés… soy Silvia, si podré verte mañana! Si no hay problema ahí estaré, ¿Qué si podre beber contigo?
Rápidamente moví mi cabeza aprobándolo.
--Sí, no hay problema. De acuerdo, hasta mañana chao.
Silvia termino la llamada y yo la tome de la mano, fuimos a la recamara e hice algo que me nació de momento, tomé mi cámara y le tome varias fotos, ella solo hacia lo que yo le ordenaba, de verdad Silvia es esa clase de mujeres sumisas por naturaleza. Por la mañana me apresure a poner las ropas que había comprado en una bolsa, abandonamos la casa y fuimos al centro de la ciudad, alquile una habitación de hotel y ahí esperaría a Silvia por la noche.
-¡Anda, báñate y arréglate, ya sabes ahí está la ropa que usaras!
Silvia fue al baño y minutos después regreso, se puso la tanga y el vestido, por ultimo las zapatillas y se sentó frente al tocador y arreglo su cabello, el tiempo paso rápidamente, apenas nos dio tiempo de darnos u beso y ella se puso una gabardina que llevamos para que saliera del hotel.
-Recuerda Silvia, tienes que mamar su verga, y algo muy importante, si puedes hacerlo, traga su leche.
Abandonamos el hotel y en la siguiente calle, nos separamos, yo me rezagué un poco y la seguí a prudente distancia, llegamos cuando ya él la estaba esperando, apenas logre ver como la recibía dándole un beso en la boca, sentí celos, pero después me tranquilice.
Se alejaron inmediatamente, yo hice lo de siempre, camine por las calles del centro, lentamente pasaron las horas, yo imaginando como la tendría a cada momento.
Por la tarde fui a un cine, esta vez mi calentura era mucha, busque un lugar lo más alejado posible, donde sin pudor solté mi cinturón y baje el cierre de mi pantalón, deje mi verga de fuera y me acaricie mientras cerraba los ojos e imaginaba a Silvia mamando la verga de Andrés.
Ya eran las 11 de la noche cuando abandone el cine, según Silvia ella llegaría a la media noche al hotel, así que apresure el paso y regrese al hotel, sin embargo nuevamente sucedía lo de las otras ocasiones, ella no llegaba y así paso casi toda la noche.
Por fin escuche cuando alguien toco el timbre de la entrada, me apresure a ponerme de pie y mire por la ventana, era Silvia, caminaba con dificultad, había bebido mucho, esta vez no fui a ayudarle, decidí que ella llegara sola a la habitación.
Le abrí la puerta y cerré tras ella, su actitud era diferente a las otras ocasiones, con naturalidad se despojó de la gabardina y me quede sorprendido, estaba completamente desnuda, no traía puesta ni la tanga.
-¿Y tu ropa?
--¡Aquí está en la bolsa! No me dio tiempo de ponérmela. Siente mi chocho.
De una forma por demás morbosa, Silvia hizo algo ajeno a ella, tomo mi mano y la llevo a su chocho, el cual estaba escurriendo la leche de Andrés, parecía que apenas habían cogido.
--¿Te gusta? Hace unos minutos me cogió, en una calle solitaria.
-¡Ven Silvia; siéntate aquí, y cuéntame todo, ya sabes sin olvidar nada!
Rápidamente me desnude y me acomode a su lado, mi mano fue directa a su chocho mojado, y mientras ella me contaba todo lo sucedido… yo metí mis dedos disfrutando de lo mojada que estaba, esta ocasión no había duda, había sucedido algo diferente, Silvia olía a licor, a cigarro, a hombre, a sexo a todo lo prohibido.
--¡Fue algo hermoso! Andrés quedo muy satisfecho con la forma que fui vestida, cuando me quite la gabardina, no pudo esperar mucho tiempo y me beso de una forma como nunca, su lengua buscaba la mía y nos fundimos en un delicioso y apasionado beso.
--Después puso música y bailamos como lo hacemos siempre, esta ocasión no sirvió las copas, esta vez disfruto primero de mi cuerpo, me acaricio hasta saciar su deseo, mucho tiempo después fue al auto y regreso con una botella, empezamos a beber, seguimos bailando y bebiendo, hasta que llegó el momento.
--Por fin me despojo del vestido y de la tanga, los arrojo sobre la cama y bailamos un poco más, repentinamente se le ocurrió hacer algo y yo recordé tus palabras de hacer cualquier cosa que él me pidiera y acepte.
¡Silvia, quiero pedirte algo! ¿Te atreverías a caminar desnuda por un bosque? ¿Lo harías?
Solo tarde unos minutos en responder, y lo hice con la seguridad que tú lo aprobarías.
--Si… ¿tú quieres que lo haga? ¿Ahora?
Sí. ¿Te animas?
--Sí.
Ponte tu gabardina, y no olvides tu ropa, si quieres dámela y la pondré dentro de la cajuela.
Me puse la gabardina, mientras el llevaba mi ropa y la botella al auto, después regreso, me tomo de la mano y me llevo al auto, abandonamos el motel y nos dirigimos por la salida de la ciudad, ya era de noche.
Había pocos autos circulando por la carretera, en un determinado momento, Andrés me dijo algo que no me negué a obedecer.
Silvia, quítate la gabardina.
Sentí vergüenza, pero lo hice, me quite la gabardina y la arroje al asiento trasero. Así fui hasta el lugar que ya había planeado llevarme.
Abandonamos la carretera y entramos por un camino de terracería, solo se veía puro campo, ninguna casa, no sé cuánto avanzamos, pero cuando detuvo el auto, me pidió bajar.
El viento golpeo de lleno mi rostro y mi cuerpo desnudo, mire con preocupación en todas direcciones, tenía miedo de estar desnuda ahí, pese a estar acompañada de Andrés, él se apresuró a servir un par de copas, encendió un cigarro y me pidió que fumara, él me enseño como hacerlo y fume un cigarro completo.
El licor hizo efecto y pronto me sentí desinhibida, me tomo de la mano y fuimos a un lugar donde había un árbol, ahí me pidió apoyar las manos.
Separa las piernas y apoya las manos en el árbol. Voy a chupar tu chocho.
Lo sentí acomodarse abajo, entre mis piernas y chupo mi chocho, lo hizo con lujuria, mis piernas temblaban, y esta vez mis gemidos salieron de forma natural.
Cuando quedo satisfecho, cambiamos de lugar, ahora él se recargo en el árbol y yo me arrodille, abrí la boca y deje que su verga entrara, la chupe hasta que lo sentí ponerse rígido, pero no me dejo tragar su leche, se apresuró a sacar su verga y me puso en cuatro patas, ahí me dio la primera cogida, fue delicioso, sentirlo inundarme con su leche mientras el viento seguía acariciando mi cuerpo.
Sus manos apretaban mis tetas y estrujaban mis pezones, me dolían por la hinchazón, pero estaba fuera de mí, perdí todo el control, más cuando me dijo unas palabras que me hicieron ponerme más caliente de lo que ya me tenía.
Silvia, eres una linda puta, jamás imagine encontrar a una buena puta como tú a estas alturas de mi vida… ¡que rico coges putita! ¿Te molesta que te llame así?
--¡No… solo me da un poco de pena, pero no me molesta que o hagas!
Entonces seguirás siendo mi puta ¿verdad?
--Sí, quiero seguir siéndolo, lo hare siempre que podamos. Mientras mi esposo no se dé cuenta.
¡Vamos putita, no sigas mintiendo, no es necesario, estoy seguro que es tu esposo es quien disfruta siendo un cornudo! Y voy a darle satisfacción por mandarte vestida como una linda puta, esta vez llegaras escurriendo más leche, y dime algo… ¿te ha pedido hacer algo especial?
--No, solo que lleve tu leche escurriendo en mi chocho.
¿Y qué tal si te cojo por el culo? ¿Quieres?
--No… eso no por favor.
Pero mis suplicas no fueron escuchadas, Andrés había perdido toda caballerosidad y sin piedad me empino nuevamente, se arrodillo y chupo mi ano, a principio no quise dejarlo, pero él se encargó de hacer de lado toda resistencia mía, su lengua acariciaba mi ano y el placer se apodero de mi nuevamente.
--¡Por favor Andrés, no lo hagas! ¡Te lo suplico!
Pero tal parecía que mis suplicas lo animaban más a cogerme el ano, sentí cuando puso la punta en la entrada y empujo, grite de dolor y se retiró de inmediato. Por fin logre hacerle desistir, pero fue cuando se desahogó me cogió por el chocho y volvió a inundarme con su leche.
Regresamos al auto, lo note molesto, pero no quise dar mi autorización a que lo hiciera por mi ano, ya en el auto bebimos otras copas, yo solo me había puesto la tanga, la cual quedo impregnada con su leche, después fuimos de regreso a la ciudad y antes de llegar pasamos por una calle obscura, yo ya me sentía muy indispuesta por el licor, ahí volvió a cogerme y aquí estoy… escurriendo su leche tal y como a ti te gusta.
Silvia termino de contarme todo, yo estaba muy excitado, no pude esperar más y la acosté en la cama, le abrir las piernas y la penetre con fuerza, ella parecía haberse quedado dormida, no me importo y seguí penetrándola hasta que termine dentro de ella, la deje descansar mientras miraba su tanga dentro de su bolso de mano, la tome y comprobé que estaba mojada, por la leche de Andrés.
Por la mañana fuimos de regreso a la casa, en silencio, al llegar Silvia volvió a tomar su actitud sumisa de siempre, se veía feliz, aunque parecía no recordar todo lo sucedido la noche anterior.
--¡Quiero decirte algo!
Esta vez el sorprendido fui yo al escuchar sus palabras.
--¡Estoy embarazada! Hace un mes no me baja el periodo.
Me quede mudo por la sorpresa, pero estamos tratando de tomar la mejor decisión en cuanto a compartir la noticia o no con Andrés.
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